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¿Sirven para algo las estrategias? Reflexiones a cuenta del Covid-19

La Estrategia de Seguridad Nacional del 1 de diciembre de 2017[1] (ESN17) tiene como objetivo fundamental garantizar la seguridad de los ciudadanos, de forma amplia e integral, ante las amenazas, riesgos y desafíos que presenta el mundo global e hiperconectado en que se desarrolla nuestra convivencia.

La pandemia causada por el Covid-19, que estamos padeciendo, es la más clara muestra de que todo es susceptible de convertirse en una amenaza global, particularmente los virus que afectan al ser humano sin distinción de género, raza, religión o adscripción política.

Es frecuente leer y escuchar, en estos días que vivimos, y parece existir una percepción muy general, el asombro y la sorpresa causada por una epidemia de alcance global, de terribles consecuencias en índices de mortalidad y desastrosas consecuencias económicas, todavía impredecibles en los efectos devastadores que va a causar, no solo en el tejido económico, sino en las relaciones sociales y humanas de muchas sociedades de nuestro planeta.

Puede ser catalogado como un cisne negro, ese fenómeno de grandes y graves consecuencias que una vez acaecido, sin que nadie lo hubiera previsto con anterioridad, recibe una y mil explicaciones. Aunque quizá la pandemia del Covid-19 no encaje del todo en esta conceptualización y nada más lejos del objetivo de este pequeño artículo el proporcionar tal aclaración.

Ni siquiera se persigue la crítica, legítima si fundada, que pudiera hacerse a la actuación de todos aquellos que tienen responsabilidades directas en la prevención y lucha contra la pandemia en los diversos ámbitos públicos de actuación: global, con las Naciones Unidas y su Organización Mundial de la Salud; regional, con la Unión Europea; nacional, con nuestro Gobierno; y también autonómica y local.

Se trata, al contrario, de ponderar y apreciar cómo las estrategias, incluida la de Seguridad Nacional de 2017 son útiles y valiosas si se aplican, además de servir para extraer «lecciones aprendidas» para el futuro. Eso sí, a condición de que se difundan adecuadamente, se lean y sean puestas en práctica.

Igualmente, se persigue significar como las acciones, incluidas especialmente aquellas que afectan a las políticas de seguridad, deben seguir a la reflexión plasmada en una estrategia. Sin aquella -la acción-, esta -la reflexión, por concienzuda que sea o haya sido en plasmar la ESN17-, queda en papel mojado, en pérdida de tiempo y esfuerzos realizados por muchos organismos y ciudadanos, públicos y privados.

Creemos que la elaborada en 2017, y en vigor, es una muy adecuada estrategia que recoge muy razonable y eficazmente los desafíos que presentan a una sociedad, tan abierta como la española, las enfermedades infecciosas[2]. Incluso, desde una prudente asunción de la realidad, afirmando que «dichos riesgos no se pueden eliminar por completo»[3].

Al preguntarse por la utilidad de una estrategia, una condición es que analice el problema, plantee el objetivo para su solución y establezca unas líneas de acción. Pues bien, eso lo hace la ESN17 al recoger como objetivo en relación con epidemias y pandemias «Adoptar planes de preparación y respuesta ante riesgos sanitarios, tanto genéricos como específicos, bajo el principio de coordinación entre la Administración General del Estado y las Administraciones Autonómicas y con organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud o, en el seno de la UE, el Centro para la Prevención y el Control de las Enfermedades»[4].

Además, establece como líneas de acción:

  • Adaptar servicios de salud pública del Estado y Comunidades Autónomas para conseguir una adecuada capacidad de respuesta operativa.
  • En lo que se refiere a la mejora de las capacidades y mecanismos de actuación… [indica hasta ocho acciones en muy diversas áreas: coordinación institucional, análisis, planes, capacidades, establecimientos sanitarios, gestión y comunicación, etc.].
  • Impulsar la coordinación internacional para el intercambio de información y conocimiento sobre la gestión y tratamiento de nuevas enfermedades.
  • Desarrollar los Equipos Técnicos Especializados de Ayuda y Respuesta en Emergencias (START) y favorecer su participación en misiones internacionales[5].

Más arriba se ha recogido que es imprescindible que esa estrategia, como documento público aprobado al más alto nivel (Consejo de Seguridad Nacional, presidido por el presidente del Gobierno), debe ser adecuadamente difundida, analizada y desarrollada en planes y programas.

Se plantean dudas de que todo eso haya sido llevado a cabo y es entonces cuando surgen las preguntas: ¿conocían estos objetivos y líneas de acción en el Ministerio de Sanidad y Consejerías de Sanidad de las Comunidades Autónomas? Si la respuesta es afirmativa, la siguiente cuestión sería: ¿habían hecho algo? Si negativa: ¿Cómo es eso posible?

Porque lo que sí se ha constatado es falta de previsión en la preparación de centros sanitarios, en la adecuación de zonas específicas de tratamiento, en la preparación y capacitación de personal especializado, en la provisión de reservas adecuadas de medicinas y equipos de protección de todo tipo. La sensación resultante es que no ha habido ninguna o muy pocas medidas que hayan respondido a las recogidas en la ESN17 para hacer frente al virus.

Sirva como símil, sólo a efectos didácticos, lo que se pensaría si el Ministerio de Defensa y las Fuerzas Armadas (que, por cierto, han puesto todas sus capacidades humanas y materiales al servicio de la sociedad española con la «Operación Balmis» de lucha contra la emergencia sanitaria), tuvieran que responder, legal y legítimamente, ante un conflicto y se encontraran con los arsenales vacíos o muy escasos de municiones de reserva, la llamada reserva de guerra.

Con la pandemia del Covid-19 son demasiados miles los fallecidos que llevamos, pareciendo que somos el país con más víctimas causadas por el virus por cada 100.000 habitantes. Decíamos al principio que no se trata de plantear responsabilidades. Ya lo harán las autoridades públicas democráticas cuando sea oportuno. Lo que se quiere reafirmar es que la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 planteaba y plantea unas líneas de actuación correctas y apropiadas para luchar contra las epidemias. Por cierto, que sigue en vigor y por tanto debe comenzar a aplicarse para el futuro ante esta amenaza y otras.

Las estrategias de seguridad son muy válidas y desde 2011, cuando apareció la primera Estrategia Española de Seguridad, se han ido produciendo bajo la coordinación del Departamento de Seguridad Nacional, y con el esfuerzo ímprobo de su personal, diversos documentos estratégicos que hacen una aproximación a la Seguridad Nacional en sus distintos ámbitos, incluso en relación con alguno de ellos desarrollando estrategias de segundo nivel.

Es claro que la falta de cultura y conciencia de seguridad, asunto que también recoge la ESN17: «Se aprobará un Plan Integral de Cultura de Seguridad Nacional que sirva de catalizador para la implantación progresiva de una cultura de Seguridad Nacional inclusiva, participativa y colaborativa»[6], es un problema en la sociedad española.

Ojalá que superemos unidos, sacrificados y honestos esta epidemia que tanto desazón y sufrimiento está causando. Esperemos que las estrategias no solo se elaboren para justificar determinados roles o producir teorías, sino que sean puestas en práctica de forma seria, coordinada y eficiente para afrontar con rigor y preparación las múltiples amenazas, retos y desafíos que nos presenta el mundo global en que vivimos.

Cuando se conoce que algunos (de momento minoritarios y esperemos que el futuro no cunda el ejemplo) exigen a sus vecinos contagiados por el Covid-19 (algunos de ellos personal sanitario en primera línea de lucha contra el virus), que abandonen sus viviendas para no poner en riesgo a los demás, se comienza a percibir el peligro de la pérdida de solidaridad y de caer en una especie de retorno a estructuras sociales tribales, en las que los valores compartidos de nuestro ordenamiento constitucional, esos que tanto nos ha costado lograr, como son la libertad, igualdad, justicia y seguridad, sean puestos seriamente en riesgo. España no se lo merece.


[1] Estrategia de Seguridad Nacional 2017. Un proyecto compartido de todos y para todos, Presidencia del Gobierno, https://www.dsn.gob.es/estrategias-publicaciones/estrategias

[2] Véase el apartado “Epidemias y pandemias” de la ESN17, p. 76.

[3] ESN17, p. 77.

[4] ESN17, p. 116.

[5] ESN17, p. 117.

[6] ESN17, p. 125.

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Juan Antonio Moliner

General de División (R) del Ejercito del Aire y Subdirector del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, España

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