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Decálogo de las necesidades de la industria española de defensa

https://global-strategy.org/decalogo-industria-espanola/ Decálogo de las necesidades de la industria española de defensa 2026-01-07 09:00:00 Manuel Vila González Blog post Global Strategy Reports Política de Defensa España Industria de Defensa

Global Strategy Report, 1/2026

Resumen:España tiene una oportunidad histórica para poder disponer de unas FF.AA. de una entidad más adecuada, perfectamente alistadas y dotadas con material de última generación. Para conseguirlo, se requiere una industria de defensa a la altura de los tiempos. El artículo analiza, desde el punto de vista de la base industrial y tecnológica constituida por las pequeñas y medianas empresas del sector (y con independencia de su lugar en la cadena de suministro), las principales necesidades que demanda la industria para poder cumplir con su papel al servicio de España con nota, entre las que destaca la perentoriedad por disponer de una estrategia nacional, consecuencia de un consenso político que ahora no existe.

Para citar como referencia: Vila González, Manuel (2026), “Decálogo de las necesidades de la industria española de defensa”, Global Strategy Report, 1/2026.


Introducción

No hace mucho tuvo lugar en Madrid una jornada organizada por Cecabank y el IEEE (1) de la que formaba parte una mesa redonda en la que se inquiría sobre las necesidades de nuestra industria de defensa. Llamaba la atención el hecho de que más que preguntarnos a los participantes por lo que necesita la defensa de España de su industria, las cuestiones y reflexiones se volcasen en sentido contrario.

En realidad, lo primero parece bastante obvio y está recogido, en gran parte, en la Estrategia Industrial de Defensa (EID). Cabe preguntarse, eso sí, si las necesidades de la industria para poder atender los requisitos de la defensa son igualmente evidentes.

¿Qué necesita la industria de defensa?

Pudiera parecer, siguiendo a Napoleón Bonaparte, que la respuesta a esa pregunta se condensa en una sola palabra (repetida por el general tres veces): dinero. Pero no es así. O no es solo así, dado que el dinero no sirve de gran cosa si no se sabe bien ni en qué invertirlo, ni cómo hacerlo.

La “industria de defensa” es “industria”… y es “de defensa”, aunque lo cierto es que ni es solo industria (consideremos los centros de investigación o los proveedores de servicios de todo tipo), ni es solo de defensa, pues muchas empresas actúan en diversos sectores de actividad con tecnología dual. Así pues, si bien no requiere sino lo que toda empresa para poder desarrollarse, no puede evadirse, a su vez, de las necesidades de la propia Defensa de España.

Cuando hablamos de esas necesidades, muchas son comunes a ambos dominios (industria y defensa), pero la particularidad está en que no nos referimos a la intersección de ambos conjuntos, sino que nos vemos obligados a abarcar un entorno más extenso que engloba por exceso la totalidad de cada uno de ellos.

Podemos catalogar los requerimientos que tiene la industria de defensa para poder cumplir el papel que de ella se espera en diez cuestiones, conformando un “decálogo de necesidades”; alguna de ellas parecerá estar adscrita a solo uno de los ámbitos combinados. Pero hemos de tener presente que afectará al conjunto del concepto.

Primera necesidad: una estrategia nacional

España necesita una estrategia nacional (lo que los anglosajones llamarían “gran estrategia”), que defina las líneas de acción que hemos de poner en marcha para alcanzar, a largo plazo, una serie de objetivos nacionales que concuerden con los anhelos compartidos del grueso de la sociedad y que conciten el acuerdo de la mayor parte de sus representantes públicos.

Esa estrategia nacional debe responder a una Política de Estado, es decir, a un consenso generalizado sobre la posición de España en el mundo y sobre el alcance de la defensa de sus intereses. La política exterior y la política de defensa han de gozar del beneplácito de gran parte de arco parlamentario. No solo esas políticas, pero al menos ellas, por ser el marco de referencia de nuestra nación con respecto al resto.

Como toda estrategia se debe a las circunstancias, y éstas cambian como solo Heráclito de Éfeso sería capaz de describir, debe adaptarse con flexibilidad de forma continua, identificando claramente los objetivos compartidos y los retos de todo tipo, para actualizarse en función de los vaivenes geopolíticos de nuestro entorno, del panorama internacional en su conjunto y de la evolución de nuestras propias fortalezas y debilidades.

Los acontecimientos de los últimos años han evidenciado que esa estrategia nacional, basada en un mínimo consenso, no existe, sin embargo. Quizá por la falta de objetivos claros en ausencia de comunicación y debate. Puede que simplemente por la ideologización de los mismos, lo que impediría todo pacto, en otro caso. O incluso como consecuencia de la imposición de las necesidades geopolíticas o geoestratégicas de otros países (aliados, adversarios, vecinos o potencias económicas o militares) en el caso más extremo, por las razones que sea y por las vías más insospechadas.

Sea como fuere, no tenemos un objetivo común definido (más allá de nuestra voluntad de pertenecer a la Unión Europea, por ejemplo, y poca cosa más) y, parafraseando a Séneca (como hizo nuestra marina de guerra al presentar su plan Armada 2050), sin un puerto de destino, ningún viento es favorable (2).

Segunda necesidad: estrategias sectoriales adecuadas

Aceptando la asunción de que tuviéramos una estrategia nacional, lo segundo que necesitamos es un conjunto de estrategias sectoriales definidas.

Para alcanzar todo objetivo nacional, se han de establecer líneas de acción claras en cada uno de los ámbitos de la defensa y de la industria. Así, podemos pensar en una estrategia de seguridad marítima, en una estrategia naval (que no es lo mismo, y que sigue las aguas de Armada 2050), en la de cada uno de los Ejércitos o en las estrategias conjuntas, como la de ciberdefensa o la espacial. En la reciente elaboración de casi todas ellas ha habido una actividad sin precedentes, muy meritoria, con independencia de su mayor o menor acierto en algún caso, y pese a la sorprendente paradoja de que no puedan atender a una visión más elevada en forma de estrategia nacional, que como hemos visto con anterioridad, no existe.

De esa amalgama de estrategias sectoriales (3), la que al entramado logístico civil más le concierne es la Estrategia Industrial de Defensa, cuya edición de 2015 fue actualizada en 2023, sirviendo de paso adelante para impulsar la ordenación del sector, en virtud de las crecientes necesidades comprometidas (de nuevo) por España en la cumbre de la OTAN en Madrid (2022).

En contra de cierta expectación previa, la revisada EID no sirvió para convertir la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) en una “agencia”, al estilo de las de algunos de nuestros aliados atlánticos, para así dotarla de una estructura capaz de absorber el previsible tsunami de adquisiciones que se avecinaba. Antes bien, sus funciones fueron repartidas con una nueva Dirección General de Estrategia e Innovación de la Industria de Defensa (DIGEID) enfocada a la implantación de una nueva estrategia industrial de defensa, lo que, no obstante, fue recibido con esperanza en el sector.

Las líneas maestras de la EID 2023 son aparentemente sensatas y bienintencionadas, si bien, en alguna cuestión, contradictorias. Así, sin entrar en detalle y sabiendo que la base industrial y tecnológica del sector tendría que, al menos, duplicarse para poder atender las crecientes necesidades de Defensa, cabe señalar lo inadecuado que parece pretender establecer “corredores” o áreas específicas donde concentrar la inversión, como si no fuera necesario el esfuerzo tecnológico, industrial, intelectual e inversor de toda organización capacitada, allí donde se encuentre, para hacer frente a semejante reto; o como si se pretendiera dirigir la atención de las corporaciones que decidieran implantarse ex novo hacia regiones específicas, en función de condicionantes concretos poco relacionados con los criterios técnicos que suelen determinar la selección de una ubicación industrial.

Por otro lado, la EID favorece la integración industrial europea frente a otras alternativas. También es lógico. Pero no debemos olvidar que, debido al tamaño relativo de las empresas españolas del sector respecto al de sus homólogas, una fusión entre ellas no sería sino un eufemismo de absorción en toda regla, de la empresa española por la comunitaria. En este punto resulta contradictoria la aleccionadora voluntad de promover una autonomía estratégica tan nacional como europea, un tanto incompatible, en el primer caso, con integraciones corporativas de esas características.

Quizá por eso, la política industrial actual favorece la creación de “campeones nacionales” que, como toda iniciativa valiente, tampoco está exenta de polémica, dado que los mecanismos del mercado tienen su propia vida y no se puede pretender ordenar un entero sector al margen de su dinámica empresarial, aun cuando el control absoluto de los fondos provenga de un único organismo.

Más allá del lógico respeto a la ley (4), sería importante observar cierto grado de concurrencia competitiva en los procesos de adquisición de los diversos sistemas y programas. Allí donde se pueda organizar un concurso con la intervención de la industria nacional, debe hacerse y la selección ha de ser fundamentalmente técnica y, por lo tanto, tomada por el usuario que va a poner su vida en manos del sistema que se incorpore a su panoplia de armas y sensores (5).

Desde las asociaciones empresariales de defensa se ha de convenir que ese es el camino a la excelencia y no la adjudicación a los suministradores nacionales (o europeos) de material de peores prestaciones, aunque entonces tengamos que asumir que la industria nacional solo participe en el ciclo de vida y en actualizaciones domésticas (con el vago consuelo de entrar al menos en contacto con la tecnología más avanzada que demandan nuestras Fuerzas Armadas, lo que nos permitirá no dormirnos en los laureles la próxima vez).

La EID puede no ser perfecta (de hecho, cabría decir que, en algún aspecto, no lo es), pero es imprescindible, en el sentido de que es mejor tener un plan que no tenerlo, aunque todos ellos deban ser modificados con frecuencia; al fin y al cabo, siguiendo al mariscal Helmuth von Moltke, ningún plan resiste el primer contacto con el enemigo (6) que, en esta ocasión, no es sino la realidad; no se pueden poner puertas al campo, ni siquiera cuando el gasto se decide unilateralmente, pues la discrecionalidad para orientarlo puede perjudicar a la propia Defensa de España.

Muchos países occidentales están acometiendo la integración y coordinación de las diversas estrategias sectoriales y España no es una excepción desde que se pusieron en marcha las revisiones de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), por mucho que “seguridad” y “defensa” sean cosas muy diferentes. Ambas conviven (incluso colaboran) en tiempo de paz como realidades paralelas: mientras la seguridad nos protege de todo riesgo de baja intensidad o incluso híbrido, la defensa simplemente se prepara para la guerra, y al hacerlo disuade a nuestros eventuales enemigos y garantiza la paz. No son, de todas formas, conceptos de entidad similar, pues en caso de conflicto, la defensa lo abarca todo y fagocita a la seguridad, que pasa a depender de la primera para reforzarla en función de sus necesidades.

En cuestión de estrategias sectoriales no es imprescindible el consenso, pero sí muy conveniente, para no estar al albur de los cambios de mayorías y permitir así que se puedan desplegar a largo plazo. Ahora bien, toda estrategia sectorial que se construya sin el paraguas de una estrategia nacional de más amplio espectro, va a ser solo un parche al esfuerzo nacional que se requiere para poner a España en el lugar que todos queremos en el contexto internacional.

Hemos de tener claro, además, que cualquier integración de estrategias sectoriales estará lejos de ser una estrategia nacional: el todo no es la suma de las partes, es mucho más, porque es algo en sí mismo y por eso, más que todo, es Todo.

En el marco conceptual del ilustre filósofo romano, al hacerlo de cada estrategia sectorial estaríamos hablando del arte de desplegar y orientar las velas, del arte de bogar, del de orientarse por las estrellas, del de cargar los pertrechos o la mercancía, del de fondear o del de llevar la pala del timón… todo lo cual es inútil sin puerto de destino conocido, que no aparece de la nada por el mero hecho de dominar todos los oficios de a bordo y de saberse enfrentar, en consecuencia, a cualquier situación, por inclemente que sea.

Tercera necesidad: ley de financiación de la defensa

Una vez tenemos claro dónde vamos (primera necesidad) y cómo hemos de dirigirnos hacia la meta (segunda), surge la necesidad de disponer de recursos financieros para poder acometer el reto, para lo que, más allá de la lógica conveniencia de disponer, año tras año, de un presupuesto, se impone la de establecer un escenario legal inalterable a más largo plazo, que aísle la financiación de la Defensa de España del debate parlamentario habitual.

Para conseguirlo, se debería promulgar una Ley de Financiación de la Defensa ampliamente consensuada que dé estabilidad y certidumbre al sector durante al menos media docena de legislaturas (habida cuenta de la vida de muchas de las plataformas y sistemas). No podemos seguir dependiendo de los llamados “ciclos de inversión”, que han de ser sustituidos por líneas temporalmente ininterrumpidas que aborden el desarrollo, la construcción, el suministro y el mantenimiento y actualización de los diversos sistemas de manera continua, de forma que las innovaciones se vayan incorporando a las series (de carros, de aviones o de buques de guerra) hasta que llegue el momento de cambiar de plataforma o de sistema.

Cuarta necesidad: seguridad jurídica

España es un lugar donde, durante décadas, se han puesto en marcha programas de infraestructura energética en determinadas condiciones, con objeto de movilizar la inversión privada que, posteriormente, han quedado en suspenso por cambios arbitrarios de criterio. Sucedió con la moratoria nuclear, cuyos efectos han sido demoledores para nuestra competitividad, nuestra industria, nuestra tecnología, nuestro bienestar, nuestro medio ambiente y, sobre todo, para nuestra soberanía estratégica, más dependiente de terceras naciones de lo que podría haber sido. Más recientemente volvió a suceder con las renovables o con los impuestos que se aplican a distintos sectores estratégicos. Atraer inversión internacional, en esas condiciones, es muy complicado.

Hemos de evitar que este modus operandi, tan ligado a las grandes inversiones, se traslade al sector de la defensa. Hasta ahora, parecía seguro trabajar con empresas occidentales (esto es, países con democracias asentadas) como proveedores o clientes, lo que nos prevenía de tener trato con empresas de autocracias de todo tipo, con independencia de que fueran destinos permitidos por los acuerdos multilaterales de referencia en la UE o por las restricciones de los EE.UU. (ITAR, EAR).

Lamentablemente, da la impresión de que eso está cambiando, y no como consecuencia de la presión internacional o de las necesidades defensivas nacionales, que salen perdiendo: se debe a cuestiones totalmente ajenas al pragmatismo que nos hace libres y soberanos en el ámbito internacional. Prescindir de las alianzas con empresas de determinadas democracias y, en consecuencia, de su tecnología (una vez elegida por ser la más adecuada a nuestros requerimientos operativos) es, desde un punto de vista estratégico, sencillamente inexplicable.

Las empresas necesitan conocer previamente el terreno y las reglas del juego para poder invertir con seguridad y la Administración debe evitar este tipo de vaivenes, así como intentar combatir el impacto de caprichos arancelarios de terceros que nos dificulten nuestras exportaciones o nos encarezcan la importación de componentes que, en España, somos actualmente incapaces de fabricar.

La seguridad jurídica también ha de aplicar a los concursos públicos. La compra de materiales y sistemas debe hacerse sin adjudicatarios predeterminados, allí donde sea posible: a día de hoy, nadie se plantea la posibilidad de mandar construir un submarino a un astillero que no sea Navantia, por ejemplo; sin embargo, es posible que, si hablamos de equipos de comunicaciones tácticas, podamos recurrir a un proceso competitivo (7).

En general, la seguridad jurídica viene de la mano del rechazo a la arbitrariedad y, en último extremo, se fundamenta en la separación efectiva de los poderes del Estado, de acuerdo con el espíritu de nuestra Constitución.

Quinta necesidad: agilidad administrativa

Otra necesidad evidente es la de incrementar la diligencia de las administraciones públicas a la hora de resolver los procedimientos. La burocracia tiene sentido para evitar desafueros, pero se puede llegar a convertir en un lastre a la hora de acelerar la puesta en marcha de los proyectos.

Sin embargo, el mayor enemigo de la agilidad no está en el Ministerio, ni mucho menos, sino en las corporaciones locales. Toda empresa está implantada en un municipio con sus propias particularidades y cualquiera de ellos puede hacer que la concesión de una mera licencia de actividad (incluso de una mera subrogación de licencia) se demore más de un año; o que la autorización de la puesta en marcha de un nuevo centro de transformación que permita ampliar la capacidad de una planta, tarde tres años… No podemos acelerar la inversión de nuestra industria con este panorama. La Administración debe tratar a las empresas como si fuesen adultos y admitir las declaraciones responsables para acelerar los programas de inversión y facilitar su adaptación a las exigencias del mercado.

Sexta necesidad: integración industria – FF.AA.

Es imprescindible promover la integración entre la industria y las FF.AA. Ya se ha avanzado mucho y la sociedad civil ayuda en muchos ámbitos, especialmente en el de la industria, precisamente. La labor de equipo de la Armada y los Ejércitos con la cadena de suministros es ya una realidad que ha de seguir incrementándose, sin perder de vista que la autoridad técnica y económica de los programas ha de ser siempre militar, lógicamente.

En paralelo y visto el problema de gestión de programas que se nos avecina, las FF.AA. deben incrementar sus efectivos por la vía de contratar civiles en todos aquellos cometidos administrativos, incluso logísticos (aunque no operativos), donde sea factible.

Séptima necesidad: calidad educativa

El sistema educativo español ha de generar profesionales (y, en particular, personal técnico) al mejor nivel del mundo. Más que un problema de fondos, felizmente superado, es una cuestión de método: no se puede soñar con conseguirlo si, desde primaria, desaparece la cultura del esfuerzo y se penaliza la ambición de quienes quieren “comerse el mundo”.

No se está incentivando a los mejores a desarrollar su talento desde hace mucho tiempo y en esas condiciones no se le puede exigir a las empresas la excelencia que la Defensa demanda, pues no van a poder contar con suficiente personal cualificado.

La educación está dejando de ser un ascensor social, para desgracia de la nación, como consecuencia de varios ejes de actuación, entre los que destacan tanto la persistente rebaja de exigencia al estudiante, como la obsesión por la igualdad, no de oportunidades, sino de resultados y premios. Igualar por abajo nos empobrece a todos, porque solo quienes están más capacitados pueden “tirar del carro” si están motivados. Las empresas no están encontrando suficientes profesionales de esas características, porque la sociedad española ha dejado de “fabricarlos” en serie.

Octava necesidad: servicios públicos eficientes

Necesitamos servicios públicos que funcionen (8), pues si lo hacen deficientemente, no podremos tener una industria competitiva y no vamos a poder retener o atraer ni inversiones foráneas, ni talento europeo o iberoamericano.

Las empresas, casi por definición, son partidarias del orden liberal, por el que el Estado ha de reducirse a su mínima expresión y ser reemplazado, allí donde sea factible o aconsejable, por la iniciativa privada. De esa forma, se abaratan costes y se incrementa la eficiencia de muchos procesos (consecuencia de la competencia), bajo el manto de las leyes, eso sí, para evitar abusos. Uno de los ámbitos donde la actividad pública es insustituible, como ya señaló Adam Smith (9), es la defensa (igual que la seguridad y la justicia). Sin embargo, el papel de las empresas es vital como complemento de todo tipo, en esas y muchas otras cuestiones (sanidad, educación, dependencia, infraestructuras…), liberando fondos públicos para atender otras o esas mismas necesidades de una sociedad en la que el individuo pueda elegir.

En aquellos cometidos de los que se ha de ocupar la Administración en exclusiva, ésta debe actuar de forma profesional y eficiente (al menos, eficaz). Para hacerlo, el cuerpo de funcionarios debe volver a ser, en su totalidad, lo que una vez fue: una élite entre los ciudadanos. Y los cuadros de mando de empresas y organismos públicos, deben ser nombrados de entre los mejores de esa élite y no de entre los miembros del partido gobernante en cada momento (sin experiencia de gestión o conocimiento alguno de su negociado en gran parte de los casos).

Novena necesidad: entorno normativo amigable

Otra de las exigencias de las empresas, no solo en este sector, es la limitación de la actual hiperregulación, con ánimo de que derive en un entorno normativo más amigable en términos fiscales, laborales o mercantiles. Es imprescindible desterrar el excesivo intervencionismo en la dinámica empresarial y basta con adaptar leyes ya en vigor en aquellas naciones democráticas que podemos considerar ejemplo de competitividad.

Décima necesidad: excelencia en las FF.AA.

Finalmente, para acabar el decálogo, convendría mencionar una condición necesaria para alcanzar la excelencia de la industria de defensa: que las propias FF.AA. sean excelentes. Para ello, lo primero es que sigan renovando sus planes formativos, adaptándolos constantemente a las exigencias de su desempeño profesional. Esa es, quizá, la necesidad más fácil de satisfacer pues, en general, no se está lejos de alcanzar el objetivo.

La excelencia castrense siempre ha estado basada en unos cimientos morales sólidos que incluyen la más estricta neutralidad política. Todo militar con alta responsabilidad, ha de saber identificar las maniobras interesadas de sus mandos civiles, defender y difundir las peculiaridades de la lógica estratégica frente a ellos, intentando hacérsela entender, y evitar mimetizarse con dichas políticas. De otro modo, estaremos abocados a la imposibilidad de alcanzar la excelencia, bien de las FF.AA., o bien del sector industrial, sin la que correríamos el riesgo de un empobrecimiento de la operatividad o un debilitamiento de la cadena de suministros, respectivamente.

Por eso es tan importante el papel de las asociaciones, no tanto para trasladar un mensaje (antes desde las grandes empresas del sector hacia el Ministerio, actuando como lobby; ahora quizá en sentido contrario), como para servir de foro en el que las FF.AA. puedan conocer de primera mano las capacidades de la industria, mientras las universidades y empresas (en particular de las PYMES, que es donde se generan muchos de los avances que integran los sistemistas que contratan directamente con el Ministerio), se ponen al día de los programas y expectativas de las FF.AA. para mejor orientar su esfuerzo innovador. Imposibilitar ese contacto por mor de un control político absoluto del sector sería un error y un flaco favor a la Defensa de España.

En suma, la industria es parte de la sociedad y ésta demanda que quienes nos defienden alcancen y mantengan la excelencia como profesionales honrados y preparados, y que sean exigentes con su material y con sus suministros. Exige a su cliente final, pues, que sea exigente con ella misma, para así dotarse de lo mejor, de forma que la cadena logística permita plantear las eventuales operaciones sin sobresalto alguno.

Esa exigencia es extensible a nuestros representantes y responsables públicos civiles, quienes cuando accedan a sus destinos han de conocer perfectamente su tarea y ser prudentes (en la terminología de Baltasar Gracián), ajenos a sectarismos de todo tipo, por lo tanto, y ejemplares en su comportamiento.

Cubrir las necesidades no cuesta tanto dinero

Ninguna de las diez necesidades identificadas supone una gran inversión, lo que no obsta para que el presupuesto de Defensa haya de consolidar su reciente crecimiento. Lo que sí conlleva es un cambio de mentalidad, para abordar, con consenso, una reforma de las administraciones y de las leyes que más influencia tienen en nuestra posición competitiva internacional en términos diplomáticos, económicos y de defensa.

El gobierno ha sido valiente al incrementar el presupuesto de defensa sustancialmente y romper así nuestra perezosa dinámica tras el compromiso de Cardiff (2014) con nuestros aliados atlánticos. Aunque no se ha camuflado bien, como hicieron gran parte de nuestros aliados europeos, ante las recientes presiones para seguir incrementándolo.

Si consolidamos un presupuesto de defensa (sin maquillaje) en torno al 2% en los próximos treinta años, lograremos tener un blindaje digno y eficaz de nuestros intereses y de nuestra soberanía y libertad. Ahora bien, para que ese enorme esfuerzo sostenido, que pagamos entre todos, sea eficiente, necesitamos resolver los diez retos que hemos analizado (y seguramente alguno más).

No perdamos esta oportunidad

Tenemos una oportunidad histórica para asegurar nuestra defensa con material de primer nivel y volver a ser relevantes en el plano internacional, lo que está muy vinculado tanto a nuestra fuerza militar (10), como a nuestra habilidad para esgrimirla y nuestra voluntad para usarla con prudencia cuando se dé el caso. Sin embargo, la estamos desaprovechando (11). Intentemos evitar que ahora, aunque sea por otras razones y por poco que se parezca la situación social e internacional a la de hace treinta años, nos vuelva a ocurrir lo mismo, pues invertir mucho en defensa (o al menos más), no es invertir bien (mejor).

Conclusión

Todas las necesidades mencionadas se resumen en una: consenso.

Solucionar todos los retos que se han ido desgranando requiere un generoso pacto. El pueblo español no puede dejar que la polarización en la que está inmerso le impida convertirse en una sociedad madura que sepa defenderse sola de las amenazas que la atenazan, tanto externas como internas (dado que ambas repercuten en su capacidad para sobrevivir como nación). Ha se fortalecer su seguridad como sociedad (incluso su pervivencia) mediante un amplio acuerdo en materia de defensa que venga dado por el establecimiento previo de una auténtica estrategia nacional, que impida tener que empezar a construir la casa (común) por el tejado.

Notas:

(1) Riesgo geopolítico, seguridad económica, energética y gasto en defensa“, Octubre 2024

(2) Ignoranti quem portum petat, nullus suus ventus est.

(3) Estamos asumiendo, a su vez, que, estrategias puede haber más que una sola, con independencia de la forma que adopte. La estrategia puede ser una u otra en función de nuestras capacidades y del entorno en el que tenga que desarrollarse, pero ¿podemos llamar propiamente estrategia a aquello cuyo ámbito de actuación está forzosamente limitado? ¿existe la estrategia naval como tal, por ejemplo, o solo es un convencionalismo para poder mejor entender la compleja realidad parcelándola?

(4) Aunque es un tema “menor”, por cuanto las leyes se pueden cambiar, incluso por vía de urgencia, para trufarlas de excepciones basadas en la seguridad nacional.

(5) La Armada es pródiga en ejemplos de buen hacer en ese aspecto (como la compra del MH60, en lugar del NH90, para la lucha antisubmarina o la selección del radar SPY-7 para las F-110), pero eso no ha de ser la excepción, sino la norma.

(6) Kein Operationsplan reicht mit einiger Sicherheit über das erste Zusammentreffen mit der feindlichen Hauptmacht hinaus.

(7) El caso extremo se daría cuando se cancelase un suministro (que no el programa) una vez ya adjudicado un sistema de acuerdo con los requerimientos técnicos y económicos que hubiera decidido ponderar la comisión evaluadora.

(8) Que no se nos colapsen los aeropuertos, que no se nos paren los trenes en medio de la nada, que no tengamos que esperar seis meses para tener una cita médica o que no suframos un apagón general…

(9) The first duty of the sovereign, that of protecting the society from the violence and invasion of other independent societies, can be performed only by means of a military force.

(10) Lamentablemente, cabría añadir… pero el mundo es como es.

(11) Como ya hicimos en su momento, por cierto, al tirar por la borda, con motivo de la eliminación del servicio militar y la profesionalización de las FF.AA. (dos poderosos argumentos para haberlo “vendido”), la ocasión de incrementar el presupuesto de defensa de forma estructural.

Referencias:

Draghi, Mario (2024), The future of European competitiveness: a competitiveness strategy for Europe, Bruselas: Comisión Europea

Estrategia Industrial de Defensa 2015, Madrid: Ministerio de Defensa

Estrategia Industrial de Defensa 2023, Madrid: Ministerio de Defensa

Estrategia Industrial de Defensa Europea 2024, Bruselas: Comisión Europea

Estrategia de Seguridad Nacional 2021, Madrid: Presidencia de Gobierno

García Sánchez, Fernando (2025), “Lo que España firmó en la Haya”, ABC (16 de julio)

García Sánchez, Fernando (2025), “Moncloa: tenemos un problema”, ABC (11 de noviembre)

Gracián, Baltasar (2023), Oráculo manual y arte de prudencia, Madrid: Editorial Cátedra (Obra original publicada en 1647)

Pardo de Santayana y Gómez de Olea, J. (2014), “Gales: una cumbre clave para la OTAN” (Documento de Análisis 52/2014), Madrid: Instituto Español de Estudios Estratégicos 

Séneca, Lucio Anneo (2018), Epístolas morales a Lucilio, Madrid: Editorial Gredos, carta 71, sección 3 (Obra original publicada c. 62-65 d.C. / I. Roca Meliá, Trad.)

Smith, Adam (2011), La riqueza de las naciones, Madrid: Alianza Editorial (Obra original publicada en 1776 / C. Rodríguez Braun, Trad.).

VV.AA. (2022), El futuro de la OTAN tras la Cumbre de Madrid 2022 (Cuaderno de Estrategia Nº 211), Madrid: Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Von Moltke, Helmuth (2012), Sobre la estrategia, “Obras Militares (Colección Estrategia), Madrid: Ministerio de Defensa de España (Obra original Über Strategie “Militärische Werke” escrita en 1871).


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Manuel Vila González

Presidente del Cluster de la Industria de Defensa. Colaborador del Centro de Pensamiento Naval de la Escuela de Guerra Naval de la Armada y Director General de Newtesol, S.L

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