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El eje de resistencia tras la muerte de Soleimani

Global Strategy Report, 50/2020

Resumen: Transcurridos ya ocho meses de la muerte del General iraní Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds de la Guardia de la Revolución Islámica (GRI), hay ya suficiente perspectiva como para hacer un análisis de las consecuencias que, a largo plazo, puede tener su ausencia. La eliminación de Soleimani por EEUU y la consiguiente reacción iraní ponen de manifiesto que no se trataba de uno más de los generales iraníes, sino alguien con un peso específico suficientemente relevante como para convertirse en objetivo de EEUU, pese al riesgo de escalada que entraña una acción de este tipo, y generar una reacción igualmente arriesgada por parte de Irán. La realidad es que, en los últimos años, Soleimani, como jefe de la Fuerza Quds), había sido capaz de forjar una red de alianzas en Oriente Medio, el denominado Eje de Resistencia, que se ha demostrado muy eficaz a la hora de articular la estrategia militar iraní en la región, consistente en utilizar medios indirectos para, manteniéndose en la zona gris, oponerse a EEUU y sus aliados sin comprometerse en un enfrentamiento militar abierto. La incógnita, a día de hoy, es hasta qué punto el Eje de Resistencia va a ser capaz de mantener su cohesión y eficacia. Si el músculo va a ser capaz de conservar su fuerza en ausencia de quien ha sido su cerebro y su corazón.


Transcurridos ya ocho meses de la muerte del General iraní Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds de la Guardia de la Revolución Islámica (GRI), hay ya suficiente perspectiva como para hacer un análisis de las consecuencias que, a largo plazo, puede tener su ausencia. La eliminación de Soleimani por EEUU y la consiguiente reacción iraní ponen de manifiesto que no se trataba de uno más de los generales iraníes, sino alguien con un peso específico suficientemente relevante como para convertirse en objetivo de EEUU, pese al riesgo de escalada que entraña una acción de este tipo, y generar una reacción igualmente arriesgada por parte de Irán. La realidad es que, en los últimos años, Soleimani, como jefe de la Fuerza Quds), había sido capaz de forjar una red de alianzas en Oriente Medio, el denominado Eje de Resistencia, que se ha demostrado muy eficaz a la hora de articular la estrategia militar iraní en la región, consistente en utilizar medios indirectos para, manteniéndose en la zona gris, oponerse a EEUU y sus aliados sin comprometerse en un enfrentamiento militar abierto. La incógnita, a día de hoy, es hasta qué punto el Eje de Resistencia va a ser capaz de mantener su cohesión y eficacia. Si el músculo va a ser capaz de conservar su fuerza en ausencia de quien ha sido su cerebro y su corazón.

El interés estratégico que para la República Islámica de Irán tienen los Estados vecinos de Oriente Medio obedece a varios motivos. Por una parte, responde a su vocación de líder del chiismo, en virtud de la cual se siente obligado a apoyar a los grupos chiitas de sus Estados vecinos; también a motivos económicos, siendo especialmente relevante la necesidad de mantener abierto un corredor terrestre que una Teherán con el Mediterráneo; a la necesidad de romper el cerco estratégico a que se siente sometido, especialmente tras el despliegue de fuerzas de EEUU en Irak y Afganistán. Por último, Oriente Medio es el escenario de un conflicto por la hegemonía regional entre Arabia Saudí e Irán, en el que converge el factor sectario, pero sin lograr prevalecer sobre los intereses geopolíticos de ambos. En esta lucha por la supremacía en Oriente Medio, el éxito de la estrategia de Irán se basa, en gran medida, en su capacidad para capitalizar los vacíos de poder en los Estados vecinos, a través, principalmente, de la fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria.

Nacimiento del Eje de Resistencia

Inmediatamente después de la revolución de 1979, el régimen iraní empezó a construir una coalición en Oriente Medio que le ayudara a lograr sus objetivos ideológicos y geoestratégicos. Teherán entendió que para lograr estos objetivos necesitaba sumar fuerzas a su proyecto. Aunque la denominación de Eje de la Resistencia no nace hasta después de los atentados del 11-S, el concepto nace durante la guerra con Irak, cuando Irán necesitaba imperiosamente aliados que le permitieran romper su aislamiento. Entre los socios iniciales estaban Libia, Sudán y Siria, así como grupos no estatales como Hamas, Hezbolá o la OLP y, ocasionalmente, el PKK. En general, el único vínculo entre todos ellos era su enemistad frente a EEUU e Israel.

Inicialmente, el Eje fue poco más que una herramienta propagandística, cuyo objetivo se limitaba a intimidar a sus adversarios y hacer que sus miembros se sintieran menos aislados frente a EEUU. La colaboración, o coordinación, era esporádica; no podía hablarse de una alianza, sino de un grupo de actores de Oriente Medio, con algunos intereses comunes y dispuestos a prestarse apoyo mutuo cuando les resultara conveniente y no resultara excesivamente costoso o arriesgado. Su actividad se desarrollaba, principalmente, de forma encubierta, principalmente en los campos del terrorismo y la información.

Las transformaciones del Eje de Resistencia

Hoy, el Eje de Resistencia está compuesto por una coalición cada vez más cohesionada de grupos que funcionan directamente bajo la dirección iraní. La transformación del Eje durante estos años ha sido lenta, discontinua y ajena a un plan preconcebido, como respuesta improvisada a situaciones cambiantes e imprevistas. Y puede decirse que ha sido obra del genio estratégico, capacidad de organización y liderazgo personal del General Soleimani. Tanto es así, que surgen dudas sobre el futuro de esta alianza, una vez desaparecido su principal referente.

Alrededor del año 2000, coincidiendo con el momento en que aparece la denominación “Eje de Resistencia”, la alianza vive un momento de crisis: Siria inicia un programa reformista que implica el acercamiento a Occidente. Libia, acosada por las sanciones, el aislamiento y la amenaza de una intervención militar, comenzó también un acercamiento a EEUU. Sudán permaneció al lado de Irán, pero sumida en una guerra civil, su capacidad de apoyo era mínima. Lo más que pudo hacer Irán en esta época fue apoyar a grupos como Hamás, para tratar de hacer descarrilar el proceso de paz árabe-israelí. Mientras, la irrupción militar de EEUU en Afganistán e Irak supuso la desaparición de dos regímenes hostiles, pero también la presencia amenazadora de EEUU en sus dos flancos. El temor a las consecuencias de esta presencia llevó a Teherán a congelar su programa nuclear y a apoyar, con matices, los procesos de estabilización en sus vecinos.

Entre 2010 y 2014 el panorama cambió radicalmente. Las Primaveras Árabes y la aparición del Daesh sumieron en un estado de guerra civil a Siria e Irak y reavivaron el conflicto sectario en Oriente Medio. El Eje, que había sido hasta entonces una alianza no sectaria, comenzó a a inclinarse por apoyar a los grupos chiitas frente a sus rivales sunitas. Los efectos de estas dinámicas supusieron para el Eje una profunda crisis. En 2014-2016, los aliados chiíes de Irán se vieron desafiados por graves amenazas. Teherán decidió respaldarlos buscando fórmulas innovadoras que compensaran su relativa debilidad. En este período, el Eje ya no cuenta con aliados estatales, lo que  obligó a Irán, a través de la fuerza Quds, a improvisar soluciones para no perder también a los miembros restantes de la alianza. La alternativa pasó por prestar apoyo encubierto a los grupos locales opuestos al status quo. En primer lugar, Teherán acudió en auxilio de Al-Assad, apoyando a las fuerzas sirias leales al presidente y movilizando milicias de voluntarios chiitas de Paquistán y de la diáspora afgana en Irán. Actuó también para convencer a Rusia de que interviniera. Acudió también en auxilio de los Hutis, minoría chiita que se había hecho con el poder de la capital yemení, frente a sus enemigos sunitas, apoyados por Arabia Saudí y Emiratos.

Irán logró superar la crisis y los años siguientes (2017-2019) fueron testigos de importantes victorias del Eje. El Daesh fue destruido como fuerza militar. Assad se afianzó en Damasco. En Irak, Teherán logró una gran influencia sobre el gobierno y las fuerzas armadas y, en Yemen, Emiratos se vio forzado a retirar sus fuerzas militares. Ninguno de estos acontecimientos puede atribuirse en exclusiva al Eje de Resistencia, pero en todo Oriente Medio fueron vistos como triunfos suyos, afianzando su prestigio regional.

El Eje de Resistencia en la actualidad.

A la muerte de Soleimani, en enero de 2020, el Eje vive un momento de esplendor. Dispone de entre 50.000 y 180.000 combatientes, incluyendo hasta 100 milicias respaldadas por Irán en Afganistán, Irak, Líbano, Pakistán, Siria y Yemen, que pueden ser empleadas en función de los intereses de Teherán. Sus victorias han establecido regímenes de tendencia pro-iraní en Gaza, Irak, Líbano, Siria y Yemen, de forma que el Eje está integrado ahora por muchos más países que en ningún momento anterior de su historia. Además, estos países están más estrechamente alineados con Irán de lo que estuvieron en su momento Libia, Sudán o Siria. La estrategia creada por su creador, surgida de la necesidad de improvisar soluciones alternativas ante la imposibilidad de afrontar abiertamente las amenazas existentes, ha cuajado en una doctrina que puede ser empleada en el futuro ante nuevas amenazas. Además, los apoyos entre los miembros son más frecuentes, en más campos y ya no son encubiertos. Hasta el punto de que atacar a un miembro del Eje genera a menudo una respuesta militar de otro. Y, en el campo de batalla, puede hablarse cada vez con más propiedad de un esfuerzo integrado, en lugar de una yuxtaposición de esfuerzo más o menos coordinados.

Lo que no debe llevarnos a pensar en una “OTAN de Oriente Medio”. Los datos disponibles indican un grado de cohesión e integración notables. Gracias a la visión de Soleimani y a sus logros de los últimos años, los miembros de la alianza sienten un creciente sentido de solidaridad, que va más allá del hecho de compartir los mismos enemigos. Se ven a sí mismos como parte de un colectivo más amplio, de una manera que no lo hacían en el pasado. Algunos ya han demostrado estar dispuestos a realizar operaciones militares contra terceros en nombre de otros miembros del Eje. Se consideran entre ellos socios preferentes a todos los efectos. Y, por encima de todo, Soleimani ha conseguido insuflar en las milicias no-iraníes el espíritu revolucionario propio de la GRI. La voluntad de combatir y la lealtad absoluta al líder que constituyen el núcleo de ese espíritu son el principal activo del Eje de Resistencia.

Estas realidades no deben llevarnos a darle a la coalición una mayor cohesión y efectividad de la que realmente tiene. En primer lugar, sólo hay un Estado-nación en sentido pleno, el resto son proto-estados, Estados fallidos o actores no estatales. Las fuerzas Fatemiyún y Zaynabiyún s no son más que agregaciones de afganos y paquistaníes que no representan a sus respectivos países. En última instancia, el Eje está formado por miembros individuales, con intereses propios, capaces de sacrificarse por el resto, pero sólo hasta cierto punto. Hezbolá puede amenazar a Israel con atacarle en su propio territorio como respuesta a un ataque israelí a Irán. Pero es dudoso que llegara a hacerlo.

A pesar de los éxitos evidentes que ha cosechado el Eje, presenta debilidades. La primera, el hecho de que obedezca a la debilidad que impide a Irán enfrentarse abiertamente a EEUU. Si en 2014 le hubieran ofrecido a Soleimani los recursos con los que  posteriormente ha contado, posiblemente hubiera optado por contar con unas cuantas divisiones bien equipadas, con el apoyo de las fuerzas aérea y naval iraníes, y con recursos económicos para captar apoyos en Oriente Medio. No disponer de esos recursos le obligó a diseñar una estrategia diferente. Que, finalmente, ha demostrado ser exitosa. Pero el éxito del Eje, bajo el liderazgo de Soleimani no se debe a un planeamiento estratégico decidido, sino a la necesidad de adaptarse a importantes carencias de recursos. Lo cual no desdice del genio de quien supo hacer de necesidad virtud.

Quién era Soleimani

Soleimani fue uno de los jóvenes comandantes que lucharon en la guerra Irán-Irak. Comenzó como Guardia Revolucionario en su ciudad natal de Kerman y fue progresado de la forma en que se ascendía en una organización carente de un sistema de formación y promoción profesional: mostrando dedicación, iniciativa y predilección por la acción audaz e independiente. En el campo de batalla, demostró el comportamiento que los veteranos iraníes apreciaban en sus comandantes: siempre presente en el frente; fuertes creencias revolucionarias; vida humilde y austera; y trato a sus hombres como iguales. Para los miembros de la Fuerza Quds, él era Haji Qasem, a secas.

Actuaba también como experto diplomático y con un grado considerable de autonomía. Como tal, había adquirido reputación de estratega pragmático y tenía contacto con figuras como Bashar al-Assad, Nouri al-Maliki, Vladimir Putin o el Jefe del Mando Central de Estados Unidos. Ante un reto compartido por Irán y sus socios, Soleimani disponía de los medios para afrontarlo y su mentalidad práctica y profesional, independientemente de las diferencias ideológicas entre las partes, era garantía de que iban a ser empleados de la mejor manera posible.

El futuro tras Soleimani

En el momento en que Soleimani es eliminado, su estrategia se enfrentaba a severas restricciones. En primer lugar, políticas, derivadas del malestar popular evidenciado en Irán, achacado en parte al enorme esfuerzo económico destinado a financiar la estrategia del Eje. En segundo lugar, las sanciones económicas impuestas a Irán limitaban enormemente los fondos disponibles para financiar su acción exterior.

Una de las claves de éxito de Soleimani fue la libertad de acción de la que gozó en todo momento. El hecho de que su estrategia no implicara el empleo de fuerzas regulares le permitía ejercer sobre el conglomerado de milicias y unidades de la GRI bajo su mando un control mucho mayor al que hubiera ejercido si, en su lugar, hubiera contado con unidades regulares iraníes, lo que le hubiera obligado a aceptar un mayor control de Teherán. En el momento de su muerte, su poder era tan grande que, ni el Artesh, ni la GRI, podían oponerse a cualquier petición que pudiera hacerles. Ese poder se lo ganó a través del éxito militar alcanzado con fuerzas creadas por él mismo y desarrollando una estrategia también propia. Haber logrado la victoria militar reclutando milicias locales o chiitas paquistaníes o afganos le granjeó un gran poder sobre el Artesh y la propia GRI, que tuvieron que rendirse ante su éxito.

El mayor éxito de Soleimani consistió en utilizar praxis y tácticas de guerra híbrida que han evitado un conflicto abierto con EEUU. Es decir, fue capaz de desarrollar una estrategia inteligente para superar las serias limitaciones a las que se enfrentaba. Estas limitaciones continúan estando presentes y seguirán siendo la debilidad sobre la que Irán deberá seguir construyendo su estrategia.

La cuestión es hasta qué punto el éxito del Eje se debe a Soleimani y podrá sobrevivir a su muerte. La sucesión de mando en el seno de la GRI esta garantizada y la cohesión de la organización garantiza la lealtad al nuevo designado. El sucesor de Soleimani será aceptado con confianza y lealtad por sus subordinados. Sin embargo, liderar la Fuerza Quds requiere unas cualidades personales de diplomacia y liderazgo difíciles de encontrar.

Todos los indicios apuntan a que la estrategia seguida por el Eje se debe al genio de Soleimani, no a su capacidad para poner en práctica ideas de otros. Además, resultan evidentes sus dotes organizativas y de liderazgo, necesarias para materializar sus ideas. Y para aglutinar a una serie de socios que, en gran parte, responden a su carisma personal. También es cierto que la doctrina de Soleimani está suficientemente consolidada como para poder continuar funcionando sin su creador. Pero no resulta tan claro que sus sucesores tengan la habilidad necesaria para adaptarse a los cambios que puedan producirse en el futuro. La gran habilidad de Soleimani consistió, precisamente, en su habilidad para adaptarse a las circunstancias cambiantes.

Si bien la doctrina del Eje de Resistencia fue una solución inteligente y exitosa a los problemas que enfrentaron Irán y sus aliados en 2014-15, no representa necesariamente una forma brillante de librar una guerra, llamada a sustituir a todas las demás formas posibles. En verdad, es una estrategia que nace de la necesidad. Es una estrategia de los débiles, que sólo tiene éxito contra los fuertes en la medida en que estén limitados por la situación política, la diplomacia u otros factores exógenos. A falta de esas limitaciones, miles de milicianos afganos e iraquíes no harán posible que Irán detenga a una fuerza acorazada estadounidense, ni permitirá a Irán conquistar Israel. En el contexto de la nueva guerra fría de Oriente Medio, es un enfoque inteligente para librar a largo plazo luchas de baja intensidad a bajo costo. Pero no está claro que resulte adecuada para hacer frente a un enemigo con la capacidad y la voluntad de escalar a formas de guerra convencionales.

La muerte de Soleimani plantea dudas sobre la futura relación de la Fuerza Quds y el resto de la GRI. Soleimani desempeñó un papel relativamente pequeño en la gestión de la seguridad interna en el propio Irán. En el exterior, había conseguido un alto grado de independencia, incluso respecto al comandante de la GRI. Por lo tanto, es poco probable que su muerte conduzca a cambios significativos en la forma en que la GRI funciona en Irán, incluida la ejecución de sus misiones de seguridad interna. Sin embargo, el fallecimiento de Soleimani plantea la pregunta de cómo funcionarían las unidades operativas de la GRI en el extranjero, si el régimen decidiera desplegarlas en Siria o en otro lugar en el futuro. Soleimani había asumido completamente el esfuerzo militar iraní en Siria, y los cuadros de la GRI  que desplegaron allí estaban subordinados a él. Parece que han operado dentro del sistema de mando y control establecido por la Fuerza Quds. La estatura de Soleimani en la GRI, Irán y la región hizo tolerable esa subordinación. Su brillantez y experiencia permitieron que funcionara. Su sucesor, el general  Esmail Qaani, ha sido su lugarteniente durante 20 años, trabajando sobre todo en las áreas alejadas del foco de Soleimani: Afganistán, África y América Latina. Ciertamente, carece de la estatura de Soleimani, profundas conexiones personales en el Medio Oriente y, probablemente, de su brillantez; gente del calibre de Soleimani no aparece a menudo.

También la GRI ha experimentado un cambio reciente: el general Hossein Salami reemplazó a Jafari como comandante en abril de 2019. Frente a un Jafari reflexivo e intelectualmente serio, Salami parece mucho más impetuoso y bravucón. Es difícil que se repita una relación como la Soleimani-Jafari, que probablemente fue esencial para permitir que unidades de la GRI se subordinaran a la Fuerza Quds sin que se crearan fricciones. Esto plantea la cuestión de si la GRI buscaría en el futuro establecer su propia estructura de mando, paralela a la Fuerza Quds, si volviera a desplegar unidades operativas en el exterior. No está claro cómo lo haría y si podría hacerlo sin comprometer su capacidad para responder a los desafíos de seguridad interna al mismo tiempo. Pero entra dentro de lo previsible, en ausencia de un liderazgo como el ejercido en el pasado por Soleimani, que la libertad de acción del jefe de la Fuerza Quds sea mucho más limitada.

Conclusión

El éxito conseguido por Irán en Oriente Medio se debe, en mayor o menor medida, a la combinación de las personalidades de Jafari y Soleimani. Desaparecidos ambos de la cadena de mando, cabe dudar de la capacidad de Irán para adaptar su estrategia a cambios significativos en la situación de Oriente Medio; surgen dudas sobre la cohesión que demostrará el Eje de Resistencia ante futuras tensiones, y resulta probable que, ante futuros despliegues de la GRI en el exterior, la Fuerza Quds no goce de la libertad de acción con la que contó Soleimani y que ello conduzca a tensiones en la cadena de mando. Todo ello hace sospechar que la eliminación de Soleimani puede tener unos efectos más significativos de los que, a primera vista, pudiera implicar la desaparición de un general exitoso, fácilmente reemplazable por el siguiente en la cadena de mando.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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Javier Mª Ruiz Arévalo

Coronel del Ejército de Tierra español y Licenciado en Derecho. Ha desplegado en dos ocasiones en Kabul, desempeñando cometidos en el área de la cooperación cívico militar.

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