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Perú ante el COVID-19

El 6 de marzo el presidente del Perú, Martín Vizcarra, anunció con un mensaje a la nación el primer caso de covid-19 en el país, especificando que se trataba de un varón de 25 años que había recorrido diferentes estados europeos como Francia, España y la República Checa.

Con el fin de aplanar la curva de los contagios en rápido incremento y así permitir al precario sistema de salud público atender los casos más graves sin colapsar, el 15 de marzo el Ejecutivo declaró el estado de emergencia por quince días.

Concretamente, el Decreto Supremo N°044-2020-PCM dispone el aislamiento social obligatorio (cuarentena), introduciendo el teletrabajo como regla general y el trabajo presencial solo para el personal de centros de salud, bancos, farmacias, gasolineras, medios de comunicación, centrales telefónicas, supermercados, mercados, limpieza pública, hoteles y centros de alojamiento.

La salida de los hogares, por otras razones – como el abastecimiento de productos de primera necesidad – está restringida y reglamentada, tal y como en otros países afectados por la pandemia.

Asimismo, el 18 de marzo el gobierno aprobó el Decreto Supremo N°046-2020-PCM que establece la inmovilización social obligatoria (toque de queda) desde las 8pm hasta las 5am, como respuesta al incumplimiento del decreto anterior por parte de la ciudadanía, no solo en la capital Lima sino en provincias.

En todo caso, las medidas adoptadas hasta la fecha, que probablemente serán prorrogadas para contener lo más posible el contagio[1], pueden tener serias consecuencias políticas, económicas y sociales en un país con una baja institucionalidad, una marcada desigualdad social[2] y con un nivel de economía informal alrededor del 70%.

Desde el punto de vista político, resalta la parálisis de la labor parlamentaria del nuevo órgano legislativo que se ha instalado, y que comenzó sus funciones el 15 de marzo, después de las elecciones congresales extraordinarias del 26 de enero del año en curso.

Perú aún atraviesa una fase política muy delicada, con un proceso de reformas institucionales y del sistema de partidos, puestas en marcha por el presidente Vizcarra, que culminó con el choque institucional ejecutivo-legislativo, solucionado por el mandatario con la disolución del Congreso del 30 de septiembre de 2019.

Las elecciones parlamentarias supletivas tenían el propósito de garantizar la finalización del periodo congresal 2016-2021, faltando todavía un año y medio a las elecciones generales del presidente, del Congreso y de los representantes del Parlamento andino.

Sin embargo, la emergencia sanitaria no solo ha congelado las sesiones del nuevo órgano legislativo, determinando la reacción de sietes bancadas a favor de que se implementen sesiones virtuales, sino que ha puesto en segundo plano el debate sobre las reformas pendientes, cuya aprobación será casi imposible para lo que queda de la legislación.

El país, al no poder permitirse una pausa en situaciones de emergencia, necesita que el Congreso ejerza sus funciones habituales de legislación, representación y fiscalización/respaldo a las decisiones del mandatario.

Este último, en la actualidad, según la encuesta de IPSOS, goza de un alto nivel de aprobación (87%) gracias a la percepción de gravedad de la epidemia y la estrategia comunicacional del ejecutivo: cada día el presidente tiene una rueda de prensa acompañado por los ministros competentes.

Según la misma encuesta, el 83% de los entrevistados cree que el aislamiento social obligatorio se va a extender después del 30 de marzo; en la actualidad es muy probable que eso ocurra, hecho que podría afectar la aprobación presidencial por las consecuencias socio-económicas del paro de las actividades.

Como he mencionado anteriormente, hay que tener en cuenta que el 70% de la población económicamente activa –PEA- se desempeña en la economía informal y por esta razón, tiene pocas posibilidades de obtener alguna forma de protección ante esta crisis.

En efecto, el gobierno ha establecido un bono de 380 soles (casi 100 euro) en favor de los hogares vulnerables[3] identificados por el MIDIS (Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social) – que pueden incluir casi 9 millones de personas (casi un tercio de la población nacional[4]) – para compensar la falta de ingresos en este período.

Según la Unidad de Análisis Económico del diario El Comercio, está paralizado el 55% de la actividad productiva nacional con la consecuente pérdida de 1.072 millones de soles (casi 279 millones de euros) diarios. Los sectores más afectados, que registran reducción o paro de la producción, son los siguientes: alojamiento y restaurantes (100%), construcción (100%), minería metálica (90%), sector de los servicios (75%), transporte (66,67%), manifactura no primaria (58,67%), comercio (50,62%), administración pública y defensa (50%), servicios prestado a empresas (50%).

Se trata de un duro golpe a una de las economías sudamericanas con uno de los mejores desempeños en el crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto), con una proyección para el año 2020 superior al 3% de crecimiento.

Esta estimación probablemente será frustrada, como consecuencia de la crisis generada por el covid-19, según la consultora Macroconsult, la contracción del PIB en 3,5% si la cuarentena es prorrogada por 30 días.

Al tratarse de una economía centrada en la exportación primaria, en la atracción de capital extranjero y en el consumo, esta puede ser seriamente afectada en el mediano plazo, porque no se pueden reanudar las actividades productivas, así como el consumo, de un día para el otro.

Con relación a las consecuencias sociales, también en el Perú ha ocurrido el acaparamiento de bienes de primera necesidad, desinfectantes y mascarillas, sobre todo por parte de la población con mayor poder adquisitivo; de nada ha servido el llamado de las autoridades a no vaciar supermercados y tiendas de primera necesidad, causando en el primer periodo de la cuarentena problemas de abastecimiento y el alza de los precios.

A eso se añade, también, la desestimación del peligro relacionado al contagio de una parte de la población, sobre todo los jóvenes, que no ha respetado la cuarentena y el toque de queda y que ha sido sancionada con la detención[5].

La responsabilidad personal y social siguen siendo la primera barrera para contener la propagación del virus, en combinación con las normas de higiene personal[6].

Finalmente, también en Perú – como en China o Italia – se presenta una consecuencia inesperada de la pandemia de covid-19: la disminución de la contaminación relacionadas a las actividades antrópicas.

En particular, la ciudad de Lima registra la mayor reducción de la contaminación del aire por las restricciones al uso de medios de transporte particulares y colectivos, como no pasaba desde hace los últimos tres años. En conclusión, la epidemia de covid-19 está poniendo a prueba a las instituciones, la economía y la sociedad peruana, evidenciando una vez más las debilidades estructurales existentes y posiblemente generando un cambio, sobre todo por el hecho que muy difícilmente – antes del descubrimiento de la vacuna, de la cura o de lograr la inmunidad de grupo en el país – sea posible regresar al estilo de vida anterior.


[1] Al 24 de marzo se registran en Perú 416 contagiados y 7 fallecidos.

[2] Entre los varios indicadores, el índice Gini relacionado a la desigualdad de ingreso, es alto: 42,8.

[3] El nivel de pobreza se ha reducido mucho en los últimos años, llegando al 20% de la población en 2018.

[4] Según el último censo del Instituto Nacional de Estadística (INEI) del año 2017, la población total del país ascendió a 31 millones 237 mil 385.

[5] Al 24 de marzo han sido detenidas más de 10mil personas en todo el país.

[6] Según el INEI (informe de noviembre de 2019), el 68.4% de la población (22 millones 37 mil 514) tiene acceso a agua potable, mientras el 22.3% (7 millones 267) no cuenta con dicho servicio.

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Francesco Tucci

Politólogo, internacionalista y periodista, sus áreas de interés principal son el análisis geopolítico y temas relativos a los sectores de, seguridad, estrategia militar y terrorismo.

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