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El triángulo Agua-Energía-Información (WEI) como pilar del presente y directriz del futuro

https://global-strategy.org/el-triangulo-agua-energia-informacion-wei-como-pilar-del-presente-y-directriz-del-futuro/ El triángulo Agua-Energía-Información (WEI) como pilar del presente y directriz del futuro 2023-04-23 16:43:17 Antonio Peña García Blog post Estudios Globales Global Strategy Reports Geopolítica de los recursos

Global Strategy Report, 10/2023

Resumen: En un momento en el que los conflictos globales quedan lejos del clásico esquema “casus belli-declaración de guerra-acciones armadas-armisticio” para entrar de lleno en la denominada “zona gris”, encontramos una inquietante diáspora en los análisis sobre los factores que determinarán el futuro. Mientras que las cúpulas militares y servicios de información encargados de definir las planificaciones en materia de Defensa Nacional de sus países plantean sus análisis en términos eminentemente militares, numerosos organismos supranacionales ajenos a las políticas de Defensa se centran en factores y amenazas medioambientales, sanitarias y sociales sin coincidir en ocasiones con las formas y conclusiones de los primeros. El presente trabajo argumenta el carácter esencial del triángulo Agua-Energía-Información (Water-Energy-Information, WEI) como nexo de unión entre ambos enfoques estratégicos y geopolíticos a la par que lo presenta como piedra angular en el desarrollo de la Humanidad. Dentro de este contexto, se analiza con más detalle el papel de la Energía como elemento definitorio en el actual contexto político, estratégico, social, económico y medioambiental.

Para citar como referencia: Peña García, Antonio (2023), «El triángulo Agua-Energía-Información (WEI) como pilar del presente y directriz del futuro», Global Strategy Report, 10/2023.


Ayer

Desde que el ser humano y sus antecesores aparecen sobre la faz de la Tierra, la disponibilidad de fuentes de agua aptas para el consumo inmediato ha determinado el modo de vida de comunidades enteras. Así, los movimientos nómadas del Paleolítico basaban sus itinerarios en la necesidad de beber y cazar, siendo las cercanías de los ríos los lugares en los que sus presas vivían y pastaban. Más adelante, los avances técnicos posibilitaron un mejor aprovechamiento del agua, lo que se tradujo en agricultura y ganadería estables, condición sine qua non para el surgimiento de las primeras ciudades en los albores de la Civilización, primero entre los ríos Tigris y Éufrates (Sumer, Mesopotamia, Asiria etc) y poco después en la Fértil del Nilo.

Tras la consolidación del Homo Sapiens como especie dominante y el establecimiento de los primeros asentamientos estables, los otros dos elementos objeto este trabajo, energía e información, adquieren un protagonismo similar al del agua.

Ya en las innumerables guerras entre ciudades-estado de la época, jugaban un papel determinante los espías y dobles agentes, y en no pocas ocasiones, las informaciones que decantaron la guerra hacia un lado u otro tuvieron por objeto los abastecimientos de agua de las ciudades. Información y agua.

Incluso el uso eficiente de la energía y el conocimiento de las tecnologías para su explotación, determinaron el desarrollo de las civilizaciones para llevar a cabo sus grandes construcciones, forjar armas nuevas y más resistentes y para llevar agua hasta lugares de regadío a veces elevados. No en vano, el dominio del hierro y las importantes consecuencias en el terreno militar, se basaron ni más ni menos que en el conocimiento y el perfeccionamiento de las fuentes de energía para alcanzar temperaturas mucho más elevadas en hornos y forjas. Energía e información.

Y todo ello por no hablar del papel indispensable de los ríos para el funcionamiento de molinos que abastecían de pan a poblaciones crecientes. Agua y energía.

Por tanto, ante el argumento incompleto de considerar la expansión física o motivos étnico-religiosos como la principal causa de conflictos armados en el pasado e incluso en el presente, cabe preguntarse qué pueblos hubieran ido a la guerra por territorios yermos sin agua o cuántos lo hicieron poco después y lo siguen haciendo ahora única y exclusivamente por sus recursos energéticos.

Hoy

Si damos un salto de miles de años en el tablero del tiempo, pero de solo unos centímetros en la escala de necesidades básicas y en la misma esencia del ser humano, nos plantamos en el mundo actual. Ése en el que el presente avanza más rápido que el propio futuro al que continuamente pillamos por sorpresa y antes de que esté definido.

En enero de 2022, el grueso de los titulares de prensa es ocupado por la enorme tensión entre Rusia y Ucrania que automáticamente se traslada a la OTAN, recordando con las debidas distancias a los momentos más tensos de la Guerra Fría con dos bloques perfectamente definidos: la propia OTAN y el Pacto de Varsovia. En realidad, y como es sabido, el conflicto se remontaba a años (décadas) atrás. Ni siquiera podemos afirmar que enero de 2022 sea el comienzo de las hostilidades en el último episodio de los enfrentamientos entre ambos países.

Sea como fuere, ya en aquellos compases existían claros indicios que hacían presagiar el nefasto desenlace que lamentablemente, se materializa en una guerra abierta a partir del 24 de febrero de 2022. El análisis militar del conflicto, que no es materia del presente trabajo, es aún incierto y solo el tiempo permitirá sacar conclusiones medianamente claras.

A las declaraciones matizadas y rematizadas del presidente Biden, ora seria advertencia, ora “mira Vladimir, déjalo ahora y tengamos la fiesta en paz”, acompañó un claro mensaje de la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen: de seguir adelante, Rusia se expone a serias sanciones económicas.

En este contexto, a nadie sorprendió el empeño de Alemania en suavizar dichas sanciones, y es que a pocos se escapa que la dependencia germana del gas natural ruso es total desde que en 2011, tras varias idas, venidas, propósitos y enmiendas, Angela Merkel decidiese prescindir de la energía nuclear. Una decisión que, por cierto, se ha consumado el pasado 15 de abril de 2013 con el cierre definitivo de las tres últimas centrales en operación: Emsland, Isar 2 y Neckarwestheim 2.

En cualquier caso, lo que sí podemos analizar con cierta perspectiva es una serie de acontecimientos que comenzaron pocos meses antes y que, pese a desarrollarse en el permanente contexto de tensión entre Rusia y Ucrania, no hacían presagiar de manera inmediata las dimensiones de la guerra en la que derivaron… o quizá sí… ¿Es posible que el triángulo objeto del presente trabajo y muy en concreto uno de sus vértices nos expliquen “casualidades” y capacidades de predicción que estamos ignorando pero que son dignas del mismísimo Nostradamus?

Nos referimos al repentino e inesperado cambio de actitud de la Comisión Europea con respecto a la Energía Nuclear, que pasó en tiempo récord de considerarse una vergonzosa atadura a supuestos intereses evitables, a ser incluida en la EU Taxonomy. que es nada menos que la lista de actividades que la Unión Europea clasifica como conducentes a un desarrollo sostenible y a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.[1] Dicha inclusión, que dejaba a la política energética alemana en una posición cuando menos comprometida, tuvo su contrapeso con la elección de un incómodo compañero de viaje para la nuclear: el gas, en su inmensa mayoría metano, que es un combustible de origen fósil que tiene el feo vicio de emitir CO2 al quemarse para producir electricidad y calor.

Esta decisión de la Comisión Europea, en vigor el 1 de enero de 2023, tiene su origen en un informe del Joint Research Centre (JRC), órgano de la propia Comisión encargado de llevar a cabo diversas investigaciones, que se publicó en marzo de 2021.[2] El informe establece que la energía de origen nuclear es segura en comparación con otras tecnologías de producción eléctrica y que sus otrora apocalípticos riesgos, pueden ser prevenidos o evitados (“all potentially harmful impacts of the various nuclear energy lifecycle phases on human health and the environment can be duly prevented or avoided”), conclusión impensable solo unos meses antes.

Llegados a este punto es necesario decir alto y claro que el autor del presente trabajo está de acuerdo y suscribe las líneas generales del informe del JRC, en tanto que considera la energía de origen nuclear una de las más limpias, seguras y estables. También considera que un desarrollo verdaderamente sostenible de la Humanidad en el que mejore la calidad de vida de las personas asegurando los recursos de las generaciones futuras tal y como establece el celebérrimo Brundtland Report,[3] pasa por un tándem nuclear-renovables (hidroeléctrica, fotovoltaica, eólica, geotérmica, mareomotriz etc).

En cualquier caso, llama la atención la rapidez con la que fue elaborado y sus resultados llevados a los órganos decisorios. Es más, tampoco nos deja indiferentes que solo unos días antes de que el gran público conociese la intención de bautizar la nuclear y el gas como ‘verdes’, corrieran como la pólvora preocupantes noticias sobre posibles apagones de grandes proporciones en Europa Central que, obviamente habrían supuesto un caos. ¿Casualidad o simplemente allanar el camino?

Volviendo a la pregunta retórica que nos hacíamos hace exactamente tres párrafos: ¿Se sabía con certeza que esta vez las tensiones sí que iban a acabar en un conflicto generalizado que pusiera en serio peligro el abastecimiento energético de Europa?

La respuesta es compleja, pero desde luego, ni se habían producido avances sustanciales en la tecnología nuclear, ni mejoras en las centrales que permitieran dar este giro radical en la actitud ante la energía nuclear ahora sí, y tan solo cinco años antes, no. Información y energía como factores primordiales en la guerra que en este momento asola los confines del continente europeo.

Es más, podríamos decir que tras décadas de procrastinación y/o claros intereses en materia de fuentes de energía limpias y eficientes, ha sido la guerra entre Rusia y Ucrania la que ‘ha puesto las pilas’ a nuestros gobernantes, y es que en los últimos meses estamos siendo testigos de esfuerzos reales y realistas para minimizar la dependencia del gas y del petróleo. Tan reales y realistas como para incluir a ese monstruo de siete cabezas llamado energía nuclear en la lista de actividades sostenibles. ¿Por qué esta guerra sí nos ha puesto manos a la obra y otras muchas que en las últimas décadas han involucrado a países productores de petróleo no nos han hecho mover un solo dedo para dejar de depender de ellos? Información, aunque me temo que al menos yo, no la tengo.

Mañana

Los argumentos expuestos en las secciones anteriores ponen de manifiesto que en ese mundo futuro que ya es nuestro presente, los factores centrales en el devenir del ser humano y muy especialmente los casus belli entre naciones tienden a reducirse en última instancia a tres: Agua, Energía e Información (Water-Energy-Information, WEI).

El papel central de este singular triplete ha cambiado poco o nada a lo largo de los milenios. Cierto que el desarrollo social y tecnológico parece dar más protagonismo a la energía en el momento actual que hace mil o cinco mil años, pero más que de unas necesidades relativas se trata de un problema de escala: el ser humano necesita y va a necesitar en el futuro cada vez más energía y a menor coste ambiental, pero ¿acaso puede prescindir del agua? En todo caso, la disponibilidad de tecnologías (¡basadas siempre en la energía y en gran medida en la información!) permitirá un consumo mucho más racional y sostenible de agua y energía gracias a las técnicas e infraestructuras de depuración o a la mayor facilidad para llevar el agua de un sitio a otro.

Partiendo de estas premisas, cabe preguntarse cómo será el mañana y qué papel jugarán estos tres factores, a lo que el autor se atreve a contestar: su importancia será aún mayor.

Si nos fijamos en el factor energético, cuyo impacto parece haberse acrecentado en el actual marco de confrontación en el Este de Europa, el futuro ahonda en el uso más intensivo (ahora sí) de la Energía Nuclear que, además, tenderá (ya tiende) a producirse en un mayor número de centrales pequeñas y dispersas en lugar de unas pocas instalaciones mastodónticas y cuya falla (técnica o por ataque) pueden dejar sin suministro de electricidad, calor y/o agua potable a millones de personas. En este sentido, la proliferación de múltiples proyectos de Small Nuclear Reactors (SNR) es una realidad y su necesidad tanto técnica como estratégica, indudable.

Valga como ejemplo un dato que no se sale de los contendientes del momento: El Akademik Lomonosov, primera central nuclear flotante y orgullo de la tecnología rusa, permite abastecer de electricidad y calor a la remota región septentrional de Chukotka, algo realmente difícil y costoso en medios económicos, logísticos y materiales para una central clásica. Y no solo produce energía eléctrica y calorífica, sino que además, destina una parte de la energía que producen sus dos reactores modulares a potabilizar miles de metros cúbicos de agua al día. Energía y agua. E información, porque ni para la elaboración de este trabajo ni para mis clases de tecnología nuclear he conseguido datos técnicos mínimamente relevantes de la instalación.

A este reto tecnológico al que siguen decenas de proyectos por todo el mundo, hay que sumar la que con total seguridad es la investigación más cara de la Historia de la Ciencia: la búsqueda del control de la fusión nuclear que permitirá obtener grandes cantidades de energía a partir de combustibles de fácil manejo y disponibilidad como son los isótopos del hidrógeno. A fecha de hoy, el que se espera sea penúltimo gran reactor experimental de fusión (sí, he escrito penúltimo y con suerte), ITER, acumula un coste cercano a los 20.000 millones de euros y cuando funcione, algo que se ha ido retrasando, se limitará a calentar agua. Y no es que los padres de la idea sean poco eficientes. Todo lo contrario: el control de la fusión nuclear es un problema técnico colosal en el que las distintas naciones tienen que trabajar en grandes consorcios debido a los costes astronómicos.

El reto científico más colosal del futuro se estará orientado hacia la consecución de más energía y más limpia. Por tanto, las centrales energéticas nucleares (las presentes de fisión y las futuras de fusión), de biomasa, de gas natural de petróleo y de carbón, convierten la energía liberada de sus combustibles en electricidad utilizando la fuerza motriz comunicada… a una masa de agua en estado gaseoso que mueve una turbina. Energía para calentar agua, producir electricidad y de camino, potabilizar más agua.

¿Y qué ocurre con la Información? No podemos evitar una mueca amarga y respetuosamente burlona cuando algunas personas de reconocida valía en ciertos ámbitos proclaman que las vacunas nos inocularán un microchip para espiarnos y controlarnos, información que tuitean desde el microchip que nos controla y espía y que todos llevamos ahora mismo en el bolsillo. Aunque las tecnologías basadas en la Inteligencia Artificial (IA) están presentes en nuestras vidas desde hace décadas, es ahora cuando saltan al café de la tertulia. Por primera vez la Sociedad, en todos sus estratos, constata que el viejo dicho de que “la información es poder” es una realidad y que en muchos casos no es una herramienta para facilitar la vida sino un yugo que coarta nuestras más elementales libertades.

También queda claro que la interconexión y la interdependencia entre estos tres vértices del aquí denominado “triángulo WEI” será (ya lo es) mayor. De hecho, en aquellos conflictos que tienen a uno de ellos como responsable directo, basta escarbar un poco para encontrar relaciones con los otros dos, bien por la naturaleza del problema (necesidad de agua para la producción energética y de energía para el aprovechamiento del agua) o por causas coyunturales (información sensible sobre yacimientos de materias primas para la producción energética etc.).

El triángulo Agua-Energía-Información (WEI)

El análisis presentado en las secciones anteriores se basa en hechos científicamente demostrados que, pese a tener grabados en nuestro cerebro desde la más tierna infancia, no siempre tenemos presentes:

  • El agua es la base de la vida,
  • La energía es la base de la actividad
  • La capacidad para procesar y transmitir información compleja es quizá el principal elemento diferenciador entre humanos y el resto de los seres vivos.

Ni siquiera el orden en que este trabajo presenta la triada Agua-Energía-Información (WEI) es aleatorio, sino que va de lo más primario a lo elaborado, tendencia que es inversa si pensamos en términos de la interconexión de las comunidades humanas: la transmisión de información adquiere más protagonismo cuanto mayor sea la complejidad de sociedades y grupos humanos.

Pero más allá de la importancia de estos factores primordiales, queremos resaltar su íntima conexión y, aún más relevante, el modo en el que en cada momento despunta uno de ellos sin que esto redunde en una pérdida de importancia de los demás.

Este hecho se ha puesto de manifiesto en los últimos tres años: la irrupción de la pandemia por COVID-19 pareció otorgar un papel de único actor a la información. Hemos vivido un confinamiento intentando separar las fake news de la información veraz: ¿estaremos ante un virus creado para eliminar a buena parte de la población mundial? ¿serán las vacunas un invento de los grandes capitales? ¿nos están mintiendo los medios?

Poco se ha hablado de quienes antes de morir por COVID, estaban muriendo por falta de agua para beber o hacer crecer sus cosechas, ni mucho menos sobre quienes no podían ni pueden hacerlo por falta de fuentes de energía para potabilizarla. En todo caso se ha hablado del supuesto beneficio colateral de la pandemia debido al ahorro en consumo de combustibles y contaminación al que forzó el cese de cientos de actividades.

Y es precisamente en ese contexto en que el virus y el furor por la información parecen dar una tregua, cuando las pretensiones de Rusia sobre Ucrania estallan en una cruenta guerra e inopinadamente recordamos que la necesidad de suministro energético es capaz de hacer que grandes naciones miren hacia otro lado ante situaciones que de un modo u otro deberían haberse pronunciado. Cuando instituciones que generalmente se mueven con una lentitud desesperante, se vuelven ágiles para incluso comerse sus propias palabras, actos e inacciones de hace tan solo unos meses.

Todos estos argumentos y otros muchos que por razones de espacio no puede recoger este trabajo se traducen en opinión del autor, en que el aquí denominado “Triángulo Agua-Energía-Información” o “Triángulo WEI”, es el elemento esencial y definitorio en el desarrollo de la Humanidad pasado, presente y futuro.

Conclusiones

En el presente trabajo se demuestra que el triángulo “Agua-Energía-Información” (WEI), no solo está en la base más fundamental de la Geoestrategia y la Defensa, sino que también ha determinado y determinará en gran medida el Desarrollo de la Humanidad a corto y medio plazo.

Concretando sobre los argumentos expuestos, podemos extraer varias conclusiones:

  1. Necesitamos y seguiremos necesitando fuentes de agua para consumo propio, agricultura, ganadería y para producción energética.
  2. Necesitamos cada vez más energía y ésta debe ser eficiente y limpia para producir más luz, movimiento, calor, agua potable etc., consumiendo menos recursos, entre ellos el agua, y emitiendo menos contaminantes.
  3. La información, caballo de batalla tanto en contiendas más o menos clásicas como en la reciente lucha contra la propia pandemia del COVID-19, está referida no pocas veces a los dos elementos anteriores.
  4. Estos tres elementos, agua, energía e información están en la base de múltiples factores relevantes tanto desde la perspectiva de la Defensa como a otras aparentemente alejadas de ella.
  5. Hechos de rabiosa actualidad como el reciente y en muchos aspectos sorprendente cambio de criterio de la Comisión Europea con respecto a la Energía Nuclear, parecen intrínsecamente relacionados con información según la cual, el desenlace de las tensiones en Ucrania podría esta vez ser fatal como finalmente ha ocurrido.
  6. Como consecuencia de esta fuerte interdependencia de los vértices del triángulo propuesto, mecanismos ciertamente lentos de organizaciones supranacionales, parecen haber cobrado una inusitada agilidad, algo impensable hasta hace muy poco tiempo.

Agradecimientos: El autor agradece la paciente lectura y los fructíferos intercambios de opiniones a los militares del Ejército de Tierra, TG (R) D. José Carrasco Gabaldón, GD D. Antonio Esteban López, GD D. Antonio Cabrerizo Calatrava y Cabo Dña. Zaida Núñez Troya. También agradece sus observaciones técnicas a D. Alfredo García Fernández (@OperadorNuclear en Twitter), supervisor de la central nuclear de Ascó y autor de dos best sellers de divulgación en materia de energía nuclear.


[1] United Nations Division for Sustainable Development Goals (DSDG). https://sustainabledevelopment.un.org/

[2] European Commission Joint Research Centre. Technical assessment of nuclear energy with respect to the ‘do no significant harm’ criteria of Regulation (EU) 2020/852 (‘Taxonomy Regulation’). Petten, 2021, JRC124193.

[3] World Commission on Environment and Development. Our Common Future. Oxford University Press, Oxford, 1987.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Antonio Peña García

Catedrático de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Granada. XL Promoción del Curso de Defensa Nacional del CESEDEN y Embajador de la Marca Ejército

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