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El tratado Nuevo START

Global Strategy Report, 55/2020

Resumen: El tratado Nuevo START, suscrito por Estados Unidos y Rusia para limitar las armas nucleares estratégicas, dio paso a lo que parecía una nueva era de entendimiento y de no proliferación de las armas nucleares. El tratado estableció una relación de equilibrio entre las dos potencias nucleares que controlan el noventa por ciento del arsenal nuclear mundial. Sin embargo, su posible desaparición el próximo 5 de febrero de 2021, después de la situación de crisis o extinción de otros acuerdos sobre desarme y control de armamento entre los dos países, abre la puerta a una situación de incertidumbre.

Introducción

Aunque durante la Guerra Fría se estuvo en varias ocasiones al borde de una hecatombe nuclear[i], también es verdad que el poder disuasorio de las armas nucleares fue el factor decisivo que contribuyó a evitar una guerra a gran escala entre Estados Unidos y la Unión Soviética, ya que los estrategas de ambas partes coincidieron en que el uso de las armas nucleares tendría un coste desproporcionado a los beneficios. Las dos potencias desarrollaron enormes arsenales de armas nucleares con la intención de lograr una ventaja estratégica sobre su adversario. En ese estado de hostilidad y desconfianza el control y limitación de armamentos se desveló como el medio para prevenir que alguna de las partes enfrentadas consiguiera una ventaja militar aplastante. La imposición de límites al armamento tiene el efecto de reducir la incertidumbre, aumentar la estabilidad y evitar los errores de cálculo, especialmente en lo relacionado con la amenaza nuclear.  Finalmente, la desaparición de la Unión Soviética puso fin a la Guerra Fría y convirtió a Rusia en la heredera de su arsenal nuclear. Desde entonces, Rusia y los Estados Unidos han estado reduciendo mediante el desarme y control de armamentos sus arsenales nucleares.

A día de hoy, se encuentra vigente el tratado Nuevo START[ii], y es conforme a sus disposiciones y límites como se ha llevado a cabo la última reducción de armas nucleares estratégicas[iii] de carácter ofensivo. Este tratado fue firmado por los entonces presidentes de los Estados Unidos Barack Obama y de la Federación Rusa Dimitri Medveded el 8 de abril de 2010 en Praga[iv], entró en vigor el 5 de febrero de 2011 tras ser ratificado por el Senado de los Estados Unidos y la Duma[v] de la Federación Rusa. Este tratado es un elemento clave para la seguridad nuclear y la no proliferación de esta clase de armas y uno de los mayores logros en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Sin embargo, el tratado expirará el próximo 5 de febrero de 2021, diez años después de su entrada en vigor, sin que las partes por el momento hayan alcanzado un acuerdo que lo sustituya.

Control de las armas nucleares

Las negociaciones sobre el desarme nuclear continúan siendo un elemento clave en las relaciones entre Washington y Moscú. Mediante el control de las armas nucleares las partes han buscado estabilidad estratégica, mantener la capacidad de disuasión y evitar las costosas carreras de armamentos.

Durante la Guerra Fría, los arsenales nucleares de ambas potencias crecieron enormemente. De forma que a finales de los años sesenta, las fuerzas nucleares soviéticas poseían más de 1500 misiles balísticos intercontinentales terrestres (ICBM)[vi] y misiles lanzados desde submarinos nucleares (SLBM)[vii], mientras, las fuerzas nucleares de Estados Unidos, que ya habían conseguido disponer de una creíble triada nuclear en 1965, disponían de más de 1700 misiles ICBM y SLBM. En el año 1986, la suma de los arsenales de ambas potencias casi alcanzaron las 70.000 ojivas o cabezas nucleares de todo tipo (Norris & Kristensen, 2010). Pronto, ambas partes fueron conscientes del gran riesgo que esta carrera de armamentos llevaba consigo y el enorme coste económico que representaba, por lo que el control y reducción del armamento nuclear se convirtió en una tarea urgente para las dos superpotencias.

Las primeras negociaciones para la limitación de armas nucleares estratégicas, conocidas como SALT[viii] I, se desarrollaron entre 1969 y 1972. El resultado de las mismas fue la firma del Tratado de Misiles Anti-balísticos (ABM Treaty)[ix] y un acuerdo provisional para la limitación de armas estratégicas ofensivas, conocido como Interim Agreement. Los acuerdos fueron firmados por el presidente Richard Nixon y el secretario general Leonid Brezhnev en Moscú el 26 de mayo de 1972.

Por el tratado ABM ambas partes renunciaron a la construcción de un sistema de defensa antimisil de ámbito nacional, con la excepción del derecho a proteger dos áreas de sus respectivos territorios. Más tarde en 1974, las partes acordaron reducir a una sola área protegida con 100 misiles interceptores como máximo, Estados Unidos estableció un sistema antimisil para proteger un complejo de la Fuerza Aérea en Dakota del Norte, mientras Rusia desarrolló un sistema de defensa antimisil para proteger el área de Moscú. Sin embargo en 2002, los Estados Unidos acabaron con el tratado ABM al retirarse unilateralmente para desarrollar su propio sistema de defensa antimisil en Europa.

En cuanto a la limitación de las armas nucleares estratégicas ofensivas se acordó congelar el número de lanzadores de misiles ICBM y SLBM existentes en ese momento. Esto significó que Estados Unidos no podría superar los 1054 lanzadores de misiles ICBM y los 655 tubos lanzadores en submarinos de misiles SLBM. Por su parte, la Unión Soviética se quedaría con 1607 lanzadores de misiles ICBM y 740 de SLBM. Este primer acuerdo no hacía referencia a los bombarderos estratégicos ni al número de cabezas nucleares desplegadas, que quedaban al criterio de cada parte. En esos años, las dos partes ya habían desarrollado la tecnología para instalar múltiples vehículos de reentrada en la atmósfera (MIRV)[x] en un único misil, lo que hacía posible alcanzar varios objetivos con el lanzamiento de un solo misil.

La segunda serie de negociaciones se llevaron a cabo de 1972 a 1979, dando como resultado los acuerdos SALT II. El objetivo era reemplazar el Interim Agreement por un acuerdo duradero que estableciera claros límites a las armas nucleares estratégicas. El acuerdo restringía el número de sistemas de lanzamiento a 2250, incluidos los silos para misiles ICBM, los lanzadores en submarinos SLBM y los bombarderos estratégicos con capacidad nuclear. También marcaba el sub-límite de 1320 misiles balísticos con capacidad MIRV. En el tratado se establecieron las definiciones de los sistemas restringidos y las normas para la verificación de lo acordado. El acuerdo fue firmado por el presidente Jimmy Carter y el secretario general Leonid Brezhnev en Viena el 18 de junio de 1979. Se pretendía que el acuerdo SALT II estuviera vigente hasta 1985, pero su ratificación fue retrasada por el Senado de Estados Unidos debido a la invasión de Afganistán por las fuerzas soviéticas en diciembre de 1979. Aunque el tratado no llegó a entrar en vigor oficialmente, las dos partes respetaron los límites acordados en las negociaciones.

En 1982, el presidente Ronald Reagan propuso una gran reducción de los arsenales nucleares, lo que dio lugar al inicio de las negociaciones del tratado START para la reducción de armas nucleares estratégicas. Pero el inicio del despliegue en Europa de los misiles norteamericanos de alcance intermedio Pershing II, como respuesta al despliegue de los misiles soviéticos de alcance intermedio SS-20, y el anuncio por parte de Estados Unidos de desarrollar la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI)[xi] provocó que los soviéticos se retiraran de las negociaciones en diciembre de 1983, al alegar cambios en la situación estratégica. Las partes volvieron a la mesa de negociaciones en 1985, que se prolongaron hasta la firma del tratado START por los presidentes George H. W. Bush y Gorbachov el 31 de julio de 1991.

El tratado START I, renombrado así de forma retrospectiva cuando comenzó a forjarse el START II, estableció el límite de 6000 cabezas nucleares desplegadas en el número máximo de 1600 sistemas de lanzamiento estratégico. Además, también marcaba sub-límites en el número de cabezas nucleares desplegadas en cada uno de estos sistemas lanzadores: en silos de misiles ICBM 1500 ojivas, en misiles ICBM de lanzadores móviles 1100 ojivas, también fijaba que la suma de las cabezas instaladas en los misiles ICBM y SLBM no podría superar las 4900. La entrada en vigor del tratado se retrasó varios años por el colapso y desaparición de la Unión Soviética cinco meses después de la firma del acuerdo. En medio de la enorme confusión geopolítica ocasionada por este inesperado acontecimiento, el arsenal nuclear soviético quedo en manos de cuatro nuevos estados: Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Kazajistán, aunque los tres últimos decidieron entregar las armas nucleares a Rusia y acogerse al tratado de No Proliferación Nuclear (NPT)[xii] como estados sin armas nucleares. Finalmente, el tratado START I pudo entrar en vigor el 5 de diciembre de 1994, y estuvo vigente durante 15 años hasta el 5 de diciembre de 2009.

Este tratado produjo la mayor reducción de armamento nuclear realizado hasta el momento. La disminución del número de cabezas nucleares desplegadas en lanzadores estratégicos supuso el 15% en el arsenal nuclear norteamericano y el 25% en el arsenal soviético. El tratado establecía el margen de siete años desde su entrada en vigor para alcanzar los límites acordados, las dos partes anunciaron que cumplían los límites establecidos el 5 de diciembre de 2001.

En junio de 1992, cuando todavía no había entrado en vigor el acuerdo START I, comenzaron las negociaciones para lograr una mayor reducción de los arsenales nucleares. La nueva propuesta consistía en reducir el número de cabezas estratégicas a un valor comprendido entre 3000 y 3500. También se buscaba establecer nuevas restricciones: entre las más destacadas prohibir los misiles intercontinentales con múltiples cabezas nucleares (MIRV), o limitar a 1750 el número de cabezas nucleares en misiles desplegados en submarinos. El 3 de enero de 1993, los presidentes George W. Bush y Boris Yeltsin firmaron el tratado al que se denominó START II. El Senado de Estados Unidos ratificó el nuevo tratado el 26 de enero de 1996. Para Rusia la conversión de los misiles MIRV a misiles con una sola cabeza nuclear significaba una pérdida significativa de capacidad para su triada nuclear, además, esta disposición resultaba difícil de cumplir debido a las dificultades que estaba sufriendo la economía rusa durante esos años. Paralelamente, surgieron otros factores que dificultaban la ratificación del tratado por la Duma: la intervención de la OTAN en Yugoslavia en 1999 o la primera oleada de expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas, con la incorporación de Polonia, Hungría y la República Checa ese mismo año. A pesar de estas dificultades la Duma ratificó el tratado START II el 14 de abril de 2000. Sin embargo, la retirada de Estados Unidos del tratado ABM fue lo que provocó finalmente la retirada de Rusia del tratado START II, sin que hubiera tiempo para iniciar las reducciones previstas en el mismo.

A pesar de estas dificultades, en ambas partes persistía la necesidad de seguir reduciendo los enormes y costosos arsenales nucleares acumulados durante el periodo de la Guerra Fría, por lo que el 24 de mayo de 2003, los presidentes George W. Bush y Vladimir Putin firmaron en Moscú el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas (SORT)[xiii], también conocido como Tratado de Moscú. De acuerdo con los términos del tratado, las dos partes se comprometieron a reducir las cabezas nucleares estratégicas desplegadas en un número comprendido entre 1700 y 2200 no más tarde del 31 de diciembre de 2012. El tratado no establecía otros límites y dejaba libertad a las partes para organizar sus triadas nucleares sin otras restricciones. El Tratado de Moscú estuvo en vigor desde el 1 de junio de 2003 hasta febrero de 2011, cuando entró en vigor el tratado Nuevo START.

El tratado Nuevo START

Las negociaciones del tratado Nuevo START comenzaron en 2006. Estados Unidos abordó estas nuevas negociaciones con un enfoque flexible, tratando de evitar un tratado formal, para disponer de una mayor libertad de acción en la modernización de sus fuerzas nucleares. Por el contrario, Rusia pretendía un tratado formal en la misma línea del START I, en el que se limitara el número de cabezas nucleares y se establecieran claras definiciones y limitaciones para cada uno de los sistemas de lanzamiento. Pero las conversaciones se estancaron al no encontrar la administración Bush una posición común con Rusia, a lo que también contribuyó el conflicto entre Rusia y Georgia por la provincia de Osetia del Sur en agosto de 2008.

A partir de diciembre de 2008, las conversaciones cobraron un nuevo impulso con la llegada al poder del presidente Barack Obama. La nueva administración decidió aplicar un reset a las relaciones entre los dos países, pues a pesar de las diferencias existían  intereses comunes. Entre los más destacados, además de evitar la proliferación nuclear, la lucha contra el terrorismo y la situación de Estados Unidos en Afganistán. Las delegaciones de las partes trataron de alcanzar un acuerdo antes de que la desaparición de los tratados START I y SORT dejaran un vacio en el área del desarme y el control del armamento nuclear. Sobre todo, porque el final del START I significaba el final del fiable sistema de verificación asociado al mismo, que con sus intrusivas inspecciones sobre el terreno garantizaba el conocimiento del estado de las fuerzas nucleares de la otra parte y el cumplimiento de las restricciones.

Las delegaciones retomaron las negociaciones en mayo de 2009. Varios fueron los asuntos polémicos en el proceso de negociación. El primero de ellos la relación entre las armas estratégicas ofensivas y defensivas, Rusia mostró su temor a que la capacidad de los sistemas de defensa antimisil pudieran socavar la efectividad de las armas estratégicas ofensivas y terminaran afectando al equilibrio estratégico buscado en el acuerdo. A la delegación norteamericana le preocupaba el gran número de armas nucleares no estratégicas (operacionales y tácticas) que Rusia mantenía, y mantiene a día de hoy, para intentar compensar su menor capacidad en fuerzas convencionales. Otro asunto de discrepancia fue la capacidad de las fuerzas norteamericanas para la realización de ataques convencionales de largo alcance, Rusia trató de que el tratado prohibiera que los misiles estratégicos portaran cabezas convencionales por las dudas que se podrían generar, Estados Unidos rechazó esta propuesta, pero aceptó que los misiles configurados así contaran para los límites establecidos en el tratado. También fue objeto de discusión el acceso de las partes a los datos de telemetría generados en los ensayos de vuelo de los misiles, por el temor de Rusia a que fueran utilizados para mejorar los programas de defensa antimisil.

Durante las negociaciones tuvieron lugar encuentros a alto nivel entre la secretaria de estado Hillary Clinton y el ministro de asuntos exteriores Sergei Lavrov. Pero la implicación directa de los presidentes Obama y Medveved para buscar una solución a los asuntos más conflictivos fue la clave para lograr el éxito en las negociaciones. Las partes anunciaron que habían alcanzado un acuerdo definitivo en marzo de 2010.

Finalmente, el 8 de abril de 2010, el tratado Nuevo START fue firmado en Praga por el presidente de los Estados Unidos Barack Obama, y el entonces presidente de la Federación Rusa Dimitri Medveded, y entró en vigor el 5 de febrero de 2011 tras ser ratificado por el Senado de los Estados Unidos y la Duma de la Federación Rusa. El nuevo tratado reemplazó al START I que había expirado en diciembre de 2009 y al Tratado de Moscú.

Límites y disposiciones

El tratado Nuevo START limita el número de cabezas nucleares y de sistemas lanzadores estratégicos. En él se establece el límite de 1550 cabezas nucleares desplegadas en misiles balísticos intercontinentales basados en tierra (ICBM), en misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) y bombarderos pesados de largo alcance equipados para portar y lanzar armamento nuclear. Se establece el límite de 800 lanzadores estratégicos, de los cuales sólo 700 de ellos pueden encontrarse desplegados. No se restringe el número de vehículos de reentrada instalados en cada misil ICBM o SLBM. Cada bombardero estratégico cuenta como una sola cabeza nuclear, con independencia del número de armas nucleares que porte. Los bombarderos estratégicos o de largo alcance pueden portar varios tipos de armas con cabeza nuclear: misiles de crucero (ALCM)[xiv], misiles aire-tierra o bombas de gravedad.

De acuerdo con las definiciones establecidas en el tratado, por lanzador estratégico desplegado se entiende un lanzador que contiene un misil intercontinental o un bombardero estratégico con capacidad nuclear, y por misil desplegado se entiende un misil contenido en un lanzador estratégico. El tratado también prohíbe el despliegue de armas nucleares de carácter estratégico y ofensivo fuera de los respectivos territorios nacionales.

Las reducciones y limitaciones establecidas en el Nuevo START tienen que ver exclusivamente con las armas estratégicas que tengan carácter ofensivo, y no afectan a los sistemas defensivos antimisiles, a las armas nucleares no estratégicas, ni las armas nucleares almacenadas y no desplegadas. El tratado no limita el número de misiles ICBM y SLBM no desplegados, aunque estos deben estar localizados en instalaciones declaradas, como lo son las dedicadas al mantenimiento, almacenamiento, fabricación o desmantelamiento de los mismos. Los misiles no desplegados pueden estar en tránsito entre las instalaciones declaradas, aunque este traslado debe de ser notificado y no puede durar más de 30 días. Tampoco se prohíbe la modernización de los sistemas de lanzamiento.

El nuevo tratado supone una considerable reducción en lanzadores y misiles con respecto al tratado START I (6.000 cabezas nucleares en 1.600 lanzadores). Las disposiciones del nuevo tratado otorgan una mayor flexibilidad a cada una de las partes para organizar sus fuerzas nucleares estratégicas, pues no establece límites en la forma de distribuir las cabezas nucleares entre los diferentes sistemas lanzadores, a diferencia del más rígido tratado START I en el que se establecían sub-límites. Esta mayor flexibilidad se debe a que el START I fue negociado todavía bajo el espíritu de la Guerra Fría, cuando los dos adversarios desconfiaban de sus intenciones, mientras que el Nuevo START lo fue con la idea de cooperación y buscando una reducción responsable, fue el producto de lo que parecía una nueva era.

Durante la Guerra Fría, una de las mayores preocupaciones de los Estados Unidos fue la existencia de lanzadores móviles de misiles intercontinentales soviéticos, pues se temía que en un hipotético escenario de conflicto nuclear las fuerzas rusas tuvieran la capacidad de recargar estos lanzadores después de un primer lanzamiento. Durante las conversaciones y negociaciones del Nuevo START, los rusos presionaron para evitar las restricciones relacionadas con en este tipo de lanzadores, con la finalidad de aumentar la capacidad de supervivencia de sus fuerzas nucleares en un conflicto de esta naturaleza, y así compensar su inferioridad en otros aspectos. Pues, en esos momentos, Rusia no podía tener de forma permanente varios submarinos en el mar, y los lanzadores de misiles móviles le permitían mantener la capacidad de realizar un ataque de represalia. Sin embargo, la realidad es que los límites y disposiciones establecidas en el Nuevo START condicionan la capacidad de recargar los lanzadores móviles, pues se refuerza el control sobre la localización en todo momento de los lanzadores y misiles, ya se encuentren desplegados o no. Este exhaustivo control dificulta su movimiento y la realización de ejercicios de adiestramiento, necesarios para mantener actualizada dicha capacidad. A pesar de todo, para los Estados Unidos continúa siendo prioritario mantener información sobre su número y localización.

El tratado estableció siete años, a partir de la firma del mismo, para que las partes cumplieran con los límites citados,  por lo que el 5 febrero de 2018 ambas partes tenían que alcanzar los techos marcados o estar por debajo de ellos. Durante ese periodo, las partes con regularidad intercambiaron los datos correspondientes al estado del proceso de reducción. Tras cumplir con los límites en la fecha establecida, el tratado permanecería en vigor durante 10 años desde la fecha en que fue ratificado, es decir hasta febrero de 2021, con la posibilidad de ser prorrogado por 5 años más, como establece el párrafo 2 del artículo XIV del tratado. Anualmente las partes continúan intercambiando las existencias actualizadas de cabezas nucleares y lanzadores estratégicos. El 1 de marzo de 2020, los Estados Unidos informaron que poseían 1373 cabezas nucleares desplegadas en 655 lanzadores (ICBM, SBLM) y bombarderos con capacidad nuclear, con un total de 800 lanzadores y bombarderos desplegados y no desplegados. Mientras, en esa misma fecha, la Federación Rusa informó de la existencia de 1326 cabezas nucleares desplegadas en 485 lanzadores estratégicos y bombarderos, con un total de 754 lanzadores y bombarderos desplegados y no desplegados (Woolf, 2020).

Sistema de Verificación

El tratado Nuevo START pretendía desarrollarse en un clima de cooperación, transparencia y de fomento de las medidas de confianza. Para mantener esta atmósfera contempla un régimen de verificación que tiene como objetivo garantizar el cumplimiento de los límites y disposiciones acordados en el mismo. Este sistema de verificación se basa en un intercambio de información, que se refleja en una base de datos mantenida y compartida por las partes. El nuevo ambiente de confianza basado en un eficaz protocolo de verificación quedó perfectamente resumido por la frase del ministro Lavrov: Verify but trust, verifica pero confía.

En esta base de datos se registra una gran cantidad de información. Entre estos datos se encuentran: los números de serie y localización de cada uno de los misiles ICBM y SLBM, ya se encuentren desplegados o no, así como el número de cabezas nucleares que porta cada uno de ellos; también se recogen los identificadores atribuidos a cada uno de los bombarderos pesados afectados por el tratado; la localización de todas las bases e instalaciones declaradas que albergan sistemas nucleares estratégicos, así como los movimiento de las armas nucleares entre ellas; también se contempla la localización de las instalaciones donde tienen lugar actividades relacionadas con el mantenimiento, fabricación, recarga y almacenamiento de armas nucleares; y los datos de telemetría generados durante las pruebas de vuelo de los misiles, lo que proporciona a ambas partes información de las capacidades y características técnicas de los diferentes sistemas.

El régimen de verificación autoriza a las partes la posibilidad de realizar 18 inspecciones al año. Estas inspecciones, que se realizan con un aviso previo breve, permiten la inspección de instalaciones donde se encuentran localizados lanzadores y misiles desplegados y no desplegados, con la finalidad de comprobar la veracidad de la información contenida en la base de datos. Las inspecciones comenzaron a realizarse en abril de 2011, dos meses después de la entrada en vigor del tratado.

En el tratado se establecen dos tipos de inspecciones que pueden ser llevadas a cabo por las partes, las inspecciones “Tipo Uno” y las inspecciones “Tipo Dos”, de las primeras se pueden realizar hasta 10 al año y de las segundas hasta 8 al año como máximo.

Las inspecciones “Tipo Uno” se realizan en instalaciones de misiles ICBM, bases navales que albergan submarinos con capacidad nuclear (SSBN)[xv] y bases aéreas de bombarderos pesados con capacidad nuclear. Este tipo de inspección permite comprobar que el número y tipo de armas nucleares que alberga la base coincide con la información declarada en los intercambios de información. Además, también permite comprobar que el número de cabezas nucleares desplegadas en cada misil o asociadas a los bombarderos pesados son consistentes con los datos declarados. Al comienzo de la inspección el equipo inspector recibe una presentación en la que se informa del número de vehículos de reentrada instalados en cada lanzador ICBM o SLBM, durante la inspección el equipo inspector tiene derecho a designar un misil para comprobar la veracidad de la información.

Las inspecciones “Tipo Dos” se realizan sobre instalaciones que albergan misiles y lanzadores no desplegados, como son las instalaciones de mantenimiento, de depósito y almacenamiento de los mismos, instalaciones dedicadas a la carga de las cabezas nucleares y de combustible de los misiles, campos de pruebas de misiles y lanzadores, e instalaciones para la instrucción del personal o adiestramiento de las unidades. Este tipo de inspecciones sirven para comprobar que estas instalaciones se dedican a las actividades declaradas y para comprobar las características y datos técnicos de los sistemas que figuran en los intercambios de información, también para confirmar que los sistemas de armas dados de baja son eliminados conforme a lo establecido en los protocolos de reducción del tratado.

Otro aspecto destacado del sistema de verificación es la autorización del uso de medios técnicos (NTM)[xvi]. Entre los que se encuentran los sistemas de satélites y otros equipos de detección remota para la adquisición de información sobre el número y la localización de las fuerzas nucleares estratégicas de la otra parte. El tratado prohíbe expresamente interferir o dificultar con medidas de ocultación las acciones de estos medios técnicos de adquisición.

El tratado también contempla la existencia de una Comisión Consultiva Bilateral (BCC)[xvii]. Este órgano, que celebra sus reuniones en la ciudad de Ginebra, es al que el tratado asigna la misión de promover la implementación de las disposiciones del mismo, resolver las cuestiones relativas a las obligaciones de las partes, acordar medidas adicionales para asegurar la efectividad del tratado y resolver cuestiones o conflictos que puedan surgir en la aplicación de lo dispuesto en el mismo.

El futuro del tratado Nuevo START

El tratado Nuevo START expirará el próximo 5 de febrero de 2021, lo que significará la desaparición del único instrumento vigente que actualmente limita la proliferación de armas nucleares estratégicas entre Estados Unidos y Rusia. En varias ocasiones, el presidente ruso Vladimir Putin ha expresado públicamente el deseo de Rusia de extender el tratado cinco años más. Sin embargo, Washington todavía estudia su postura final, en el Congreso de Estados Unidos se han podido escuchar opiniones a favor y en contra de la ampliación de la vigencia del tratado. La administración Trump en el Nuclear Posture Review (NPR) de 2018, documento en el que Estados Unidos da a conocer su postura nuclear oficial, confirma que los Estados Unidos cumplirán su compromiso con el tratado hasta 2021, pero no hace referencia a su posible ampliación (NPR, 2018). Es evidente que ya no se dispone del tiempo necesario para negociar un nuevo acuerdo, más aún cuando los antecedentes históricos prueban que las negociaciones sobre el control de armamentos requieren un largo periodo de tiempo para alcanzar un acuerdo.

Para los militares norteamericanos el aspecto del tratado más valorado es su sistema de verificación, el cual les permite tener un conocimiento real del despliegue, tamaño y capacidades de la triada nuclear de las fuerzas rusas, este conocimiento de la situación sería imposible mantener con la desaparición del tratado. En general, el contacto profesional regular entre militares conforme a los protocolos establecidos en los tratados de desarme y control de armamento, ya se trate de armamento nuclear o convencional, permite tener una percepción más realista del estado y moral de las fuerzas armadas de la otra parte.

A su vez, otros expertos norteamericanos hacen más hincapié en algunos aspectos que son motivo de inquietud. Uno de ellos sigue siendo la falta de control sobre las armas nucleares no estratégicas, ya que las fuerzas rusas cuentan con más de 2000 ojivas nucleares no estratégicas (DIA, 2017) que pueden ser desplegadas en una gran variedad de armas tácticas[xviii], a lo que hay que sumar los notables avances rusos en la precisión y alcance de estos sistemas portadores de cabezas nucleares de baja potencia.

Otro de los errores achacados al vigente tratado es la prohibición o falta de restricciones a la modernización de los sistemas de armas nucleares estratégicas. Actualmente, las dos naciones se encuentran empeñadas en costosos procesos de modernización de sus fuerzas nucleares. Los Estados Unidos están empeñados en la actualización de su triada nuclear[xix], sus proyectos más destacados son la sustitución del veterano misil Minuteman por un nuevo sistema conocido como Disuasión Estratégica Basada en Tierra (GBSD)[xx], los nuevos submarinos nucleares de la clase Columbia y un bombardero de largo alcance de nueva generación denominado B-21 Raider. Por su parte, la industria militar rusa ha logrado desarrollar avanzados sistemas de armas, como el misil ICBM Sarmat, el sistema hipersónico con capacidad para maniobrar Avangard, el misil balístico aire-tierra (ALBM)[xxi] denominado Kinzhal (Daga), el misil de crucero de largo alcance Buresvestnik, y el vehículo submarino no tripulado de propulsión nuclear Poseidón, todos ellos desarrollados con la intención de penetrar los avanzados sistemas de defensa antimisil. Algunos de estos nuevos sistemas no están sometidos a restricción alguna, al no caer dentro de las definiciones de los sistemas limitados por el Nuevo START.

Más aún, algunos críticos con el tratado Nuevo START han cuestionado si el desarme y control de armamentos debe seguir siendo parte de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Rusia. Desde su punto de vista, este tipo de relación es considerada una herencia trasnochada de la Guerra Fría, las relaciones entre los dos países deben basarse en normas diferentes a la estabilidad estratégica y el equilibrio en el número de cabezas nucleares, criterios considerados por este grupo como propios de aquella época.

Pero la mayor preocupación para Estados Unidos proviene de las cada vez más capaces fuerzas nucleares de China. Especialmente por la incertidumbre que genera la posibilidad de un cambio en la hasta ahora doctrina nuclear china de no primer uso y del desconocimiento de sus intenciones a largo plazo. Estados Unidos se ha mostrado partidario de involucrar a China en el control de armamentos[xxii], lo que permitiría verificar las capacidades de las fuerzas nucleares chinas por primera vez. Para algunos analistas, esto serviría mejor los intereses de seguridad de Estados Unidos que limitarse a la extensión del Nuevo START. Estas cuestiones hacen a los responsables norteamericanos considerar la negociación de otro tratado con diferentes condiciones y que incluyera a China, aunque la disparidad en tamaño de los arsenales norteamericano y ruso con el más reducido de China sería difícil de conciliar. Esta propuesta ha sido rechazada en varias ocasiones por China[xxiii], que ha reiterado que Estados Unidos y Rusia deberían antes reducir sus enormes arsenales nucleares. Además, un sistema de verificación con inspecciones sobre el terreno sería considerado un anatema por las autoridades chinas. Rusia, por su parte, se ha mostrado dispuesta a apoyar cualquier iniciativa multilateral que mejore la estabilidad y seguridad internacional. En 2019, el diplomático ruso Sergey Ryabkov[xxiv], autoridad destacada del Ministerio de Exteriores de Rusia, manifestó que en este formato también deberían participar Francia y el Reino Unido[xxv]

Pero la crisis de Ucrania, las diferencias en el conflicto de Siria y la finalización del tratado de misiles de alcance intermedio (INF)[xxvi] en 2019 han llevado a que nos encontremos en uno de los puntos más bajos en las relaciones entre los dos países, lo que no ha favorecido un clima adecuado para la negociación de un nuevo acuerdo. Se vuelve así a confirmar que las negociaciones sobre la limitación y control de armamentos son un claro indicador del estado de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia.

Llegados a este punto, cabe preguntarse por cual será el futuro del control del armamento nuclear. La primera opción a considerar es la extinción del tratado Nuevo START. Esto conduce a una situación que no tenía lugar desde el principio de la década de los años setenta, ya que desde entonces siempre ha existido algún tipo de acuerdo sobre el control del armamento nuclear entre las dos potencias. Esta inédita situación aumentará el riesgo y la incertidumbre en las relaciones entre los dos países y podría tener consecuencias negativas en el régimen de no proliferación nuclear.

La segunda opción consistiría en la extensión del tratado hasta 2026, lo que significaría mantener la situación de estabilidad y daría más tiempo a las partes para negociar otro acuerdo que sustituya al tratado vigente. La más ambiciosa y deseable opción sería la negociación de un nuevo tratado de carácter multilateral que continuara con la reducción del armamento nuclear estratégico, incluyera el control de las armas nucleares no estratégicas y contemplara los nuevos sistemas de armas aparecidos recientemente y no sujetos a control.

Conclusiones

El tratado Nuevo START ha reforzado la estabilidad estratégica, ha proporcionado un vínculo legal para la reducción de los arsenales nucleares y ha contribuido a establecer una estable relación entre Estados Unidos y Rusia.

El próximo 5 de febrero de 2021 desaparecerá el tratado Nuevo START, salvo que las partes decidan a última hora prorrogarlo por cinco años más. La desaparición del único tratado vigente que limita la proliferación de armas nucleares estratégicas aumentará el riesgo y la incertidumbre en las relaciones de las dos potencias nucleares y podría abrir la puerta a una nueva carrera armamentística, no sólo por conseguir más modernos y avanzados sistemas de armas, situación que ya está teniendo lugar, sino en el aumento descontrolado del número de ellas. Si se confirma esta tendencia, sin duda tendrá consecuencias negativas en el régimen de no proliferación nuclear internacional.

Referencias

DIA (2017), “Russia Military Power”, Defense Intelligence Agency, p. 31. https://www.dia.mil/Portals/27/Documents/News/Military%20Power%20Publications/Russia%20Military%20Power%20Report%202017.pdf

Norris, Robbert S. & Kristensen, Hans M. (2010), “Global nuclear weapons inventories, 1945–2010”, Bulletin of the Atomic Scientists, 66:4, 77-83, p. 81.

NPR (2018), “Nuclear Posture Review 2018”, Department of Defense of the United States, February 2018, p 73. https://media.defense.gov/2018/Feb/02/2001872886/-1/-1/1/2018-NUCLEAR-POSTURE-REVIEW-FINAL-REPORT.PDF

Woolf, Amy F. (2020), “The New START Treaty: Central Limits and key Provisions”, Congressional Research Service https://crsreports.congress.gov R41219, p. 31 y 32.


[i] La crisis de los misiles de Cuba, o Crisis de Octubre de 1962, fue el momento durante la Guerra Fría en la que se estuvo más cerca del inicio de una guerra nuclear a gran escala. Pero también tuvieron lugar durante ese periodo numerosos incidentes y falsas alarmas que pudieron haber provocado una catástrofe nuclear.

[ii] The New START por sus siglas en inglés: STrategic Arms Reduction Treaty. El título oficial del tratado es “Treaty Between the United States of America and the Russian Federation on Measures for the Further Reduction and Limitation of Strategic Offensive Arms”. Al cuerpo del tratado, su protocolo de aplicación y anexos técnicos se puede acceder en https://2009-2017.state.gov/t/avc/newstart/c44126.htm

[iii] Armas nucleares estratégicas son las diseñadas para alcanzar objetivos situados a una distancia superior a los 5500 km.

[iv] https://www.youtube.com/watch?v=YSrOmTqsFiE

[v] Cámara baja del parlamento de Rusia.

[vi] ICBM por sus siglas en inglés: InterContinental Ballistic Missile.

[vii] SLBM por sus siglas en inglés: Submarine-Launched Ballistic Missile.

[viii] SALT por sus siglas en inglés: Strategic Arms Limitation Talks.

[ix] ABM Treaty por sus siglas en inglés: Anti-Ballistic Missile Treaty.

[x] MIRV por sus siglas en inglés: Multiple Independently targetable Reentry Vehicle. El término “vehículo de reentrada” se refiere a una parte de la sección delantera de la fase final del misil, diseñado para sobrevivir a la reentrada en la atmosfera terrestre, con la misión de llevar una cabeza nuclear a un objetivo.

[xi] SDI por sus siglas en inglés: Strategic Defense Initiative. La Iniciativa de Defensa Estratégica fue el programa militar del Departamento de Defensa de los Estados Unidos cuyo objetivo era construir un sistema defensivo con armas espaciales capaz de neutralizar un ataque nuclear con armas nucleares estratégicas.

[xii] NPT por sus siglas en inglés: Non-Proliferation Treaty.

[xiii] SORT por sus siglas en inglés: Strategic Offensive Reductions Treaty.

[xiv] ALCM por sus siglas en inglés: Air-Launched Cruise Missile.

[xv] SSBN por sus siglas en inglés: Ship, Submersible, Ballistic, Nuclear.

[xvi] NTM por sus siglas en inglés: National Technical Means.

[xvii] BCC por sus siglas en inglés: Bilateral Consultative Commission.

[xviii] Misiles balísticos de corto alcance, misiles aire superficie, bombas de gravedad, torpedos, cargas de profundidad, misiles anti-buque, antiaéreos y anti-submarinos.

[xix] Ver “Las fuerzas nucleares de Estados Unidos”, Global Strategy Report 29/2020, mayo de 2020, https://global-strategy.org/las-fuerzas-nucleares-de-estados-unidos/

[xx] GBSD por sus siglas en inglés: Ground-Based Strategic Deterrent.

[xxi] ALBM por sus siglas en inglés: Air Launched Ballistic Missile.

[xxii] https://www.state.gov/wp-content/uploads/2020/04/T-paper-series-1-Arms-Control-2.pdf

[xxiii] https://www.fmprc.gov.cn/mfa_eng/xwfw_665399/s2510_665401/2511_665403/t1735126.shtml

[xxiv] https://www.mid.ru/en/about/structure/deputy_ministers/-/asset_publisher/7AT17IymWZWQ/content/id/647925

[xxv] https://interfax.com/newsroom/exclusive-interviews/69585/

[xxvi] INF por sus siglas en inglés: Intermediate-range Nuclear Forces Treaty. El Tratado puede ser consultado en: https://www.state.gov/t/avc/trty/102360.htm#text


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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Miguel Campos Robles

Miguel Campos Robles es Teniente Coronel del Ejército de Tierra, antiguo alumno del Master en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada

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