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Reflexiones sobre geopolítica del gas en el marco de la actual crisis energética

https://global-strategy.org/reflexiones-sobre-geopolitica-del-gas-en-el-marco-de-la-actual-crisis-energetica/ Reflexiones sobre geopolítica del gas en el marco de la actual crisis energética 2021-10-20 07:05:00 Francisco José Ruiz González Blog post Estudios Globales Global Strategy Reports Geopolítica de los recursos
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Global Strategy Report, 43/2021

Resumen: Este informe analiza las causas geopolíticas que están motivando la crisis de energética con su correspondiente aumento de los precios de la energía eléctrica, centrándose en el suministro de gas.

Para citar como referencia: Ruiz González, Francisco José (2021), “Reflexiones sobre geopolítica del gas en el marco de la actual crisis energética”, Global Strategy Report, No 43/2021.


Con motivo del aumento exponencial del precio de la electricidad, que está afectando al conjunto de la Unión Europea y muy en especial a España, han proliferado los análisis sobre las causas, profundas y coyunturales, de esta situación, que amenaza la recuperación económica tras la pandemia de la COVID-19, ya que no hay ningún sector que no esté implicado, desde el consumidor particular hasta la producción industrial de alta demanda energética.

Esos análisis se centran en cuestiones como el modelo de establecimiento de los precios de la electricidad, por medio de subastas diarias; la subida de los derechos de emisión de CO2, sometidos a especulación en los mercados por su condición de productos financieros; la sobre-retribución de determinadas energías como la hidráulica, que se benefician de los precios altos con unos bajos costes de producción; el mix energético español, con el cierre progresivo de los reactores nucleares; o los impuestos y otros importes no vinculados al consumo real que representan una parte notable de la factura final.

Siendo todas esas cuestiones muy relevantes desde el punto de vista de la economía, en este artículo nos centraremos en una cuestión con una notable dimensión geopolítica, como es la del mercado global de gas natural. Aunque a largo plazo la tendencia será a abandonarlo como fuente de producción eléctrica en centrales de ciclo combinado, a corto plazo el gas juega un papel fundamental en el proceso de decarbonización de la UE, como alternativa al uso del carbón, mucho más contaminante, y como tecnología de respaldo a las renovables.

El interés por el gas se ha disparado por varios factores. En primer lugar, porque la enésima crisis diplomática entre Marruecos y Argelia ha provocado la decisión de este último país de poner fin, el próximo 31 de octubre, al envío de gas natural a España a través del gaseoducto Magreb-Europa, que pasa por el territorio de Marruecos. Esa decisión ha encendido las alarmas en España, ante la eventualidad de que la ruta alternativa de suministro, el gaseoducto MEDGAZ que une Orán con Almería, no pueda suministrar todo el gas necesario.

Además, el citado precio diario de la electricidad se establece en el punto de cruce de la demanda (lo que están dispuestos a pagar los comercializadores) y la oferta (el precio al que están dispuestos a vender los productores). Ese precio se está fijando al coste ofrecido por las plantas de ciclo combinado, y su importe ha crecido exponencialmente por dos motivos: el ya mencionado aumento de los derechos de emisión de CO2, y la subida de los precios del gas natural[i], del que algunos analistas han responsabilizado a Rusia.

El suministro de gas natural a España y la crisis del Magreb

Según la última Revisión Estadística de la Energía Mundial de BP[ii], el consumo de gas natural en España en el año 2020 fue de un total de 32,4 bcm[iii], importados en forma de gas natural licuado (un 63%) y por gaseoducto (el 37% restante). Ese año, el 27% de la electricidad producida usó el gas natural como fuente. Es un porcentaje que varía anualmente, en función de la aportación al mix de las renovables, pero como referencia más habitual se puede considerar que el 30% de la electricidad que consumimos se genera con gas.

En lo referente al LNG, los principales suministradores fueron Estados Unidos (5.4 bcm), Nigeria (4 bcm), Rusia (3,4 bcm), Qatar (3,1 bcm) y Trinidad y Tobago (2,2 bcm), con aportaciones menores de otros países. Esos suministros llegan por vía marítima, y son regasificados en las siete plantas existentes a lo largo de la costa[iv], una capacidad muy superior a la disponible en los restantes miembros de la UE. En lo referente a los suministros por gaseoducto, el 74% (unos 9 bcm) proceden de Argelia, recibiéndose el resto desde el Norte de Europa.

Como se aprecia, las fuentes de suministro de LNG están muy diversificadas, siendo este uno de los factores que citan los defensores de esta forma de abastecimiento. Sin embargo, los suministros por gaseoducto dependen casi por completo de Argelia, y están condicionados por los vaivenes geopolíticos del Magreb. Como anticipábamos en la introducción, la conexión por tubo con los campos argelinos de gas es doble: el Magreb-Europa a través de Marruecos, con 12 bcm anuales de capacidad, y el MEDGAZ de Orán a Almería, con 8 bcm.

Si finalmente se anula el contrato de tránsito a través de Marruecos, todas las exportaciones de gas argelino a España tendrían que venir por el MEDGAZ. Argelia ya ha anunciado que la capacidad de ese gaseoducto aumentará a 10 bcm, y que será más que suficiente para honrar los contratos suscritos entre la empresa estatal SONATRACH y la española Naturgy. De ser así, la situación sería hasta ventajosa para España, ya que se ahorrarían los pagos a Marruecos por el transito del gas por su territorio, abaratando el coste de los suministros.

Además, el resto del consumo nacional estaría cubierto, como hasta la fecha, por el LNG. Mientras que los contratos de suministro por tubo suelen ser de larga duración y con los precios vinculados al del petróleo, los suministros de LNG se consiguen acudiendo al mercado de spot a nivel global, a imagen de lo que ocurre con el petróleo, comprando la carga de los buques gaseros en competencia con el resto de los clientes. Esa flexibilidad es un segundo argumento de los que priorizan esta vía de suministro frente a los gaseoductos.

La evolución del mercado parecía ir en esa línea, ya que las exportaciones mundiales de LNG crecieron desde los 302,4 bcm en 2010 a 487,9 bcm en 2020 (aumento del 61,3%). Los principales responsables de ese incremento fueron:

  • Rusia (de 13,5 a 40,4 bcm, aumento del 273%). A los suministros de LNG a Asia desde el lejano oriente ruso se han sumado los suministros a Europa desde las plantas de licuefacción de la península de Yamal.
  • Australia (que pasó de 25,8 a 106,2 bcm, aumento del 311%).
  • Estados Unidos (de 1,5 a 61,4 bcm, aumento del 4.000%). Han pasado de importar LNG a exportar sus excedentes producidos por “fracking”.

Además, ese aumento de la oferta conllevó una drástica bajada del precio del LNG, desde sus máximos en 2012-2013 a los precios mínimos pre-pandemia de 2020[v]. Por último, la irrupción en el mercado de estos suministradores, cuyas vías marítimas de suministro a Europa y Asia Oriental son mucho más seguras que las procedentes del Golfo Pérsico o del de Guinea, parecía anular otro de los tradicionales argumentos contra las importaciones de LNG.

Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente en el presente año 2021, ya que la recuperación acelerada de la economía asiática tras la pandemia ha provocado un aumento exponencial de la demanda de gas natural en esa región. Como la oferta de LNG no ha sido capaz de seguir el ritmo de esa demanda, los precios del mercado global de spot se han disparado, y gran parte de los suministros se han desviado de Europa a otros mercados más rentables.

De ese modo se han derrumbado todos los argumentos favorables al LNG, ya que no se garantiza un suministro suficiente a precios adecuados. Si en el caso de España esto supone una preocupación, por el mencionado cierre del gaseoducto del Magreb, para el resto de la UE es igualmente un grave problema, tanto por el aumento que conlleva del precio de la electricidad, como por el hecho de que las reservas de gas almacenadas están en un nivel muy bajo tras el invierno de 2020-21. En esta situación, todos los ojos se han vuelto hacia Rusia.

Los suministros de gas natural de Rusia a la Unión Europea

Según la citada Revisión Estadística de la Energía Mundial de BP, la Federación de Rusia tiene unas reservas probadas de gas natural de 37.400 bcm, lo que supone casi el 20% del total de reservas mundiales. Su producción en el año 2020 fue de 638,5 bcm, un 16,6% del total mundial. De esa cantidad:

  • 411,4 bcm se consumieron en el mercado interno ruso.
  • 197,7 bcm se exportaron por tubería.
  • 40,4 bcm se exportaron, como ya se mencionó, en forma de LNG.

Los 11 bcm de diferencia entre producción y consumo/exportación los aportaron las importaciones por tubería desde Asia Central. Por lo que respecta a la UE, el siguiente cuadro recoge sus importaciones de gas en 2020, con indicación de las procedentes de Rusia y del porcentaje que suponen:

Como se aprecia, en el caso de los suministros por gaseoducto el papel de Rusia es decisivo para la seguridad energética de la UE. No es momento de repasar eventos sobradamente conocidos, como las llamadas “guerras del gas” de 2006 y 2009 entre Rusia y Ucrania, que ocasionaron cortes de suministro a Europa y de las que se extrajeron conclusiones totalmente diferentes:

  • La Comisión Europea y los países orientales de la UE consideraron a Rusia un proveedor no fiable.
  • Los occidentales, sobre todo Alemania, consideraron que el problema era el tránsito por Ucrania, y buscaron una conexión directa con Rusia.

Esa conexión se materializó en el Báltico por medio del gaseoducto “Nord Stream”, que recorre 1.200 km bajo el mar uniendo Rusia con Alemania, con una capacidad de 55 bcm anuales. En Alemania se une con el gaseoducto OPAL, que llega hasta Austria, y con el NEL, que llega al BENELUX y Francia. El Nord Stream comenzó a operar a finales de 2011 ya que, a pesar de las presiones de la Comisión Europea, Berlín impuso sus intereses nacionales.

Sin embargo, el proyecto equivalente en el Mar Negro, el “South Stream”, que debía unir Rusia con Bulgaria, para después prolongarse a través de Serbia y Hungría hasta Austria, no llegó a realizarse ya que el gobierno de Sofía no tenía la misma capacidad que Alemania para imponer sus intereses, y retiró los permisos de construcción de la tubería por su territorio.

Ese gaseoducto, con una capacidad de 65 bcm anuales, hubiese anulado el uso de la red ucraniana para enviar gas ruso a la UE. Además, el intento de aumentar la capacidad del gaseoducto “Yamal-Europe”, que une Rusia con Polonia a través de Bielorrusia, se topó igualmente con la oposición del gobierno de Varsovia a cualquier medida que redujese el tránsito por Ucrania.

Aparte de esa presión política para impedir el tendido de nuevos gaseoductos, a pesar de que Rusia asumía los costes de construcción, se sumó la Comisión Europea con el llamado “Tercer Paquete de la Energía”, con el principio de separación de actividades que obliga a las corporaciones productoras a desprenderse de sus activos de transmisión. En el caso de terceros países, la normativa prohíbe que una empresa energética compre una compañía europea del sector si no cumple los requisitos de desacoplo entre generación y transmisión, lo que muy elocuentemente se ha denominado “cláusula Gazprom”.

En resumen, la UE ha hecho todo lo posible por disminuir su dependencia del gas ruso, además de con la medidas expuestas intentando fomentar la construcción de plantas de regasificación, a pesar de lo cual, y como hemos visto, en 2020 el 32% de las importaciones totales de gas vinieron de Rusia.

Por su parte, Moscú respondió al veto al “South Stream” sustituyéndolo por el “Turkish Stream”, con lo que la entrada del gas ruso a la UE por los Balcanes ha pasado a estar controlado por Ankara. Además, y aprovechando su privilegiada relación con Alemania en este ámbito, se decidió construir el “Nord Stream II” en el Báltico, en paralelo al primero y duplicando la capacidad hasta los 110 bcm.

Ese proyecto se convirtió en anatema para la Comisión Europea, el Parlamento y los polaco-bálticos, frente a la firme posición alemana relativa al carácter meramente comercial del gaseoducto. Además, Estados Unidos entró en escena, y amenazó con la imposición de sanciones a toda empresa que participase en la construcción. El argumento de Washington era que el Nord Stream II aumentaría la dependencia europea del gas ruso y dañaría su seguridad energética, aunque la razón subyacente es que la Administración Trump, en su línea habitual, buscaba colocar sus excedentes de LNG en la UE.

El hecho es que los esfuerzos estadounidenses consiguieron ralentizar, pero no paralizar, la construcción del Nord Stream II. Además, la llegada a la presidencia de Biden en 2021 y sus intentos de mejorar la relación con Alemania han llevado a un acuerdo por el que se retiran las sanciones a esa infraestructura, a cambio de un vago compromiso por parte de Berlín sobre que no se consentirá su uso en clave geopolítica contra Ucrania. A día de hoy, el gaseoducto se ha completado y está listo para comenzar a operar, a la espera del informe técnico favorable de las autoridades alemanas.

Gaseoductos de suministro de gas ruso a la Unión Europea

Rusia, ¿de amenaza a tabla de salvación?

Con esos antecedentes, no deja de ser curioso que la UE, en la situación actual de crisis energética por la falta de suministros de LNG y su alto precio, clame por un mayor envío de gas ruso por tubería de cara al próximo invierno. Y decimos que es curioso porque Bruselas, como hemos comprobado, ha hecho todo lo posible y lo imposible por dificultar las exportaciones de gas ruso a Europa.

De hecho, y usando el “comodín” que supone el poder culpar a Rusia y a su presidente de cualquier desgracia que ocurra en el mundo, son muchas las voces que afirman que Moscú está recortando los suministros de gas para aprovecharse de la crisis energética[vi], y en particular para acelerar la certificación del North Stream II y poder comenzar su operación.

Al respecto, la canciller Ángela Merkel se ha apresurado a aclarar que Gazprom está cumpliendo escrupulosamente con los contratos de suministro acordados, con lo que no hay nada que reprochar a Rusia en ese sentido. Por su parte, Moscú ha dado prioridad a llenar sus reservas antes del comienzo del duro invierno ruso, y sólo tras hacerlo estaría en condiciones de realizar suministros extra a la UE, aunque no tiene ninguna obligación contractual al respecto.

En todo caso, es entendible que el Kremlin no quiera apresurarse en ejercer de “salvador” de la UE en esta compleja situación[vii] ya que, además de todos los impedimentos al libre comercio que hemos detallado, Rusia está sometida a durísimas sanciones desde 2014 por la crisis de Ucrania. Por eso, el representante permanente ruso ante la UE ha declarado que si Bruselas comenzase a considerar a Rusia como un socio y no como un adversario, esta y otras muchas cuestiones de interés común podrían solucionarse fácilmente.

El propio Vladimir Putin ha salido a la palestra en este asunto, ofreciendo un aumento de los suministros rusos de gas, pero condicionándolo a dos cuestiones clave: la certificación por la vía rápida del Nord Stream II, de modo que comience a operar ya este invierno, y la reconsideración por parte de la UE de su ritmo actual de de-carbonización (que está teniendo un impacto enorme en la economía) y de la suscripción de contratos a largo plazo de suministro por tubería, que darían lugar a una estructura de precios más estable.

Conclusiones

Al igual que en muchos otros ámbitos, los adalides de la globalización han promovido que el suministro de gas a la UE, que carece de recursos propios, se lleve a cabo por medio de contratos de corta duración y acudiendo al mercado de spot. Esa fórmula funcionó desde 2008, cuando los precios del gas vinculados al precio del petróleo y con contratos de larga duración se dispararon, mientras bajaban los del LNG por una mayor oferta. También permitió a la Comisión, azuzada por los países del Este, el poner todo tipo de trabas a las exportaciones de gas ruso a la UE y a los nuevos proyectos de infraestructuras gasísticas.

Por aquel entonces, la mayor objeción a ese modelo era el de la inestabilidad geopolítica de algunas de las regiones suministradoras de LNG, como el Golfo Pérsico o el de Guinea, así como los riesgos para la seguridad marítima en las rutas de tránsito hacia Europa (piratería, terrorismo, etc.). Otro argumento era el del precio, pero ya hemos dicho que el del LNG llegó a ser inferior que el suministrado por gaseoducto, hasta el punto de que, por ejemplo, España utilizaba una capacidad residual de los gaseoductos que la unen con Argelia.

Sin embargo, y al igual que ha ocurrido con otros suministros de la cadena global de valor (como los semiconductores o el material farmacéutico), la rápida recuperación asiática tras el COVID-19 ha provocado una demanda masiva de LNG, de modo que esos suministros no llegan a Europa o lo hacen a precios que superan los 1.500 dólares por cada 1.000 m3 de gas, cuando se calcula que el precio sería de unos 300 dólares por cada 1.000 m3 de gas si se hubiesen mantenido los contratos a largo plazo y vinculados al precio del petróleo.

En resumidas cuentas, la actual crisis de los precios del gas, y en consecuencia de la electricidad, se debe a una desregulación extrema del mercado, que durante años ha beneficiado a la economía europea pero que ahora la lleva al abismo, unida al paradigma de la diversificación de fuentes de suministro, siempre buscando por sistema reducir la vinculación a Rusia.

Como conclusión, aunque la UE está en una situación de desventaja por carecer de recursos energéticos propios, su posición geográfica le posibilita cubrir todas sus necesidades de gas natural con el suministro por gaseoducto desde tres proveedores vecinos: Noruega al norte, Argelia al Sur, y Rusia al Este, preferentemente sin países de tránsito por medio. Cabe recordar que Argelia no interrumpió sus suministros a Europa ni siquiera durante su larga guerra civil, mientras que Rusia sólo los interrumpió en 2006 y 2009 durante unos días, al constatar que Ucrania estaba robando el gas en tránsito por su territorio[viii].

Ese triple suministro por tubería, vinculado a contratos de larga duración, complementado por una red de plantas de regasificación del LNG recibido desde regiones geopolíticamente estables, que aporta flexibilidad y permite negociar en mejores términos, garantizaría estabilidad en el suministro y en los precios, evitando una crisis como la actual y favoreciendo la fase inicial de la transición energética, en la que el gas es imprescindible para abandonar el carbón y cerrar progresivamente los reactores nucleares cuando lleguen al final de su vida útil.

Pero, para alcanzar este escenario, habrá que dejar de oír los “cantos de sirena” de ciertos gurús, y no condicionar nuestra política energética a los intereses de allende el océano o al resentimiento histórico de algunos países. Y confiar en que Rusia esté más interesada en las divisas que le proporciona la venta del gas que en tomarse la revancha de las políticas europeas de los últimos años.


[i] A grandes rasgos, el precio del gas natural en Europa se ha multiplicado por 10 en un año, y en consecuencia el precio de la electricidad se ha triplicado o cuadriplicado, dependiendo del país.

[ii] Documento disponible en https://www.bp.com/content/dam/bp/business-sites/en/global/corporate/pdfs/energy-economics/statistical-review/bp-stats-review-2021-full-report.pdf.

[iii] Bcm: Billion Cubic Meters, miles de millones de metros cúbicos.

[iv] En Bilbao, Gijón Ferrol, Huelva, Cartagena, Sagunto y Barcelona. La capacidad total de regasificación es de unos 60 bcm anuales, aproximadamente el triple de lo usado en la práctica.

[v] En 2007, antes de la crisis financiera mundial, el precio que pagaba Japón por el LNG era aproximadamente el mismo que pagaban Alemania y Estados Unidos, en torno a 7 dólares por cada MBTU (million British termal unit). En 2012, el precio del LNG para Japón alcanzó un máximo de 16,75 dólares/MBTU, mientras que el de Alemania, en su mayoría procedente de Rusia por gaseoducto, se quedó en 10,93 dólares, y el de Estados Unidos (indicador “Henry Hub”) se desplomó hasta los 2,76 dólares, en plena revolución del “fracking”. En 2020, el precio del LNG japonés bajó hasta una media de 7,81 dólares/MBTU y el de Alemania bajó a 4,06 dólares, mientras que el estadounidense llegó a bajar de 2 dólares.

[vi] Así, la Jamestown Foundation, probablemente el think-tank más rusófobo del mundo, se ha apresurado a organizar un seminario bajo el título “Russia’s Weaponization of Gas: Repercussions for Global Energy Markets”, achacando la escalada de los precios del gas a unos supuestos recortes de Gazprom y no a la demanda de LNG en los mercados globales.

[vii] Aunque, por ejemplo, Gazprom está usando más del 50% asignado de la capacidad del gaseoducto OPAL para ayudar a limitar el impacto de la crisis, con la Comisión Europea haciendo la vista gorda ante el incumplimiento de esa condición que ella misma impuso.

[viii] Ver al respecto RUIZ GONZALEZ, Francisco J., “Reflexiones sobre la Seguridad Energética de Europa”, Documento Marco del IEEE 12/2013, disponible en  https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_marco/2013/DIEEEM12-2013_SeguridadEnergetica_FJRG.pdf.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Francisco José Ruiz González

Capitán de Navío de la Armada española y Doctor en Seguridad Internacional. Es docente en varios posgrados sobre Seguridad y Defensa

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