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Operación Balmis: las Fuerzas Armadas españolas en la lucha contra el COVID-19

El pasado 14 de marzo el Gobierno de España, mediante el Real Decreto 463/2020[1], decreta el Estado de Alarma para abordar la gestión de la emergencia sanitaria provocada por la infausta COVID-19. Por segunda vez en la historia de la democracia española[2], el Gobierno hace uso de esta herramienta jurídica para lograr una unidad tanto de decisión política como de gestión administrativa que permita que la lucha contra la emergencia sea eficaz y coordinada sobre la base de la concentración de poder en el Gobierno.

En esta ocasión, se nombran cuatro autoridades competentes delegadas, todas ellas bajo la dirección del Presidente del Gobierno: la Ministra de Defensa, el Ministro de Interior, el Ministro de Transportes, el Ministro de Movilidad y Agenda Urbana y el Ministro de Sanidad. Autoridades delegadas encargadas de adoptar todas aquellas medidas necesarias para garantizar la prestación de todos los servicios, ordinarios o extraordinarios, para la protección de personas, bienes y lugares en el marco de las actuaciones tipificadas por la LOAES[3]

Como desarrollo a este Real Decreto, la Ministra de Defensa aprueba la Instrucción de 15 de marzo de 2020[4], que determina las medidas necesarias para la actuación del Ministerio de Defensa en la emergencia, poniendo a disposición de las autoridades competentes delegadas todos los recursos militares, incluyendo los de la red sanitaria militar.

El JEMAD promulga, a continuación, la Directiva Inicial Militar, para desarrollar las responsabilidades en el ámbito de sus competencias. De esta manera, se formaliza el primer paso de la acción conjunta militar, a conducir por el Mando de Operaciones. En un fin de semana frenético, el Comandante del Mando de Operaciones (CMOPS) remite el Plan de Operaciones para la aprobación del JEMAD. Plan que contaba con multitud de recursos de los Ejércitos, la Armada, la Unidad Militar de Emergencias y la Inspección General de Sanidad de la Defensa.

Ese mismo 15 de marzo nace la Operación BALMIS, una de las operaciones militares que mejor sabor de boca ha dejado en la sociedad española. Solo el tiempo dirá si esta operación va a derivar en un nuevo encaje de las Fuerzas Armadas (FAS) en la Seguridad Nacional e incluso -por qué no decirlo- en una comunión más intensa entre los militares y el resto de la sociedad.

La Operación BALMIS exige trabajar en una componente de la Seguridad Nacional en la que, desde la creación de la Unidad Militar de Emergencias, el resto de las FAS no habían tenido la posibilidad de participar de forma significativa: la Seguridad Pública. Los militares han venido desarrollando su esfuerzo principal en los campos de la Acción Exterior y la Defensa Nacional pero no tanto en las dos vertientes de la Seguridad Pública; la Seguridad Ciudadana y la Protección Civil.

El reto de la Operación es significativo pues se trata de poner en práctica la visión integral de la Seguridad Nacional recogida en nuestra Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), además de fortalecer y mostrar el carácter de servicio público de unas FAS dedicadas, entre otras cosas, a velar por el bienestar de los ciudadanos.

Para tan importante misión el nombre a asignar es importante, y el acierto ha sido pleno: un médico militar y cirujano honorario de la corte del Rey Carlos IV, D. Francisco Javier de Balmis y Berenguer (1753-1819) conocido por ser el artífice de la Real Expedición Filantrópica que, en 1803, llevaría la vacuna de la viruela a los territorios españoles de América y Filipinas. La expedición, considerada la primera campaña de vacunación mundial, toma el nombre de Balmis gracias al médico militar que la encabezaba.

El Teniente General D. Fernando López del Pozo, CMOPS a la sazón, honraba de esta forma una de las gestas españolas más importantes en el terreno de la sanidad militar. Una gesta poco conocida, una más entre las muchas proezas de las que nos podemos sentir orgullosos los españoles en general y los militares en particular. La costumbre modela las percepciones, y cuando, como a lo largo de nuestra Historia, las hazañas son habituales, puede llegar a considerarse común lo extraordinario. La expedición Balmis es un claro paradigma de esta afirmación, inadvertida para los españoles, pero admirada en el resto del mundo[5].

BALMIS se crea para luchar contra un adversario que no es de naturaleza tradicional, el SARS-CoV-19, causante de la enfermedad conocida como la COVID-19. Este virus, sin previo aviso, ha entrado en el terreno de las amenazas sin apenas llamar a la puerta de los desafíos. A pesar de estar reflejada en la ESN, la pandemia ha socavado profundamente nuestra Seguridad Nacional y ha comprometido ciertos aspectos de nuestro sistema de gestión de crisis, en especial su modelo integral. Su imprevisible evolución y la necesidad de tomar medidas apenas avaladas por procedimientos o experiencias previas, eran factores que amplían el reto al que nuestro sistema de gestión de crisis se enfrenta.

A pocos días de terminar la Operación se puede afirmar que es un rotundo éxito reconocido por los diferentes estamentos de la sociedad civil. La estadística descriptiva arroja conclusiones que dan sentido a esta afirmación. El número de intervenciones durante la operación es, junto con el número de militares empleados los mejores indicadores de los resultados de la Operación: casi 20.000 intervenciones, llevadas a cabo bajo el criterio subsidiario[6] y complementario a otro Ministerio, es una gesta que merece la pena recalcar. Los más de 2500 hombres y mujeres que de media han participado en estos 84 días de Operación (a fecha 06 de junio) permiten dimensionar la dimensión del esfuerzo. Los militares han estado presentes en más del 50% de los municipios de España de más de 500 habitantes, en poblaciones que en conjunto suponen el 70 % de la población de España, en total más de 30 millones de habitantes.

Y la sociedad española ha pagado con la mejor recompensa que un militar puede recibir: el reconocimiento a una labor bien hecha. Reconocimiento en forma de multitud de sonrisas, de abrazos, de complicidades hacia los que, generosamente -pero en el cumplimiento de su misión-, actuaban con el esfuerzo principal dirigido a proteger a los más débiles y vulnerables.

Esta es la capa superficial de BALMIS; la capa profunda es de otra naturaleza y, su alcance, muy diferente. De la mano de BALMIS se han afianzado elementos vertebradores de España, se ha dotado de mayor cuerpo a aquello que une a los españoles y se ha debilitado lo que nos separa y enfrenta. Las FAS han ganado en tasas de aceptación y apreciación de los españoles, la percepción de ciertos sectores de la sociedad española hacia sus militares ha cambiado.

Los valores que rigen la institución militar, a veces tildados de arcaicos por algunos, los menos, permanecen vigentes y han sido el pilar fundamental que ha permitido acometer la misión con éxito. Gran parte de la sociedad española admira y comparte estos valores, no en vano somos una de las instituciones mejor valoradas en todas las encuestas.

El modelo militar prima la vocación, alinea a los individuos con unos objetivos institucionales que trascienden los particulares, en el marco de un código de conducta estricto. Al amparo de este modelo nos encontramos con dos de los valores que conforman el corpus militar: el espíritu de sacrificio y la voluntad de vencer. Valores que la sociedad ha sabido interpretar y apoyar decididamente, consciente de que sus FAS son un elemento para salvar obstáculos que parecen insuperables, un amigo fiel al que acudir. Ha fortalecido la percepción de las FAS como instrumento que ofrece protección y seguridad, en un escenario, de dimensiones impredecibles, donde apenas se encontraban apoyos de esta naturaleza. Una vez más, nuestros militares han demostrado ser una línea de defensa eficaz de los pilares de nuestra sociedad democrática. La rápida adaptabilidad de sus capacidades y la vocación de sus miembros, le han conformado como una herramienta del Estado esencial durante la crisis.

Es necesario advertir que esos mismos hombres y mujeres realizan otros trabajos, en otros ámbitos de la Seguridad Nacional, igual de exigentes o incluso más. También las misiones tradicionales son parte de la componente de protección a la sociedad, pero no granjean tantos apoyos. BALMIS debe catalizar la comprensión y el apoyo de que esos mismos valores son los mismos que se aplican en cualquier otra parte del mundo donde están presentes los militares. A nadie se le debe escapar que las FAS representan la organización a disposición de las autoridades de la nación para el empleo de la fuerza militar. El militar español que se siente orgulloso en aplicar la fuerza es una rara avis, pero es del todo común el militar que no duda en aplicar la fuerza racional y proporcionalmente para salvar vidas, a pesar de que en este empeño pueda peligrar la suya.

La Operación ha sido una oportunidad excepcional para que la sociedad conozca de primera mano a sus FAS, a sus valores y a su forma de actuar. Una importante acción de difusión de la Cultura de Defensa que coadyuva a la conformación de una identidad nacional. En esta ocasión con una aproximación de abajo hacia arriba, construida con y para la sociedad. Nada se ha ejecutado en BALMIS de forma diferente a las operaciones permanentes[7] o las misiones en el exterior. La única diferencia es que la praxis del militar se ha podido apreciar de cerca y con altas dosis de visibilidad.

BALMIS es un bálsamo para aquellos que se encuentran atrapados por los sentimientos derivados de una perseverancia de la posverdad que deriva en una cultura de enfrentamiento y desapego a la nación. Y lo es porque la actuación de sus FAS no entiende de provincias, ni de comunidades ni de lenguas o sexos. Su actuación sólo está gobernada por el celo en el cumplimiento de la misión principal: proteger al más indefenso, a todo aquel que sea vulnerable a la COVID-19.

BALMIS ha potenciado el sentimiento nacional, el sentimiento del valor de la unión contra la disgregación, el valor de la importancia de permanecer unidos en un proyecto en el que caben todos. El elemento catalizador de este efecto ha sido el papel de las FAS en la Operación BALMIS. Y ha transformado a la sociedad porque la construcción de una identidad conlleva un proceso de identificación y otro de diferenciación.

Y el elemento identificación tiene mucho que ver con la seguridad, con la necesidad de estar protegido. Las sociedades occidentales son verdaderas consumidoras de seguridad. Maslow[8] consideraba que la seguridad estaba en el segundo nivel de necesidades de la pirámide que jerarquiza las necesidades del ser humano. Sólo por detrás de las elementales fisiológicas como dormir o comer.

BALMIS ha generado un sentimiento de una realidad incontestable que atiende a la génesis propia de las FAS: el de protección. Las miles de intervenciones diarias en apoyo a la Seguridad Pública hacen que se genere este sentimiento sobre el atalaya de lo militar. Este sentimiento deriva en una preferencia a posicionarse en el mismo colectivo de los militares antes que en cualquier otro. No es más que una reacción natural de reconocimiento de los valores y símbolos castrenses pues son los que gobiernan su forma de actuar. Entre ellos destacan de forma sobresaliente nuestro himno y nuestra bandera nacional, elementos centrales de nuestra identidad nacional.

BALMIS languidece, gran noticia para todos. Se marchita al igual que se debilitan las razones que forzaron al estado de alarma. Pero en la sociedad española nace una comunión diferente con sus FAS, una construcción social que mucho tiene que ver con la identidad nacional y con la fortaleza de permanecer en una misma nación.

No me cabe la menor duda de que este proceso de fortalecimiento en la construcción nacional no se va a debilitar porque juntos somos más fuertes pero unidos somos invencibles. BALMIS nos ha unido y permitirá que nuevamente florezca la semilla de la nación española en el corazón de todos nosotros. Ha conseguido conjugar los cuatro elementos que proporcionan validez de las Fuerzas Armadas: sus valores, su nivel de alistamiento, sus capacidades y su voluntad de utilización.


[1] Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19. B.O.E Núm 67 de 14 de marzo de 2020.

[2] La primera ocasión fue el 4 de diciembre de 2010 con motivo del cierre del espacio aéreo por la huelga de controladores.

[3] Esta sigla se corresponde con la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los estados de alarma, excepción y sitio.

[4] Instrucción de 15 de marzo del Ministerio de Defensa, por la que se establecen medidas para la gestión de la situación de crisis sanitaria provocada por el COVID-19 en el ámbito del Ministerio de Defensa. B.O.E. Núm 68 de 15 de marzo de 2020.

[5] Recomiendo la lectura de The World’s First Immunization Campaign:The Spanish Smallpox Vaccine Expedition, 1803–1813 por Catherine Mark and José G. Rigau Pérez. Bulletin of the history of medicine. Disponible en https://muse.jhu.edu/article/261666

[6] La Ley 17/2015, de 09 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil determina en el Art 3.2. como uno de los principios de colaboración la subsidiariedad. El Ministro del Interior ostenta la superior autoridad en materia de Protección Civil y cuenta con la Dirección General de Protección Civil y Emergencias, como órgano directivo de asistencia al titular del Departamento.

[7] Se entiende como operaciones permanentes aquellas operaciones militares que están activadas permanentemente, o que se activan de forma periódica y recurrente. Concepto de Empleo de las FAS 2017 de 06 de marzo 2017.

[8] Abraham Maslow en su obra, en su libro Una teoría sobre la motivación humana de 1943, formuló una teoría psicológica sobre la jerarquía de necesidades humanas. Entre sus postulados destaca que conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide)

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Ignacio Nieto

Capitán de Fragata de la Armada española, Jefe del Centro de Operaciones Electromagnéticas del Mando de Operaciones

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