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Terrorismo en la era del Covid-19: un análisis multidimensional

https://global-strategy.org/terrorismo-en-la-era-del-covid-19-un-analisis-multidimensional/ Terrorismo en la era del Covid-19: un análisis multidimensional 2021-02-12 10:17:52 Juan Carlos Antúnez Blog post Global Strategy Reports Políticas de Seguridad Global Strategy Reports 2021 Pandemia COVID-19 Terrorismo
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Global Strategy Report, 7/2021

Resumen: Este artículo analiza los efectos del COVID-19 en el fenómeno del terrorismo desde un enfoque multidimensional, utilizando el concepto PMESII (Político, Militar, Económico, Social, Informativo y de Infraestructuras) como marco teórico. De esta forma se examinarán los efectos y consecuencias de la pandemia que pueden hacer que las diferentes sociedades sean más vulnerables a la radicalización y al terrorismo.  

Introducción

En la era de la Globalización, la interconexión y la interdependencia, la enfermedad del coronavirus 2019 (Coronavirus Desease 2019, COVID-19) afectará de forma significativa a todas las actividades humanas a escala mundial.

El propósito de este artículo es analizar los posibles efectos del COVID-19 sobre el fenómeno del terrorismo, desde un enfoque multidimensional, utilizando el concepto PMESII como marco teórico. El PMESII es un acrónimo desarrollado en el ejército de los Estados Unidos, que significa Político, Militar, Económico, Social, Informativo y de Infraestructuras, y que designa a una herramienta que se utiliza para realizar un análisis holístico y estructurado de un espacio operacional. Dicha herramienta se puede aplicar a un amplio rango de actividades humanas[1].

Una perspectiva de sistemas proporciona una visión de las relaciones e interdependencias significativas entre los diferentes elementos, subsistemas y sistemas del espacio operacional analizado por el PMESII[2].

Esta herramienta, que ha sido adoptada por diferentes ejércitos y organizaciones militares de todo el mundo, se utilizará para realizar un análisis de los efectos del COVID-19 en las diferentes dimensiones del terrorismo, ya sea éste de inspiración política o religiosa, para evaluar el impacto de la pandemia en la seguridad global.

El enfoque del estudio incluirá aspectos como:

  • Nuevas medidas y protocolos de seguridad (encierros, mayor vigilancia y prohibición de reuniones, restricciones de viaje, mayor presencia militar y policial);
  • El deterioro de la situación socioeconómica y el aumento de la ansiedad, la desigualdad y el desempleo;
  • El creciente descontento, incredulidad y oposición hacia las ideas y partidos políticos tradicionales, gobiernos e instituciones;
  • Y, finalmente, la desconfianza hacia los medios tradicionales, el uso de fuentes alternativas de información, la proliferación de teorías conspirativas y el incremento exponencial del uso de Internet.

A modo de resumen, este documento pretende mostrar los efectos y consecuencias del COVID-19 que tienen el potencial de hacer a nuestra sociedad más susceptible y vulnerable al extremismo, la radicalización y el terrorismo[3]. Se analizarán de esta manera las diferentes formas en las que los grupos terroristas pueden sacar ventaja de la pandemia en las dimensiones social, política y económica.

Para ello se adaptará la herramienta del PMESII, estudiando la influencia del COVID-19 en el fenómeno del terrorismo desde un punto de vista transversal. Se analizarán seis dominios diferentes: Político, Militar-Policial, Económico, Social-Cultural, Informativo e Infraestructura-Transportes.  Dichos dominios no se encuentran aislados, sino que están interconectados y son interdependientes, influyéndose unos a otros, de forma que componen un Sistema de Sistemas.

Político

Según el United Nations Interregional Crime and Justice Research Institute (UNICRI), grupos radicales de todo el mundo están tratando de obtener ventajas de la pandemia para extender sus actividades (sobre todo de forma virtual) y desacreditar y disminuir la eficacia de las medidas tomadas por los diferentes gobiernos para hacer frente a los efectos de la pandemia[4].

La falta de preparación y de equipamiento de los servicios sanitarios y de asistencia y la incapacidad de muchos gobiernos a la hora de hacer frente a los efectos de la pandemia han aumentado el malestar y el descontento popular en la mayoría de los países. Además, los más que previsibles incrementos de la desigualdad social y el deterioro de la situación económica, aumentarán el desacuerdo, el rechazo y la oposición de una parte de la población hacia los partidos y las posiciones políticas tradicionales[5]. Todo esto incrementará, aún más, la polarización política que se ha manifestado en diversas zonas del mundo durante los últimos años[6].

Los sectores sociales más afectados por los efectos de la pandemia serán susceptibles de identificarse con discursos populistas extremos, a ambos lados del espectro político. Estos movimientos políticos explotarán el deterioro socioeconómico y la tensión y la división políticas. Las diferentes posiciones radicales pueden retroalimentarse, incrementado la radicalidad de su discurso. Esto podría producir que una parte de sus seguidores llegue a justificar y emplear la violencia para alcanzar sus objetivos políticos[7].

Estas ideologías de ultraizquierda y ultraderecha pueden inspirar nuevas formas de terrorismo “antiestado”, ya sea de carácter nacionalista, independista, xenófobo, antisistema, antiglobalización, animalista o ecológico[8]. Los actos violentos de cualquiera de estas facciones o grupos pueden motivar una reacción por parte de sus rivales políticos, incrementando aún más la radicalización de su discurso y la violencia de sus actos[9]. De esta forma se corre el riesgo de que se instaure y consolide un peligroso circulo vicioso[10]. Esta situación podría ser manipulada y explotada por potencias extranjeras para provocar una mayor desestabilización, en el contexto de un enfrentamiento de carácter hibrido[11].

La lucha contra la pandemia también está siendo utilizada por algunos gobiernos en todo el mundo como justificación para aumentar su poder, aprobando medidas autoritarias que aumentan el control sobre los ciudadanos e impiden sus movimientos, y sus interacciones sociales y políticas[12]. El recorte de derechos y libertades, real o percibido, junto con los fenómenos analizados en otras dimensiones, pueden contribuir también a aumentar también el riesgo de radicalización y del uso de la violencia[13].

Los grupos radicales también pueden explotar las protestas contra las medidas tomadas por los gobiernos para propagar sus narrativas, aumentar su base de apoyo y reclutar nuevos miembros para engrosar las filas de sus organizaciones. Asimismo, pueden provocar episodios de violencia que contribuyan a aumentar la polarización y la crispación, condiciones ideales para aumentar su papel en la escena política y su influencia en diversos sectores de la sociedad[14].

En algunos países, la incapacidad de las autoridades para garantizar la seguridad y proporcionar las necesidades económicas y sanitarias mínimas puede ser explotada por organizaciones radicales y terroristas.  Dichos grupos pueden prestar esos servicios esenciales y obtener el apoyo de una parte de la población, ocupando y aprovechando el vacío dejado por los gobiernos[15]. Este fenómeno se ha producido con anterioridad en diversos lugares del mundo, entre ellos Afganistán, Siria e Iraq.

En esos lugares los efectos económicos y sociales del COVID-19 pueden además profundizar y exacerbar las divisiones entre diferentes grupos étnicos, tribales o religiosos, reactivando o generando nuevos conflictos armados que provocarán nuevas olas de refugiados y desplazados[16].   Esto contribuye a deteriorar aún mas una situación realmente complicada. No hay que olvidar que en el año 2019 el numero de refugiados y desplazados en el mundo alcanzo la cifra récord de 79,5 millones[17].

Militar-Policial

La crisis del COVID-19 ha provocado que los gobiernos dicten confinamientos, cuarentenas, toques de queda y otras medidas de disminución temporal de la movilidad, así como un mayor despliegue de fuerzas de carácter policial y militar[18]. Todo esto hace pensar que se han dificultado las actividades terroristas desde dos puntos de vista diferentes[19]. Primero por el menor número de personas o grupos que se reúnen en lugares públicos, susceptibles de ser objetivos de esos actos, lo que hace cualquier acción terrorista menos rentable e impactante[20]. Segundo por la mayor dificultad de movimientos para individuos u operativos terroristas, tanto para la ejecución de atentados como para llevar a cabo funciones de reconocimiento, logísticas o de reclutamiento[21].

Sin embargo, el número de atentados en Europa entre enero y noviembre de 2020 alcanzó la cifra de 14, duplicando la cifra registrada en 2019 y pasando de un promedio de 0,5 ataques al mes a 1,3. Dichos atentados, de poca magnitud, fueron en su mayoría obra de actores individuales, radicalizados en solitario y sin vínculos directos con células y organizaciones terroristas. El incremento de ataques terroristas ha sido mucho mayor en áreas afectadas por conflictos armados, tales como África Occidental y Central, el Sahel, Iraq y Afganistán[22].

En el lado negativo también hay que señalar que hay un número de elementos policiales que se han empleado en nuevas misiones y tareas provocadas por la pandemia, sustrayéndolos de otros cometidos, entre ellos la lucha contra el terrorismo[23].

La batalla interna en cada país contra el COVID-19 también tiene el potencial de poner en riesgo los esfuerzos multinacionales de lucha contra el crimen y el terrorismo internacional[24]. Estos esfuerzos son vitales a la hora de hacer frente a estos fenómenos que no distinguen de países ni de fronteras.

Económico

Los efectos económicos del COVID-19 están provocado la más profunda recesión de las ocho últimas décadas[25] y amenazan con empujar a una situación de pobreza a decenas de millones de personas en todo el mundo[26]. Aunque es todavía imposible establecer de forma exacta la totalidad de este impacto, se puede vaticinar que la pérdida de empleo, la recesión y la falta de horizontes personales, familiares y profesionales, contribuirán a un aumento del malestar y de la agitación social en un gran número de países de todo el mundo[27].  

La inestabilidad y las dificultades socioeconómicas pueden motivar procesos de radicalización y facilitar el proceso de reclutamiento por parte de grupos terroristas de diversa índole, ya sean de inspiración religiosa o de orientación política[28].

En algunos países del mundo el COVID-19 ha exacerbado situaciones socioeconómicas negativas previas y creará nuevas bolsas de pobreza[29].  En el caso del África Subsahariana este deterioro social y económico, junto con la presión demográfica, motivará un incremento de dos fenómenos ya existentes: por un lado, un mayor grado de apoyo y enrolamiento en grupos terroristas, sobre todo en el área del Sahel y de África Occidental[30]; por otro lado, un aumento de las corrientes de emigración hacia Europa[31].

Como se ha señalado anteriormente, la crisis económica producida por la pandemia también afectará los presupuestos de cada estado, disminuyendo probablemente las partidas dedicadas a prevenir y a luchar contra el terrorismo, así como aquellas destinadas a proyectos de formación y cooperación internacional, como se ha señalado anteriormente[32].

Esos recortes presupuestarios también afectarán a las misiones militares y policiales en países afectados por el terrorismo, así como los proyectos de cooperación y desarrollo que persiguen cambiar las circunstancias que provocan la radicalización y la violencia[33].   

Por otro lado, como ha sucedido en zonas de conflictos y de emergencias humanitarias previas, habrá organizaciones, políticas o religiosas, dedicadas a hacer frente a los efectos y consecuencias del COVID-19. Una parte de estas organizaciones pueden ser también utilizadas como pantallas o “tapaderas” para ocultar actividades de financiación de grupos extremistas y para extender y propagar ideas, posiciones y doctrinas radicales[34].  

La generación de nuevos conflictos armados en algunas zonas del mundo también podría provocar el desplazamiento de combatientes extranjeros hacia áreas de enfrentamiento para defender a sus respectivos correligionarios[35].  

Social-Cultural

En la situación actual la población de los países occidentales pasa mucho más tiempo en sus hogares. Existe una creciente preocupación acerca del aislamiento y la salud mental, sobre todo de aquellos que viven en soledad. Para aquellos otros que viven acompañados, las tensiones y conflictos familiares o interpersonales pueden considerarse también como elementos incrementadores del nivel de estrés[36].

Adicionalmente, como se ha señalado en el apartado anterior, muchas personas han perdido sus trabajos, se han visto apartados temporalmente de él o han interrumpido su educación y su formación académica[37]. Esta interrupción de la carrera laboral o educativa puede resultar en dificultades económicas, frustración o aburrimiento, aumentando la vulnerabilidad a la radicalización y el riesgo de implicación en actividades violentas o terroristas[38].

En el lado positivo, se debe mencionar que el aislamiento social, o el confinamiento en el ámbito familiar, disminuye el riesgo de entrar en contacto físico con elementos radicales y aumenta, en muchos casos, la exposición a influencias familiares positivas[39].

El incremento de la emigración, también mencionado anteriormente en la dimensión económica, puede motivar, además de numerosas cuestiones y preocupaciones relativas a la seguridad, un aumento de los sentimientos xenofóbicos e islamófobos en algunos sectores de las sociedades europeas. Dichos sentimientos se verán espoleados por la difícil situación económica y alentados por algunos partidos políticos de corte ultranacionalista y excluyente[40].

La difusión de bulos, de informaciones de corte xenófobo y conspiratorio, y la falta de confianza en los medios de comunicación de masas tradicionales complicarán aún más la situación[41].  

El incremento de la xenofobia puede ser importante en el inicio y desarrollo de muchos procesos de radicalización religiosa en Europa, especialmente entre musulmanes, conversos[42] o emigrantes de segunda o tercera generación, hombres y mujeres[43], que sufren una crisis de identidad, al no identificarse ni con la sociedad en la que han nacido y crecido, ni con la que procedían sus padres y abuelos[44].

Las motivaciones y razones de cada individuo para abrazar la radicalización y el terrorismo varían según cada individuo, cada comunidad y cada área geográfica. Algunos, mayoritariamente habitantes de países del Norte de África u Oriente Medio, buscan mejorar su situación socioeconómica y derribar al régimen político reinante. Otros, principalmente ciudadanos de países occidentales, lo hacen por motivos culturales e identitarios[45]. Los efectos del COVID-19 pueden incrementar ambos fenómenos.

Informativo

Como se ha dicho anteriormente, grupos radicales de diferente inspiración política o religiosa se han lanzado al mundo virtual para aprovechar la frustración, el miedo, la ansiedad, el enfado y la ira de muchos ciudadanos[46]. Estas personas se han visto abocadas, por el aislamiento, el confinamiento, los toques de queda y otras medidas que reducen la movilidad y las relaciones sociales, a aumentar el tiempo que dedican a navegar e interactuar en internet, aumentando el riesgo de reclutamiento y radicalización virtual[47].

Así mismo, la creciente falta de confianza y credibilidad de los medios tradicionales de comunicación, percibidos como manipuladores y al servicio del poder político y económico establecido, han hecho que algunos sectores de la población recurran a foros y chat en Internet para acceder a fuentes alternativas de información. Dichas fuentes de información no se enfrentan a ningún tipo de control de veracidad ni rigor profesional y, a menudo, difunden bulos y teorías de la conspiración de manera viral, contribuyendo a aumentar la polarización en la sociedad y provocando la radicalización de algunos elementos y sectores políticos y sociales.

Diversos grupos están explotando la pandemia como un nuevo motivo o una nueva justificación para el uso de la violencia contra el gobierno o contra algunos sectores de la población, ya sea por su raza, su religión, sus ideas políticas o su inclinación sexual. Para ello han hecho un uso creciente de narrativas que justifican sus acciones y sus posiciones políticas o religiosas, sobre todo aquellas que incluyen elementos de agravio y de venganza, y que culpan a sus enemigos del origen y de la mala gestión de la pandemia[48].

Por ejemplo, tradicionalmente los movimientos que defienden una versión literal, ultraconservadora y violenta del islam aseguran que “el Occidente cristiano está inmerso en una campaña para someter al islam y a los musulmanes, con la colaboración y en connivencia con los judíos y el sionismo internacional”. Por otro lado, la ultraderecha en muchos países defiende que “los judíos, los chinos, la gente de color, las minorías sexuales, los gobiernos y los multimillonarios que los apoyan, tratan de explotar y de privar a la población blanca aria de su libertad, atacando a la familia y los valores tradicionales”[49]. Por último, la ultraizquierda culpa de todos los males del mundo al capitalismo y a las multinacionales que manipulan a los gobiernos para acumular riquezas explotando a los trabajadores, incluyendo también elementos conspirativos, tales como poderes y organizaciones que operan en la sombra.

Todos ellos han encontrado en la dramática situación provocada por el COVID-19 nuevos elementos para añadir y reforzar su narrativa[50]. Dichas narrativas se robustecen con nuevos argumentos para incrementar el radicalismo y aumentar el odio hacia sus rivales, ya sea representando a la enfermedad como un castigo divino contra los pecadores o identificando a determinados grupos étnicos, religiosos o socioeconómicos como culpables de la creación o de las consecuencias de la pandemia[51].

Todos ellos también ofrecen un discurso demagógico y maniqueo, cargado de supuestas certezas, que ofrece soluciones simplistas a problemas y situaciones complejas. Este tipo de discursos resulta especialmente atractivo en situaciones de ira, incertidumbre, miedo y desesperación.  

Los grupos extremistas están usando las redes sociales para difundir teorías de la conspiración y desinformación acerca del virus[52], expandiendo sus redes mediante la explotación de algoritmos que identifican los potenciales seguidores entre los que les ha “gustado” o han compartido uno de sus “memes”[53]. El incremento exponencial de la información de este tipo que recibe el individuo aumentará su falta de confianza y su oposición al sistema político actual, facilitando procesos de radicalización que pueden desembocar en la violencia y el terrorismo.

Sin embargo, hasta el momento no hay evidencia de que durante la pandemia haya aumentado la radicalización y el reclutamiento terrorista por parte de grupos de inspiración religiosa[54].  Parece más factible, en base a los datos actuales, el incremento de radicalización de carácter político[55].

En el ámbito informativo también hay que señalar que el colosal interés mediático provocado por el COVID-19 han apartado la atención ciudadana de otros temas, incluyendo el del terrorismo[56]. En una situación en la que se pierde la vida de cientos de personas cada día, las organizaciones y grupos terroristas, para conseguir captar la atención de los medios de comunicación y de la opinión pública, se verían obligados a llevar a cabo acciones especialmente cruentas e impactantes.

Los terroristas también pueden alterar sus tácticas y procedimientos y podrían usar la transmisión del COVID-19 como una forma rudimentaria de arma biológica, como forma de incrementar el impacto de sus acciones[57].  

Infraestructura y Transportes

La restricción de viajes, a nivel nacional e internacional, y el aumento de los controles y la seguridad en puertos, estaciones, aeropuertos y fronteras complica el movimiento de elementos terroristas, que podrían comenzar a hacer uso de medios alternativos, como las redes de inmigración ilegal, para viajar entre diferentes países y para desplazarse después dentro de ellos. Los terroristas detenidos tras llegar en patera a Almería en abril[58] y diciembre[59] de 2020 podrían ser indicadores de esta tendencia.  

Las restricciones de reuniones sociales y el cierre de diversos locales e instalaciones públicas han motivado que estas no sean objetivos viables ni apetecibles de ataques terroristas. Esto puede motivar que las organizaciones radicales elijan otros lugares vitales, abiertos y abarrotados durante la pandemia, como supermercados, hospitales, y otras instalaciones donde se prestan servicios de primera necesidad[60].

Conclusiones

El estudio realizado en este artículo muestra un conjunto de efectos motivados por el COVID-19 que afectarán multidimensionalmente el futuro del extremismo y el terrorismo, tanto a nivel local como internacional.

La angustia y la desesperación que ha provocado la pandemia en millones de personas de todo el mundo y la incapacidad de gobiernos e instituciones para hacer frente a sus efectos están siendo explotados por grupos extremistas y radicales de diversa índole, política o religiosa.

Dichos grupos difunden diseminan, principalmente a través de las redes sociales, desinformación que busca, por un lado, aumentar la confusión y el odio contra sus respectivas némesis étnicas, políticas o religiosas y, por otro, debilitar a los gobiernos e instituciones para conseguir los objetivos de sus respectivas agendas.

En base a los datos disponible es posible afirmar que hasta ahora ha sido mayor el efecto de ideas radicales ligados a grupos políticos populistas de extrema izquierda y derecha.

Algunos de los efectos mencionados en este artículo solo ejercerán su influencia durante un corto espacio de tiempo. Sin embargo, otros se manifestarán y perdurarán a medio y largo plazo.

En el dominio de la información, las autoridades a nivel nacional e internacional deben hacer esfuerzos para desarrollar estrategias de comunicación que disminuyan el impacto de la desinformación y las teorías de la conspiración por parte de grupos radicales, respetando la libertad de expresión, aumentando la transparencia, e implicando a elementos de la sociedad civil. También hay que desarrollar técnicas y procedimientos para hacer frente al reclutamiento y radicalización online, aumentando la resistencia ciudadana frente a estos procesos.

En el ámbito militar y policial, así como en el político, se debe asegurar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, a la vez que se implementan las necesarias medidas de restricción de movimientos y de otras actividades sociales. Deben aumentarse también la comunicación y el dialogo entre las fuerzas y cuerpos de seguridad y la sociedad civil.

También hay que incrementar la protección de infraestructuras criticas durante la pandemia, como hospitales y supermercados, así como desarrollar capacidades para hacer frente al posible uso del COVID-19 como arma terrorista.

Junto a medidas de carácter policial, jurídico, legislativo y judicial, una mayor inclusión social y económica y una disminución de la desigualdad, reducirá el aislamiento de algunos sectores de la población. De esta forma aumentará la cohesión social y disminuirá al mismo tiempo la efectividad de la propaganda de los grupos extremistas, y de sus capacidades de reclutamiento.

También será fundamental, respetando siempre los principios de la libertad religiosa y de información, controlar y hacer frente a las informaciones y a las doctrinas que buscan aumentar la crispación y la polarización, aumentando el odio y la radicalización de algunos sectores de la sociedad, así como a las personas y organizaciones que las difunden.  

El aumento de ataques ha aumentado de manera evidente durante el ultimo año en zonas previamente afectadas por conflictos armados, tales como Iraq, Afganistán y el Sahel. Los gobiernos e instituciones deben continuar sus esfuerzos para fomentar la colaboración internacional, apoyando los programas de capacitación y entrenamiento y desplegando elementos policiales y militares en aquellos países donde existen organizaciones y movimientos terroristas, a petición de las autoridades locales, y bajo el marco del ordenamiento legal internacional. Se deben desarrollar y reforzar también sistemas de control, inspección y regulación de flujos económicos para evitar el financiamiento de grupos extremistas, así como reforzar planes de desarrollo económico en esas zonas del planeta.

En un contexto de desempleo y pobreza, de personas que pierden sus hogares, y de creciente desigualdad, no es difícil para algunos políticos populistas explotar y manipular la frustración y la ira de las clases más desfavorecidas, y desviarlos en contra de sus enemigos políticos, del sistema o de emigrantes y refugiados.

La polarización en el debate ha provocado una falta de voces moderadas que puedan articular un debate lucido, pausado y equilibrado en los asuntos relacionados con la pandemia, cuyo punto de partida debe ser la reafirmación y protección de los principios, derechos y deberes democráticos, y la de proteger y apoyar a las víctimas más desfavorecidas del COVID-19.


[1] Hartley D.S. (2015) DIME/PMESII Models. En Fellman P., Bar-Yam Y., Minai A. (eds) Conflict and Complexity. Understanding Complex Systems. Springer, New York, NY. Antunez J.C. Understanding the Operational Environment: The Human Dimension. Global Strategy Report, 1/2021

[2] SHAPE and HQ SACT, Knowledge Development Concept, 12 August 2008. Supreme Headquarters Allied Powers Europe (SHAPE), Allied Command Operations Comprehensive Operations Planning directive COPD Interim V2.0, 04 October 2013.

[3] Ackerman G. & Peterson H. (2020) Terrorism and COVID-19: Actual and Potential Impacts, Perspectives on Terrorism, Volume 14, Issue 3, June.

[4] Spiske M. (2020) Extortion, bio-warfare and terrorism: Extremists are exploiting the pandemic, says UN report, Unsplash, 18 November.

[5] Mullins S. (2020) Assessing the Impact of the COVID-19 Pandemic on Terrorism: Practitioner Insights, Security Nexus, August.

[6] Lehman T. & Tyson S. (2021) Why Radicalization Is So Common, And What to Do About It, Political Violence at a Glance, February 5.

[7] Applebaum A. (2020) The Answer to Extremism Isn’t More Extremism, The Atlantic, October 30.

[8] Wither J. & Masek R. (2020) The COVID-19 Pandemic: Counterterrorism Practioners’ Assessment, Marshal Center, Number 017, October.

[9] Interpol (2021) Terrorist groups using COVID-19 to reinforce power and influence, 12 January.

[10] Davey J. & Peucker M. (2021) How the Left and the Right Radicalize Each Other, Fair Observer, Feb 04.

[11] Como ejemplo de utilización de factores políticos y socioculturales en un entorno de enfrentamiento de carácter hibrido, consultar Antunez J. C. (2017) The Role of Religion and Values in Russian Policies: The Case of Hybrid Warfare, Global Strategy, 11 de noviembre.

[12] Byman D.L. (2020) Counterterrorism in a time of COVID, Foreign Policy, August 20.

[13] Bourekba M. (2020) COVID-19 and terrorism: when the exception locks down the rule, CIDOB, March. UNITAR (2020).

[14] Papadopoulos Holmer G. (2020) Counter-terrorism in the COVID era: Why human rights matter even more now, OSCE, 14 July.

[15] Byman D.L. (2020). Papadopoulos Holmer G (2020). Mullins S. (2020). UNITAR (2020).   

[16] Tobias I. (2021) COVID-19 and Armed Conflict, World Development, April.

[17] DW (2020) Refugee numbers hit record high in 2019: UN report, 18 de junio.

[18] Ackerman G. & Peterson H. (2020)

[19] Wither J. & Masek R. (2020).

[20] Salman N. L. & Gill P. (2020) Terrorism during the COVID-19 Pandemic, UCL Jill Dando Institute, May. Mullins S. (2020). Ackerman G. & Peterson, H. (2020).

[21] Byman D.L. (2020).  Salman N. L. & Gill P. (2020). Mullins S. (2020). Ackerman, G. & Peterson, H. (2020). UNITAR (2020) Impact of COVID-19 on Violent Extremism and Terrorism, Division for Peace.  

[22] De la Corte L. & Summers M. (2021) Yihad en tiempos de pandemia, Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), Documento de Investigación, 01/2021,01 febrero.

[23] Ackerman G. & Peterson H. (2020). Unitar (2020). Sirva de ejemplo la carta de 16 de julio de 2020, del Jefe del Comité del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas relativas a las resoluciones 1267 (1999), 1989 (2011) y 2253 (2015), relativas al Estado Islámico en Iraq y el Levante (Da’esh), Al-Qaida y asociados, dirigida al Presidente del Consejo de seguridad.  

[24] Mullins S. (2020). Unitar (2020).

[25] World Bank Group (2021) Global Economic Prospects, A World Bank Group Flagship Report, January.

[26] Cavano, K. (2020) Terrorism Thrives on Hopelessness: The Impact of COVID-19 on Terrorist Activities, Palladium, August 07.

[27] Ackerman G. & Peterson H. (2020)

[28] Wither J. & Masek R. (2020).

[29] Cavano K. (2020).

[30] Security Council Report (2021) West Africa and the Sahel, Monthly Report, January.

[31] African Union (2020) Migration & Mobility in Contexts of COVID-19, Press Release, April 10. Migration Policy Institute (2020) Migration & Mobility in Contexts of COVID-19, Europe Webinar, June 15. Simcox R. (2020)

[32] Wither J. & Masek R. (2020). UNITAR (2020)

[33] Simcox R. (2020). UNITAR (2020).

[34] UNITAR (2020).

[35] Antunez J. C. (2016) Los combatientes europeos del Daesh: ideología, perfil y motivación, Global Strategy, 1 de septiembre.

[36] Salman N. L. & Gill P. (2020)

[37] Cavano K. (2020)

[38] Salman N. L. & Gill P. (2020)

[39] UNITAR (2020).

[40] Antunez J. C. (2019) Refugees and Terrorism: The Real Threat, Global Strategy, 21 de octubre.

[41] Salman N. L. & Gill P. (2020)

[42] Antunez J. C. (2121) Los españoles conversos del DAESH: ¿una amenaza a la seguridad?, Global Strategy, 20 de enero.

[43] Antunez J. C.  (2020) Western DAESH Women: Ideology, Profile and Motivation, Revista de EStudios de Seguridad Internacional, Vol. 6 Núm. 2, 3 de diciembre.

[44] Antunez J. C. (2019)

[45] Ibid.

[46] Kruglanski A. W., Gunaratna R., Ellenberg M.  & Speckhard A. (2020) Terrorism in time of the pandemic: exploiting mayhem, Global Security: Health, Science and Policy, 5:1, 121-13, 30 October. Ackerman G. & Peterson H. (2020).

[47] Mullins S. (2020). UNITAR (2020).

[48] Kruglanski A. W., Gunaratna R., Ellenberg M.  & Speckhard A. (2020).

[49] Ibid. Simcox R. (2020)

[50] Ackerman, G. & Peterson, H. (2020)

[51] Kruglanski A. W., Gunaratna R., Ellenberg M.  & Speckhard A. (2020). Simcox R. (2020)

[52] Interpol (2021). UNITAR (2020).

[53] Spiske M (2020).

[54] De la Corte L. & Summers M. (2021).

[55] Sirva como ejemplo un reciente informe del National Support Center for Extremism, de los Países Bajos, que señala en incremento de peticiones de ayuda por procesos de radicalización ligadas a teorías conspiratorias y grupos de extrema derecha. Dutch News (2021) Anti-radicalization experts are dealing with dozens of calls a month. February 6.  

[56] UNITAR (2020).

[57] Ackerman G. & Peterson H. (2020). UNITAR (2020).

[58] Cembrero I. (2020) Abdelmajid Bary, el primer terrorista que llegó en patera a España y… acabó confinado en Almería, Diario de Sevilla. 22 de abril.

[59] Ortega P. (2021) La Policía desarticula en Barcelona una célula del ISIS con un retornado que pretendía atentar, El País, 12 de enero.

[60] Ackerman G. & Peterson H. (2020). UNITAR (2020).


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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Juan Carlos Antúnez

Oficial del Ejército de Tierra español. Analista Sociocultural en NATO Allied Joint Force Command (JFC) Brunssum. Doctor en Filología Árabe

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