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Un informe de futuro o ¿cambio de paradigma?

Global Strategy Report, 28/2020

Resumen: Hacer prospectiva sobre el futuro de la guerra requiere un enfoque holístico, como el que utiliza la RAND Corporation en Peering into the Crystal Ball. Holistically Assessing the Future of Warfare, donde se analizan las tendencias geopolíticas, militares, tecnológicas, económicas y medioambientales, entre otras, que afectarán a los conflictos armados de los próximos años.


El trauma producido por la pandemia viral a nivel global es multifacético, afectando a la práctica totalidad de las relaciones sociales. Este hecho también ha alterado el marco de las Relaciones Internacionales afectando a la situación de Competición entre Grandes Potencias, principalmente entre Estados Unidos y China. Los numerosos análisis sobre el futuro del contexto geopolítico demuestran el interés sobre este aspecto. Es destacable cómo, en diversas publicaciones, se establecen comparaciones entre hechos actuales en su vertiente política y económica y los ocurridos en el siglo XX para intentar inferir consecuencias, entre ellas se encuentran las guerras.

Tras la experiencia de Vietnam, y en el siglo XXI en Afganistán, Irak y Siria se conceptúa como “atrofia estratégica”[1] la actitud de Estados Unidos en sus conflictos. Ninguno de ellos se puede considerar como algo parecido a una victoria. La aplicación, en cualquier caso, del “rodillo” militar con finalidad westfaliana: quien vence en el campo de batalla obtiene la victoria, se ha mostrado falsa. En Irak se practicó el cambio de finalidad estratégica, para su adecuación al cambio de situación, algo que demostró ser la base del fracaso. En Afganistán, la finalidad de democratización es impracticable.

En la publicación Conflict in the 21st Century, The rise of the hybrid wars (2007), Frank Hoffman exponía que “futuras contingencias presentarán una combinación de amenazas, hibridas, concebidas para atacar las vulnerabilidades estadounidenses”. En conversación con Hoffman me indicó que la finalidad del “paper” era tratar de cambiar la mentalidad americana sobre la percepción de la forma de hacer la guerra. No obstante, en el documento se seguían empleando antónimos como: no-convencional, irregular o asimétrico que denotan una tentación occidental de deslegitimar diversas formas de hacer la guerra pues habría que ser simétricos, convencionales y regulares. Que un conflicto se califique como no convencional, asimétrico o irregular es irrelevante pues la guerra actual no es únicamente militar, pero esas denominaciones están huecas de contenido.

De nuevo se ponen de actualidad planteamientos sobre la evolución de la guerra o, mejor dicho, sobre el modo o forma de hacer la guerra, pues la confusión parte de expresar en la traducción la distinción entre “war” y “warfare”.  El día 11 del presente mes de mayo, la RAND Corporation emitió una serie de informes sobre este ámbito, que se resumen en el titulado Peering into the Crystal Ball. Holistically Assessing the Future of Warfare. Con ello, la prestigiosa entidad rompe una lanza por modificar la forma tradicional estadounidense, ampliable a Occidente, de visualizar y conceptualizar el desarrollo de las próximas guerras.

La pregunta que RAND se plantea es la causa por la que las predicciones sobre la forma de hacer la guerra del futuro no han venido acertando. La causalidad se identifica con la carencia del empleo de un enfoque holístico de los factores que alteran el ambiente y su impacto en la forma de hacer la guerra. El enfoque sistémico contempla como contextos esenciales el geopolítico, el económico y el ambiental, actuando de catalizadores la información que configura la opinión pública y una menor influencia de la legislación internacional.

La tarea de RAND es encomiable, porque el trabajo de prospectiva tiene diversas finalidades como la de poder diseñar conceptos operativos y las correspondientes capacidades militares, algo que depende de los procesos tecnológicos y económicos, determinando las necesidades de formación y especialización del personal.

El informe, centrado en Estados Unidos, determina los factores que configurarán el conflicto, empleándolos como variables tendenciales de un sistema complejo. Comienza por identificar los elementos del sistema para identificar las tendencias de la evolución del warfare hasta 2030, posibles adversarios y zonas geográficas. Siguiendo la taxonomía del informe se exponen, a título divulgativo, los resultados:

Tendencias geopolíticas

Se establecen seis hitos que conformarían el contexto geopolítico. Inicialmente, se admite una crisis social y política en Estados Unidos que condicionaría su desempeño como superpotencia al practicar la introversión estratégica mediante el retrenchment Crisis social y repliegue estratégico de los Estados Unidos.  A este estancamiento no se le ve horizonte de vigencia.

Esta circunstancia junto las otras cinco tendencias conformarían un escenario internacional de configuración multipolar. El ascenso de China con su autonomía estratégica y narrativa adjunta, «el gran rejuvenecimiento de China», que predica el compromiso de restaurar a China a lo que percibe como su lugar legítimo en el escenario internacional. La configuración de Eurasia como centro geopolítico mundial apoya la tendencia hegemónica de Beijing desde hace unos años materializada por la Iniciativa Belt & Road y sus ansias de control del Pacifico Occidental.

Las otras tres tendencias presentan interconexiones geográficas. Se preconiza el declive de Europa junto a una Rusia a la que se la califica de “revanchista”, cuando ya ostentaba la más conocida de “revisionista”. Moscú actúa en tres direcciones, como partner de China, freno de Europa y catalizador en Oriente Medio. El desorden en el Levante, Mesopotamia y Persia es real, complejo y con vocación de permanencia. En esta zona los conflictos pueden ser a varias bandas y los principales actores serían Arabia Saudí, Israel, Irán y Turquía. Rusia de offshore balancer.

El informe prevé que la situación conformada por estos elementos se consolide en el corto plazo y que, probablemente, moldeará las situaciones de conflicto en los próximos años.

Tendencias militares

El informe apunta a una disminución de la ventaja, denominada convencional, de los Estados Unidos, circunstancia que se produce a pesar del «resurgimiento de la Competición Estratégica a largo plazo» según la Estrategia de Defensa Nacional de 2018 de Estados Unidos. Probablemente, también perderá la “superioridad tecnológica que disfrutó durante las secuelas inmediatas de la Guerra del Golfo”.

Mientras, como ha venido poniéndose de manifiesto, el denominado Ejército de Liberación Popular de China lleva décadas configurándose para contrarrestar las ventajas de las Fuerzas Armadas estadounidenses tanto en tecnología como en conceptos operacionales. Rusia, siguiendo la pauta china, mantiene su disuasión nuclear y un nivel tecnológico aceptable. Los elementos humanos de esas potencias mantendrán un alto nivel de formación y adiestramiento.

El informe emplea la denominación de Selectively capable second-tier Powers para referirse a Irán y Corea del Norte, con determinadas capacidades como armas nucleares, indicando que Estados Unidos necesitará el empleo de contramedidas asimétricas para contrarrestar muchas de sus acciones además de poder neutralizar las numerosas fuerzas convencionales de esos adversarios.

Se pone de manifiesto la importancia de las actuaciones en la denominada “Zona Gris”, a la que equipara con las capacidades que van adquiriendo los adversarios en el ámbito puramente militar. Mientras en este ámbito existe un nivel de agresión para desencadenar el enfrentamiento abierto, en la Zona Gris, donde la actividad de confrontación es constante. El informe asigna gran importancia a aspectos como en las Operaciones de Información, encubiertas, cibernéticas, etc. Se señala que parte del éxito de las operaciones en Zona Gris proviene del debilitamiento del monopolio del Estado sobre el empleo de la violencia. Gracias a la proliferación de tecnología militar y de comunicaciones, los actores no estatales o, en el caso de los conflictos de la zona gris, fuerzas estatales, pueden tratar de desestabilizar a los estados con mayor facilidad.

Las aplicaciones de la inteligencia artificial (AI) en los desarrollos de capacidades militares se presentan como una potencialidad esencial en el desarrollo de la potencia de combate. La competición con China en AI es definitiva para obtener ventaja tecnológica dado su carácter disruptivo. Hay que contemplar un futuro en el que los Estados Unidos no ostenten el liderazgo en esta tecnología.

El informe deduce que, en conjunto, estas tendencias apuntan al hecho de que, como argumenta la Estrategia de Defensa Nacional de 2018, «la ventaja militar competitiva se ha ido erosionando» y, si no se refuerza, posibilitará que adversarios estadounidenses exploten estas debilidades en sus propias ventajas.

Tendencias espaciales, nucleares y cibernéticas

La libertad de emplear capacidades basadas ​​en el espacio exterior con cometidos de inteligencia, comunicaciones y soporte a la navegación. ha sido durante mucho tiempo una de las piedras angulares de la ventaja militar estadounidense, pero, en el futuro, esta libertad estará limitada por otras potencias y se constituirá en ámbito de confrontación.  Las tendencias nucleares son más transparentes al presentar una imagen más clara, aunque de un futuro menos optimista. En este sentido, el informe pauta lo siguiente:

  • El espacio exterior es un ámbito cada vez más disputado. En el plano militar China y Rusia tienen capacidad de destruir satélites, En los últimos años, la explotación comercial del espacio se ha multiplicado y es probable que la tendencia continúe hasta 2030.
  • Reanudación de la proliferación nuclear. Potencias de segundo nivel, como Irán y Corea del Norte, desarrollan armas nucleares, a pesar de los esfuerzos diplomáticos internacionales concertados para prevenir la proliferación nuclear. Si estos esfuerzos fracasan, la proliferación nuclear iraní y norcoreana podría estimular una mayor proliferación nuclear regional, ataques militares preventivos y posiblemente incluso una guerra nuclear limitada.
  • Erosión de normas y tratados internacionales que limitan el uso táctico de armas nucleares. Como consecuencia, los regímenes de control de armas nucleares parecen estar erosionándose, aumentando las posibilidades de que Rusia, y, en menor medida, China, puedan usar armas nucleares tácticas en el futuro.
  • Control de información. El control del dominio cibernético será cada vez más central para la estabilidad doméstica. El ejemplo más extremo es China, que monitorea estrictamente el contenido al que sus ciudadanos pueden acceder y utiliza la vigilancia cibernética para el control del comportamiento, pero a todos los estados les preocupa evitar que el dominio cibernético se convierta en una herramienta para la subversión extranjera.
  • Espionaje cibernético. A medida que se digitalicen más datos y se mantengan en la nube, el dominio cibernético se convertirá en el objetivo principal de los esfuerzos de espionaje.
  • Ataque cibernético. En 2007, la comunidad de inteligencia de EE. UU. evaluó que solo unos pocos países tenían capacidades cibernéticas ofensivas; en 2017, el número había aumentado a más de 30. Al mismo tiempo, una gran cantidad de infraestructura crítica de los EE. UU. se encuentra fuera del control directo del Departamento de Defensa y del gobierno. y, por lo tanto, plantea un objetivo relativamente fácil para adversarios atacarlas.

Tendencias de la limitación en el uso de la Fuerza militar

 Todas las capacidades militares se ponen de manifiesto en la medida en que los actores estratégicos decidan usarlas. Una serie de factores tales como el derecho internacional, la opinión pública, la cobertura mediática, las capacidades tecnológicas, las preferencias de los socios y los imperativos operativos, configuran la cantidad de moderación que los combatientes ejercen en los conflictos, y muchos de estos factores pesarán cada vez más en cómo los Estados Unidos —Y sus aliados y socios democráticos en su mayoría liberales— lucharán en guerras en el futuro.

  • Distribución generalizada de imágenes de operaciones militares. A medida que los teléfonos inteligentes y las redes sociales saturan el mundo en desarrollo, los militares se verán más presionados para controlar tanto las imágenes que ve el público como las narrativas que soportan las imágenes.
  • Incremento del rechazo social por las víctimas civiles. La opinión pública en las democracias liberales es cada vez más sensible a las bajas de civiles, especialmente en las guerras percibidas como de “elección” y esto es particularmente relevante debido a la tendencia antes mencionada con respecto a la difusión de las imágenes. Por el contrario, la mayoría de los adversarios autoritarios de los Estados Unidos podrían no sentirse igualmente constreñidos por sus públicos, por la opinión internacional o por el derecho internacional.
  • Lawfare. Los adversarios de Estados Unidos manipulan la aplicación asimétrica de las normas de derecho internacional para rentabilizar el acatamiento de los Estados Unidos y sus aliados y socios. Casos como Hamas en Gaza, China en el Mar Meridional de China y Rusia en Ucrania confirma la actuación denominada lawfare.
  • Creciente eficacia de las acusaciones falsas. A la vez que los medios de comunicación se han convertido en fuentes de la desinformación debido a la creciente importancia de las redes sociales, la proliferación de opiniones sobre hechos en los medios tradicionales, la disminución de los niveles de confianza en los gobiernos y la influencia de fuentes partidistas de noticias. Estos desarrollos proporcionarán a los adversarios más oportunidades para difundir desinformación y socavar potencialmente el apoyo público para la acción militar propia o aliada.

Como resultado de estas influencias, los Estados Unidos podrían enfrentar una «brecha de restricción» cada vez mayor entre cómo emplearán la fuerza junto con sus aliados en los conflictos y cómo lo harán sus adversarios, particularmente en guerras situadas en los lugares de baja intensidad del espectro del conflicto.

Tendencias económicas mundiales

Entre las tendencias económicas mundiales a exponer, las tres primeras tienen el potencial de gestación de futuros conflictos, mientras que las tres últimas conformarían cómo se libran las guerras. 

  • Aumento de la presión sobre el sistema mundial de comercio. El proteccionismo está en aumento, aunque el comercio sigue siendo mucho más libre hoy de lo que ha sido durante la mayor parte del periodo desde la Segunda Guerra Mundial. Incluso antes de las recientes rondas de aranceles comerciales entre Estados Unidos y China, los gobiernos habían llevado a cabo más de 15,000 intervenciones relacionadas con el comercio entre noviembre de 2008 y principios de 2018, la mayoría de ellas restricciones.
  • El ascenso de China. Las ambiciones económicas de China son evidentes. La iniciativa Belt and Road se extiende a través de Eurasia para aumentar las conexiones con los aliados tradicionales de los Estados Unidos (Reino Unido, Francia y Alemania). A medida que aumentan los intereses económicos chinos, también lo harán los intereses de seguridad chinos.
  • La búsqueda de nuevos recursos. La futura economía global requerirá recursos escasos, como energía y una variedad de determinados minerales, para nuevas tecnologías e industrias. Las restricciones en el acceso a nuevas fuentes de recursos podrían aumentar las posibilidades de conflicto.
  • Disminución relativa del poderío económico estadounidense y aliado. A medida que China crezca, Estados Unidos y sus aliados lo harán más lentamente y, por lo tanto, constituirán una menor parte del producto interno bruto mundial. Aunque Estados Unidos y sus socios seguirán representando una parte de la economía mundial mayor que sus adversarios potenciales para 2030, pero Estados Unidos no tendrá capacidad de confiar en el dominio económico abrumador del que ha disfrutado en la segunda mitad del siglo XX. para proporcionar una ventaja militar cuantitativa o incluso cualitativa.
  • Reducción de la Base Industrial de Defensa. En 2030 Estados Unidos y sus aliados tendrán menos opciones para desarrollar sistemas de armas principales y una menor capacidad de aumento de la producción que podría demandar un conflicto importante. Entre las causas se incluyen menos contratistas primarios, menos resiliencia y redundancia entre las líneas de producción «cálidas» y los tipos de aeronaves y otros equipos importantes en la producción, la creciente complejidad tecnológica de los sistemas de armas y menor experiencia en ingeniería y tecnología de alta calidad en el mercado laboral.
  • Disuasión de las sanciones. El poder de las sanciones económicas podría disminuir en caso en que otras economías importantes desarrollen sistemas alternativos de pagos internacionales en reacción al uso excesivo de sanciones, si la coordinación entre aliados se vuelve más difícil y si China permite que su sector financiero sea mucho más abierto de lo que es en la actualidad. Si eso sucede, los Estados Unidos podrían necesitar recurrir a formas más compulsivas de coerción.

Tendencias ambientales

El futuro de la guerra también estará determinado por varias tendencias ambientales.

  • Aumento de las temperaturas. Aunque el impacto del cambio climático se prevé que se manifestará principalmente en el futuro lejano de 2050 y más allá, las temperaturas globales de la superficie del aire probablemente serán 1 grado Fahrenheit más cálidas en 2030 que en las últimas décadas del siglo XX; Esto afectará la salud, reducirá la productividad económica y contribuirá a una serie de problemas operativos para basar los aviones en partes ya calientes del mundo, como el Golfo Pérsico.
  • Escasez de agua. Las temperaturas más altas también pueden causar una serie de efectos secundarios igualmente problemáticos. Un de ellos sería la aguda escasez de agua potable, con más evidencia en lugares que ya son propensos a la inestabilidad y la violencia subestatal, particularmente en el Medio Oriente, África subsahariana y partes de Asia.
  • Apertura al Ártico. La pérdida de hielo polar hará que el Ártico sea más navegable y probablemente aumente las posibilidades de que se convierta en potencial zona de conflicto entre grandes potencias rivales.
  • Aumento del nivel del mar. Al mismo tiempo, el aumento del nivel del mar causará catástrofes humanitarias y cambiará la geografía en regiones geopolíticamente sensibles, como el Mar del Sur de China, lo que afectará las demandas de soberanía de Beijing.
  • Los fenómenos meteorológicos extremos no solo aumentarán la demanda de misiones de socorro en casos de desastre, sino que también afectarán las bases militares estadounidenses en el litoral, incluidas las ubicadas en lugares estratégicos que ya están en riesgo de inundaciones, como las Islas Marshall, Guam y Diego García.
  • Urbanización y megaciudades. La geografía reconfigurará el conflicto de otras maneras. La población mundial se urbaniza, en 2008 más de la mitad de la población mundial vivía en ciudades, para 2030, se espera que el número de megaciudades, aquellas con 10 millones o más de habitantes, aumentará de 31 a 41. A medida que las poblaciones se urbanicen más, particularmente en el mundo en desarrollo, los estados tendrán más dificultades para mantener la ley y el orden. Los militares en general, y el poder aéreo en particular, enfrentarán un desafío más difícil de discriminar entre objetivos militares y civiles.

A modo de conclusión

Basándose en las tendencias conformadas en el estudio para el periodo temporal hasta 2030, RAND preconiza que, suponiendo que Estados Unidos tratara de mantenerse como la superpotencia militar global preeminente del mundo, se enfrentaría a dilemas estratégicos cada vez más profundos en lo que respecta al ámbito de la Defensa. Los adversarios —China, Rusia, Irán, Corea del Norte y grupos terroristas— probablemente no cambiarían se mantendrán constantes, pero los aliados de EE. UU. pueden cambiar a medida que Europa se fragmente cada vez más y mire hacia adentro y que Asia reaccione al surgimiento de China. Las zonas geográficas donde es más probable que Estados Unidos intervenga, no coincidirían con aquellas donde las hipótesis de  conflictos podrían ser más peligrosas para los intereses estadounidenses. La Fuerza Conjunta tendría que enfrentar al menos cuatro tipos diferentes de conflicto, cada uno de los cuales requerirá un conjunto de capacidades militares algo diferentes, a la vez que coincidirá con la disminución de las ventajas militares cuantitativas y cualitativas.  El informe deduce que los Estados Unidos de 2030 podrían haber perdido progresivamente la capacidad de preeminencia para dictar resultados estratégicos.

Algunas consideraciones de tipo general.

La serie de informes de la “bola de cristal” de RAND, presenta, a primera vista un dato novedoso: una estrategia para el rentrenchment de Estados Unidos. Se analiza el declive de una superpotencia con sus indiscutibles oponentes y sus ocasionales aliados. El catalizador del cambio se identifica en una amplia polarización política y social de la población estadounidense que impide apoyar un proyecto nacional de acción exterior. Al prever que la situación se mantendrá durante el periodo que abarca el informe, se convierte en la referencia analítica.

Desde otro punto de vista, el holistic assesment puede servir de guía para la Competición entre Grandes Potencias en los próximos años. El silencio sobre el multilateralismo y la consideración de la UE como un proyecto en crisis, añaden incertidumbre a las diferentes posturas que puede adoptar Washington con sus tradicionales aliados europeos.

El trabajo de RAND actúa sobre aspectos realistas, con alusiones tangenciales al derecho internacional y otros valores, lo que no quiere decirse que se carezcan de ellos, pero da la apariencia de analizar un contexto geopolítico pos-Covid-19. El proyecto de la democracia universal empezó su agonía en las ensangrentadas calles de Irak, es posible que RAND haya identificado el fin de la utopía.  


[1] McFATE, Sean. The New Rules of War: How America Can Win–Against Russia, China, and Other Threats. Harper Collins Publisher. 2019.

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Enrique Fojón

Coronel de Infantería de Marina (R) y Doctor en Relaciones Internacionales. Ha sido jefe de la Unidad de Transformación de las Fuerzas Armadas y asesor del Ministro de Defensa español.

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