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Putin y el arma nuclear: en territorio inexplorado

https://global-strategy.org/putin-y-la-bomba-en-territorio-inexplorado/ Putin y el arma nuclear: en territorio inexplorado 2022-10-10 08:03:00 José Luis Calvo Albero Blog post Política de Defensa Fuerzas nucleares Guerra Rusia - Ucrania

En sus más de setenta años de existencia, la estrategia nuclear se ha basado esencialmente en cómo aprovechar las ventajas que proporcionan las armas nucleares sin tener que utilizarlas. Consideradas como armas políticas, orientadas a la disuasión y cuya posesión permite garantizar con bastante eficacia la independencia y soberanía de un Estado, su no uso ha sido objeto de múltiples modelos y teorías estratégicas. Todo el mundo sabe qué hay que hacer para no tener que usar las armas nucleares, pero pocos se han hecho la pregunta de cómo se las usa realmente, si algún día se desata el Armagedón.

Uno de los temores más intensos que despierta la guerra en Ucrania es que el conflicto escale hasta llegar al umbral nuclear. En realidad, no tendría por qué ser así, ya que el consenso en ese sentido es que una potencia nuclear solo utilizaría esas armas en caso de que estuviesen en riesgo algunos de sus intereses vitales, entre ellos su propia supervivencia. En el caso de la invasión rusa de Ucrania, es el Estado ucraniano el que ha estado en riesgo de desaparecer, y sigue en riesgo de perder una parte significativa de su territorio, incluyendo su vital salida al Mar Negro. Si Ucrania fuese una potencia nuclear, probablemente el uso de armas nucleares estaría justificado, aunque, siguiendo la lógica de la estrategia nuclear clásica, esto tampoco hubiera sido necesario. La simple posesión de artefactos nucleares por parte de Ucrania habría disuadido a Rusia de cualquier intento de invasión.

La que si tiene un arsenal nuclear muy respetable es la Federación Rusa, aunque cabe hacerse preguntas sobre el estado real de esas armas, que arrojarían probablemente respuestas poco tranquilizadoras. El caso es que Rusia, de nuevo en la lógica de la estrategia nuclear clásica, no tiene ninguna razón para utilizar sus armas nucleares. La supervivencia del Estado ruso no parece en riesgo, ni lo estaría probablemente incluso si el desastre que ya está sufriendo en Ucrania fuese a mayores. Quizás, si las fuerzas ucranianas llegasen a entrar en Crimea se podrían albergar dudas pero, incluso en este caso, resultaría chocante que Moscú no pudiese encontrar una alternativa diplomática o militar, convencional o asimétrica, al uso de armas nucleares en un conflicto sobre un territorio en disputa.

El problema es que la estrategia nuclear está basada sobre un equilibrio de poderes entre potencias, y no ha profundizado demasiado en los casos en los que los intereses de un Estado se confunden con los de un individuo o los de determinadas elites. La sospecha es que si Putin llegase a utilizar un arma nuclear en Ucrania no lo haría por garantizar los intereses vitales de Rusia, que probablemente sufrirían consecuencias devastadoras, sino por su propia supervivencia como gobernante y quizás por su propia seguridad personal.

En primer lugar, hay que señalar que ni Putin ni su gobierno han amenazado nunca de manera clara con utilizar armas nucleares en el conflicto, aunque sí que se han producido diversos tipos de amenazas tácitas. Las referencias a defender las provincias recientemente anexionadas ‘con todos los medios disponibles’ es una de ellas, aunque los portavoces rusos se han apresurado a indicar que los que están hablando de armas nucleares son los medios de comunicación y los gobiernos occidentales, pero no el gobierno ruso.

En segundo lugar, hay que preguntarse cómo pretendería Putin garantizar su propia continuidad como dirigente, o incluso su propia seguridad personal, con un acto tan brutal, sin precedentes en décadas y que pondría del revés la situación de la seguridad en el mundo. No sería algo que le granjease muchas simpatías, ni siquiera entre quienes le apoyan con cierta tibieza en la gestión de la crisis ucraniana. Probablemente, las consecuencias en los opacos círculos de poder rusos tampoco serían muy favorables, dado que usar un arma nuclear pondría a Moscú por debajo de Pyongyang en cuanto a consideración internacional. Librarse de Putin se convertiría en una posibilidad liberadora para demasiados actores, tanto externos como internos. En definitiva, el presidente ruso tendría muchas más posibilidades de llegar a los 80 años de edad si resiste a la tentación de lanzar la Bomba que si sucumbe a ella.

Por último, hay que pensar en los aspectos prácticos del asunto. Utilizar un arma nuclear no es nada fácil y exige una cadena de activación de procedimientos y decisiones en absoluto sencillas. Cuando Estados Unidos decidió lanzar las primeras armas nucleares sobre Japón, la acción fue precedida por un intenso debate sobre cómo hacerlo. Se propuso lanzar el artefacto en un área deshabitada, simplemente para mostrar sus terribles efectos, pero se consideró dudoso que eso llegase a disuadir a los dirigentes japoneses de proseguir la guerra. También se barajó un objetivo militar, pero se generaban las mismas dudas. De hecho, incluso se dudaba de que un ataque nuclear sobre una ciudad fuese suficiente, ya que el gobierno japonés no pareció excesivamente impresionado por el terrible bombardeo de Tokio en marzo de 1945, en el que murieron probablemente más de 100.000 personas. Estaban además los imponderables: el bombardero podía ser derribado o la propia bomba, muy rudimentaria todavía, podía no funcionar, o hacerlo de manera muy parcial.

El uso de un arma nuclear en el contexto del actual conflicto ucraniano debería responder a interrogantes aún más peliagudos, ya que habría que añadir la reacción de otras potencias nucleares, o una acción de represalia con armas que, sin ser de carácter nuclear, podrían causar un efecto no mucho menos devastador. Se especula con que Putin, más que lanzar un arma por sorpresa, podría seguir una dinámica clásica de escalada, que se iniciaría con signos claros de que el arsenal nuclear se está activando y pasaría por fases como un posible test nuclear en el propio suelo ruso. Cada peldaño de la escalada iría acompañado de determinadas señales de apertura a la negociación, buscando un final similar al de la crisis de los misiles cubanos de 1962. Sin embargo, es posible que incluso estos signos sembrasen tal alarma en la comunidad internacional que Rusia llegase a perder los apoyos que tiene actualmente, especialmente el de China, y terminase en el poco deseable dilema de lanzar efectivamente la bomba, y convertirse en un paria internacional, o no lanzarla, y ser considerado un bravucón irrelevante.

Se menciona con frecuencia la doctrina rusa de empleo de armas nucleares que prevé el uso de un arma de pequeña potencia como paso definitivo en la escalada, que obligaría al adversario a considerar seriamente las opciones de desescalada. Escalar para desescalar. Sobre esto hay que señalar primero que, como se mencionó anteriormente, las armas nucleares son de naturaleza política y su uso difícilmente se ajusta a una doctrina de empleo, sino a las circunstancias y oportunidades del momento. Más todavía en el caso de un autócrata como Putin, que difícilmente se va a plegar a lo que diga doctrina alguna. En segundo lugar, conviene señalar que el efecto de ‘escalar para desescalar’ se consigue más con la amenaza del uso de armas nucleares que con su empleo consumado. De hecho, un ataque sorpresa sin ninguna señal previa provocaría probablemente reacciones imprevisibles, y situaría el proceso de escalada fuera de cualquier control. Es improbable que Putin busque esa situación.

Si el presidente ruso opta finalmente por utilizar la Bomba, tendrá que decidir cómo lo hace. Se baraja el uso de un arma nuclear táctica sobre un objetivo militar ucraniano, aunque la estrategia nuclear ya advierte de que no existen armas nucleares tácticas, porque el uso de cualquier de ellas tiene un efecto siempre estratégico. Dada la poca fiabilidad de los misiles rusos, el fallo o el derribo no están descartados en absoluto, pero quizás existe una posibilidad más preocupante, y es que, aun usando una primera arma nuclear, no se consigan los efectos esperados, la guerra continúe y Putin se vea en la tesitura de iniciar una escalada nuclear no ya mediante señales de aviso, sino mediante lanzamientos sucesivos.

Tal escenario es desconocido, nadie sabe cómo podría evolucionar una situación semejante, aunque resulta sumamente improbable que se llegue a ella. Lo más habitual es que el proceso de escalada alcance tal nivel de amenaza, abriendo al tiempo puertas de negociación, que nadie en su sano juicio quiera seguir la senda del conflicto nuclear. No obstante, durante la Guerra Fría, las dos hipótesis más probables de conflicto estaban relacionadas con una actuación irracional, o un error o ignorancia en los procedimientos que produjese un accidente o un malentendido.

No es fácil determinar si las hipótesis del ‘loco’ o el ‘necio’ pueden ser aplicadas a Putin y su círculo de poder. En principio, no parece que el presidente ruso responda a ninguna de las dos figuras, aunque la permanencia prolongada en una posición de poder incontestado no sólo corrompe, sino que desequilibra y embrutece. El temor a que un Putin aislado de la realidad y enajenado por sus fracasos termine por apretar el botón nuclear, aunque eso suponga su propio fin y el de Rusia tal y como la conocemos, está ahí, aunque, de nuevo, no parece demasiado probable.

En realidad, las posibilidades de que el presidente ruso decida utilizar un arma nuclear en Ucrania parecen muy reducidas, porque las consecuencias serían fatales, tanto para el país como para sus gobernantes y sus elites. No se puede descartar una acción irracional, pero los mecanismos de activación nuclear son demasiado complejos para que la hipótesis del loco sea sólida. Lo cierto es que todo depende de datos que no se pueden obtener de fuentes abiertas y que se refieren al poder real de Putin, si toma sus decisiones solo o confía en alguien, el papel y la actitud de las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia en el régimen de Moscú y el nivel de influencia del complejo entramado económico ruso sobre el Kremlin.

Según la estrategia nuclear clásica, gran parte de los beneficios de la posesión de armas nucleares se obtiene si se mantiene la incertidumbre sobre su empleo. Lo más probable es que Putin esté jugando precisamente a eso, y no albergue ninguna intención de uso real de estas armas. Habría que prepararse para gestionar quizás un proceso de escalada con señales progresivas de que se están haciendo preparativos para un lanzamiento. No obstante, la guerra es siempre el reino de la incertidumbre y no puede descartarse totalmente que un Putin acorralado termine por jugar al necio o al loco. Ahí es donde entraríamos en territorio inexplorado.

José Luis Calvo Albero

José Luis Calvo es Coronel de Infantería del Ejército de Tierra

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