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Una segunda “trampa de Tucídides” para Putin

https://global-strategy.org/una-segunda-trampa-de-tucidides-para-putin/ Una segunda “trampa de Tucídides” para Putin 2021-12-13 13:04:35 José-Miguel Palacios Blog post Estudios Globales Rusia
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Continuamente intentan mostrarnos cuál es nuestro sitio. Pero a nosotros ese sitio no nos gusta.

Vladímir V. Putin. En la película Putin, de Andrei Kondrashov (2018)

El 1 de mayo de 1995, tropas croatas entraron en el enclave de Eslavonia Occidental, controlado desde 1991 por fuerzas de la autoproclamada República de la Krajina Serbia (RSK), según los términos de un armisticio supervisado por Naciones Unidas. En pocas horas, se hicieron con el completo control del territorio[1].

El ejército croata, que durante la guerra de independencia de esa antigua república yugoslava era apenas una milicia territorial, mal armada y mal instruida, había mejorado considerablemente durante los dos años y medio transcurridos desde entonces, en gran medida gracias a la asistencia recibida de países occidentales. Al mismo tiempo, las fuerzas militares de la Krajina serbia, inicialmente muy potentes, se habían ido degradando con el tiempo. El equilibrio militar se había roto en favor de los croatas.

En cualquier caso, la vecina República Federal de Yugoslavia seguía disponiendo de una máquina militar claramente superior a la de Croacia y su eventual intervención en apoyo de la RSK habría hecho muy difícil que los croatas alcanzaran sus objetivos. Por eso fue tan importante la continua presión diplomática de Estados Unidos y sus aliados sobre las autoridades de Belgrado, a fin de que estas se mantuvieran por completo al margen. Eso fue, precisamente, lo que ocurrió, tanto en la ofensiva de mayo de 1995 como en las que durante el verano y otoño de ese mismo año condujeron a la derrota final de la RSK y de la República Srpksa de Bosnia-Hercegovina.

Si reemplazamos “Croacia” por “Ucrania”, “República de la Krajina Serbia” por “República Popular de Donetsk + República Popular de Lugansk” y “República Federal de Yugoslavia” por “Federación Rusa”, encontramos que la actual crisis entre Ucrania (+Estados Unidos) y Rusia tiene un precedente claro, que, quizá, las partes interpretan de distinta manera.

Las memorias enfrentadas de los años noventa

Se están jugando dos partidas geoestratégicas. A bajo nivel, entre las autoridades ucranianas y las repúblicas rebeldes (aunque, quizá, la parte ucraniana entienda que es entre ellos y el liderazgo de Moscú). A alto nivel, entre Estados Unidos y Rusia. En este último caso, los jugadores principales son políticos veteranos, cuyas experiencias durante los años noventa han condicionado su carrera posterior y, quizá, puedan estar condicionando sus decisiones actuales.

En los noventa, Biden era un senador influyente que se implicó a fondo en el tema yugoslavo y trabajó para que Estados Unidos interviniera militarmente en contra de los serbios. Ha declarado estar muy orgulloso de su actitud entonces, así como de los resultados obtenidos[2].

Putin, por su parte, considera la década de los noventa como un periodo de decadencia y humillación, y en su trabajo como Primer Ministro y Presidente ha buscado evitar que Rusia pueda encontrarse de nuevo en una situación de debilidad estratégica similar a la que vivió entonces. Que no vuelva a ser el oso borracho del que todos se burlan. Además, parece estar obsesionado con la experiencia yugoslava, a la que se ha referido en numerosas ocasiones. La última, a mediados de diciembre de 2021, cuando declaró que “si nos ocurriera lo que ocurrió a Yugoslavia (…) el enfrentamiento sería aún más duro y sangriento”[3].

Biden y su equipo parecen considerar los noventa como la “época dorada” en que Washington podía imponer su ley para bien de toda la humanidad y no son conscientes de los errores cometidos en aquella época. Veinticinco años después del final de la crisis yugoslava, hay dos de aquellos países que aún no han conseguido consolidarse como estados independientes viables (Bosnia-Hercegovina y Kósovo), mientras que otros dos muestran graves problemas de cohesión interna (Macedonia Septentrional y Montenegro). Por eso, hay quien sigue diciendo en la antigua Yugoslavia que “Bravar je bio bolji” (El cerrajero lo hizo mejor)[4]. Además, el equipo de Biden no parece relacionar la sensación de “poder absoluto” de los noventa (¿las “lecciones aprendidas”?) con los fracasos estrepitosos en Irak y Afganistán de las décadas posteriores.

Por su parte, Putin y sus colaboradores no son plenamente conscientes de que han convertido un trauma personal (generacional) en la base de la política exterior del estado y que, con ello, se están cerrando a sí mismos muchas posibles alternativas.

La primera y la segunda trampa de Tucídides

Putin se enfrentó a su primera “trampa de Tucídides” en febrero de 2013, cuando la “revolución del Euromaidán” culminó con el derrocamiento del presidente Yanukovich, considerado prorruso, y la instalación en Kiev de un nuevo régimen prooccidental y hostil a Moscú. Unos años antes, en 2004-2005, la llamada “revolución naranja” había llevado al poder al nacionalista ucraniano Viktor Yuschenko, pero Rusia había conseguido contener la reorientación geopolítica prometida por el nuevo presidente, que acabó siendo derrotado por Viktor Yanukovich en las elecciones de 2010.

Putin y sus colaboradores siempre creyeron que Occidente (en especial, Estados Unidos) estaba detrás de los sucesos del Euromaidán y que los occidentales estaban dispuestos a organizar en Ucrania tantas “revoluciones de color” como fuere necesario para conseguir que Kiev se distanciase definitivamente de Moscú. No está claro que comprendieran entonces que, como resultado de su reacción, la posición geopolítica de Rusia (en particular, dentro de la antigua Unión Soviética) iba inevitablemente a debilitarse, pero sí que, si no hacían algo, iban a tener que ir cediendo poco a poco sus posiciones. Un caso canónico de “trampa de Tucídides”, desde el punto de vista ruso, aunque quizá no más que un ejemplo de “estrategia del salami” desde el norteamericano. La sorpresa norteamericana ante la reacción rusa procede, probablemente, de que no habían llegado a comprender adecuadamente el punto de vista del otro lado.

Nos encontramos ahora ante una nueva “trampa de Tucídides” o, al menos, es así como los dirigentes rusos pueden interpretar la situación. Un ejército ucraniano cada vez más capaz puede estar muy pronto en condiciones de emular la operación croata sobre Eslavonia Occidental, y los dirigentes de Kiev, lejos de buscar el apaciguamiento, están utilizando durante las últimas semanas una retórica muy radical contra Moscú[5]. La solución por la que los rusos parecen haber optado está basada en la disuasión armada, es decir, en la amenaza de intervenir militarmente para contrarrestar cualquier posible acción ucraniana. Así, en su comparecencia ante los agregados militares extranjeros del pasado 9 de diciembre de 2021, el Jefe del Estado Mayor General, general de ejército Gerasimov, advirtió que “se reprimirá cualquier provocación de las autoridades ucranianas para resolver por la fuerza el problema del Donbass”[6]. El problema es que, al intentar disuadir a Ucrania, la propia Rusia se convierte en amenaza y pone en marcha los mecanismos de respuesta occidental.

Resulta improbable que Rusia se lance a una guerra total con Ucrania. Y no solo por el riesgo de intervención occidental que ello conllevaría, sino también a causa de la falta de objetivos militares claros y de la marcada preferencia de Putin por el “control indirecto” de su periferia. A pesar de todos los inconvenientes, el presidente ruso ha preferido hasta ahora que sea Kadyrov quien controle Chechenia, y Lukashenko quien controle Bielorrusia. En cualquier caso, el peligro de la situación radica en que no es evidente que las partes sean capaces de controlar una escalada si esta comienza.                                                                                                                                    

¿Hacia una reconducción de la crisis?

Tras el encuentro por videoconferencia entre Putin y Biden (7 de diciembre de 2021) podemos encontrarnos en el comienzo de la reconducción de la crisis. Que no implica una mejora apreciable de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, sino, tan solo, el reconocimiento de que existen materias en que los intereses de ambos países son similares y la cooperación debe continuar, al tiempo que las diferencias han de gestionarse de una manera ordenada, como ocurría durante la Guerra Fría (“confrontación controlada”, en palabras del politólogo ruso Aleksandr Bedrussov)[7].

En el futuro, Moscú va a negociar a través de Washington la estabilidad de sus relaciones con Ucrania y, a ser posible, una solución pacífica del problema del Donbass, arrinconando el cuarteto de Normandía. Desde su punto de vista, Francia y Alemania podrían haber sido útiles se a) hubiesen ocupado una posición relativamente equidistante entre las partes en conflicto, o b) hubiesen sido capaces de presionar a Ucrania. Como en estos momentos ni a) ni b) son ciertas y, además, Merkel (por la que Putin siempre sintió un gran respeto) acaba de retirarse, Rusia prefiere tratar directamente con Washington que perder el tiempo con los europeos.

En cualquier caso, todo esto se refiere exclusivamente a la confrontación entre Estados Unidos y Rusia, y la experiencia de los años noventa nos enseña que actores menores (pero muy motivados) pueden llegar a condicionar las posturas políticas de las grandes potencias. Tras los acuerdos de Dayton (1995), una parte importante del movimiento nacional albanés de Kósovo comprendió que la imagen de los serbios estaba tan dañada que, en caso de nueva guerra, Occidente estaría necesariamente del lado de los kosovares. A Ucrania no le interesa el apaciguamiento, sino utilizar la fuerza de Occidente para alcanzar sus objetivos y los dirigentes ucranianos son perfectamente conscientes de la degradación (quizá irreversible) de la imagen de Rusia y de Putin.

Un segundo factor a considerar es que, por mucho que la actual confrontación con Rusia nos recuerde la que existió con la URSS hace unas décadas, la auténtica alternativa geopolítica al liderazgo norteamericano (y de Occidente) es China. Es Xi Jinping “el más listo de la clase” (en expresión de Josep Baqués[8]), no Vladímir Putin.

Y un tercero, que mucho va a depender de la percepción que Putin tenga de la situación, así como de sus posibles alternativas. No de la que debería tener, ni de la que nosotros quisiéramos que tuviera, sino de la que él tiene. Un factor que, a pesar de su importancia, no siempre hemos sido capaces de comprender bien.


[1]     Para detalles sobre esta operación, puede consultarse Operación Relámpago. (2021, 23 de octubre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 07:12, diciembre 11, 2021 desde https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Operaci%C3%B3n_Rel%C3%A1mpago&oldid=139233235.

[2]     RICHTER, P. y LEVEY, N.N. (2008, 24 agosto). On foreign policy, he’s willing to go his own way. Los Angeles Times. https://www.latimes.com/archives/la-xpm-2008-aug-24-na-foreignpol24-story.html (acceso: 11.12.2021).

[3]     Entrevista incluida en el documental “Россия. Новейшая история” (Rusia, historia actual), emitido el 12 de diciembre de 2021 por el canal de televisión Rossija 1. Según https://iz.ru/1263360/2021-12-12/putin-sravnil-vozmozhnye-posledstviia-razvala-rossii-v-90-kh-s-iugoslaviei (acceso: 13.12.2021).

[4]     El “cerrajero” hace alusión a Tito (cerrajero de profesión al comienzo de su carrera) y la frase sugiere que 25 años después de la Segunda Guerra Mundial el líder comunista había conseguido avanzar en la estabilización y reconciliación dentro de su país más de lo que han podido hacer las potencias occidentales desde los años noventa.

[5]     El Ministro de Asuntos Exteriores, Dmytro Kuleba, escribía recientemente en Foreign Affairs que “Ukraine’s goal is simple: peace through strength”. KULEBA, D. (2021, 10 de diciembre). Don’t Sell Out Ukraine. The West Must Respond to Russia With Strength, Not Appeasement. Foreign Affairs. https://www.foreignaffairs.com/articles/ukraine/2021-12-10/dont-sell-out-ukraine (acceso: 12 diciembre 2021).

[6]     Россия не угрожает. И другим не советует (Rusia no amenaza. Y no da consejos a los demás). Krasnaja Zvezda, 10 diciembre 2021. http://redstar.ru/rossiya-ne-ugrozhaet-i-drugim-ne-sovetuet/ (acceso: 13 diciembre 2021).

[7]     BEDRUSSOV, A. (2021, 8 de diciembre). Москва словам не верит (Moscú no cree en las palabras). Izvestia. https://iz.ru/1261443/aleksandr-vedrussov/moskva-slovam-ne-verit (acceso: 12 diciembre 2021).

[8]     BAQUÉS, J. (2021, 12 de diciembre). Otra de Rusia: no somos dos, somos tres… Global Strategy. https://global-strategy.org/otra-de-rusia-no-somos-dos-somos-tres/ (acceso: 13 diciembre 2021).

José-Miguel Palacios

José Miguel Palacios es Coronel de Infantería y Doctor en Ciencias Políticas, España

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