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Afganistán. Algunas reflexiones mirando al futuro

https://global-strategy.org/afganistan-algunas-reflexiones-mirando-al-futuro/ Afganistán. Algunas reflexiones mirando al futuro 2021-08-31 12:06:21 José María Martínez Cortés Blog post Estudios Globales Política de Defensa Afganistán Asia Central
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Resulta inevitable sentir algo de frustración cuando asistimos – de forma nada sorpresiva, por otra parte – a la nueva toma del control de Afganistán, por parte del movimiento talibán. Sin embargo, en línea con otros comentarios ya emitidos en esta publicación (por parte de prestigiosos colaboradores), este sentimiento de frustración no puede hacernos caer en el pesimismo, ni en el fatalismo. Aunque es evidente la complejidad de extraer lecciones de las últimas dos décadas del conflicto de Afganistán, intentaré aportar alguna idea con la finalidad de que pueda, en su caso, ayudar a extraer cuando corresponda lecciones identificadas y/o aprendidas para mejor asesorar o acometer futuros desafíos relacionados con la seguridad.

En el otoño de 2009 tuve la oportunidad y la suerte de formar parte del Estado Mayor de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) durante un despliegue en Afganistán; ésta puede ser quizás la razón por la que he vivido de forma más directa lo acontecido en este escenario en los últimos días. Sirvan de paso estas cortas palabras de tributo a nuestros compañeros de las Fuerzas Armadas y, en particular, a los del Ejército del Aire, que tan excepcionalmente han cumplido su misión en la evacuación de diplomáticos, militares y ciudadanos españoles, así como de colaboradores de las FAS españolas en Afganistán y sus familias y, por supuesto, de manera muy especial, a los miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que han dado su vida durante los años de nuestra participación en este escenario.

Antes de nada, es necesario resaltar la tremenda complejidad de determinar posibles errores de carácter estratégico cometidos en los últimos veinte años o de identificar cuáles hubieran sido mejores opciones para abordar e implementar, de forma más adecuada, el restablecimiento de la seguridad y la estabilización del Estado afgano establecido en 2002 tras la caída del régimen talibán. Por ello, en el momento presente, esta tarea me parece demasiado prematura y compleja y que, sin duda, necesitará de un análisis profundo y multidisciplinar. Sin embargo, esto no quita, la oportunidad de aportar ideas que puedan ayudarnos, en su momento, a llevar a cabo dicha tarea tan necesaria para mejorar decisiones y evitar errores de carácter estratégico con vistas a futuro.

En un reciente artículo sobre “El empleo del poder aeroespacial antes amenazas híbridas” mencionaba la realidad irrefutable de que la superioridad tecnológica no es suficiente para batir a cualquier adversario con un número de bajas y un tiempo asumibles para las sociedades occidentales (de nuevo, el actual conflicto de Afganistán demuestra esta realidad). Como también expresaba, la percepción de lo contrario es erróneo en base, entre otros aspectos, a tres realidades:

  • Que la gestión y resolución de conflictos es una actividad dinámica debido a los diversos factores que ejercen influencia sobre el Estado y sus relaciones con la sociedad y los efectos, en ocasiones impredecibles, que tiene el empleo de los diferentes instrumentos de poder en la gestión de conflictos;
  • Que no siempre se posee una correcta comprensión sobre los riesgos y amenazas y, he de añadir, sobre el rol de los diferentes actores y sus antecedentes; y
  • Que no siempre se comprende, adecuadamente, la naturaleza y evolución de los conflictos.  

A este respecto, convendrá analizar, en su momento y por quien corresponda, si en alguna circunstancia alguno de estos aspectos se ha juzgado o atendido de forma incompleta o inadecuada.

Sin ánimo de prejuzgar las decisiones realizadas en las capitales occidentales ni en el Teatro de Operaciones de Afganistán desde 2001, creo que éste puede ser un momento para poner de relieve la importancia de las decisiones y liderazgo de carácter estratégico. En estos casos, además, estas decisiones tienen, sin duda, gran relevancia en el futuro no sólo de los Estados, sino las estructuras establecidas en las sociedades a estabilizar, cuestión que nos lleva directamente al tercer apartado que deseo señalar: la dificultad de definir el proceso óptimo para adaptar otras sociedades a un modelo similar al occidental y de implementar dicha adaptación, al menos, de forma tan acelerada. Con ello no me refiero a que este proceso no sea posible, cuando sea deseable (que no siempre), sino que el formato del proceso seguido en Afganistán evidentemente no ha resultado exitoso. Y ello a pesar del hecho de que no sólo muchos afganos deseaban una integración hacia dicho modelo, sino también porque el sistema político instaurado tras el Acuerdo de Bonn (en diciembre 2001), no era en absoluto ajeno a la cultura y realidad social de Afganistán, como ha quedado demostrado en períodos anteriores de su historia (tal como ha sido subrayado en otros artículos recientes sobre esta cuestión). Es cierto que, en su contra, además de lo complejo del proceso, figuraban aquellos que veían amenazado su poder (el movimiento talibán).

A este respecto, no obstante, coincido con lo aportado por varios articulistas en el sentido de que la democracia liberal no es algo que puede exportarse fácilmente como tal, e incluso algo que puede desarrollarse plenamente en algunos escenarios. La historia, la cultura, la sociedad civil (cuando existe), la estructura social, las instituciones y la voluntad política constituyen elementos de análisis a tener muy en cuenta que no pueden ni deben soslayarse.

Sin duda, estos acontecimientos impulsarán un debate sobre la participación más o menos activa en presentes y futuras operaciones en el exterior en las que contribuimos a la paz y estabilidad internacional, en línea con el nudo gordiano mencionado por el profesor Baqués (artículo “Afganistán…el retorno del mito del eterno retorno”, 16/08/2021). En este sentido, independientemente de que pueda llevar a incentivar análisis y debates al respecto, considero necesario resaltar la importancia de una participación activa en las operaciones de mantenimiento de la paz y restablecimiento de la estabilidad y seguridad, al tiempo que los diferentes acontecimientos de los conflictos en los que participamos, y en los que no, aporten a nuestras instituciones y organizaciones elementos para mejorar decisiones al respecto.

Al hilo de esta reflexión, sobre las posibles participaciones o intervenciones de las grandes potencias, no en este sino en otros conflictos o acontecimientos, lo que sí parece seguro es que la vuelta del régimen talibán al poder tendrá gran impacto estratégico en esta zona, puesto que en ella siguen existiendo varias de las causas que han provocado y provocan enfrentamientos y conflictos entre Estados, grupos, etnias o sociedades. Con ello me refiero a intereses, recursos y confrontación de valores. Entre otras cosas, como ya han apuntado otros, China seguirá aprovechando los vacíos de las potencias occidentales, en particular de Estados Unidos, para impulsar sus inversiones (y con ello, sus intereses de la nueva ruta de la seda) y Rusia intentará incrementar la influencia previamente perdida en una zona que identifica como fundamental (por encontrarse circundante a su contorno más cercano); de hecho, ambos ya han dado pasos en esa dirección.

Y es en el formato y en las decisiones sobre la participación en operaciones lo que me lleva a la siguiente reflexión de evitar que los árboles nos impidan ver el bosque, lo que en términos de seguridad podría describir como la importancia, en cualquier tipo de operación, de una correcta definición y establecimiento del denominado “estado final deseado”; éste, además de adecuado, debe ser realmente deseado y alcanzable (en términos llanos, que lo establecido sea realmente lo que se quiere y que sea factible conseguirlo). Esto, pudiendo parecer obvio, no siempre lo es y puede ser, de hecho, lo que imprime mayor complejidad no sólo en la definición de objetivos a nivel estratégico, sino también en el análisis y reflexión de posibles lecciones aprendidas. Y en la persecución del mencionado estado final deseado es preciso resaltar la trascendencia de que, desde el inicio, las líneas maestras de cualquiera que sea la participación decidida sean establecidas teniendo muy presente el tan renombrado y de actualidad enfoque integral; la coordinación, a todos los niveles y desde el inicio del planeamiento a la ejecución, constituye un elemento primordial.

En este sentido, amplío con una reflexión colateral. Aunque a veces no guste demasiado, y a pesar de lo dicho sobre que podemos y debemos apoyar (y, por tanto, participar en muchas ocasiones, cuando sea oportuno y/o conveniente), creo que no debe olvidarse que el futuro afgano, como en otros conflictos, estará en manos del pueblo afgano y de sus ciudadanos, pero de todos ellos, los que comulgan con nuestros valores y los que no, y además en el esquema político que ellos decidan. Es obvio que una línea roja, a este respecto, debe ser el respeto a los Derechos Humanos.

En su vuelta al poder, el movimiento talibán ha demostrado que lee a los clásicos. Ya lo decía el respetado, y muy aclamado hoy, estratega chino (me refiero, por supuesto, a Sun Tzu), la manera más eficaz de derrotar al adversario es procurar hacerlo fuera del campo de batalla; ellos han sabido y saben que el tiempo, sin duda, está de su lado. Probablemente, el gran interrogante del poder ya establecido “de facto” en Afganistán es si serán capaces (y hasta qué punto) de implementar planes y líneas de acción sin sobrepasar el umbral de actuación de las grandes potencias, lo que en términos pragmáticos sería llevar a cabo una política que “incomode”, pero que no provoque intervención.

Por último, en lo que respecta al terreno operativo, las Fuerzas Armadas tenemos bastante bien asentado el proceso de recopilación de lecciones identificadas y aprendidas (otra cuestión es su aplicación posterior); sin embargo, a nivel nacional, este proceso tiene una gran capacidad de mejora, tanto en lo referente al análisis de lecciones identificadas y/o aprendidas, como en la implantación real de las mismas. Hemos de asumir que una cosa es extraer lecciones y otra muy diferente es ponerlas realmente en práctica cuando surge una crisis y se comienzan a tomar decisiones, a nivel estratégico, sobre la posible participación en misiones u operaciones.

De nuevo, reitero desde aquí mi tributo a los miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que han dado su vida durante este conflicto, así como a aquellos que tan excepcionalmente han cumplido la reciente misión de evacuación.

José María Martínez Cortés

Coronel (R) del Ejército del Aire español y Secretario Adjunto del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. Es Máster en Estudios Estratégicos por la Air University, Maxwell Air Force Base, Alabama (Estados Unidos)

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