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La proyección del poder aéreo chino sobre la zona gris del Mar de China Meridional desde la perspectiva del realismo ofensivo

https://global-strategy.org/la-proyeccion-del-poder-aereo-chino-sobre-la-zona-gris-del-mar-de-china-meridional-desde-la-perspectiva-del-realismo-ofensivo/ La proyección del poder aéreo chino sobre la zona gris del Mar de China Meridional desde la perspectiva del realismo ofensivo 2021-01-12 07:11:00 Alfonso Daniel Rodríguez Varela Blog post Global Strategy Reports Política de Defensa China Global Strategy Reports 2021 Zona gris y estrategias híbridas
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Global Strategy Report, 2/2021

Resumen: La estrategia exterior seguida por China en los últimos años ha convertido los mares que la rodean en uno de los principales centros de gravedad del mundo. En ese sentido, las actuaciones realizadas en los últimos años en la zona por parte del poder aéreo chino, de creciente agresividad, determinan la necesidad de estudiar estas actuaciones en clave de conflicto y concluir la posibilidad de existencia una zona gris. Por ello se realiza un estudio del escenario en relación con la proyección del poder aéreo de China sobre su flanco marítimo sur.


Introducción

En el contexto post-Guerra Fría, China, un Estado comunista, fue paulatinamente alcanzando grandes cotas de poder hasta que en noviembre de 2011 se produjo un importante hito con el ya histórico discurso del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. En efecto, con este acto, el mandatario norteamericano reflejó el cambio del foco del interés de las grandes potencias mundiales, trasladando el centro de gravedad desde la posición tradicional en Europa hacia el Lejano Oriente[1]. Este punto de inflexión se vio reforzado en 2017 con el también histórico discurso del mandatario de la República Popular China, Xi Jingping, en el Foro de Davos, en el cual anunciaba al mundo que un país con un régimen comunista de partido único iba a ser el mayor defensor del libre mercado y de la globalización[2]. En efecto, se puede decir que estos cambios en la última década; son consecuentes con los cambios de los intereses de Estado de cada actor implicado, es decir, de la realpolitik.

Por otro lado, si este choque entre dos grandes potencias implica un aumento de la importancia estratégica del Mar de China Meridional, cuyos estrechos, Malaca y Taiwán son claves para el transporte marítimo mundial. Asimismo, el hecho de que exista una pluralidad de actores que intentan hacer valer sus derechos sobre la región; conlleva que se esté ante un contexto sumamente inestable, el escenario multipolar. En efecto, los diversos focos de poder y los diferentes intereses creados pueden llevar a un juego de alianzas cambiante, de ahí el foco de inestabilidad en la zona.

Este foco de tensión, en el que los actores interpretan sus respectivos papeles en varios campos, puede ser identificado como un conflicto en la zona gris (GZ). En efecto, en la época actual, que puede ser calificada como postmoderna, la definición de conflicto habría superado la antigua definición de paz como la ausencia de guerra.

Por otra parte, una investigación sobre los actores en el Mar de China Meridional podría ser tan extensa y detallada que desborde las legítimas ambiciones que pueda tener un trabajo de este calibre; con lo cual, una vez delimitada la situación de esta área geográfica, se realizará un análisis de uno de sus elementos, el poder aéreo. La elección de este factor se justifica en su paulatino aumento de importancia en los conflictos desde la invasión de Afganistán en 2001. En efecto, parece que en la actualidad los actores implicados en un conflicto, ante un análisis coste-beneficio, no encuentran ventajosa la guerra tradicional. En consecuencia, el poder aéreo y sus avances tecnológicos que permiten desarrollar una especie de guerra a distancia es elegido, junto con los servicios de inteligencia y las unidades de operaciones especiales, para actuar en teatros de operaciones alejados. Asimismo, ostentar la superioridad aérea es cada vez más esencial para desarrollar las actuaciones en superficie.

Para realizar el análisis propuesto, este trabajo, tras el planteamiento de la metodología y las hipótesis, se estructura con un marco teórico que permita asentar una base sólida para realizar el análisis del caso. A su vez, este marco teórico se divide en dos partes diferenciadas; la primera, que incide en las teorías de las relaciones internacionales y; la segunda incide en las diferentes teorías acerca de la proyección del poder aéreo.

A continuación, se analiza la proyección del poder aéreo de China sobre el Mar de China Meridional. Con este examen, se tratará de deducir tendencias que puedan llevar a algún tipo de predicción al respecto.

Metodología e hipótesis

A fin de realizar una reflexión que argumente el tema objeto del presente artículo, se efectúa un análisis en base a dos pilares fundamentales; las Ciencias Sociales y Humanas y, el análisis técnico y empírico a fin de analizar el despliegue del poder aéreo en la zona, debido a la tensión creciente actualmente experimentada en esta zona en los últimos años.

Para confeccionar este estudio, es necesaria la utilización una metodología variada. En primer lugar, se utilizará el método descriptivo con el fin de extraer los conceptos necesarios y la información que aporten las fuentes documentales que se estudiarán con el fin de pasar a una fase más analítica. En segundo lugar, se acudirá al método analítico para ordenar de forma lógica la información, establecer relaciones de causalidad y configurar las tendencias hacia futuros acontecimientos, de forma que se establezcan una serie de variables que permitan confirmar o descartar las hipótesis planteadas.

Con carácter previo a la reflexión se plantea la hipótesis de partida de la existencia de un conflicto en el Mar de China Meridional y que este se desarrolla en la GZ. La segunda hipótesis es la existencia de una estrategia de despliegue de poder aéreo en el Mar de China Meridional, concordante con las actuales tendencias estratégicas al respecto en la GZ; por parte de China.

Marco teórico

Se plantea la base teórica para realizar un estudio de la situación en el Mar de China Meridional respecto a dos pilares fundamentales; las teorías que explican el contexto desde un punto de vista político y las que lo describen desde la perspectiva estratégica, en especial desde el punto de vista de la estrategia aérea.

En primer lugar, dado el título de este trabajo, se aborda la hipótesis de la existencia de un conflicto en el Mar de China Meridional. En este sentido, se puede considerar que reducir esta definición a identificar con el conflicto armado sería una simplificación excesiva. En efecto, los estudios acerca de los conflictos suelen clasificarse según su intensidad, distinguiendo en ellos diferentes graduaciones en su definición.

Por todo ello, se considera acertada para este artículo la definición del experto en polemología Peter Wallensteen, como la situación social en la cual un mínimo de dos partes pugna al mismo tiempo para obtener el mismo conjunto de recursos escasos (Wallensteen, 2007). En ese sentido, cabe aplicar este concepto a una confrontación de intereses de Estado de una pluralidad de actores como la que se está llevando a cabo en el escenario de los mares que rodean a China.

Marco teórico geopolítico

Se toma como base en este estudio de caso la tradición realista de las relaciones internacionales, de acuerdo con la definición de Paloma García Picazo: «la política internacional como una política de fuerza, en la cual, siendo el Derecho expresión y sanción del poder» (García Picazo, 2013, p. 60). Se evidencia en la opinión de la profesora Picazo el poder como concepto nuclear y expresión del Derecho como una autocomposición. En ese sentido, cabe definir al realismo, con el poder como elemento esencial, según lo explicó Hans Morgenthau, en seis principios básicos (Morgenthau, 1986, pp. 12-26).

En primer lugar, el realismo político supone que la política obedece a unas leyes objetivas que arraigan de la naturaleza humana, explicada en una teoría racional (Morgenthau, 1986, p. 12). En segundo lugar, el realismo político en el panorama de la política internacional tiene como concepto nuclear el interés del Estado, definido en términos de poder (Morgenthau, 1986, p. 13). Por ello, este concepto debe estar presente en cada paso que se ejecute en una investigación que se adhiera a la tradición realista, como es este caso.

En tercer lugar, se incide en el concepto de interés, considerado como «una categoría objetiva de validez universal, pero [que] no otorga un significado inmutable» (Morgenthau, 1986, p. 19). El interés es, en definitiva, la misma esencia de la política, una identificación con el poder, sirviendo el concepto como nexo entre el individuo y la sociedad y haciéndose presente en la violencia y en las relaciones coercitivas más sutiles.

En cuarto lugar, se sostiene que en las relaciones internacionales los principios morales universales no son aplicables a los actos de los Estados en el contexto internacional, sino que deben estar filtrados a las circunstancias de un tiempo y lugar (Morgenthau, 1986, p. 21). En relación con el principio anterior; en quinto lugar, el realismo se niega a identificar las aspiraciones morales de la nación con los preceptos morales que gobiernan el universo. El propio concepto de interés es el que desplaza a los excesos morales.

Por último, se establece la distinción entre el realista político y otras escuelas de pensamiento siendo su enfoque de los temas en términos de interés, manteniendo así la autonomía de su esfera política.

Estos principios son pilares fundamentales que permitirán realizar una descripción de la política que han llevado a cabo los principales actores en los mares que rodean a la República Popular China.

Dentro de la tradición realista de las relaciones internacionales, existen varias teorías que pueden ser utilizadas para describir un escenario. En este caso, debido a sus características, tanto de los actores como de las actuaciones; es más aplicable la teoría del realismo ofensivo. John Mearsheimer, como uno de los principales ponentes de esta teoría la define de una forma simple (Mearsheimer, 2001, p. 363):

«[..] la estructura básica del sistema internacional fuerza a los Estados preocupados por su seguridad a competir entre ellos por el poder. El fin último de cada gran potencia es maximizar su parte de poder mundial y, eventualmente, dominar el sistema. […] Los Estados más poderosos buscan establecer su hegemonía en su región del mundo mientras se aseguran de que ninguna gran potencia rival domina otra área».

De esta afirmación del profesor Mearsheimer, se puede concluir que, paralelamente a la máxima realista de que el Estado busca su propia supervivencia; en el caso de una gran potencia, el liderazgo regional que esta debe ejercer le lleva a entablar una competencia con otras similares por la influencia regional, lo cual se puede describir cómo su propia existencia como potencia.

Esta teoría se compone de cinco suposiciones acerca del mundo (Mearsheimer, 2001, p. 363). En primer lugar, la asunción de que los Estados son los actores principales en las relaciones internacionales, por tanto, la máxima autoridad (sistema anárquico). En segundo lugar, todos los Estados cuentan con capacidades militares ofensivas, aunque distribuidas de forma desigual. En tercer lugar, un Estado nunca puede tener certeza absoluta acerca de las intenciones de otros actores. En cuarto lugar, la teoría asume que los países priorizan su supervivencia como su fin más importante, es decir, mantener su integridad territorial y su soberanía política. Por último, el realismo ofensivo asume que los Estados son actores racionales, con lo cual, se estima que sus estrategias irán encaminadas hacia la maximización de sus posibilidades de supervivencia.

Ante la cuestión de cómo debe asegurar su supervivencia una determinada potencia, Mearsheimer propone el alcance de la hegemonía sobre el sistema al que esta pertenece, es decir, sobre la región en la que está encuadrada (Mearsheimer, 2001, p. 35). Esta afirmación es importante para entender el conflicto del Mar de China Meridional, ya que su dominio será clave para la potencia que pretenda alcanzar la hegemonía regional, de cómo otras grandes potencias tratarían de impedirlo (la estrategia de la contención), y otras medianas buscarán su propia independencia en el juego de equilibrios y desequilibrios (balancing y underbalancing) que inevitablemente aparece en una situación de multipolaridad.

Sobre esta base, la tradición realista ha establecido unos conceptos que serán de aplicación para el análisis de la situación geopolítica objeto de estudio. De acuerdo con las tendencias actuales de la tradición realista, las relaciones anárquicas entre potencias conllevan una serie de equilibrios y desequilibrios que pueden ser vistos como un mecanismo de pesos y contrapesos que limitan las actuaciones de los actores implicados (García Picazo, 2013, p.78). Este mecanismo fue definido por Morgenthau como «las aspiraciones de poder de varias naciones, cada una de ellas tratando de mantener o quebrar el statu quo, llevan necesariamente a una configuración de equilibrio de poder».

Las desigualdades entre actores interactuando en un escenario determinado, tal y como describen los principios del realismo ofensivo, conllevan que los principios a los que se refiere Morgenthau no se afronten de una forma igualitaria. En efecto, una serie de actores con capacidades desiguales, que desconfían entre sí, preocupados por su supervivencia, y en el que una minoría tienen unas capacidades superiores que les permiten aspirar a la hegemonía en el área en la que interactúan, conlleva que esos equilibrios sean imperfectos, configurando varios tipos de desequilibrios.

Estos equilibrios y desequilibrios de poder han sido categorizados, en el marco del realismo neoclásico, por Schweller de cuatro maneras. En primer lugar, el equilibrio apropiado, caracterizado por una respuesta militarmente acorde a un objetivo peligroso que no se puede apaciguar sin una respuesta disuasoria. En segundo lugar, el sobre-equilibrio cuya principal característica es la entrada en una cara y peligrosa espiral armamentística debido a una falsa de percepción de peligro de agresión. La tercera categoría es la ausencia de equilibrio, que puede tomar la forma de buck-passing, bandwagoning, apaciguamiento, combate, distanciamiento u ocultamiento. La última es el underbalancing, el desequilibrio por insuficiencia, en la que la respuesta al potencial agresor es clara y peligrosamente insuficiente (Schweller, 1994, pp. 72-107).

Desde una descripción estructural del conflicto, es relevante introducir la multipolaridad como elemento favorecedor del conflicto. Esta afirmación es expuesta por Mearsheimer en base a tres razones. En primer lugar, la existencia de varias potencias en un escenario conlleva un mayor número de díadas potencialmente confrontadas. En segundo lugar, los desequilibrios de poder son más posibles en un escenario multipolar y, por consiguiente, complican la disuasión al desarrollar las grandes potencias mayores capacidades. Por último, en este tipo de escenarios es mayor la posibilidad de cálculos erróneos acerca de las capacidades propias (Mearsheimer, 2001, p. 338). El propio autor aplica sus propios postulados a este conflicto al señalar que una de las grandes diferencias entre la Asia actual y la Europa de la Guerra Fría es que Asia es esencialmente multipolar, lo cual se puede comprobar con la presencia de China, Rusia, India o Pakistán y Estados Unidos como actores con capacidad nuclear y de Japón, gigante económico. (Mearsheimer, 2001, p. 398-399). Asimismo, existe un elemento ideológico importante que favorece estos desequilibrios, como la versión china de la Doctrina Monroe, Asia para los Asiáticos, señalando la pretensión del gobierno chino de reconfigurar la geopolítica del lejano oriente (Baqués, 2020, p. 49). Como se puede comprobar, las características políticas y geográficas del escenario le confieren unos caracteres que conllevan un desequilibrio de grandes desconfianzas con potenciales consecuencias no deseadas.

Las dos principales consecuencias del desequilibrio son el llamado dilema de la seguridad y la trampa de Tucídices. El primer caso se puede definir como el hecho de que las medidas que pueda tomar un Estado para aumentar su propia seguridad frecuentemente hacen decrecer la seguridad de otros Estados (Mearsheimer, 2001, pp. 35-36). En relación con el concepto del dilema de la seguridad, su versión más extrema sería la trampa de Tucídides, propuesta por Graham Allison y definida como «la natural e inevitable perturbación que ocurre cuando un poder emergente amenaza con desplazar al poder hegemónico» (Allison, 2017, p. xvi), con lo que el desequilibrio puede evolucionar hacia una escalada armamentística. Este escenario, sumado a la inestabilidad intrínseca de la multipolaridad, puede derivar en la circunstancia menos deseada, la del conflicto armado.

No obstante, cabe resaltar que, en ese sentido, se pueden constatar escenarios intermedios; así entra en juego el concepto de la GZ, cuya definición más intuitiva es «el espectro del conflicto político que separa la paz (blanco) de la guerra (negro)» (Jordán, 2018, pp. 129-121). Esta conceptualización debe ser complementada con una serie de elementos definitorios, los cuales han sido sintetizados por el profesor Jordán (Jordán, 2018, pp. 129-121).

La primera de las características definitorias de la GZ es su ambigüedad, en el sentido que no llega al punto de alcanzar la violencia política del conflicto armado menor. En este contexto, el elemento militar va desde lo más simbólico, la disuasión, hasta bordear el conflicto armado, como puede ser el uso de unidades armadas no militares, (voluntarios o paramilitares).

El segundo elemento definitorio de la GZ es el de las estrategias multidimensionales, integrales y de ejecución sincronizada. En este sentido, se aplica una estrategia en la que tienen su papel los poderes políticos, económicos, sociales, diplomáticos y militares, incluyendo en estos últimos, la proxy war, o guerra por delegación.

El tercer elemento definitorio alude a los intereses sustanciales en juego, es decir, adentrarse en la GZ implica un juego de costes y beneficios esperados que deben tener las diferentes etapas, como el abandono de la vía diplomática o los cruces de líneas rojas. En ese sentido, la diferencia en la ratio coste-beneficio que puede haber entre diferentes actores es una variable fundamental para realizar un análisis de la escalada del conflicto y sus posibles desenlaces.

Por último, el gradualismo, lo que significa que, al tratarse la GZ como un conflicto a largo plazo, se corresponde con una adaptación táctica a los acontecimientos a través de una modificación estratégica del escenario por medio de una suma de efectos.

Por otro lado, si bien la GZ tiene un importante componente político en cuanto a los métodos a utilizar en el proceso revisionista del status quo; es evidente que el poder militar es un elemento esencial. En efecto, de acuerdo con Josep Baqués, «el éxito de la GZ depende de disponer de buenas capacidades militares que permitan mantener la iniciativa» (Baqués, 2017, p. 26). De esta afirmación se puede deducir fácilmente la importancia de las capacidades disuasorias y de apoyo a otros dominios del poder aéreo, tal y como se podrá comprobar en el análisis siguiente.

Marco teórico del poder aéreo

Señala Javier Jordán que la mayor parte de las fuerzas aéreas occidentales tienen el carácter de capacidad como elemento nuclear de sus respectivas definiciones de poder aéreo (Jordán, 2016, p. 6). En efecto, la OTAN define el concepto como: «la capacidad de usar el potencial aéreo para influir en el comportamiento de actores en el transcurso de los eventos»[3]. De esta definición se puede concluir que el poder aéreo es un instrumento valioso para actuar en la GZ.

En ese sentido, es clarificadora la afirmación del profesor Jordán acerca del poder aéreo, «para que [..] logre efectos estratégicos es necesario establecer un puente entre las acciones militares desde el aire y los objetivos políticos» (Jordán, 2016, p. 6).

Por su parte, la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación de China (PLAAF), desde 2004 ha venido modificando su clásico enfoque en la defensa aérea territorial de China, hacia capacidades de apoyo a los objetivos políticos nacionales y a conseguir un amplio rango de metas estratégicas (Harold, 2018, p.1). En este sentido, se puede deducir el cambio de visión de la PLAAF hacia la concepción occidental del poder aéreo, lo cual supone una enorme transformación con respecto a la tendencia tradicional de la PLAAF al respecto. En efecto, la gran diferencia en el desarrollo de las fuerzas aéreas occidentales y el caso chino es que, mientras ya en los albores del uso de la aviación en el campo de batalla, fuerzas aéreas occidentales como la USAF habían tenido un desarrollo doctrinal y conceptual propio e independiente de los otros dominios, la PLAAF ha evolucionado, desde su fundación en 1949 a remolque del desarrollo doctrinal de sus fuerzas terrestres, el PLA (Cliff, 2011, p.33). Este cambio de tendencia puede ser interpretado como la intención de tener un instrumento más adecuado para la actuación en la GZ.

El uso del poder aéreo con fines de proyectar poder militar e influencia política es una forma primigenia de uso de este. Es por ello por lo que los debates acerca de su utilización en los conflictos se han ido sucediendo desde principios del siglo XX hasta nuestros días, influenciados por los avances tecnológicos, no sólo de la aviación, sino en los sistemas de detección y otros sistemas de armas.

Los debates doctrinales acerca del poder aéreo tienen como elemento común el valor de la aviación como medio de coerción sobre el adversario, con el fin de alcanzar la victoria en los conflictos sin llegar a la destrucción total y los elevados costes de la guerra de trincheras. En ese sentido, cabe introducir el debate teórico más actual acerca del poder aéreo, descrito por el profesor Jordán, y llevado a cabo en el contexto fin de Guerra Fría y hasta el 11S. Esta polémica comenzó con la publicación de los escritos del coronel John Warden III, el cual, expuso una serie de principios que el profesor Jordán resumió de la siguiente forma.

En primer lugar, el éxito viene de doblegar la voluntad del enemigo, principio ya enunciado anteriormente por Clausewitz. En segundo lugar, se debe de buscar la parálisis total o parcial del sistema organizacional del adversario, para lo cual John Warden III expuso un modelo de cinco círculos concéntricos. En tercer lugar, esa parálisis se realizará de dos formas simultáneas; atacando los centros de gravedad de los círculos concéntricos desde el interior hacia el exterior y, por otro lado, atacando simultáneamente de forma que las capacidades de respuesta y de recuperación enemigas queden saturadas. Esta clase de ataques serían posibles gracias a las nuevas municiones guiadas y a los sistemas C3I (mando y control, comunicaciones e inteligencia), lo que permite actualizar y mejorar las doctrinas de utilización del poder aéreo.

El tercer debate es el más actual y tuvo como referente principal la intervención aliada en Afganistán, la cual se caracterizó por el uso de fuerzas de operaciones especiales, milicias autóctonas y ataques aéreos de precisión. Este mismo modelo fue utilizado en otros conflictos (ISIS en Siria, o Irak).

La postura de este modelo, denominado modelo Afganistán, fue defendido por Richard B. Andres, Craig Wills y Thomas E. Griffith en su artículo Wining with Allies. The Strategic Value of the Afgan Model. Los autores expusieron que el éxito relativo se debió a una combinación de dinámicas a nivel táctico y operacional interrelacionadas (Andres et al. 2005, pp. 135-140). En efecto, lo más revolucionario fue la sinergia de las nuevas capacidades, una proyección del poder aéreo combinado con unidades de operaciones especiales y fuerzas de infantería y artillería del Estado anfitrión.

El relativo éxito de la operación norteamericana en Afganistán se debió a dos razones. En primer lugar, los bombardeos forzaron a los Talibanes a dispersarse en pequeños grupos. En segundo lugar, esa dispersión, basada en el escondite y autoprotección, lo cual ofrece una buena defensa contra la artillería, pero es muy vulnerable contra ataques de infantería en masa (Andres et al. 2005, pp. 135-140). Si bien el conflicto de Afganistán no se puede describir como GZ (no es aplicable la ambigüedad al no utilizar la violencia del conflicto armado), sino más bien como una guerra híbrida[4].

El modelo Afganistán, si bien se ha aplicado en la guerra híbrida; parece ser la nueva doctrina de conducción de operaciones en la GZ, en gran parte por ser la alternativa a la guerra de invasión tradicional o boots in ground. En efecto, el inicio de la campaña de Afganistán, debido a la necesidad de efectuar una acción inmediata y a las peculiaridades geográficas del país, la Administración Bush optó por combinar fuerzas de operaciones especiales, milicias de la Alianza del Norte afgana y poder aéreo, aprovechando las cuatro ventajas de este último, flexibilidad, ubicuidad, velocidad y alcance (Jordán, 2016, p. 30). Es por ello que, ante una posible evolución desde la GZ hacia un conflicto híbrido, la proyección estratégica del elemento aéreo sea paralela al modelo Afganistán.

Marco jurídico de la GZ del Mar de China Meridional

La importancia de establecer un marco jurídico en torno al Derecho Internacional Público radica en que el uso de estas normas es una forma más de actuar en la GZ, incluyendo la proyección del poder aéreo. En ese sentido, se introduce el lawfare como una de las herramientas fundamentales y más utilizadas por parte de los actores involucrados en este conflicto. El término fue definido por el coronel Charles J. Dunlap de la USAF como «el uso del Derecho como un arma de guerra, […] nueva característica del combate del siglo XXI» (Dunlap Jr, 2001).

Esta utilización de las normas tiene su cabida en la GZ en el sentido de la afirmación de Josep Baqués, el cual expone que «debido al tipo de propuesta inherente a la idea de GZ, resulta fundamental la habilidad de las partes para mantenerse dentro de la legalidad» (Baqués, 2017, p. 23). Esta afirmación establece una primera pista para demostrar la hipótesis de que este conflicto se desarrolla en la GZ.

En línea con lo expuesto, cabe aclarar que, de acuerdo con Baqués, el hecho de que el lawfare exija importantes retos para las diplomacias de los actores implicados pone de manifiesto que la intervención en la GZ es más factible para las potencias relativamente poderosas (Baqués, 2017, p. 23). Es evidente que aquellos actores que puedan tener una influencia en los órganos de creación de las normas jurídicas internacionales, así como en los órganos dedicados a ejecutar o a aplicarlas jugarán con ventaja en el enfrentamiento; de ahí el valor de figuras jurídicas como el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU o la importancia de participar en las organizaciones internacionales más importantes.

El hecho de abordar la proyección del poder aéreo en una zona en la que se ponen de manifiesto reivindicaciones con respecto a las aguas y las islas implica que también sea el Derecho Marítimo uno de los pilares del marco jurídico aplicable a este conflicto. Es por ello por lo que se deben tener en cuenta una serie de conceptos que se consideran clave en las tensiones que se desarrollan en el Mar de China Meridional.

El primero de los conceptos clave del lawfare aplicado al conflicto en el Mar de China Meridional es el de la soberanía, en especial sobre las islas. En efecto, en este caso, uno de los principales frentes a abordar es el de la soberanía sobre las Islas Spratly, las Islas Paracelso y el Arrecife Scarabough. Este concepto tiene una base jurídica más sustentada en antiguas instituciones y en el reconocimiento internacional de la soberanía que en la norma escrita, lo cual hace que existan tantos conflictos territoriales a lo largo del mundo.

El segundo concepto, en clara relación con el anterior, es el de Mar Territorial, el cual está recogido en la Parte II del UNICLOS. La mencionada convención, en su artículo 2, define el Mar Territorial y expone en los siguientes que cualquier Estado que tenga costa o islas, tendrá plenos derechos sobre una franja de mar, cuya anchura será de 12 millas náuticas[5] a partir de sus líneas de base, es decir, sus líneas de costa en bajamar[6], lo cual es también aplicable a los arrecifes de la siguiente forma[7]:

El régimen de las islas que se halla establecido por el artículo 122 y siguientes del UNCLOS, en el cual se define el concepto de isla desde un punto de vista jurídico y establece sus derechos inherentes[8] son básicos para el desarrollo del lawfare en la zona del Mar de China Meridional por varias razones. En primer lugar, la definición de lo que es una isla y lo que no lo es. En ese sentido, como se puede ver, la extensión de tierra debe de estar de forma permanente sobre el nivel del mar para poder ser considerada como isla. Asimismo, si este accidente geográfico es apto para mantener vida humana (extensión, medios de vida que permitan la edificación, en muchos casos con fines militares, para poder ser habitadas) conllevará que el Estado que tenga soberanía sobre la isla tenga derecho a ejercer la misma sobre su mar territorial, así como a ejercer los derechos sobre la zona económica exclusiva y su plataforma continental.

El último de los conceptos del Derecho Marítimo, que se considera esencial en este conflicto, es el de la libertad de navegación, la cual está establecida en el artículo 87 del UNCLOS proclamando las siguientes libertades y derechos[9].

«La alta mar está abierta a todos los Estados, sean ribereños o sin litoral. […] Comprenderá, entre otras, para los Estados ribereños y los Estados sin litoral:

a) La libertad de navegación;

b) La libertad de sobrevuelo;

c) La libertad de tender cables y tuberías submarinos[…];

d) Libertad de construir islas artificiales y otras instalaciones permitidas por el derecho internacional, […];

e) La libertad de pesca, con sujeción a las condiciones establecidas en la sección 2;

f) La libertad de investigación científica, […].»

Esta norma, utilizada con profusión en este conflicto, implica que, en las zonas de alta mar, donde los Estados ribereños dejan de tener derechos sobre las aguas y el lecho marino; toda nave podrá navegar libremente de forma pacífica; asimismo, toda aeronave podrá hacer lo propio con el espacio aéreo situado sobre alta mar, entre otras libertades como establecer infraestructuras.

Asimismo, el análisis acerca de la proyección del poder aéreo sobre un escenario de GZ, debe contar con el Derecho Aeronáutico. En ese sentido, en este estudio de caso, es necesario analizar la figura de la Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ), lo cual se justifica en la profusión que tiene esta figura en el Mar de China Oriental entre los actores implicados en intereses en la zona.

Se puede definir una ADIZ como un volumen de espacio aéreo establecido sobre tierra o aguas, no necesariamente bajo la soberanía del actor que la establece y en la que se requiere que cada aeronave declare su identificación y localización, así como someterse al control aéreo; todo ello en base a intereses relacionados con la seguridad nacional (Abeyratne, 2012, pp. 87-94).

Una característica llamativa de la figura de la ADIZ es que es una figura jurídica recogida en el Derecho Internacional de nueva creación, lo cual conlleva que las interpretaciones literales realizadas de las normas contenidas en este marco jurídico no siempre sean útiles para interpretar las ADIZ. En efecto, Abeyratne alude en su artículo al Derecho Marítimo, el cual hace la comparativa con las áreas marítimas de uso similar que establece el UNCLOS (Abeyratne, 2012, pp. 87-94).

No obstante, el argumento de Abeyratne queda un poco incompleto, al ya recogerse en los Anexos 4 y 15 del Convenio de Chicago, los cuales están referidos a las cartas aeronáuticas y a los Servicios de Publicación Aeronáutica (AIP). Ambos anexos definen la ADIZ de la siguiente forma[10]:

«Espacio aéreo designado especial de dimensiones definidas, dentro del cual las aeronaves deben satisfacer procedimientos especiales de identificación y notificación, además de aquellos que se relacionan con el suministro de servicios de tránsito aéreo (ATS).»

Una interpretación analógica de la ADIZ es el considerar esta área como una especie de híbrido entre varias de las actualmente existentes recogidas en el Anexo 2 del Convenio de Chicago de la OACI. En efecto, en esta norma se recogen las Regiones de Información de Vuelo (FIR), definidas como «espacio aéreo de dimensiones definidas, dentro del cual se facilitan los servicios de información de vuelo y de alerta»[11]. Los FIR que corresponden a agencias de control de un Estado determinado forman su Área de Responsabilidad (AOR), en la cual el Estado contratante de la OACI se compromete a proveer de los servicios ATS, de búsqueda y rescate (SAR) y de AIP.

Es importante remarcar que la AOR de un Estado contratante no se corresponde con el espacio aéreo de soberanía del país en cuestión[12], con lo cual no es del todo pacífico el debate acerca de la legalidad de extender una ADIZ en una porción de un FIR, de la misma manera que no está permitido establecer áreas prohibidas fuera del espacio aéreo de soberanía[13]. En ese sentido, un avión no autorizado a entrar en la ADIZ que viole esa prohibición simplemente podrá ser interceptado e identificado y, a lo sumo, molestado; pero en ningún caso podrá ser derribado de acuerdo con el Derecho Internacional. Por ello, se puede ver como el establecimiento de una ADIZ es un claro ejemplo de la GZ, en el sentido de que es un hecho simbólico y molesto que con el tiempo puede causar, en el aspecto sociológico, una falsa percepción de posesión de un derecho sobre la porción del espacio aéreo. Por consiguiente, se puede percibir como se trata de una política revisionista del status quo que juega con los límites de la legalidad, para la que es necesario un apoyo militar, lo cual se encuadra en la definición de GZ,

Aproximación histórica al conflicto del Mar de China Meridional

Seguimiento de los acontecimientos de la última escalada del conflicto (2018-2019)

Si bien la actual escalada de tensión tiene su punto de partida en 2018, los acontecimientos de 2016 han sido cruciales para el análisis de la actual situación. En efecto, tras las navegaciones ejecutadas en octubre de 2015 de navíos norteamericanos por las islas artificiales chinas en el contexto de las FONOPS, las protestas chinas dieron paso a posteriores actuaciones que provocaron en aumento de la tensión en la zona. En febrero de 2016, China desplegó sus misiles HQ-9 anti-buque en la Isla Woody, en el archipiélago de las Islas Paracelso, donde con anterioridad había establecido allí los cazas J-11[14]. Se pueden considerar estos despliegues, desde el punto de vista del poder aéreo, como el embrión de un sistema de defensa aérea eficaz.

De acuerdo con el informe del Global Risk Monitor de Oxford Analytica[15], se puede establecer como punto de partida de la escalada que tuvo como fin la situación actual los ejercicios de aterrizajes de los bombarderos estratégicos realizados en 18 de mayo de 2018 por China en las Islas Paracelso, las cuales están disputadas entre China y Vietnam. Estos ejercicios suponen un cambio en el equilibrio de la región, al utilizar unas islas de soberanía disputada con fines militares y en los cuales se puede vislumbrar una proyección del poder aéreo hacia la región. Este desequilibrio, lejos de ser inocente, supuso una provocación a Vietnam, país que tiene intereses en hidrocarburos en la zona.

En efecto, el origen de estas maniobras parece tener relación con la explotación de hidrocarburos, dado que tres días antes de los ejercicios, la subsidiaria vietnamita de la petrolera estatal rusa había ejecutado perforaciones en un área situada dentro del área reivindicada por China. En ese sentido, la intervención diplomática de Rusia a través de la declaración realizada por su petrolera estatal, describiendo la zona como aguas territoriales de Vietnam, muestra un caso de underbalancing en el cual toma una alianza con Rusia en la que esta explota los recursos energéticos de la zona a cambio de tener un aliado frente a la potencia regional que representa China.

En fechas próximas a las maniobras de las Islas Paracelso, el 11 de mayo, se produjo en el Mar de China Meridional un incidente entre un helicóptero chino y un barco inflable filipino que llevaba suministros a un pequeño destacamento de su infantería de marina situado en el barco Sierra Madre, el cual se halla varado en un arrecife en las cercanías de las Islas Spratly. Estando el helicóptero apoyado por barcos de la Armada Popular de Liberación de China (PLAN), fue persiguiendo de forma amenazante a la embarcación filipina hasta el punto de que, el agua del mar llegaría a entrar en el barco[16].

A finales de mayo, comenzó la intervención de Estados Unidos en el conflicto por medio del refuerzo de un programa ya iniciado durante la anterior administración Obama, Operaciones de Libertad de Navegación (FONOP). El comienzo de estas nuevas operaciones tras los últimos enfrentamientos se llevó a cabo mediante una patrulla de dos barcos de guerra, un destructor clase Arleigh Burke y un crucero clase Ticonderoga. Esta FONOP en particular tuvo como nota característica la intervención de la Marina Nacional Francesa (MNF) con el buque de asalto anfibio Dixmude y la fragata Surcoef. El comandante del Dixmude aseguró haber tomado datos de inteligencia con los sensores del navío, debido a que esta práctica es lícita en aguas internacionales, lo cual expone el papel que desarrollan las FONOPS. En efecto, estas operaciones en la zona constituyen una respuesta a las pretensiones chinas, buscando la conservación del statu quo de esta zona como aguas internacionales. Esta operación fue complementada con un helicóptero del Reino Unido y la asistencia de observadores procedentes de Alemania.

Este último episodio es un claro reflejo de la dimensión global que caracteriza a este conflicto. En efecto, la entrada, no solo de Estados Unidos como superpotencia de alcance global; sino que la situación de la zona interese a potencias regionales de zonas lejanas al área, son una prueba fehaciente de la importancia geopolítica que tiene el Mar de China Meridional.

En agosto de 2018, por medio de unas declaraciones del Secretario de Asuntos Exteriores de Filipinas, parecían estar cerca de alcanzar un acuerdo con China para explotar recursos de hidrocarburos en el Mar de China Meridional. En ese sentido, tomando como base la cercanía del Reed Bank, lugar donde se situarían las extracciones los derechos de explotación se dividirían en un 50:40 en favor de Filipinas. Asimismo, cabe añadir que las primeras señales de presencia de petróleo y gas en el Reed Bank fueron detectadas en los años 70 y que, desde 2010, el gobierno de Filipinas otorgó una concesión de 8800 kilómetros cuadrados a un conglomerado anglo-filipino denominado Forum Energy.

Por otro lado, a principios de julio de 2019, el buque de estudio geológico Haiyang Dizhi 8, acompañado por varios buques escolta de cuerpo de guardacostas de China, se establecieron en uno de los bloques offshore de la ZEE de Vietnam. Permanecieron en la zona hasta el mes de octubre provocando tensiones diplomáticas entre ambos países y movilizaciones públicas por parte de la población vietnamita, en el mes de agosto[17].

La proyección del poder aéreo de la República Popular China en el Mar de China Meridional

Identificación de los elementos que configuran la proyección del poder aéreo en la GZ

En vista de la evolución del combate aéreo, dado que los bombardeos a altos niveles de destrucción se han mostrado infructuosos a la hora de destruir la moral del bando enemigo, y tampoco han conseguido reducir las bajas personales de la guerra (Kelly, 2002, pp. 18-19); un conflicto en la GZ debe replantearse la doctrina de Douhet. En efecto, como se mencionó en el marco teórico, el llamado modelo Afganistán ha significado la evolución del poder aéreo en el marco de las operaciones en la GZ, en especial uso de las operaciones especiales en combinación con el poder aéreo, utilizando las cuatro características ventajosas el mismo: flexibilidad, ubicuidad, velocidad y alcance.

La propia definición de las operaciones especiales ya parece enfocada a la GZ, al definirse como aquellas operaciones que requieren modos únicos de empleo, tácticas, técnicas, procedimientos y equipamiento. Asimismo, estas actuaciones suelen tener lugar en ambientes hostiles, prohibidos, o sensibles en el ámbito político o diplomático, además de ser caracterizados por alguna de las siguientes características: sensibilidad al tiempo, clandestinidad, baja visibilidad, trabajo con o a través de fuerzas indígenas (guerras proxy), grandes exigencias para encajar en la cultura indígenas o un gran riesgo .

En el caso de la GZ del Mar de China Meridional, son aplicables una serie de operaciones aéreas de apoyo a las operaciones especiales. En primer lugar, las operaciones aéreas contra las fuerzas de superficie (ASFAO); en especial las operaciones aeronavales, en las cuales las aeronaves, ya sean basadas en tierra o en mar, trabajan en colaboración con las fuerzas navales para asegurar el uso más efectivo de los medios con el objetivo de detectar, controlar y contener el despliegue avanzado enemigo; estas operaciones pueden ser de guerra anti-superficie (ASuW) o guerra antisubmarina (ASW)[18].

En segundo lugar, las llamadas operaciones aéreas de apoyo, entre las cuales se tratarán las misiones SAR (y su variante, CSAR) y las misiones de inteligencia, vigilancia, adquisición de objetivos y reconocimiento (ISTAR). En el primer caso, se definen las misiones SAR como el uso de equipos aéreos, de superficie o submarinos especializados y equipados, para buscar y recuperar personal accidentado en tierra o mar; cuando se trate en zonas hostiles o de guerra, se tratará de las misiones CSAR. En el segundo caso, las misiones ISTAR tienen como objetivo proporcionar, en tiempo, el acopio de información acerca de los recursos y actividades del enemigo, utilizando sensores basados en aeronaves o satélites[19].

En tercer lugar, las misiones aéreas logísticas serán de gran utilidad en la GZ, dada la necesidad de recursos que determinadas unidades puedan tener en un medio tan hostil e inhóspito como es altamar.

Profundizando más en las misiones ASFAO en el entorno naval, cabe destacar dos categorías principales de operaciones. La primera de ellas se corresponde con las operaciones de área, las cuales son conducidas en una zona geográfica determinada y no están asignadas a la protección de una fuerza específica. En esta categoría pueden encuadrarse las violaciones del espacio aéreo del contrincante con finalidad intimidatoria, coercitiva o disuasoria, las cuales se encuentran en la ambigüedad característica de la GZ, es decir, no conflicto abierto ni actuaciones pacíficas (Jordán, 2018, pp. 129-151)

La segunda categoría de las misiones ASFAO en ambiente naval son las operaciones de apoyo directo, con el característico uso de las aeronaves de patrulla marítima (MPA) y que apoyan a una fuerza específica en el mar.

Proyección del poder aéreo de la República Popular China

Se puede entender que la República Popular China es, por tamaño, poder económico y político y potencial militar, el principal actor de la zona. En ese sentido, cabe señalar el enorme despliegue militar que el país ha realizado, en las inmediaciones del Mar de China Meridional, y su interior con el fin de hacer valer sus reivindicaciones de soberanía.

El potencial militar de China, así como el gran tamaño de sus fuerzas armadas, exigen una compleja organización cuyo análisis excede los objetivos del presente artículo. No obstante, con el fin de analizar la proyección del poder aéreo chino sobre el Mar de China Meridional, sí que se realizará separación en la situación de los recursos aéreos de la PLAAF y la aviación de la PLAN.

Proyección del poder aéreo de la PLAAF

El hecho de que existan cinco bases aéreas de la PLAAF en las inmediaciones del Mar de China Meridional, es decir, entre la Isla de Hainan y el Estrecho de Taiwán (a partir de ahí las bases dependen del Mando del Este); es consecuencia del especial interés que tiene China en la defensa de su flanco meridional, a través de su poderoso Mando del Teatro Meridional.

PLAAF en el entorno del Mar de China Meridional. Fuente: scramble.nl

Como se puede ver, la PLAAF está dispuesta a lo largo del Mar de China Meridional, como casi una fuerza aérea independiente eficazmente configurada para actuar en la GZ. En efecto, el Mando del Teatro Meridional cuenta con unidades de poder aéreo convencional; el cual es aportado por los bombarderos H-6 o de los cazabombarderos pesados J-10. En ese sentido, su puede comprobar como el potencial militar necesario como base para poder mantener un conflicto en la GZ, está asegurado por unidades que cuentan con material militar convencional. Asimismo, estas unidades tienen un potencial muy utilizable en la GZ, como es el caso de la disuasión. En efecto, los bombarderos H-6, los cuales ya han podido aterrizar en las Islas Paracelso, tienen la capacidad de transportar y lanzar armamento nuclear, del cual China dispone. Esta capacidad se constituye como una declaración de intenciones que pone sobre el tablero la oportunidad de realizar un vuelo de disuasión con armamento nuclear a bordo, dando un mensaje similar al que enviaron los británicos en la Guerra de las Malvinas con el envío de los AVRO-Vulcan (Eisel, 2009, pp. 50–56).

Por otro lado, otras unidades como la Brigada de Transporte y SAR con sus capacidades para operar con tropas en lugares recónditos como pueden ser islotes desiertos en el Mar de China Meridional, así como realizar rescatar en ambientes hostiles. Por último, se ha establecido una unidad de drones, material muy utilizado en los últimos años para diversas operaciones en la GZ (Estados Unidos-Irán, etc.).

Situación de las unidades militares de la PLAAF cercanas al Mar de China Meridional. Fuente: scramble.nl.

Proyección del poder aéreo de la Marina de guerra Popular de Liberación de China

La aviación naval es un instrumento esencial para operar en un ambiente marítimo. En ese sentido, la PLAN ha establecido nuevas unidades aéreas, además de las cuatro que ya tenía en la Isla Hainan; en las Islas Paracelso, así como en las Islas Spratlys.

Unidades aéreas de la PLAN en el Mar de China Meridional. Fuente: scramble.nl

Situación de las unidades militares de la PLAN en el Mar de China Meridional. Fuente: scramble.nl.

Es posible que el lector haya advertido que las tres instalaciones de las Islas Spratly no figuran en la tabla 3, la explicación es que se trata de tres instalaciones aéreas que no tienen asociadas unidades, pero de gran importancia dado el alcance que tienen las aeronaves chinas. Otro importante punto para tener en cuenta es que la PLAN cuenta con dos portaaviones, el Liaoning y el Shandong, siendo la base de este último la Isla de Hainan.

La creación de unidades aéreas en las Islas Paracelso y las Islas Spratly le dan una ventaja estratégica sobre los otros actores y, especialmente, con Estados Unidos; desde el punto de vista del poder aéreo. En efecto, la lejanía de Estados Unidos implica que su poder global dependa en gran medida de los portaaviones, los cuales pueden ser hundidos (recuérdese que China ha desplegado misiles al efecto en la zona).

Por otro lado, el hecho de que la PLAN implante unidades de caza en la zona, como los J-7 y los JJ-11, con varias instalaciones donde puede aterrizar, despegar y repostar; lleva a deducir que China pueda estar planificando la implantación de una ADIZ en la zona. En efecto, la puesta en servicio de una unidad AWACS, con una aeronave como el KJ-500H, con unos radares que permiten la detención y control a unos 450 km, aportaría la estructura necesaria para un establecimiento eficaz de la ADIZ en la zona.

Creación de instalaciones en el Mar de China Meridional por parte de la República Popular China

En el contexto de las reivindicaciones de China sobre las diferentes islas, rocas y arrecifes situadas en el Mar de China Meridional, existe una íntima relación con el poder aéreo materializado en las diversas construcciones militares que sus fuerzas armadas han venido levantando en muchas porciones de tierra aisladas en el Mar de China Meridional. En este sentido, fue clave el año 2017, debido a la cantidad de instalaciones terminadas en ese año (Asia Maritime Transparency Initiative, 2017).

En primer lugar, a lo largo de 2017 se terminó de construir en el arrecife Fiery Cross una instalación que ocupa 111.000 m², que incluye hangares, una pista de aterrizaje y equipos de radar y comunicaciones. Asimismo, en la zona sur del arrecife se han instalado shelters blindados con polvorines, preparados para situar en los mismos sendas plataformas de misiles (Asia Maritime Transparency Initiative, 2017).

En segundo lugar, en el arrecife Subi se han completado unas obras que ocupan 95.000 metros cuadrados que incluyen una ampliación de la base aérea preexistente, consistente en la implantación de equipos radar y de mando y control, así como en el caso anterior, shelters para la instalación de unidades de misiles.

En tercer lugar, los mismos shelters han sido instalados en el arrecife Mischief, junto con la instalación de varios hangares, polvorines y nuevos equipos radar y mando y control. Asimismo, esos polvorines se han instalado mayoritariamente cerca de la pista (Asia Maritime Transparency Initiative, 2017), de lo que se puede deducir que son áreas para operar con carga caliente, es decir, carga y descarga de munición y armamento e incluso la preparación para que poder ordenar vuelos de despegue inmediato de defensa aérea (scramble). Por otro lado, en Isla Tree, se ha instalado en 2017 un helipuerto.

El caso más paradigmático es el de Isla Woody, dado que esta isla es sede de un cuartel general y diversas dependencias administrativas que vienen a establecer una capital del territorio insular. A lo largo de 2017, las infraestructuras de esta isla constituyen una verdadera base aérea y han acogido los cazas J-11 de la PLAAF y los J-10 de la PLAN. Asimismo, China ha mostrado por medio de hechos consumados, la capacidad de uso de estas instalaciones de los bombarderos Y-8 (Asia Maritime Transparency Initiative, 2017), con capacidad incluso de uso de armamento nuclear.

Conclusiones

De todo lo expuesto a lo largo del presente trabajo se pueden extraer las siguientes conclusiones en base a las hipótesis establecidas y a los diferentes análisis realizados a lo largo del mismo.

En primer lugar, como contestación a la primera hipótesis planteada y de acuerdo con la dimensión de las tensiones que se están experimentando en el Mar de China Meridional, caben dentro de la definición de conflicto, en base a la pluralidad de actores enfrentados por una serie de recursos escasos e intereses.

En segundo lugar, y el mismo sentido que la anterior conclusión, como complemento a la explicación de la primera hipótesis, cabe resaltar el hecho de que se estén utilizando herramientas diplomáticas, jurídicas y militares estrictamente disuasorias y sin un enfrentamiento abierto; es un indicio claro de que se está ante un conflicto en la GZ. Asimismo, los equilibrios y dinámicas cambiantes de los diferentes actores en base a los intereses de Estado, las escaladas de tensión y otras herramientas descritas que, en ocasiones, se acercan o traspasan los límites del Derecho Internacional, demuestran que este conflicto está claramente en la GZ.

En tercer lugar, en referencia a la segunda hipótesis acerca de la existencia de una estrategia de proyección del poder aéreo; un análisis histórico, en combinación con la situación actual, muestra que China está realizando, una proyección del poder aéreo sobre el Mar de China Meridional. En efecto, la proliferación de estructuras militares en islas, rocas y arrecifes, en combinación con las instalaciones ribereñas preexistentes llevan a suponer que el poder aéreo está en la agenda estratégica de los gobernantes del país.

En cuarto lugar, en íntima relación con el párrafo anterior, la ambiciosa proyección del poder aéreo chino, junto con la edificación de varias bases capaces de albergar cazas y la implantación de redes de mando y control en el Mar de China Meridional conllevan que China está construyendo (o ha construido) un sistema de defensa aérea. Es presumible que, por analogía con la actuación en el Mar de China Oriental, las fuerzas armadas de este país establezcan a medio plazo una ADIZ.

Por último, cabe esperar que a medio y largo plazo las tensiones puedan ir en aumento, debido a que la expansión de los intereses chinos y los cambios en los equilibrios choquen con los intereses de otros actores, como ya está sucediendo en la actualidad. No obstante, en estos momentos no parece que existan posibilidades altas de un enfrentamiento armado a gran escala, aunque sí que las escaladas de tensión pueden llevar a pequeños enfrentamientos armados.

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[1] Discurso del presidente Barak Obama ante el Parlamento de Australia el 17 de noviembre de 2011. Disponible en: https://obamawhitehouse.archives.gov/the-press-office/2011/11/17/remarks-president-obama-australian-parliament

[2] Discurso del presidente Xi Jingping ante el Foro Económico Mundial de Davos el 17 de enero de 2017 http://www.china.org.cn/node_7247529/content_40569136.htm

[3] NATO Standaritation Office (2016). AJP-3.3 Allied Joint Doctrine for Air and Space Operations. Disponible en: https://assets.publishing.service.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/624137/doctrine_nato_air_space_ops_ajp_3_3.pdf

[4] James Mattis y Frank Hoffman introducen este concepto, definiéndolo en base a combatientes irregulares, en especial no estatales (guerrilla, insurgencia, crimen organizado, etc.), explotando ventajas tácticas (Mattis, Hoffman, 2005), donde cabe deducir que para combatir en ese ámbito cabe ejecutar tácticas no tradicionales. Es en ese contexto, se desarrolla el modelo Afganistán. No obstante, Baqués ha resaltado que los enfoques teóricos de la zona híbrida por parte de la doctrina china y la rusa «han contribuido a la confusión, ya que, al margen de cuáles sean las inquietudes iniciales de cada uno de ellos, en ocasiones estaban centrada sen una crítica al modus operandi de los EEUU» (Baqués, 2020, p. 45).

[5] UNCLOS, artículo 2.

[6] UNCLOS, artículo 5.

[7] Convención de las Naciones Unidas Para el Derecho del Mar (UNICLOS), aprobado en Montego Bay (Jamaica) el 10 de diciembre de 1982 y entrado en vigor el 16 de noviembre de 1994.

[8] UNCLOS, artículo 122.

[9] UNCLOS, artículo 87.1.

[10] Definición recogida en los Anexos 4 y 15.

[11] Anexo 2 OACI.

[12] El Convenio de Chicago reconoce en sus artículos 1 y 2 soberanía plena sobre el espacio aéreo situado sobre su territorio, definiendo éste las áreas terrestres y el mar territorial.

[13] Convenio de Chicago, artículo 9.

[14] Council of Foreign Relations. Timeline: China’s Maritime Disputes. Consultado en https://www.cfr.org/timeline/chinas-maritime-disputes

[15] Fuente:Global Risk Monitor de Oxford Analytics

[16] Noticia de la que se hicieron eco diversos medios de comunicación como los siguientes:

https://www.bangkokpost.com/world/1475809/philippines-says-it-protests-china-harassment-of-navy-boat

https://www.newsweek.com/philippines-duterte-threatens-war-south-china-sea-949221

https://nationalpost.com/pmn/news-pmn/philippines-say-it-protested-china-harassment-of-navy-boat

[17] Council of Foreign Relations. Timeline: China’s Maritime Disputes. Consultado en https://www.cfr.org/timeline/chinas-maritime-disputes

[18] Definición cuyo origen está en el manual de Táctica Aérea del Departamento de Táctica y Sistemas de Armas de la Academia General del Aire.

[19] Íbidem.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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Alfonso Daniel Rodríguez Varela

Capitán del Ejército del Aire español. Profesor Titular en la Escuela de Técnicas de Mando y Control y Telecomunicaciones. Máster en Paz, Seguridad y Defensa por el IUGM. Licenciado en Derecho y Graduado en Ciencia Política y de la Administración

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