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La política exterior de Turquía y la cuestión kurda: la llegada del AKP y Recep Tayyip Erdogan

https://global-strategy.org/la-politica-exterior-de-turquia-y-la-cuestion-kurda-la-llegada-del-akp-y-recep-tayyip-erdogan/ La política exterior de Turquía y la cuestión kurda: la llegada del AKP y Recep Tayyip Erdogan 2024-11-27 17:06:37 Domingo Abril Gámiz Blog post Estudios Globales Global Strategy Reports Oriente Medio

Global Strategy Report, 18/2024

Resumen: Desde la llegada al poder del AKP en 2002 y bajo el liderazgo de Recep Tayyip Erdogan, la cuestión kurda ha desempeñado un papel fundamental tanto en la política interior como exterior de Ankara. Desde la perspectiva del realismo neoclásico, el contexto geopolítico regional, sumado a los balances de poder internos del gobierno y la visión personal de Erdogan han influido en la política exterior de Turquía en Oriente Medio y en su relación con la población kurda. En los primeros años del gobierno, bajo el islamismo liberal se continuó con la política de apertura kurda, mejorando sus derechos culturales y buscando un diálogo con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) con miras a la adhesión de Turquía a la Unión Europea. Sin embargo, la búsqueda de poder del AKP y de Erdogan, y el clima geopolítico regional han llevado al cambio en la política exterior turca, caracterizada por el neotomanismo y la securitización de la cuestión kurda, con operaciones militares en Irak o Siria para frenar una mayor autonomía kurda en la región que pueda amenazar la integridad territorial turca.

Para citar como referencia: Abril Gámiz, Domingo (2024), «La política exterior de Turquía y la cuestión kurda: la llegada del AKP y Recep Tayyip Erdogan», Global Strategy Report, 18/2024.


Introducción

Tras la caída del Imperio Otomano al finalizar la I Guerra Mundial, el tratado de Sèvres[i] repartiría el territorio imperial principalmente entre Francia, Reino Unido, Grecia e Italia (Mango, 2009: 59). Sin embargo, la resistencia del general Mustafá Kemal Atatürk, que lideró las fuerzas nacionalistas turcas, hizo frente a la ocupación aliada en la península de Anatolia, dando lugar a la Guerra de la Independencia entre el 1919 y el 1923.  El tratado de Lausana (1923), con el que se puso fin a la misma, estableció las bases institucionales de Turquía y su delimitación geográfica, buscando un país moderno y occidentalizado (Veiga, 2019: 691).

El tratado de Sèvres, en consonancia con la perspectiva wilsoniana y la idea de una nación, un Estado, contemplaba la creación del Estado del Kurdistán, que incluiría a todos los kurdos de la región (Durán, 2002: 3). Sin embargo, al no entrar en vigor, sus aspiraciones se vieron frustradas y los territorios se distribuyeron entre Turquía y una serie de países bajo el mandato británico o francés. Tras la salida de las potencias europeas en 1932 de Irak y en 1946 de Siria (Salamanca, 2020) se conformaron los Estados del actual Oriente Medio.

La historia kurda se remonta a hace más de 5000 años, cuando tribus descendientes de la civilización Meda llegaron al territorio conocido como Kurdistán, unos 190.000 kilómetros cuadrados entre las actuales Turquía, Siria, Irak e Irán. A lo largo del tiempo han estado bajo imperios como el persa, heleno, romano, bizantino, seleúcida y otomano hasta el fin de este (Fernández, 2007: 231). Pese a que actualmente no hay censos que permitan saber el número exacto de kurdos, se estima que habitan entre 30 y 45 millones dentro de la región del Kurdistán (Held et al., 2018). Principalmente se distribuyen entre Turquía, donde habitan entre 15 y 20 millones; Irak con aproximadamente 8 millones; Siria con alrededor de 3; e Irán, con unos 10 millones[ii] (Institut Kurde de Paris, 2016).

Durante los años del gobierno de Atatürk con el Partido Republicano del Pueblo (por sus siglas en turco, CHP) el país evolucionó en base a la ideología kemalista, caracterizada por seis principios: el republicanismo, nacionalismo, populismo, laicismo, estatismo y reformismo (Prieto, 2013: 2). Influenciado por la Revolución Francesa, se tuvo siempre presente el concepto de “patria” para lograr la unidad del pueblo con relación a la identidad turca y a la existencia de un solo país delimitado tanto geográfica como culturalmente, independientemente de su religión, lengua o etnia (Castro, 2011: 89).

Desde la fundación del país, Atatürk buscaba una Turquía moderna y secular, tratando de alinear al país con Occidente. Cualquier tipo de gobierno autónomo en el país habría interferido con sus planes, en especial en una región como la de mayoría kurda, considerada para él como atrasada (Mango, 1999: 19). En las décadas siguientes, las políticas respecto a la minoría kurda fueron variando entre la represión y la asimilación forzosa, con prácticas más recientes de conciliación y reconocimiento de derechos culturales. Las políticas homogeneizadoras y de turquización negaron su existencia como grupo étnico separado. Ejemplo de esto fue la prohibición del aprendizaje y uso de la lengua kurda en las escuelas turcas.

La aparición del PKK en la década de los 80 marcó una nueva etapa en las políticas hacia la población kurda. Considerado como una organización terrorista que luchaba por la independencia del Kurdistán y la autodeterminación de las minorías kurdas, el gobierno reaccionó con estados de emergencia y operaciones militares sobre las regiones kurdas del país, dando lugar a miles de muertos y desplazados. En los años 90, durante el gobierno de Turgut Özal, se pasó de una visión conservadora a una liberal, permitiendo el lenguaje kurdo y buscando una aproximación con el PKK, en consonancia con lo deseos turcos de adhesión a la Unión Europea (Ramírez, 2019: 25).

La creación del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP por sus siglas en turco) en 2001 y su ascenso al poder al frente de Recep Tayyip Erdogan un año después, al mismo tiempo en el que Turquía aspiraba a convertirse una potencia regional e integrarse dentro de la Unión Europea, mantuvo el enfoque liberal de los años anteriores. Tratando de mantener su mayoría en el gobierno, el AKP ha ido cambiando su enfoque sobre la cuestión, securitizando o desecuritizando la misma según sus intereses y tratándola en ocasiones como un problema de terrorismo. La búsqueda de poder de Erdogan también ha enardecido las medidas tomadas contribuyendo al proceso de autocratización que se ha dado en el país.

Respecto a la política exterior del AKP, a partir del 2009 se dejaron a un lado las pretensiones occidentales con un sentimiento de eurofatiga (Usul, 2008) para tratar de recuperar la influencia del país dentro de Oriente Medio. La prioridad de Ankara por mantener su integridad territorial y prevenir la creación de un Estado independiente kurdo ha moldeado las relaciones internacionales con los países vecinos. El conflicto originado en Siria, tras las Primaveras Árabes, o la autonomía política del Kurdistán iraquí han influido en las relaciones entre Turquía y el resto de los países vecinos.

Pero la política exterior turca y la relación de esta con la cuestión kurda es un tema complejo que debe analizarse teniendo en cuenta numerosos factores, tanto externos como internos. El presente trabajo trata de responder a la siguiente pregunta de investigación: ¿cómo ha afectado la cuestión kurda en la política exterior de Turquía desde la llegada al poder del AKP y Recep Tayyip Erdogan?

El principal objetivo del trabajo, tras introducir la evolución histórica de la República de Turquía y del pueblo kurdo, es entender cómo ha influido en la construcción de la política exterior de Ankara la cuestión kurda. El periodo temporal de estudio se centrará desde la llegada al poder del gobierno del AKP en 2002 hasta 2023.

Para cumplir con el objetivo principal es necesario la consecución de una serie de objetivos secundarios:

  1. Entender la cuestión kurda, así como la historia y vida del pueblo kurdo, desde la descomposición del Imperio Otomano hasta la actualidad, en Turquía y sus países vecinos.
  2. Conocer cómo la cuestión kurda ha modelado las políticas de los países en Oriente Medio.
  3. Profundizar cómo esta ha influido en la vida y política interior de Turquía durante el gobierno de Recep Tayyip Erdogan.

El trabajo presenta cronológicamente la evolución en la política, tanto interna como externa, de la República de Turquía, centrándose en la importancia e influencia que tiene la cuestión kurda a la hora de modelarlas. Por tanto, no sólo ofrece un enfoque retrospectivo, sino que también se extiende hasta los años más recientes del gobierno turco.

La metodología de este trabajo consiste en un análisis de fuentes secundarias relacionadas con el tema en cuestión. A partir de una recopilación bibliográfica se entenderá la evolución de la política exterior turca a lo largo de los años, y cómo el conflicto kurdo ha incidido en la misma. Para la realización de este se enfocará la cuestión desde la perspectiva del realismo neoclásico, puesto que se entiende que la política exterior turca ha estado condicionada no solo por factores sistémicos, sino por varios factores internos también. La búsqueda de información será en base a trabajos, artículos y textos de otros autores relacionados con la materia de estudio.

Tras esta introducción, el siguiente capítulo proporcionará la base conceptual y teórica sobre la que se construye el trabajo. Posteriormente, se describirá la evolución de la cuestión kurda en Turquía y los países de Oriente Medio durante el siglo XX. Por último, en la parte central del trabajo se analizará la política exterior kurda desde la llegada del AKP y los factores por los que ha estado condicionada, para finalizar con las conclusiones.

Marco teórico

A continuación, se introducirá la teoría del realismo neoclásico, y cómo esta es una de las más apropiadas para analizar la política exterior turca, puesto que además del contexto sistémico, está condicionada por una serie de factores internos. Posteriormente se explicará el concepto de “Cuestión Kurda” y sus implicaciones teóricas, de gran relevancia para el trabajo. En este contexto se expone la teoría de la securitización, que analiza cómo ciertos temas, como la cuestión kurda en Turquía, pasan de ser una cuestión meramente política a una amenaza existencial que justifique medidas extraordinarias.

El realismo neoclásico y la política exterior

El realismo ha sido una de las teorías más estudiadas y desarrolladas en las relaciones internacionales. El enfoque realista considera que los Estados no disponen de un organismo superior que pueda garantizarles la seguridad y, por tanto, deben lograrla por sí solos. Los actores políticos calculan sus respuestas en función de su interés, siendo su supervivencia lo más importante. Además, la ausencia de una autoridad superior da lugar a la anarquía, por lo que cada Estado tiene que valerse de sí mismo y su poder frente al resto. Por tanto, según la teoría realista, los Estados definen su política exterior según razones estratégicas, como consecuencia de los cambios en el sistema internacional, y no con fines internos (Zakaria & Snyder, 1992: 179). No se deniega que las políticas internas influyan, pero indican que las presiones internacionales son más relevantes que las internas o la ideología. Los nuevos abordajes de este enfoque dieron lugar a varias tendencias (Merke, 2012).

En la primera ola realista, se consideró el Estado como la entidad de mayor importancia en los asuntos globales. Se destacó la inherente conflictividad humana y la búsqueda de acumulación de poder en un entorno egoísta.

En la segunda ola, el enfoque de la naturaleza humana y del Estado como causa de las relaciones internacionales es sustituido por el realismo estructural o neorrealismo, que sostiene que para entender las relaciones internacionales se debe descifrar la naturaleza del sistema internacional (Waltz, 2001). Este podría dar lugar a un realismo defensivo, en el que la anarquía internacional es más apacible, por lo que los Estados sólo actuarían (de forma proporcional y equilibrada) ante amenazas externas, lo que se producirían raramente (Rose, 1998: 149). Por otro lado, en el realismo ofensivo los Estados tienden a tomar acciones que pueden desencadenar en conflictos. Pese a que los Estados comiencen por un motivo defensivo, la estructura del sistema internacional les hace actuar de manera ofensiva (Mearsheimer, 1994). Aunque el realismo estructural no está diseñado para estudiar la política exterior de un país concreto o una intervención militar concreta, propone una teoría general sobre la política internacional (Jordán, 2022).

En la tercera y última ola surge el realismo neoclásico, que continúa con el clásico sin estar en contra de la perspectiva estructural. El realismo neoclásico vincula variables independientes, intervinientes y dependientes en una cadena causal directa (Rose, 1998, p. 167). Coincide en que el entorno internacional sigue siendo la variable independiente, configurando la política exterior de los Estados, pero estos no tienen por qué ser racionales. Diferentes respuestas de los Estados dentro de un mismo contexto sistémico son explicadas por sus factores domésticos (Schweller, 2004: 162-166). El tipo de régimen (democrático o no democrático) y de líder pueden dar predicciones más acertadas sobre los cambios de poder, resultando en la acomodación de los Estados, guerras preventivas, alianzas estratégicas o búsqueda del equilibrio interno (Schweller, 1992: 267). Por ejemplo, en Estados no democráticos o cuasi-democráticos, el deseo del líder por mantenerse y perpetuarse en el poder también puede influir en sus políticas (Ripsman, 2009: 182).

Un mismo estímulo sistémico puede percibirse de distinta forma en función de la persona que toma las decisiones en nombre del Estado, y esta se puede equivocar en la identificación de opciones o en la evaluación de las consecuencias de sus acciones (Jervis, 1976; Wohlforth, 1993). A su vez, está influida también por una serie de condicionantes internos e intervinientes. El realismo neoclásico, por tanto, enlaza variables a nivel internacional con variables a nivel doméstico, como las percepciones de los líderes, de las élites o la influencia del resto de actores internos (Merke, 2012: 254).

Para analizar la política exterior turca se considera el realismo neoclásico como la teoría más acertada, puesto que está determinada de forma externa por las condiciones del sistema internacional y su interacción con los diversos factores domésticos internos.

La incertidumbre global, así como la amenaza potencial es fundamental para la concepción de la anarquía en el realismo (o neorrealismo) (Taliaferro et al., 2009). Las adversidades a las que se enfrentan los países para evaluar los cambios de poder relativo y la retroalimentación sistémica son temas persistentes en la literatura realista neoclásica, condicionando y modelando sus políticas exteriores (Taliaferro, 2009). En el caso de Turquía, su política exterior al principio del siglo XXI estuvo supeditada a su posible adhesión a la Unión Europea. Sin embargo, el enfriamiento de las relaciones con Bruselas, las Primaveras Árabes o la mayor autonomía del Kurdistán iraquí han ido modelando la cuestión kurda en Oriente Medio y ofreciendo nuevas oportunidades y desafíos de seguridad para la política exterior de Ankara.

Además, al verse desde un punto de vista neoclásico, como variables intervinientes es necesario prestar atención a todos aquellos factores domésticos del país. Ripsman, Taliaferro y Lobell (2016) consideran cuatro principales conjuntos de variables:

  • Creencias de las élites. La percepción de quienes toman las decisiones en materia de acción exterior suponen condicionantes que afectan a las respuestas internacionales (Jordán, 2022). Las figuras de Erdogan y Davutoglu, han sido fundamentales para dirigir la política exterior turca. Su narrativa nacionalista ha utilizado la cuestión kurda para fortalecer su imagen de protector de la unidad del país y su seguridad nacional.
  • Cultura estratégica. Referido a las creencias o ideologías políticas que influyen en la comprensión del contexto internacional por parte de las élites políticas o la sociedad. La cultura estratégica se logra con el tiempo, y puede ir evolucionando con el paso de este. Aunque la fundación de la República de Turquía trajo consigo el kemalismo, la llegada del AKP cambió la cultura estratégica frente a nuevos estímulos.
  • Relación Estado-Sociedad. Interacciones entre las instituciones del gobierno y las grupos económicos y sociales (Ripsman et al., 2016). Gobiernos débiles y sin apoyo no lograrán llevar a cabo sus aspiraciones. Para lograr este apoyo público dentro del país pueden cambiar sus respuestas en asuntos exteriores, como ha pasado en Turquía con la securitización o desecuritización de la cuestión kurda.
  • Instituciones de la política interna. Moldean la política exterior y la doctrina de seguridad. Abarca desde las instituciones formales, las posiciones de los partidos políticos o las reglas y normas que regulan quién controla a quién y cómo (Jordán, 2022).

Otras variables intervinientes también pueden influir en la política exterior dentro de un mundo multipolar inestable, exacerbando o mitigando las tendencias inherentes a la estructura sistémica. A partir de las mismas y del entorno estratégico, la implementación de la política exterior dará lugar a distintos tipos de respuestas, cuyas consecuencias en el panorama global retroalimentarán de nuevo el sistema internacional.

Modelo completo del realismo neoclásico. Fuente: Ripsman et al. (2016).

La cuestión kurda

La cuestión kurda es uno de los ejes principales de este trabajo. Cuando se escribe sobre este concepto se puede interpretar de diversas maneras. En muchas ocasiones la “cuestión kurda” (también llamada como el “dilema kurdo”) hace referencia a la lucha armada existente entre milicias kurdas contra la opresión y trato de los gobiernos de Oriente Medio a la población kurda. Para este trabajo, la “cuestión kurda” no se refiere solo al conflicto armado nacionalista; hace referencia, de forma holística, al movimiento político, étnico y social del pueblo kurdo para reivindicar sus derechos culturales e identidad en las regiones donde se extiende (Mustafa, 2023: 7). Uno de los países donde más ha afectado la cuestión kurda es en Turquía, modelando la política interna y exterior del país conforme a la situación de esta minoría. Además, en los países anexos como Siria, Irak o Irán, la cuestión kurda ha influido y sigue influyendo hoy en día en las relaciones bilaterales entre las regiones de Oriente Medio.

Uno de los aspectos de la cuestión kurda es el derecho a la autodeterminación, abogando por la creación de un Kurdistán independiente o con una gran autonomía dentro de los Estados de Oriente Medio. Una parte significativa de la población kurda ha desarrollado una identidad étnica politizada, por lo que esta juega un papel fundamental en la motivación de sus acciones (Romano, 2006: 8). Numerosos movimientos nacionalistas kurdos han surgidos en estos países, como el PKK en Turquía, el PUK (Unión Patriótica del Kurdistán) en Irak o el KDPI, el Partido Democrático del Kurdistán de Irán.

Securitización y desecuritización

La teoría de la securitización, basada en los conceptos de seguridad formulados por la Escuela de Copenhague tras la Guerra Fría, es fundamental para analizar la cuestión kurda en Turquía. Según esta teoría, la “seguridad” implica llevar la política más allá de las reglas establecidas y enmarcar la cuestión como un tipo especial de política o por encima de la política (Buzan et al., 1998: 23). Esto no se limita solo al área nacional-militar, sino que también abarca los aspectos ambientales, económicos, sociales y políticos. En el contexto turco, al declarar que la cuestión kurda amenaza la soberanía nacional y la integridad territorial, los principales actores políticos reclaman el derecho a medidas extraordinarias para garantizar su supervivencia, trasladando el problema de la esfera de la política normal a la de emergencia y sin las regulaciones normales (Taureck, 2006: 56). Así, la securitización de la cuestión kurda justifica la adopción de medidas que busquen neutralizar lo percibido como una amenaza existencial, influyendo en la política exterior turca.

La securitización da lugar a que una cuestión pase de un área política, en la que se abordan negociaciones y medidas políticas para abordarla, a un espacio de seguridad, no político pero politizado. Puede verse como una versión más extrema de politización (Buzan et al., 1998: 23). Cuando una cuestión se securitiza, se entiende como una amenaza existencial, necesitando medidas excepcionales y justificando acciones fuera de los límites normales del procedimiento político.  Del mismo modo, a partir de la desecuritización (el proceso contrario), cuestiones tratadas como materia de seguridad pasan a convertirse en políticas y permiten una discusión libre.

El proceso de securitización está basado en tres elementos específicos (Buzan et al., 1998: 36):

  1. Objetos de referencia: Aquello que se considera existencialmente amenazado y tiene una pretensión legítima de soberanía, como la identidad.
  2. Aquellos actores que securitizan una cuestión –el objeto de referencia– por estar amenazada, como el ejército, las élites políticas o los gobiernos.
  3. Actores funcionales: Sin ser parte de los anteriores, afectan a las dinámicas de las decisiones en materia de seguridad por su papel en la cuestión, como un partido político o una empresa privada.

Entre las principales funciones de los gobiernos se encuentra el mantenimiento del orden civil y la paz, así como de las administraciones y la ley. La integridad territorial es muchas veces añadida y tomada como un tema de seguridad si es amenazada. Cuando la amenaza es interna, el objetivo reside en que las élites sean capaces de mantener en paz a la población civil. La forma más común de estos desafíos son los separatistas, revolucionarios o terroristas.

Desde la fundación de la República, y principalmente desde la creación del PKK, la securitización de la cuestión kurda ha llevado a tomar medidas extraordinarias, como estados de excepción en las zonas del país de mayoría kurda o los ataques a los partidos pro-kurdos (Geri, 2017: 6). El objeto de referencia se toma al considerar como amenazada la soberanía e identidad turca por la autonomía regional y los derechos culturales kurdos. Los principales actores que han securitizado la cuestión kurda han sido el gobierno y las élites turcas, así como el ejército, escalando el conflicto contra el PKK para señalar los partidos políticos kurdos y evitar las reivindicaciones kurdas en el ámbito político. Entre los actores funcionales, los mayores beneficiados son los partidos políticos como el AKP, al dejar fuera o limitar en la escena política a los partidos políticos pro-kurdos. La desecuritización de la cuestiónse ha debido a varios factores, pero principalmente destaca la presión e influencia de los actores externos. La posibilidad de entrada en la Unión Europea produjo una visión más liberal, pluralista y flexible sobre la cuestión kurda, dando lugar a una democratización interna del gobierno y a tomar la cuestión como un tema “normal” político (Weiss, 2016: 571).

Turquía y el siglo XXI

El patriotismo, la soberanía nacional y la independencia que habían dado lugar al nacionalismo turco siguieron presentes tras la creación de la República de Turquía. La política de Atatürk estuvo marcada por la secularización, una de las herramientas que conduciría a la modernización y occidentalización del país. Las Fuerzas Armadas turcas lideraron esta evolución del Estado, garantes del mantenimiento del laicismo en el país. Del mismo modo, durante sus primeros años, la República evolucionó del autoritarismo (1923-1950) a un sistema multipartidista (M. Durán, 2013: 12). En 1924 se fundó el Partido Republicano Progresista, con un programa liberal-democrático que criticaba la administración kemalista. Sin embargo, tan solo un año después fue cerrado al ser acusado de apoyar la revolución kurda de Sheik Said (Ruysdael & Yücel, 2002).

Atatürk, tras haber asegurado el régimen y la estabilidad interna, fundó su sistema de nacionalidad basado en la nueva cultura política y la etnia turca. Mientras que el otomano se había caracterizado por la autodefinición de sus grupos étnicos, este nuevo sistema estaba definido por la nacionalidad del pueblo  (Ataman, 2002: 123). Dentro del kemalismo, la turquización del territorio negó el resto de los grupos étnicos, agrupando todos, independientemente de su religión o nacionalidad, como turcos. El tratado de Lausana, sobre el que se asentaba la República, regulaba entonces las minorías étnicas y era usado por los turcos para justificar la ausencia de un estatus diferente al resto para cualquier minoría en el país, siendo todos tratados por igual (Mango, 1994). Sin embargo, pese a no cumplirse, el tratado de Sèvres fue para los kurdos un reflejo de sus aspiraciones de independencia y reconocimiento, permaneciendo la amenaza sobre el gobierno.

Se negó la existencia de cualquier grupo étnico que no fuera el turco, lo que hizo que los kurdos fueran forzados a asimilarse en la sociedad turca. Los colegios kurdos, asociaciones, publicaciones, fraternidades religiosas o fundaciones fueron prohibidos. No estaba permitido enseñar, escribir o publicar en kurdo, así como hablarlo públicamente en la calle. Esto originó numerosas revueltas por parte de la población kurda, como las del Monte Ararat en 1927 o las de Dersim en 1937 (Ataman, 2002: 127). Durante los siguientes años no surgieron más voces que reclamasen la identidad kurda

En los años 50 y 60 comenzaron nuevas protestas reivindicativas, pero no fue hasta 1978 cuando una mayor actividad violenta contra el Estado, a raíz del aumento de la radicalidad política turca, originaría la creación del PKK (Durán, 2002: 5-6). Con el paso de los años, los objetivos del PKK y su fundador Abdullah Öcalan fueron evolucionando desde lograr la creación de un Estado independiente kurdo y marxista al reconocimiento de los derechos sociales, políticos y culturales del pueblo kurdo. Sin embargo, este movimiento político comenzó tras el Golpe de Estado de 1980 una la lucha armada contra el país, siendo considerado posteriormente como una organización terrorista por Turquía, la Unión Europea o Estados Unidos, entre otros. Su creación supuso un cambio en el enfoque de la cuestión kurda por parte del ejército turco, considerándolo un problema de seguridad para el país (Robins, 1993: 663).

Durante el periodo de Turgut Özal en el gobierno (de 1983-1989 como Primer Ministro, y de 1989 a 1993 como Presidente de la República) uno de los cambios más grandes realizados fue la desmilitarización del gobierno, en pro de una democracia liberal para el país. Hasta entonces, las Fuerzas Armadas habían tenido un estatus especial, ocupando puestos de poder y responsabilidad en la toma de decisiones y tratando de mantener el orden secular. Muestra de ello fueron los Golpes de Estado de 1960, 1971 o 1980. Otro de los aportes de Özal a la democratización fue el proceso de descentralización que llevó a cabo, cediendo poder del órgano central a las administraciones locales, para así lograr el desarrollo equitativo del país y enfatizando las necesidades locales, lo que favoreció a la población kurda (Ataman, 2002: 134-135).

Con relación a las minorías étnicas, la abolición de la ley 2932 (introducida en 1983 con objeto de imponer a otros grupos étnicos el turco y olvidar sus lenguas) anulaba la prohibición del uso, ya sea hablado o por escrito, de cualquier idioma no reconocido como el oficial de otro país (Hale, 2013). El cambio de política de Özal respecto a la kemalista buscaba, además de la democratización, mejorar la relación con el pueblo kurdo. En marzo de 1993, un alto el fuego tras 9 años de conflicto armado trataba de entablar negociaciones de paz con el PKK. Sin embargo, la muerte de Özal el 17 de abril del mismo año detendría el proceso.

Relaciones con los países vecinos

En consonancia con la idiosincrasia occidental, durante el siglo XX Turquía había buscado la estabilidad con los países vecinos, un status quo. Bajo la premisa “Peace at Home, Peace in the World” (Yilmaz, 2021a: 29), se trató de lograr un círculo de seguridad en los territorios cercanos y con países occidentales. Las relaciones con Estados Unidos se vieron fortalecidas con la doctrina Truman y el Plan Marshall posteriormente. En 1952 Turquía entró en la OTAN, convirtiéndose en un actor de gran importancia estratégica para el bloque capitalista.

En la segunda mitad del siglo XX, las relaciones con algunos países vecinos como Grecia se intensificaron particularmente. Los conflictos recurrentes sobre Chipre dieron lugar a la intervención militar turca en 1974 (Prieto, 2013: 10-17). Las disputas sobre la delimitación del Mar Egeo y el uso de los recursos energéticos en él también exacerbaron las tensiones entre ambos países.

Por otro lado, las relaciones con Siria también se vieron deterioradas tras el apoyo turco a Israel en 1996, lo que originó el aumento de lazos sirios con el PKK. La situación llegó al límite de un conflicto armado hasta 1998, cuando se firmó el Acuerdo de Adana y con en el que Siria puso fin a las actividades del PKK en el país, obligando a Öcalan a salir del mismo, en donde tenía asilo político (Calatrava-García & Durán, 2022: 46) . El líder del PKK comenzó entonces un recorrido por varios países hasta ser detenido en 1999 en Kenia, para ser condenado a muerte (aunque luego la pena se conmutó a cadena perpetua). Además, la problemática de los recursos hídricos en Siria, así como las disputas por la región de Hatay habían sido tema de discrepancia entre los dos países. A raíz del Acuerdo de Adana, y con la llegada al poder de Bashar Al-Ásad, la colaboración entre ambos países aumentó tanto en el ámbito económico, con la Comisión Económica Mixta, como en el político o el militar, llevándose a cabo ejercicios de instrucción y adiestramiento conjuntos (Álvarez-Ossorio, 2011: 114).

En Irak, movimientos nacionalistas kurdos liderados por Mula Mustafá Barzani dieron origen al Partido Democrático del Kurdistán (PDK) en 1968, pero sufrieron una gran represión por parte del régimen de Sadam Husein. La guerra del golfo en 1991 internacionalizó la cuestión kurda, especialmente tras la resolución 688 de Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, dando mayor independencia al Kurdistán iraquí y forzando a los gobernantes turcos a iniciar diálogos con los líderes kurdos iraquíes (Fernández, 2007: 239). Además, este espacio de seguridad para los kurdos en el norte de Irak frente al régimen de Husein dio lugar a la formación de numerosos refugios de milicias kurdas en el borde iraquí con Turquía, conformándose una zona protegida para las bases del PKK. Fue la caída del régimen de Husein en 2003 lo que resultó en una autonomía política kurda en el país, controlada de facto por el Gobierno Regional del Kurdistán (KRG por sus siglas en inglés). La búsqueda de autonomía por parte de los kurdos iraquíes fue seguida de cerca por Turquía, sumándose estos movimientos separatistas en países vecinos a los internos, y aumentando las inseguridades turcas ante el temor a un levantamiento kurdo (Mustafa, 2023: 26-28).

En Irán, la mayor parte de kurdos se encontraban en el noroeste del país, en una zona conocida como Rojhilat, una de las más pobres del país. La ocupación del país por británicos, americanos y soviéticos en 1946 tras la Segunda Guerra Mundial fue una oportunidad para los kurdos de proclamar la independencia de la República del Kurdistán en Mahabad, la cual duraría tan solo unos meses. Cualquier movimiento político que se diera sin el permiso del Estado era perseguido, considerando que iba en contra de la monarquía y que trabajaba para los enemigos del país (Castillo, 2020: 145-146). También en 1979 el movimiento kurdo aprovechó el debilitamiento y caída de la monarquía Pahleví para tratar de mejorar sus derechos y necesidades con el nuevo régimen a través de grandes manifestaciones. Sin embargo, los intereses de forjar una fuerte república islámica centralizada del ayatolá Jomeini chocaban con los deseos de autonomía kurdos (Mansour & A. Jabar, 2019: 126). La cuestión kurda, al igual que en Turquía, se tomó como un asunto de seguridad, dándole categoría de “separatismo terrorista” para justificar el empleo de medidas excepcionales.

Análisis

Desde la llegada al poder del AKP al gobierno turco en 2002, la relación entre el Estado y la población kurda ha ido experimentando una serie de transformaciones. Esta ha estado marcada por las complejas interacciones en el panorama político interno y externo, los intereses nacionales y las dinámicas regionales.

El Partido ha ido transitando por varias fases, desde un enfoque más liberal y pluralista hasta una postura más represiva, en función del poder y la autonomía política del mismo en el gobierno. Además, la búsqueda de poder de su líder, Recep Tayyip Erdogan, ha provocado un giro autoritario (Durán, 2018), centralizando el control del aparato de seguridad bajo el pretexto de la seguridad nacional, lo que ha condicionado las relaciones del país con su población kurda. Por último, la política exterior turca se ha visto también condicionada por los desafíos externos relativos a la cuestión kurda en Oriente Medio, como la Guerra Civil Siria y el fortalecimiento de los kurdos en la frontera, las relaciones con el Kurdistán iraquí o la implicación de actores internacionales como Estados

Turquía, el AKP y la población kurda

Desde la llegada del AKP al gobierno se puede observar una transformación con el paso de los años. Esta evolución ha sido una compleja interacción con el panorama político tanto interno como externo, los intereses nacionales y la influencia de actores internaciones como han sido la Unión Europea, Estados Unidos o los países de Oriente Medio. Como sostiene Yilmaz, se pueden diferenciar tres versiones diferentes del partido: el AKP 1.0, marcado desde sus inicios por el islamismo liberal y una visión democratizadora, en línea con los requisitos de la UE; la versión del AKP 2.0, entre el 2008 y las protestas de Gezi en 2013, donde empieza a vislumbrarse un carácter más autoritario del partido; y la última versión, el AKP 3.0, desde el 2013 a la actualidad, con una postura autoritaria totalmente consolidada por Erdogan y reflejada tras el intento de golpe de Estado de 2016 o el cambio a un sistema presidencialista en 2018 (Yilmaz, 2021: 113-124).

En la primera versión del AKP la búsqueda de acceso a la UE, siendo Turquía un país candidato desde 1999, produjo en el país una necesidad de ganar legitimidad. Erdogan y su estilo de liderazgo eran por el momento un rompecabezas difícil de entender (Kesgin, 2020: 57), con un enfoque más liberal y pluralista hacia las cuestiones sobre los derechos de las minorías, que durante el kemalismo se habían visto como una amenaza para la seguridad del país (Weiss, 2016: 570). Por parte del gobierno se continuó con las reformas llevadas a cabo en agosto de 2002 para incentivar la entrada del país en la Unión y europeizar la cuestión kurda (Durán, 2002: 12-14). Destacan aquellas en materia de derechos humanos (conmutando la condena a muerte de Öcalan por cadena perpetua) o el fin a la prohibición de emisión de programas de radio o televisión en lengua kurda (Benli, 2011: 423). En consonancia con estas medidas, la cuestión kurda se desecuritizó, pasando de ser vista como una lucha por la independencia a ser más reconocida como un esfuerzo por visibilizar la identidad y cultura del pueblo kurdo.

En la versión del AKP 2.0 se empieza a producir lentamente un giro autoritario. La crisis económica de 2009, el apoyo de Erdogan a Palestina en Davos ese mismo año o las cuestiones enquistadas con Chipre o Grecia por el mar Egeo provocaron el enfriamiento con la UE. Con las negociaciones estancadas, los valores democráticos que Erdogan defendió anteriormente se erosionaron a medida que se consolidaba en el poder y mostraba un enfoque más beligerante hacia la oposición (Weiss, 2016: 574-576). Dentro del país, las investigaciones del caso Ergenekon (en el que se acusó a un presunto grupo clandestino compuesto por oficiales militares, jueces o periodistas, entre otros, de conspirar para derrocar al gobierno) mostraron el interés del AKP por reemplazar a kemalistas del gobierno (Yilmaz, 2021: 119-120). De igual forma, entre el 2009 y el 2012 se llevó a cabo en Turquía la “Apertura Kurda” (Kurdish Opening). Su fin era desarmar el PKK y solucionar el problema kurdo a la vez que lograr apoyo político y votos de la población kurda para beneficiarse y obtener una mayoría absoluta (Geri, 2017: 10) tras la creciente competencia entre el AKP y los partidos que apoyaban el movimiento kurdo.

Tras las protestas de Gezi y la forma de hacer frente a las mismas por parte del gobierno, el discurso de Erdogan y el AKP 3.0 mostraron la degradación de la democracia en el país, “de un tono más nacionalista y estatista, así como más divisivo y hostil, apuntando a cualquiera que se oponga a su gobierno y alienando a muchos antiguos seguidores” (Sawae, 2020: 1). Estas tendencias autocráticas se observan también en 2015, cuando el Partido Democrático de los Pueblos (HDP por sus siglas en turco), de naturaleza pro-kurda, criticó al gobierno del Erdogan y supuso el mayor obstáculo para su mayoría parlamentaria, al presentarse sus miembros como partido y no como candidatos independientes en las elecciones de junio. Cientos de sus miembros fueron arrestados y acusados de mantener supuestos vínculos con organizaciones terroristas. Tras el intento de golpe de Estado de 2016, del que todavía sigue habiendo dudas sin resolverse, una coalición formada por el AKP, CHP y el Partido de Acción Nacionalista (MHP), logró que Erdogan ganara el referéndum de 2017. Este, junto a las elecciones presidenciales de 2018, permitieron cambiar el sistema parlamentario en uno presidencialista, dando a Erdogan no sólo una posición hegemónica de facto, sino también de jure (Yilmaz, 2021: 120-124).

A raíz del intento de golpe de Estado en 2016, el gobierno asumió mayor control sobre el Ejército turco. Las Fuerzas Armadas turcas han sido muy influyentes en la implementación de la cultura estratégica en el país, con una historia de intervenciones y golpes de Estado desde la fundación de la República. Justificando la pertenencia de algunos oficiales al movimiento gülenista (supuesto autor del intento de golpe de Estado), el AKP llevó a cabo una purga en las Fuerzas Armadas, eliminando a los sectores gülenista y kemalista (Karaca & Köksal, 2023: 53).

Respecto a la cuestión kurda, tras las elecciones de junio de 2015, el HDP logró ser la tercera fuerza más votada, dejando al AKP sin la mayoría parlamentaria. Erdogan volvió a resecuritizar las demandas y actividades políticas del pueblo kurdo, poniendo fin a la iniciativa de “Apertura Kurda” y reavivando el conflicto contra el PKK, lo que originó grandes ataques de artillería sobre provincias kurdas (Akkoyunlu & Öktem, 2016: 519). La Guerra Civil Siria también provocó cambios en la relación del gobierno con la población kurda, aumentando la represión interna en respuesta a la amenaza que suponía el fortalecimiento de los kurdos sirios. En 2016 toda institución educativa kurda fue clausurada. Al año siguiente, un decreto presidencial cerraba las escuelas de enseñanza, revistas o canales de televisión que hablasen en kurdo. En 2021, el HDP fue acusado de tener vínculos con el PKK, iniciándose un proceso legal en el que el partido afronta la amenaza de ser cerrado y la prohibición de que sus políticos ejerzan durante 5 años.

La mayor parte de kurdos turcos viven al sureste de la península de Anatolia, una de las partes más pobres del país y basada en una economía agraria semi feudal, con un PIB per cápita menor a la mitad de la media de Turquía (Robins, 1993: 663). Su situación, sumada a las políticas represivas del gobierno, originó a lo largo del siglo XX un gran desplazamiento de kurdos en busca de empleo y oportunidades en los países vecinos, así como en Europa. Se estima que hasta 700.000 kurdos emigraron hacia occidente, principalmente a Alemania, Francia o Suecia (Ayata, 2008).

La siguiente tabla resume las diferentes fases del AKP y las políticas que el Partido ha seguido en cada una de ellas respecto a la cuestión kurda, en línea con sus intereses para mantenerse en el gobierno.

Tabla 1. Resumen Transformación AKP y sus implicaciones en la Cuestión Kurda.

Fuente: Elaboración propia.

Erdogan, persiguiendo el poder perpetuo

Como se ha visto en el realismo neoclásico, una de las variables intervinientes es la visión del líder. Para Recep Tayyip Erdogan, la gestión de la cuestión kurda se vincula a su acumulación de poder. Tratando de minimizar las amenazas sobre su mandato, ha centralizado el control del aparato de seguridad o justificado medidas autoritarias bajo el pretexto de la seguridad.

El pasado año Turquía ocupó el puesto 102 en índice de democracia, siendo el último de los países europeos (Economist Intelligence Unit, 2024). El empeoramiento de la represión, el declive sistemático de la libertad de expresión o el funcionamiento del gobierno han hecho desde el 2016 cada año haya empeorado el índice.

Conociendo el papel de las Fuerzas Armadas, defensores de la secularización durante los años previos a la llegada del AKP a través de instituciones como el Consejo de Seguridad Nacional, Erdogan trató de reducir la implicación castrense en los asuntos civiles y políticos a principios de su mandato. De esta forma trataba de subordinar el poder militar al poder civil, en consonancia con los criterios de acceso a la Unión Europea. A través de este proceso, Erdogan trataba de consolidarse como un gran líder a los ojos de sus seguidores.

La degeneración de la democracia en el país ha sido paulatina, mientras el AKP y Erdogan se iban consolidando en el poder y acaparando el mismo. Durante su mandato, Erdogan ha tratado de reprimir a la oposición y afianzar su gobierno personal, mostrando una imagen de líder omnipotente y omnipresente, gozando de una hegemonía en la sociedad (Akkoyunlu & Öktem, 2016: 506). Su reticencia a compartir el poder se hizo visible en las elecciones generales de 2015, cuando el AKP perdió su mayoría parlamentaria en las elecciones de junio. En vez de tratar de formar un gobierno de coalición, y a través de la intensificación de los conflictos contra el PKK, Erdogan optó por repetir las elecciones en junio y devolvió la mayoría de nuevo al AKP.

Para el presidente, la búsqueda de acumulación de poder está intrínsecamente ligada a la necesidad de controlar cualquier amenaza que pueda poner en riesgo su mandato. Ejemplo de ello son las sucesivas revisiones de la legislación antiterrorista o el uso de decretos de emergencia para destituir a los funcionarios electos kurdos y reemplazarlos por personas de confianza. Durante el estado de emergencia decretado entre 2016 y 2018, 94 de 102 alcaldes kurdos fueron reemplazados. En las elecciones locales de 2019 los partidos kurdos volvieron a obtener los escaños, y una vez más, 93 alcaldes fueron reemplazados y 6 no admitidos como ganadores.

Política exterior y neotomanismo

Respecto a la política exterior de Ankara, tras los primeros años de Erdogan y el AKP se produjo un giro en los intereses del gobierno. El aislacionismo turco debido a las políticas kemalistas, así como los años en los que el país fue parte del bloque capitalista y colindante con la Unión Soviética marcarían las bases de su nuevo cambio. Desde el 1991 y hasta la llegada del AKP en 2002 pasaron 9 gobiernos y 11 Ministros de Asuntos Exteriores, por lo que la política exterior de Turquía estuvo muy institucionalizada y marcada por las alianzas tradicionales y el deseo de formar parte del sistema europeo (Şahin, 2020: 490). Esto originó numerosos efectos negativos, como el aumento del separatismo kurdo tras unirse Turquía a la coalición occidental en la Guerra de Irak de 1991.

Desde la llegada al poder del AKP y durante sus primeros años destacan sus intentos por mediar en conflictos regionales, como hizo entre Israel y Siria en 2007, entre Hamás y Al Fatah en 2011 o entre Serbia y Bosnia. La búsqueda de integración regional se basó también en vínculos económicos y culturales, firmando acuerdos de libre comercio y viajes sin visado entre los países de Oriente Medio (Kutlay & Öniş, 2021: 1085). Su inicial alineación hacia Europa dio lugar a iniciativas como la Alianza de Civilizaciones, adoptada entre Turquía y España (convirtiéndose luego en una iniciativa de la ONU) frente a la atmósfera de seguridad y polarización entre los países musulmanes y las sociedades occidentales por parte de elementos extremistas (Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de Turquía, s. f.). Por tanto, Turquía actuaba como un país europeo dentro de Oriente Medio, tratando de transformarlo acorde a sus intereses y siguiendo las estrategias de seguridad de la Unión Europea (Oğuzlu, 2008).

El nuevo rumbo en la política exterior de Turquía estuvo cimentado principalmente por las ideas de Ahmet Davutoglu, asesor en materia de política exterior de Recep Tayyip Erdogan en sus años de Primer Ministro (2002-2009) y posteriormente su Ministro de Asuntos Exteriores hasta 2014. De acuerdo con su doctrina, Turquía ocupaba una posición regional idónea para erigirse como un pivote geoestratégico y expandir su área de influencia sobre sus países vecinos, especialmente con vistas a Oriente Medio. Este gran cambio estuvo basado en su doctrina de Profundidad Estratégica, que tuvo gran aceptación por varios motivos: el cambio de relación con Siria e Irán tras el fin de la crisis turco-siria de 1999 y la mayor empatía hacia la causa musulmana, a raíz de los conflictos de Palestina y la ocupación americana de Irak (Murinson, 2006). Erdogan, a través de la política exterior de Turquía trató de posicionar al país como un líder regional capaz de actuar de forma autónoma o en coalición con otros Estados para lograr esa visión global (Kutlay & Öniş, 2021: 1092).

El cambio de paradigma de Davutoglu fue conocido como neotomanismo. Este término fue introducido por el académico Cengiz Candar y aboga por la búsqueda de influencia turca de forma activa y diversificada en aquellas regiones pertenecientes al antiguo Imperio Otomano, haciendo de Turquía un líder en la comunidad musulmana de Eurasia (Ataman, 2002: 128). El gobierno turco trató de reflejar el neotomanismo en su política exterior de una forma diplomática, asumiendo el papel de poder regional (Murinson, 2006: 953). Respecto a la cuestión kurda, en un intento democratizador, y acorde con su política interna de la época, desecuritizó la misma también en su política exterior, instando a Assad a otorgar la ciudadanía a los kurdos como parte de las reformas políticas para capear la ola revolucionaria del país sirio (Kardaş, 2021: 493).

A partir de 2011 y dentro de la versión del AKP 2.0 (que buscaba la consolidación de su poder), su política exterior pasó a ser más asertiva, generando problemas en la búsqueda de su zona de influencia (Albentosa, 2018). La estancación en los procesos de adhesión a la Unión Europea, la crisis económica y las Primaveras Árabes en los países de alrededor desviaron la atención sobre Oriente Medio. El panorama regional dio lugar una resecuritización de la geopolítica kurda pese a las ideas iniciales, con una actitud más coercitiva e incidiendo principalmente sus esfuerzos sobre Siria e Irak a través del uso de la fuerza. 

La siguiente tabla resume la evolución de la política exterior turca y la cuestión kurda desde la perspectiva del realismo neoclásico. Se pueden diferenciar tres periodos distintos, en función de las condiciones sistémicas y las variables internas del país. En el primer periodo, el AKP 1.0 trató un acercamiento democrático y liberal con occidente, desecuritizando la cuestión kurda. En el segundo periodo, con la Primavera Árabe en Siria de fondo, Erdogan adoptó un enfoque más agresivo, con políticas mixtas en función de sus intereses, para aumentar el apoyo en su gobierno. En los últimos años, tras haber consolidado su poder, Turquía ha intensificado las operaciones militares, con una postura autocrática y nacionalista que ha vuelto a securitizar la cuestión kurda.

Tabla 2. Resumen de la evolución de la política exterior turca y la cuestión kurda.

Fuente: Elaboración propia.

La Primavera Árabe en Siria

La Primavera Árabe en Siria generó un problema doble de seguridad para Turquía: los grupos fundamentalistas proliferaron y su influencia sobre la autonomía kurda en el norte de Siria aumentó debido a la falta de poder en el país, así como la ola de migraciones causadas por el conflicto (Şahin, 2020: 494).  La Guerra Civil Siria ha supuesto una crisis humanitaria sin precedentes, con más de la mitad de su población teniendo que huir de sus hogares.

Además, el abandono por parte de Damasco de la zona noreste del país dio paso al asentamiento de las Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades Femeninas de Protección (YPJ), los brazos armados del Partido de Unión Democrática (YPD), de carácter nacionalista kurdo. Estados Unidos apoyó posteriormente a estas milicias kurdas para socavar el poder del Estado Islámico (ISIS) en la zona, lo que acentuó el descontento de Turquía con Occidente. La falta de poder en la zona tras la retirada del ejército sirio y del ISIS dio lugar a la aparición de 3 cantones autónomos en Jazira, Kobane y Afrin (también conocidos como Rojava o el Kurdistán del Oeste), administrados por el PYD y aumentando la amenaza sobre Ankara al usarse como bastidores del PKK (Weiss, 2016: 580). Pese a la financiación turca a los grupos rebeldes en los primeros años del conflicto, en agosto de 2016 y ante la creación de un posible cinturón de pueblos controlados por el PKK en la frontera de Siria con Turquía, se llevó a cabo la operación Escudo de Éufrates, en la que se logró el control de la zona entre Azaz y Jarablus, evitando así un corredor desde la frontera iraquí hasta la provincia turca de Hatay (Karaca & Köksal, 2023: 46; Kardaş, 2021: 494). La idea era luchar contra el ISIS a la misma vez que se evitaba que el PYD se hiciera con el control de la zona.

Los procesos de Astaná, en los que Turquía participó, también trataban de limitar lo máximo posible las ganancias de las milicias kurdas y asentar la influencia de Ankara. En enero de 2018 se lanzó la operación Rama de Olivo contra las milicias kurdas en Afrin, justificando la defensa propia frente al aumento de poder del separatismo kurdo a lo largo de la frontera.

De igual forma, tanto la operación Escudo de Éufrates como Primavera de Paz se llevaron a cabo motivadas por la situación política de Ankara, desviando la atención de crisis domésticas y usando argumentos de seguridad para dividir a la oposición y aislar a partidos pro-kurdos (Kutlay & Öniş, 2021: 1099). La primera comenzó inmediatamente después del intento de golpe de Estado de 2016 y la segunda tras el fracaso del AKP en las elecciones locales de 2019, perdiendo ciudades como Estambul.

Actualmente, el Ejército Nacional Sirio controla el norte de Siria, con el respaldo de Turquía, gracias a las incursiones militares anteriores. En esta zona, Turquía proporciona servicios de seguridad, sanitarios y de educación, manteniendo la presencia militar en la provincia de Idlib tras un acuerdo entre Ankara y Moscú (Adar, 2023).

El Kurdistán iraquí

En Irak, los primeros años del AKP estuvieron marcados por su alineación con Occidente. El miedo turco a estar excluidos de los planes post guerra en la nueva Irak dio lugar a la aprobación del despliegue de tropas turcas en el norte del país y el permiso para usar el espacio aéreo turco (Ertem, 2016: 58). Sin embargo, este alineamiento con Estados Unidos trajo consigo el aumento de la amenaza terrorista por parte del PKK. Los kurdos iraquíes fueron unos de los aliados más importantes de Estados Unidos en su invasión de Irak en 2003, lo que provocó que el Kurdistán Iraquí, al norte del país, fuera una de las zonas más estables durante el conflicto y favoreció la aparición de campos de entrenamiento del PKK, así como un aumento del separatismo kurdo en Irak y Turquía (Şahin, 2020: 492). Esto originó ataques por parte del PKK a puestos militares turcos en la frontera con Irak, como en Daglica, donde asesinaron a 12 soldados e hirieron a 16; o en Aktütün, con 17 soldados turcos muertos (Kardaş & Balci, 2016: 171)

A pesar de ello, y durante la primera etapa del AKP, se trató de mejorar las relaciones económicas entre Erbil (capital del Kurdistán Iraquí) y Ankara a través de un acercamiento político, dando lugar a una política exterior turca con el KRG independiente de la que se llevaba con Irak (Charountaki, 2012: 194-195). A través de esta cooperación se buscaba también eliminar cualquier amenaza del PKK (Sari, 2011: 54). En 2011, en una visita de Erdogan a Erbil, el presidente subrayó que Turquía había terminado con la política de denegar la presencia kurda, mientras que Barzani, el presidente del KRG, apoyó al gobierno de su homólogo (Reuters, 2011). En los años sucesivos y tras el comienzo de la retirada de Estados Unidos de Irak, la estrategia de Turquía trató de aislar al PKK, a la vez que promovía los intereses económicos y de seguridad con el KRG. Ankara fue y es uno de los mayores socios comerciales del KRG, concretamente en el plano energético. Destaca el oleoducto Kirkuk-Ceyhan, gracias al cual el KRG consolida su autonomía política y económica.

El 25 de septiembre de 2017 se celebró en Erbil un referéndum de independencia del Kurdistán Iraquí, para decidir crear o no un Estado soberano en la región. El proceso, que no contaba con la autorización del gobierno iraquí, fue visto en Turquía como inconstitucional, y Erdogan amenazó con llegar a intervenir económica o militarmente (BBC, 2017).

La lucha contra el PKK ha ocasionado numerosas operaciones militares que se han llevado a cabo en suelo iraquí, justificando atacar posiciones del grupo terrorista para defender la seguridad nacional y eliminar posibles amenazas terroristas sobre Turquía. En 2020, las operaciones Claw y Claw Lock estuvieron enfocadas en atacar refugios del PKK a través de bombardeos en el norte de Irak y en las montañas de Qandil, Sinjar y Hakurk.

Irán

En Irán, en 2004-2005 apareció el Partido por una Vida Libre del Kurdistán (PJAK), organización hermana del PKK turco, que quería fraternizar ciudades aledañas. El grupo emprendió acciones militares contra las fuerzas militares iraníes, ganándose la popularidad de los kurdos jóvenes y enfrentándose a una política de mano dura durante los gobiernos de Ahmadineyad y Rohani (Castillo, 2020). La lucha contra el PKK y el PJAK en Turquía e Irán ha provocado una cooperación de ambos países en materia de inteligencia frente al terrorismo kurdo. A lo largo de los años se han sucedido numerosas reuniones entre funcionarios turcos e iraníes para discutir la seguridad de sus fronteras y llevar a cabo estrategias conjuntas, dando lugar a una colaboración basada en intereses compartidos. Como dos de los actores más activos e importantes de Oriente Medio, Irán y Turquía mantienen un perfil alto en su implicación dentro de los acontecimientos regionales tanto en Siria como Irak, especialmente pendientes del destino de su población kurda.

Conclusiones

La cuestión kurda ha sido y es un importante desafío en Turquía desde la creación de la República en 1923, con unos inicios en los que las políticas kemalistas reprimieron la identidad y derechos de los kurdos. La llegada del PKK en 1984 intensificó la dureza de las medidas tomadas, tratándose como un problema de seguridad nacional. Pese a los intentos democratizadores de Özal, los escenarios en Siria e Irak aumentaron las tensiones, constituyendo la cuestión kurda un tema central tanto en la política interna como exterior de Turquía. Tras su mandato se volvió a una estricta política nacionalista y de mano dura entorno a la cuestión (Ataman, 2002: 138-139).

A través de su lucha por la autonomía y el reconocimiento de sus derechos, el pueblo kurdo ha modelado las políticas de varios países de Oriente Medio. En Irak, la guerra contra Saddam Hussein fortaleció la autonomía kurda y el Gobierno Regional del Kurdistán; mientras que, en Siria, Rojava surgió como un enclave autónomo, desafiando la autoridad de Damasco (Mustafa, 2023: 26-28). La cuestión kurda ha influido en las políticas nacionales e internacionales de la región, dando lugar a numerosas estrategias, tanto militares como políticas que reflejan la importancia de esta minoría en la configuración política de los países.

Desde la llegada al poder de Recep Tayyip Erdogan la política interna de Turquía ha cambiado profundamente. En los primeros años se buscó resolver la cuestión kurda a través de una apertura política y reformas democráticas. Sin embargo, con el paso de los años se dio un enfoque más autoritario, especialmente tras el intento de golpe de Estado de 2016, securitizando el problema kurdo y erosionando la democracia y los derechos de las minorías en Turquía.

Por tanto, la cuestión kurda ha tenido un gran impacto en la política exterior de Turquía, especialmente desde la llegada de Erdogan y el AKP. Su influencia ha moldeado el balance de poder tanto doméstica como internacionalmente en el país y sus relaciones con sus vecinos de Oriente Medio. El neotomanismo y el panorama regional, marcado por una búsqueda de autonomía kurda en los países vecinos, junto a la securitización de la cuestión a nivel interno para fortalecer el apoyo del presidente y su acumulación de poder dio lugar a un cambio de estrategia. De la búsqueda inicial de diálogo y las medidas diplomáticas, se pasó posteriormente a un endureciendo de la postura turca, intensificando las operaciones militares tanto en Siria como Irak para evitar que cualquier intento de autonomía kurda no amenazara la integridad territorial dentro de Turquía.

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[i] Treaty of peace between the Allied and Associated Powers and Turkey. Part II: Frontiers of Turkey. (1920). http://www.hri.org/docs/sevres/part2.html

[ii] Las cifras varían mucho entre unas publicaciones u otras, por lo que deben ser tomadas con cautela.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Domingo Abril Gámiz

Teniente del Ejército de Tierra y Máster en Pensamiento Estratégico y Seguridad Global por la Universidad de Granada

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