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La modernización de las Fuerzas Armadas rusas

El breve conflicto de Georgia en el año 2008 mostró las graves carencias de las Fuerzas Armadas rusas, que en muchos aspectos se mostraron inferiores a las georgianas, entrenadas y equipadas por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El pobre desempeño de las tropas rusas fue bastante criticado al finalizar este conflicto de cinco días de duración, sobre todo por la pésima actuación de su fuerza aérea. El Estado Mayor ruso acabó reconociendo la necesidad de reformar un ejército heredado de la época soviética y basado en la movilización masiva para hacerlo eficaz en el nuevo espacio postsoviético. Por sorprendente que parezca, el haber finalizado una guerra con éxito fue el catalizador para emprender una serie de reformas en las Fuerzas Armadas rusas debido a las importantes carencias detectadas[1]. Este hecho llevó a Vladimir Putin a impulsar una importante reforma de las Fuerzas Armadas, motivada también por la expansión de la OTAN en el espacio postsoviético, algo que Rusia siempre ha considerado como una de sus principales amenazas desde que la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) conllevase también una importante alteración de sus fronteras. La reforma militar llevada a cabo en 2008, no lo suficientemente valorada en Occidente, posibilitó los éxitos del aparato militar ruso en Ucrania y Siria y ha devuelto a Rusia el prestigio militar perdido tras la caída de la URSS, momento en el que sus Fuerzas Armadas sufrieron un paulatino proceso de deterioro y abandono paralelo a la pérdida de estatus internacional del país durante la era Yeltsin. La modernización de las Fuerzas Armadas rusas ha continuado desde entonces, aunque se ha visto afectada por los vaivenes económicos sufridos por el país.

La llegada de Putin al poder significó un espectacular aumento de los gastos en Defensa, llegándose a invertir en este sector más de 82 000 millones de dólares en el año 2016[2]. Aunque los actuales problemas económicos han reducido estas cifras, Rusia sigue siendo uno de los cinco países que más invierte en Defensa a nivel mundial, si bien sus cifras están lejos de alcanzar las de Estados Unidos (EE. UU.) o China, otrora rival y ahora uno de sus principales aliados. De lo que no cabe la menor duda es que Putin sentó las bases económicas para un importante rearme (De Haas, 2011: 5), con el objetivo de volver a hacer de Rusia una potencia mundial. Las Fuerzas Armadas que Rusia tiene en la actualidad se han convertido en el elemento clave para la proyección exterior rusa, y no tienen nada que ver con las incapaces y con un armamento obsoleto en su mayor parte– Fuerzas Armadas que la Federación Rusa tuvo en sus dos primeras décadas de existencia, como quedó demostrado en las dos guerras chechenas, sobre todo en la primera, donde se enviaron soldados pobremente entrenados y equipados.

No obstante, la modernización emprendida en las Fuerzas Armadas rusas no implica necesariamente que se busque una política expansionista que lleve a la confrontación con la OTAN (Renz, 2016: 24). Conflicto que Rusia difícilmente podría ganar si este se alargase en el tiempo, puesto que la economía rusa no puede competir con la del conjunto de los países miembros de la OTAN y lo mismo ocurre, al menos sobre el papel, con sus Fuerzas Armadas. Sin embargo, sí se puede afirmar que en diversos aspectos se ha llegado a una situación parecida a la de la Guerra Fría, pero el principal interés de Moscú sigue estando en el área postsoviética, donde defiende la revisión de esas fronteras y en las que podría usar su actual potencia militar (Gressel, 2015: 3). La tensión entre la OTAN y Rusia está latente, aunque por el momento es descartable un conflicto armado. Analistas como Pardo de Santayana abogan por abandonar esa confrontación y sustituirla “por una coexistencia que permita contemplar el provenir con mayor serenidad” (2020: 6).

La reforma militar de 2008

Tras el conflicto de Georgia se llevó a cabo esta ambiciosa reforma militar, siendo ministro de Defensa Anatoli Serdiukov. La reforma logró reducir el número de efectivos de las Fuerzas Armadas, que han pasado a tener aproximadamente unos 900 000 miembros, lejos pues de esas movilizaciones masivas propias de la era soviética que hacían que la URSS desplegase durante los años ochenta más de cinco millones de soldados[3]. Pero no fue este el único objetivo, ya que el presidente  Dimitri Medveded planteó cinco fines que esta reforma tenía que lograr: que todas las unidades llegasen a estar en un estado de preparación permanente; aumentar la eficacia del mando y de los sistemas de control; una mejora en el sistema de formación de los oficiales; modernización de los equipos; y un aumento en los salarios de los soldados, así como mejoras en las viviendas de los oficiales y soldados contratados (Cohen y Hamilton, 2011: 49). Esto último ha logrado hacer más atractiva la profesión militar entre los jóvenes rusos. Por otro lado, se abandonó el viejo sistema heredado de la URSS de distrito militar, ejército, división y regimiento y se sustituyó por uno más moderno basado en mando operativo, distrito y brigada[4]. Estos objetivos se han cumplido en mayor o menor medida, haciendo de las Fuerzas Armadas rusas un instrumento militar mucho más capacitado, operativo y capaz de desenvolverse en las guerras del siglo xxi, sorprendiendo con ello a los medios occidentales y, en muchas ocasiones, a los propios rusos.

Los planes para reformar las Fuerzas Armadas rusas ya estaban en marcha antes del conflicto con Georgia, pero había muchas reticencias a ello por parte del Estado Mayor y los oficiales superiores, con lo que las graves deficiencias encontradas en las tropas rusas durante esta guerra dieron el empujón definitivo a las reformas. Con el tiempo se podría hablar de una contrarreforma con el sucesor de Serdiukov, el actual ministro de Defensa Sergei Shoigu, que eliminó los aspectos menos populares de esta reforma y resucitó elementos de la antigua estructura[5]. No obstante, en general Shoigu ha continuado con los más importantes aspectos de la reforma de Serdiukov, lográndose mejorar la vida de los soldados y continuándose con el importante programa de armamentos para mejorar el obsoleto armamento (Crane, Oliker y Nichiporuk, 2019: 56-57).

Entre los logros cabe destacar que el número de oficiales logró reducirse desde los 350 000 a los 150 000. No obstante, posteriormente se volvió a ampliar su número hasta llegar a los 220 000 (Defense Intelligency Agency, 2017: 12). Rusia ha logrado ampliar el número de los soldados profesionales que integran sus Fuerzas Armadas, pero aun así sigue dependiendo de reclutas en muchas de sus unidades (Gressel, 2015: 13). También fue interesante la reorganización de las divisiones de estilo soviético en brigadas, porque los oficiales rusos buscaron recuperar la operatividad de sus unidades, por lo que trataron de “recuperar las capacidades de combate primero de las más pequeñas para ir subiendo de nivel, hasta verse capaces de recuperar la operatividad de las grandes unidades” (Manrique, 2020: 25-26). Sin embargo, el ministro de Defensa Shoigu ha devuelto el protagonismo a las divisiones y a los cuerpos de ejército (Pardo de Santayana, 2020: 8).

En suma, en la actualidad, y merced a estas reformas, la oficialidad rusa se encuentra mucho mejor preparada para enfrentarse a los retos que las guerras de nueva generación plantea, estando mucho más capacitados para el mando que en el pasado. La preparación de las tropas también ha mejorado mucho gracias al aumento del número de ejercicios militares y de las maniobras a gran escala, en las que ha quedado patente en multitud de ocasiones que “el pensamiento militar ruso es de naturaleza ofensiva, y orientada a la expansión, no a la defensa”. Esto quedó demostrado en las maniobras “Zapad 2009”, donde se ensayó una rápida ofensiva contra Polonia y los estados del Báltico, utilizándose armamento nuclear contra Polonia con el objetivo de disuadir a la OTAN de intervenir. O las maniobras “Lagoda 2012”, en las que se ensayaron ataques contra Finlandia y los países bálticos. Todo esto demuestra que Rusia contempla la posibilidad de un posible ataque contra Polonia, los estados bálticos y los países escandinavos y se prepara para ello (Gressel, 2015: 12).

Las Fuerzas de Reacción Rápida fueron lógicamente también reformadas, ya que son la élite de las Fuerzas Armadas rusas y juegan un importante papel en la proyección del poder militar ruso, como se ha podido comprobar en Ucrania y en Siria, campos de pruebas para esta reforma militar. También las Fuerzas Aeroespaciales han sido modernizadas, introduciéndose nuevos aviones, helicópteros y mejorándose los bombarderos de largo alcance. Para la defensa aérea han sido desarrollados nuevos y avanzados sistemas de defensa, como el S-400, S-350 o el Pantsir-S1/M. En cuanto a la Marina, se ha elevado el número de barcos y se han mejorado sus capacidades. Ejemplos de ello han sido la aparición de las fragatas de la clase Project 22350 o los submarinos de misiles balísticos (Project 955/A) y de ataque (Project 885/M y Project 636.6) (Bowen, 2020).

No obstante, estas reformas no han sido valoradas lo suficientemente por los analistas occidentales, quienes señalaron que las Fuerzas Armadas rusas continuaban dependiendo de importantes cantidades de material de época soviética, el cual se estaba reemplazando con mucha lentitud. Sin embargo, estos análisis no supieron ver que “las etapas iniciales de esta reforma no fueron diseñadas para crear un nuevo ejército con nuevo material bélico, sino para asegurarse de que el material existente estaría listo para entrar en uso, y para que sus usuarios fueran más eficientes y profesionales” (Gressel, 2015: 4). Y esto ha quedado suficientemente demostrado, ya que Rusia ha sido capaz de lanzar operaciones limitadas en su entorno e incluso proyectarse en el exterior, como ha sido en Siria, país por el que han pasado miles de soldados y oficiales rusos, mostrando unas Fuerzas Armadas mucho más eficaces, con nuevos enfoques en su preparación, organización y doctrina y desplegando armas modernizadas (Crane, Oliker y Nichiporuk, 2019: IX).

La modernización de las Fuerzas Armadas rusas continua y se han elaborado diversos planes con ese objetivo, los conocidos como Planes Estatales de Armamento (GPVs). El primero de ellos, GPV 2020, comprendía los años 2011-2020 y se basaba en financiar la Marina y las Fuerzas Aeroespaciales. El último, el GPV 2027, para los años 2018-2027, prioriza las fuerzas terrestres rusas y la mejora de sus fuerzas de reacción rápida, como los Spetsnaz, infantería de marina y tropas aerotransportadas y de asalto aéreo (Bowen, 2020). El objetivo inicial era que para 2020 el 70% de los equipos se hubiesen modernizado o fuesen de nueva adquisición (Defense Intelligency Agency, 2017: 14), objetivo que no ha podido lograrse aún por imperativos económicos.

Desafío para Europa

Rusia ha creado unas Fuerzas Armadas que no tendrían ningún problema para enfrentarse con éxito a sus vecinos occidentales más cercanos, siempre y cuando estas actúen con rapidez antes de la llegada de las fuerzas de la OTAN. Es, por tanto, en el espacio postsoviético “donde se seguirá centrando la atención de la estrategia militar rusa” (Gressel, 2015: 6). El resurgir militar de Rusia ha creado una creciente tensión con Occidente, sobre todo por su actitud revisionista en sus fronteras con Europa. No obstante, por sí sola no podría colmar esas ambiciones revisionistas, lo que le ha abocado a un entendimiento con China (Pardo de Santayana, 2020). Esta unión oportunista entre estos dos importantes actores geopolíticos solo puede suponer un desafío al orden internacional, ya que estos dos antiguos rivales han tenido que acercarse como consecuencia de verse mutuamente amenazados por EE. UU. y sus aliados.

Europa es una amenaza para Rusia y si bien no es concebible una escalada militar rusa en un futuro cercano, debería estar lista para poder enfrentarse con garantías a los escenarios híbridos que Rusia le pueda plantear y “para una mayor desestabilización de su frontera oriental”. Además, y a diferencia de lo que ocurría durante la Guerra Fría, en la actualidad Rusia plantea un desafío militar para Europa que es “más cualitativo que cuantitativo” (Gressel, 2015: 14). Rusia ha sabido adaptarse mejor que Occidente a los “confusos escenarios del conflicto actual” y dispone de una variada gama de opciones para enfrentarse con un enemigo en teoría superior como la OTAN, que “van desde la ciberguerra y la desinformación hasta la desestabilización por medio de actores delagados, el apoyo a una facción concreta y la opción convencional” (Pardo de Santayana, 2018, 11-14).

Las movilizaciones masivas de la Guerra Fría se han abandonado entre otros motivos por el declive demográfico que el país está sufriendo, pero las reformas y la consiguiente reducción de sus Fuerzas Armadas han creado un aparato militar mucho más capaz, profesional y preparado que en el pasado, lo que no puede ser pasado por alto. Ha logrado pues desembarazarse de la pesada herencia soviética en cuanto a equipos y organización y dotar a su aparato militar de los medios y preparación necesaria que demandan los conflictos modernos, demostrándolo en Crimea, Dombas y Siria. En la actualidad, las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa están integradas por el siguiente número de hombres: Fuerzas Terrestres (280 000), Fuerzas Aeroespaciales (165 000), Marina (150 000-160 000), Fuerzas de Misiles Estratégicos (50 000), Fuerzas Aerotransportadas (45 000) y Spetsnaz (17 000-20 000) (Apud Bowen, 2020). Es de destacar la importancia numérica de las fuerzas de reacción rápida, en las que los planes de armamento ruso se han focalizado para dotarlas de los mejores equipos.

Referencias

Bowen, Andrew S. (2020), “Russian Armed Forced: Military Modernization and Reforms”, Congressional Reserach Service, https://crsreports.congress.gov/product/pdf/IF/IF11603

Crane, K., Oliker, O. y Nichiporuk, B. (2019), Trends in Russia’s Armed Forces, Santa Mónica, Calif.: Rand.

Cohen, A. y Hamilton, R. E. (2011), The Russian military and the Georgia war: lessons and implications. Pennsylvania: Strategic Studies Institute.

Defense Intelligency Agency (2017). Russia Military Power: building a military to support great power aspirations. Washington: Defense Intelligency Agency.

De Haas, M. (2011), Russia´s Military Reform. Victory after Twenty Years of Failure? The Hague: Netherlands Institute of International Relations ‘Clingendael’.

Fernández, R. (2008), “Rusia emprende una profunda reforma de las Fuerzas Armadas”, El País, 29 de octubre.

Gressel, G. (2015), “La silenciosa revolución militar de Rusia, y lo que significa para Europa”, European Council of Foreign Relations.

Kofman, M. (2018), “Russian perfomance in the Russian.Georgia war revisted”, https://warontherocks.com/2018/09/russian-performance-in-the-russo-georgian-war-revisited/

Manrique, F. (2020), “Las brigadas mecanizadas rusas”, Ejército, n.º 947, pp. 24-34.

Palacios, M. (2018), “La desintegración de las Fuerzas Armadas soviéticas”, Análisis Gesi, http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/la-desintegraci%C3%B3n-de-las-fuerzas-armadas-sovi%C3%A9ticas#_ftnref6

Pardo de Santayana, J. (2018), “Consideraciones estratégicas de la reforma militar rusa”, Instituto Español de Estudios Estratégicos, http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2018/DIEEEA28-2018_Reforma_Militar_Rusa_JMPSGO.pdf

Pardo de Santayana, J. (2020), “El desencuentro con Rusia y las claves de su estrategia militar”, Instituto Español de Estudios Estratégicos, http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2020/DIEEEA22_2020JOSPAR_Rusiamilitar.pdf

Renz, B. (2016), “Why Russia is Reviving Its Conventional Military Power”, Parameters, 46 (2), pp. 23-36.


[1] Kofman, M. (2018), “Russian perfomance in the Russian.Georgia war revisted”, https://warontherocks.com/2018/09/russian-performance-in-the-russo-georgian-war-revisited/

[2] Datos obtenidos de SIPRI, disponible en https://www.sipri.org/commentary/topical-backgrounder/2020/russias-military-spending-frequently-asked-questions

[3] Palacios, M. (2018), “La desintegración de las Fuerzas Armadas soviéticas”, http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/la-desintegraci%C3%B3n-de-las-fuerzas-armadas-sovi%C3%A9ticas#_ftnref6

[4] Fernández, R. (2008), “Rusia emprende una profunda reforma de sus Fuerzas Armadas”, https://elpais.com/diario/2008/10/29/internacional/1225234808_850215.html

[5] Kofman, M. (2018), “Russian perfomance in the Russian.Georgia war revisted”, https://warontherocks.com/2018/09/russian-performance-in-the-russo-georgian-war-revisited/

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Alberto Guerrero

Alberto Guerrero es Doctor en Historia Contemporánea por la UNED y actualmente cursa el Máster en Paz, Seguridad y Defensa del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado (IUGM). También es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI)

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