• Buscar

Evolución estratégica rusa en Siria

El siglo XXI se ha caracterizado por vivir una evolución en el concepto de los conflictos armados, surgiendo múltiples acepciones del término guerra. El general Argumosa nos lo explica muy bien en su artículo ‘Aproximación a las guerras del Siglo XXI’ para la Revista Ejércitos.[1]

La guerra se ha trasladado a la zona gris, hemos pasado de los conflictos que buscaban ganarse mediante la batalla decisiva, a unos conflictos limitados que se desenvuelven en múltiples frentes esquivando la batalla decisiva. Esto ha llevado a que la palabra ‘estrategia’ pierda el sentir clásico militar como resultado de las nuevas tácticas que no honran el espíritu de la guerra justa, con conflictos que reciben adjetivos como irregular, gris, asimétricos o terroristas.

Lawrence Fredman nos recuerda que la estrategia es un sustantivo y no un verbo o adjetivo, algo que uno tiene y no lo que hace.[2] La estrategia se suele presentar como un plan, algo calculado que vamos a seguir, una descripción de las acciones que conducen a un objetivo.

El ejemplo de la estrategia rusa en Siria de guerra limitada no es nuevo, es lo que denominó John Foster Dulles en 1956[3] de política al borde del abismo cuando acuñó el término brinkmanship.[4] La capacidad de llegar al extremo sin entrar en la guerra es un arte que Rusia domina y lo demuestra desde la Guerra en el Donbass[5]. No es una nueva guerra fría: son conflictos en la ‘zona gris’.[6] Si no puedes dominar este arte, inevitablemente te metes en la guerra.

Schelling nos hablaba de la diplomacia coercitiva en su estrategia del conflicto. La estrategia no se refiere a la aplicación eficiente de la fuerza, sino a la explotación de una fuerza potencial. No afecta solamente a enemigos que se aborrecen, sino también a aliados que están en desacuerdo o desconfían uno de otro.[7]

Este ejemplo lo acabamos de ver en Turquía, Rusia les ofrece su sistema más moderno antimisiles S-400[8] y, por otro lado, es responsable de la mayor pérdida de vidas turcas con la muerte de 33 soldados en el ataque del pasado 27 de febrero de 2020 en Idlib.[9]

La guerra limitada exige demarcaciones, y también maniobras estratégicas que busquen estabilizarlas en un punto próximo a la guerra, sin llegar a ella. El mayor problema con el que se encuentra occidente es que se mueve en un escenario más constreñido, las reglas no son las mismas para todos los jugadores y eso, nos lleva a dificultades e incluso a perder la partida.

En una estrategia de brinkmanship, los Estados ejercen una presión coercitiva a medida que aumenta el riesgo de que los acontecimientos se descontrolen. Se trata de un riesgo real y compartido de que la confrontación termine en un intercambio catastrófico. Los Estados intuyen este riesgo y modulan su respuesta, limitando el conflicto. Aquí vemos a un Estado que retrocede, frente a otro Estado que se aferra un poco más y asume un riesgo mayor con la esperanza de que su adversario encuentre la situación demasiado peligrosa y retroceda. Sin duda, la retirada de Estados Unidos en Siria ha ayudado a este desequilibrio, la crisis continuará entre ambos países, Rusia y Turquía zarandeándose con el riesgo de que al final se descontrole.

A diferencia de Ucrania, en Siria, Rusia puede afirmar que su apoyo es a un gobierno legalmente constituido y en contra de grupos terrorista como el ISIS. Rusia se marca una estrategia con objetivos alcanzables y limitados, pero mientras, se prepara para un enfrentamiento mayor por si deja de ser una guerra limitada y se convierte en un conflicto clásico.

Turquía lo sabe y ve que su enemigo histórico vuelve a dominar el Mar Negro,  Eúxeinos Póntos; la flota rusa del Mar Negro[10] se ha hecho fuerte, creciendo de tamaño con submarinos convencionales y buques de superficie preparados para lanzar su exitoso misil de crucero Kalibr, el granero que nos describe Tucídides en su Guerra de Peloponeso en la sublevación de Mitilene:

Aguardaban, en efecto, a que se llevará a término la obstrucción de los puertos, la edificación de murallas y la construcción de naves, y a que llegará del Ponto todo lo que era necesario: arqueros, trigo y las otras cosas que habían enviado a buscar.[11]

Las capacidades de los submarinos Kilo rusos de la clase Proyecto 636.3 han demostrado su valor, vimos como el Rostov-na-Don fue capaz de disparar al menos dos misiles de crucero de ataque terrestre Kalibr contra objetivos en Siria el 8 de diciembre de 2015. Tras la anexión de Crimea, Rusia anunció que reestablecería su base de submarinos en Sebastopol, sede de una flotilla de seis submarinos clase Kilo 636.3. Podemos pensar que la anexión de Crimea y la Guerra del Donbass forman parte de una misma estrategia, la estrategia de volver a dominar el Mar Negro donde se va a tener que enfrentar con Turquía.

No solo ha modernizado sus submarinos, la Marina Rusa ha estado enviado sus fragatas más modernas, con base en el Mar Negro, a patrullar el Mediterráneo Oriental. Se trata de las fragatas Almirante Makárov y Almirante Grigoróvich, ambas dotadas de los mimos misiles de precisión Kalibr con un alcance superior a los 2.500 kilómetros.

Estas dos fragatas se unen a la fragata Almirante Essen, desplegada antes en diciembre de 2019 como parte del grupo permanente de la Marina Rusa en esta zona. Rusia cuenta con dos bases para esta fuerza permanente, ambas en la costa de Siria, concretamente en Tartus y Latakia. Rusia trata de hacerse fuerte en el Mediterráneo oriental, una zona llamada a ser centro de nuestras miradas[12] tras los hallazgos de gas[13].

Una amenaza es esencialmente una manifestación susceptible de ser creída, algo que puede obligar a Turquía a realizar un segundo movimiento, el repliegue de Siria.[14] El poder intimidatorio de Rusia, agente agresor, proviene, entonces de que su primer movimiento muestre su autoridad e indique lo qué es capaz. Turquía sabe que en un conflicto con Rusia lleva las de perder, le perjudicaría más que a Rusia y esto es explícito, las consecuencias de la amenaza son reales y obligarían a Turquía a buscar la ayuda de sus aliados.

Desde la caída del Imperio Otomano, las grandes potencias han tratado de repartirse el pastel que dejó Solimán el Magnifico. Antes de la Primera Guerra Mundial, tendríamos lo que se conoció como el Gran Juego[15], la lucha entre el Imperio Británico y la Rusia Zarista; más tarde, después de la Segunda Guerra Mundial, llegaría el relevo con Estados Unidos y la Unión Soviética, ahora, tras la retirada de Estados Unidos de Siria[16], nos encontramos con una Turquía férreamente controlada por un Erdoğan fortalecido tras el golpe de estado fallido de 2016, y una Rusia que ve perpetuarse a Putin, un mismo tablero para unas fichas recicladas en la cuna de todos los conflictos.

En Europa, la anexión de Crimea, seguida del conflicto en el Donbass han revivido los peores temores y preocupaciones de una nueva Guerra Fría. Si bien, esta situación parecía haberse apagado, los últimos acontecimientos en Siria han hecho que vuelva a cobrar fuerza. Un aumento significativo de tensiones que coincide con problemas de cohesión en la Unión Europea y en el seno de la OTAN, en un entorno, en el que no es fácil afrontar un mayor gasto en defensa.

El Mediterráneo oriental está convirtiéndose en un escenario clave para Europa. Desde la Guerra Fría no se había visto una actividad igual de la flota rusa, submarinos y fragatas muy modernos y silenciosos que obligarán a Europa y a la OTAN, a mejorar sus capacidades antisubmarinas y de defensa antimisil. España con sus F-100, F-110 y futuros submarinos S-80 se convertirá en un probable y fuerte aliado industrial para Turquía, con la que nos unen muchos lazos, incluso compartimos misma clase de buque anfibio, ellos el Anadolu y nosotros el Juan Carlos I, ambos, diseñados por Navantia que tiene una gran oportunidad de mejorar sus exportaciones.


[1] Argumosa Pila, J. (2020). Aproximación a las guerras del Siglo XXI. Revista Ejércitos. (6-3-2020).

[2] Fredman, L. (2019). Ukraine and the Art of Strategy. Oxford Univesity Press, p. 12.

[3] Johnson, G. W. (1960). With a Little Bit of Luck. New Republic, 143(13), 10.

[4] Jackson, M.G. (2005), Beyond Brinkmanship: Eisenhower, Nuclear War Fighting, and Korea, 1953‐1968. Presidential Studies Quarterly, 35: 52-75.

[5] Jordan, J. (2019). Algunas lecciones del combate terrestre en el Donbass (2014-2015): artillería, fuerzas acorazadas y mecanizadas. Global-Strategy.

[6] Jordan, J. (2018). No es una nueva guerra fría: son conflictos en la ‘zona gris’. Global-Strategy,

[7] Schelling T. C. (1960) The Strategy of Conflict, Harvard University Press, Cambridge, MA (Version al español de Adolfo Martín, La Estrategia del Conflicto, Madrid, Editorial Tecnos, 1964), p. 17.

[8] La compra por parte de Turquía del sistema de antimisiles ruso S-400 ha provocado que Estados Unidos le haya expulsado del programa del F-35. Brooks T.A. (2020). Turkey—Erstwhile Ally? United States Naval Institute. Proceedings, 146 (2).

[9] Conte de los Ríos, A. (2020). Turquía, Siria y la Unión Europea. Global-Strategy.

[10] Conte de los Ríos, A. (2019). La base naval de Sebastopol tras la anexión rusa de Crimea. Revista general de marina, ISSN 0034-9569, Vol. 276- 3, págs. 467-48.

[11] Tucídides (2003). Historia de la Guerra del Peloponeso, Libros III.IV. Madrid: Editorial Gredos, p. 15.

[12] Echeverría Jesús, C. (2019). La relación estratégica entre Rusia y Turquía. Revista general de marina, ISSN 0034-9569, Vol. 277-1, págs. 5-11

[13] Escribano, G. (2018). El gas del Mediterráneo oriental como solución y como problema. Real Instituto Elcano.

[14] Schelling T. C. (1960) The Strategy of Conflict, Harvard University Press, Cambridge, MA, p. 18.

[15] La frase Gran Juego fue acuñada por Arthur Conolly, militar y oficial de inteligencia británico, para describir la relación de rivalidad entre el Imperio ruso y el Imperio británico en su lucha por el control de Asia Central. Becker, S. (2012). The ‘Great Game’: The History of an Evocative Phrase. Asian Affairs, 43(1), 61–80.

[16] Mars, A. (13-10-2019). Trump ordena la retirada de las tropas de EE. UU. en el norte de Siria. El País.

Avatar
Augusto Conte de los Ríos

Augusto Conte de los Ríos es Capitán de Fragata de la Armada española . Jefe de Estudios y Subdirector Escuela de Submarinos “Almirante García de los Reyes” en Cartagena

Ver todos los artículos
Avatar Augusto Conte de los Ríos