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Era Digital y Fuerzas Armadas

Global Strategy Report 14/2020

Resumen: Se viven tiempos de gran fluidez, en los que poderosas sinergias globales cambian los comportamientos de personas sociedades y estados debido a un aumento exponencial en la conectividad humana. El auge de China, India y otras economías emergentes, la rápida propagación de las tecnologías digitales, los crecientes desafíos de la globalización y, en algunos países, la ruptura de los tradicionales modos de convivencia, son circunstancias que afectan a la economía, a los países, a la sociedad, a las entidades y a las personas, lo que supone una relación que mezcla de decadencia y nuevas oportunidades. En el contexto global irrumpen nuevos actores, dinámicos e innovadores, que podrían impulsar la productividad y la prosperidad en muchos países. A su vez, las desventajas para aquellos que no puedan, o no sepan, adaptarse al ritmo y naturaleza del cambio han crecido exponencialmente. Para los responsables políticos, los líderes empresariales y las personas en general, la adaptación a estos tiempos de cambios requiere un replanteamiento casi radical, en conocimiento y adaptación, como condición para sobrevivir.

El presente, un proceso

En el frontispicio de los grandes cambios en nuestras vidas se encuentra algún tipo de nuevas tecnologías, que actúan como las impulsoras de la humanidad. Como queda expresado en la frase de Heráclito, todo cambia, pero en la actualidad el flujo es acelerado y permanente. Ese flujo de cambio es el eje sobre el que orbita el mundo actual. Kevin Kelly[1] introduce el concepto de que, en estas circunstancias, los procesos son más importantes que los productos, situación que trae como consecuencias que cada vez que pretendamos afrontar una finalidad nos enfrentamos a las dinámicas de los procesos. La materialización de un proceso suele identificarse con la innovación que, cuando se considera disruptiva, es un factor decisivo para establecer el vínculo relacional entre sociedad y tecnología. Cualquier nueva forma de hacer mejor las cosas pueden identificarse como tecnología.[2]

Esta circunstancia afectará al conflicto del presente y del futuro, tanto si toma forma de guerra como si se substancia por otros procedimientos. Tanto los conflictos internos como los internacionales se generan por enfrentamientos cuya causalidad recae en discrepancias político-económicas entre grupos de interés étnico y/o social bien en una comunidad nacional o en el ámbito internacional. El rápido desarrollo tecnológico está teniendo profundos impactos en el estamento laboral y en la redistribución de la riqueza. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están transformando la economía mundial y desplazando modos de comportamiento establecidos desde hacía mucho tiempo.

Teniendo en cuenta este contexto, la situación internacional y sus consecuencias para España, es conveniente considerar las prospectivas publicadas y los impactos que sus predicciones puedan tener para nuestra Defensa. A menudo, las predicciones sobre el futuro de la guerra han sido inexactas y, a veces, perjudiciales para las instituciones militares. Kori Schake explica la recurrencia de este fracaso: “Los futuristas de la guerra sufren los mismos fracasos de imaginación que con frecuencia afectan a sus colegas en otras profesiones: enfatizan demasiado las tendencias actuales y asumen que las normas culturales de su sociedad determinarán de manera similar a sus adversarios”.

Pero en el mundo de hoy, y previsiblemente en las próximas décadas, el problema no recae tanto sobre los sistemas de armas de los que haya de dotarse en el futuro, sino sobre la alerta mental sobre los procesos sociales económicos y políticos, las interacciones entre tendencias, la evolución de las sociedades y los entornos operativos. La innovación, las nuevas tecnologías y los datos son el fundamento de la fortaleza financiera futura y fuente de poder que actúa de “impulsor” para los otros factores de poder.

El impacto de la tecnología en la Defensa

Desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales, el momento actual no es ajeno a la constante histórica de la competición entre potencias en busca de la hegemonía. En este contexto, la tecnología tiene una posición relevante como uno de los factores de poder y como instrumento para alcanzar y salvaguardar el interés nacional.

El factor militar es el que demanda mayor innovación. Los procesos tecnológicos están creando la posibilidad de nuevas opciones tácticas militares que, a veces, pueden parecer, y ser, desconcertantes. La tendencia actual más compartida es que el carácter del conflicto cambia y se conforma un nuevo ecosistema bélico que, al asumir nuevos parámetros, reclama una actividad más compleja y letal. La multidimensionalidad de la batalla hace que el tradicional “campo” se convierta en “espacio”.

Visión de la Guerra Mosaico. Fuente: DARPA

La visión más compartida es que, aunque los parámetros del conflicto mostrarán nuevas facetas, éste mantendrá su esencia por la acción de la condición humana. Su forma será violenta y se desarrollará en acciones más letales que alternarán con otras incruentas como la desinformación. La hipervelocidad del proceso de información y de su distribución a los destinatarios en el “espacio de batalla”, la competición por el control del espectro electromagnético, la capacidad de anticipar con precisión las acciones de los adversarios mediante medios automatizados y el empleo de “sistemas inteligentes” de apoyo a la toma de decisiones o la habilitación de otros dominios militares como el espacio exterior, son factores novedosos de las presentes y futuras capacidades militares.

En el hasta ahora denominado Occidente, las doctrinas militares de Estados Unidos han configurado, durante décadas, las de la OTAN y, por mimetismo, en gran medida, las de los países occidentales y asiáticos de la órbita de Washington. Desde el final de la Guerra Fría, el enfoque estadounidense de empleo de la fuerza militar en territorio hostil se ha basado en una serie de paradigmas sobre cómo se desarrollarían los conflictos. Por Proyección de Fuerzas se ha venido entendiendo como que los elementos de la potencia de combate serán capaces de desplazarse, sin obstáculos, a posiciones de vanguardia y de comenzar las hostilidades en el momento de su elección. Implica que las fuerzas propias operarían en entornos permisivos, que los adversarios no podrían contrarrestar su libertad de acción en cualquier dominio militar. Se supone que cualquier ventaja cuantitativa que un adversario pudiera poseer sería superada por la capacidad para evadir la detección, penetrar las defensas enemigas y atacar objetivos. Se asumen pocas pérdidas en combate.

Estos criterios doctrinales han dado lugar a una Fuerza Conjunta construida en torno a un número relativamente pequeño de plataformas y sistemas onerosos de adquirir, costosos de mantener y difíciles de reemplazar, que están optimizados para no ser detectados en la cercanía de sus objetivos, capaces de atacar un número limitado de veces con extrema precisión y dotados de comunicaciones seguras. Además, estos sistemas dependen de las comunicaciones, la logística y de las redes de satélite que están casi totalmente indefensas, porque fueron diseñadas bajo la premisa de que ningún adversario sería capaz de atacarlas por no disponer de la tecnología necesaria.

Actualmente, este planteamiento y sus motivaciones están siendo puestos en tela de juicio. Es de conocimiento general que durante las últimas tres décadas, mientras que los Estados Unidos se han centrado en practicar el aludido Concepto Operativo de Proyección de Fuerzas, sus potenciales competidores, especialmente China y Rusia, han estudiado su doctrina y praxis militar y desarrollando las necesarias capacidades anti-Proyección, en buzzword “anti-acceso/negación de zona” (A2/AD), para poner en práctica un Concepto Operativo propio consistente en detectar sistemas multidominio estadounidenses y abrumarlos con fuegos masivos de precisión.

Nuevas tecnologías y contextos militares obsoletos.

La publicación Scientific Systems publicó un estudio denominado “War’s Sci-Fi Future”, en el que trataba la relación Defensa-tecnología con referencia a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos que, con carácter general, constituye una buena referencia. De él se deduce que el camino viable hacia el futuro consiste en adaptarse al nuevo contexto, teniendo en cuenta que, por su complejidad, la tarea es difícil.

El empleo de las nuevas tecnologías tiende a desplazar los paradigmas operativos vigentes que, desde hace décadas incluso siglos, determinan el empleo de las Fuerzas Armadas. Los que abracen, sistematicen y adapten esas tecnologías dominarán a aquellos que no lo hagan. Expresado de forma gráfica, en la Era Digital hay que dar la vuelta a la vieja creencia de que el software sólo está para servir al hardware: las Fuerzas Armadas del futuro se distinguirán por la calidad de su software, especialmente la de su inteligencia artificial. En ese sentido, las Fuerzas Armadas españolas tienen que contemplar su presente para planificar y ganar su futuro con atención, conocimiento adaptación, perseverancia y sentido de urgencia.

Como no podía ser de otra manera, el estudio aludido deduce que las tecnologías emergentes cambiarán la forma en que se desarrolla la guerra, que seguirá siendo una relación violenta de motivación política y que el combate entrañará las tres funciones tradicionales de la maniobra: fuego, movimiento y comunicación pero que, en un mundo que se va convirtiendo en un gigantesco sensor, esa forma de actuar será difícil.

El porvenir del factor movimiento se caracterizará por el retorno del principio de masa al “espacio de batalla”, tras décadas en las que la tendencia iba en la dirección opuesta, priorizando la calidad sobre la cantidad, ya que la tecnología permite que un mayor número de sistemas se pongan y mantengan en movimiento en diferentes lugares. La ubicuidad de los sensores generará megacantidades de datos, lo que demandará el desarrollo y empleo de inteligencia artificial.

Además, los sensores cuánticos, que utilizarán las propiedades de las partículas subatómicas como la capacidad para estar en dos lugares diferentes a la vez, podrán detectar alteraciones en el medio ambiente, como son las turbulencias de aire alrededor de los aviones o en el agua producida por los submarinos. Esta tecnología tardará años en implantarse, pero los sensores probablemente serán la primera aplicación utilizable de la ciencia cuántica. Una vez que estén operativos, será muy difícil la ocultación del adversario.

A medida que vaya normalizándose la autonomía de los equipos, se dispondrá de mayor variedad de tamaños, más pequeños y baratos. Los desarrollos en la generación y almacenamiento de energía, así como en propulsión hipersónica, permitirán la disminución del tamaño de los sistemas y su desplazamiento a más distancia y a mayor velocidad. Se puede dar el caso que en el futuro buques autónomos listos para atacar a medida que surgen objetivos. La autonomía de los sistemas de armas presentará problemas éticos en su empleo que hay que regular.

El apoyo logístico ha sido, tradicionalmente, un factor limitativo en combate pero en el futuro, las unidades autónomas necesitarán menos apoyo. Los procedimientos avanzados de fabricación, como la impresión 3D, reducirán la necesidad de grandes, vulnerables y onerosas “colas logísticas”, al permitir la producción de elementos en el punto de demanda de forma rápida, sencilla y barata.

La tecnología también alterará radicalmente la manera en que se emplea el fuego, tanto material como figuradamente. Los ciberataques, las interferencias de comunicación, la Guerra Electrónica y los ataques a los softwares de los sistemas serán tan importantes como los que apuntan a los hardware de sistemas. La cadencia de fuego se acelerará gracias a las nuevas tecnologías como son los láseres, microondas de alta potencia y otras armas de energía dirigida. Pero lo que realmente aumentará la cadencia de fuego serán los sistemas inteligentes que reducirán radicalmente el tiempo entre la detección de blancos y el momento del ataque.

Las armas futuras también podrán atacar a mayor alcance. Las municiones hipersónicas y las armas espaciales serán capaces de batir blancos, casi al instante, en cualquier parte del mundo. Se podrán atacar dominios que alguna vez se consideraron santuarios, como redes espaciales y logísticas. Ya no habrá áreas de retaguardia ni refugios seguros. Los enjambres de sistemas autónomos podrán encontrar blancos en cualquier circunstancia y atacarlos con precisión.

La forma en que los combatientes se comunican cambiará drásticamente. Las redes de comunicaciones tradicionales tienen fecha de caducidad. En su lugar, la tecnología situará las funciones de comunicación vitales en el perímetro de la “network”. Cada sistema autónomo será capaz de procesar y dar sentido a la información que recopila por sí mismo, sin depender de un Centro de Comunicaciones. Esto permitirá la creación de redes distribuidas que sean resistentes y reconfigurables.

En relación con lo anterior, también está mutando el paradigma de Mando y Control. Hoy en día, incluso un sistema supuestamente no tripulado requiere que docenas de personas lo operen de forma remota, lo mantengan y procesen los datos que recopila. Pero a medida que los sistemas lleguen a ser más autónomos, se necesitará menos personal para operarlos.

A largo plazo, otras tecnologías incidirán en las comunicaciones militares como el 5G, que será capaz de procesar grandes cantidades de datos a velocidades significativamente mayores. Del mismo modo, en su día la tecnología cuántica mejorará los sensores militares y transformará las comunicaciones y la computación. La computación cuántica —la capacidad de utilizar las propiedades de las partículas subatómicas para aumentar exponencialmente la potencia de procesamiento— hará posibles cifrados inviolables y la capacidad de proceso de datos y de resolución de problemas que, actualmente, exceden la capacidad de los ordenadores clásicos. Más increíble aún, la llamada tecnología de interfaz cerebro-ordenador ya está permitiendo a los seres humanos controlar sistemas complejos, como prótesis robóticas e incluso aviones no tripulados, mediante sus señales neuronales o, dicho de otro modo, será posible que un operador humano controle múltiples drones simplemente pensando en lo que quiere que hagan esos sistemas.

El futuro está presente

La manera tradicional de actualización en el ámbito militar español es la denominada “modernización” que, en esencia, consiste en la mejora progresiva de los sistemas militares en servicio, mediante su actualización o su sustitución por otro más moderno. Si el contexto bélico cambia en sus tres niveles (estratégico, operacional y táctico) y se sigue empleado el presupuesto en los mismos sistemas, en plataformas actualizadas o en adquisiciones de proyectos no concebidos para las necesidades específicas de futuro, la Defensa española quedará estereotipada y al carecer de Conceptos Operativos, sería vulnerable.

El cambio necesario es la evolución desde la modernización a la innovación. Para adoptar este paso, sería necesario disponer de una Estrategia de Defensa, para poder deducir el problema militar a resolver. De aquí se deduciría el Diseño de la Fuerza, entendido como el producto resultante de concebir y producir un plan para obtener las capacidades militares con el fin de lograr la postura de Defensa deseada. La Postura de la Fuerza describe la capacidad militar nacional y su orientación en relación con otras naciones.

El supuesto básico para afrontar un cambio militar consiste en la apreciación de nuevas amenazas (o el cambio de la morfología de las existentes) y la definición de los correspondientes Conceptos Operativos, entendidos como esquemas genéricos de maniobra que proporcionan la base conceptual para el planeamiento operativo y sirven como referencia para el diseño y empleo de las fuerzas militares que incorporen las capacidades de los avances tecnológicos.Los Conceptos Operativos proporcionan un mecanismo para convertir la potencia de combate en poder militar: la capacidad de emplear la fuerza militar donde y cuando se quiere emplear. Para posibilitarlos hay que centrarse en el diseño de maniobras y en la disposición de capacidades mediante la integración de sistemas que se puedan combinar en redes o cadenas para lograr resultados militares concretos, como pueden ser la superioridad aérea, el control del mar o la defensa antimisiles.

¿Cómo serían los elementos de un Concepto Operativo construido sobre las nuevas tecnologías? Tendencialmente tendría redes (networks) con sistemas compuestos por enjambres de máquinas inteligentes que conformarían las capacidades de detección, de movimiento, de disparo y de comunicaciones, lejos de sus elementos fijos propios considerados vulnerables y orientados hacia los bordes de amplias redes dispersas. Este enfoque constituiría un elemento oneroso para los adversarios, ya que se prepararían para atacar grandes objetivos y, en su lugar, tendrían que batir multitud de blancos dispersos. Además, esos sistemas serían baratos, fungibles, autónomos y no tripulados, lo que permitiría soportar en combate apreciables pérdidas. Estos enfrentamientos suponen un “torneo” de reposición de capacidades.

La mayoría de los actuales programas de adquisiciones militares tardan muchos años, si no décadas, desde la decisión hasta la entrega. Como resultado, los presupuestos y los programas establecen una relación de dependencia durante años, periodo en que cada Ejercito se implica en mantener esos programas intactos y financiados. Se les unen a esos esfuerzos las empresas que construyen el equipo, los cabildeos de las empresas contratistas y los diputados y senadores en cuyas demarcaciones electorales se encuentran esas fábricas. Cualquier amenaza a esos programas a largo plazo no es bienvenida.

Por ahora, en España esas resistencias no tienen mucha visibilidad, entre otros motivos, porque el problema no se trata. Pero, si se decidiese implantar en España nuevos Conceptos Operativos y medios de última generación, habría que planificar y establecer un período de transición en el que, durante su vigencia, coexistirían las dos tecnologías, las avanzadas apoyarían, en lugar de sustituir, a los sistemas tradicionales. Sería necesario habilitar lo que podía denominarse la “transitoriedad innovativa” para acoplar tecnología y empresas, para lo que sería necesario activar una Base Tecnológica e Industrial como factor esencial de planeamiento y actuación.

Las Fuerzas Armadas españolas deberían abordar las deficiencias producidas por décadas de modernización aplazada debido, principalmente, a la asignación para Defensa de una baja prioridad política. La conservación de armamento y material obsoleto es contraproducente por engañoso. Además, la nueva situación geopolítica con sus nuevas amenazas y el acelerado ritmo de desarrollo tecnológico hacen que la innovación sea un imperativo.

Como punto de partida, el Ministerio de Defensa debería implantar una “Estrategia de Innovación Digital” como base para avanzar en el entorno digital y capacidad esencial para que la Fuerza Conjunta obtenga ventaja competitiva en el “espacio de batalla”. Se aumentarían las capacidades digitales en todo el Departamento y fortalecerían la adopción, con carácter general, de estructuras y prácticas empresariales para ampliar el ámbito competitivo en el ámbito digital. Para ello se articularían iniciativas estratégicas tales como: innovación para obtener ventaja competitiva, ciberseguridad resiliente, optimización de tareas y promoción del talento para disponer de “mano de obra” digital.

Hay que asumir que las inversiones, a largo plazo en material y equipo, tienen que responder a Conceptos Operativos de futuro, en un ámbito multidominio. Dicho de otra manera, si se apunta que la guerra aérea del futuro sería llevada a cabo por drones autónomos y no por aviones heredados, no tiene sentido desarrollar aviones para dentro de 15 años. Como muestra pueden valer las declaraciones de Elon Musk: “La era de los aviones de combate ha pasado”. “La guerra de drones es donde estará el futuro”. “No es que quiera que el futuro sea así, es sólo lo que será el futuro”. “El Joint Strike Fighter, debe tener un competidor … ese es un tema controvertido …”. “El competidor del F-35 debería ser un dron”. “El competidor debe ser un drone de combate controlado a distancia por un humano, pero con sus capacidades aumentadas por la autonomía. El F-35 no tendría ninguna posibilidad en su contra”.

Parte del desafío al que se enfrenta la Defensa lo constituye la necesidad de diseñar una estrategia de inversión a largo plazo que reemplace los sistemas antiguos por otros que incorporen tecnologías avanzadas para proporcionar las capacidades necesarias. La larga falta de financiación ha afectado a la necesaria Base Tecnológica e Industrial para la Defensa Nacional, elemento imprescindible en una época de competición tecnológica.

Se debe tener presente que el principal impulso para la innovación de la próxima generación de armamento y equipo militar, tanto en hardware como en software, provendrá del sector comercial, que está cada vez más globalizado. La globalización también ha desdibujado los límites entre las industrias de defensa y comerciales, diluyendo enormemente las fuentes de innovación tecnológica y colocándolas mucho más allá del control de cualquier gobierno o entidad individual. Entre los campos privatizados pueden citarse las tecnologías de la información, biología, desarrollo de software, inteligencia artificial y robótica.

El recurso más importante de las Fuerzas Armadas, el humano, debe afrontar un proceso de recapacitación para ser eficiente en este nuevo ambiente, es evidente que se impone una reconsideración de la enseñanza militar y de la estructura de carrera. La aparición de nuevas tecnologías supone la habilitación de especialidades y la supresión de otras e introducir criterios de fomento y retención de talento.

En España, la superación de estos obstáculos requeriría liderazgo político como resultado de la implantación de una Estrategia de Defensa que, deducida de la situación estratégica, estableciera prioridades y asignara medios. Pero la tarea requiere algo más que un impulso tecnológico, necesita una revolución intelectual que metabolice en el estamento de Defensa la situación mundial, sitúe en contexto los intereses nacionales y deduzca como se puede actuar. Pero en España no existe sensibilidad para captar la visión ni el sentido de urgencia necesario para alterar el statu quo. Si esa actitud prevalece, el hipotético cambio no vendría promovido por un plan concertado, sino como resultado de un desastre geopolítico.

Epílogo

La situación tratada corresponde a una realidad en una época de flujo, de proceso continuo y en la que las nuevas formas pueden percibirse como un incómodo remedo de las del pasado. El ritmo de cambio en estos tiempos no tiene precedente, algo que ocurre sin estar preparados para asumirlo. Se necesita prepararse para gestionar lo improbable. La tarea es enorme, pero con imaginación y esfuerzo podemos orientarnos en el torbellino.

La Defensa, como aspecto de la Seguridad Nacional, es responsabilidad del Gobierno, este aspecto no es soslayable. La protección de la población y la existencia del Estado dependen de ella. La geografía ejerce su tiranía y España no puede abdicar de su Defensa en los brazos de otros.


[1] Kelly, Kevin. The Inevitable. Penguin Books. 2017

[2] Thiel, Peter. Zero to One. Penguin Random House. 2014. p. 8.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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Enrique Fojón

Coronel de Infantería de Marina (R) y Doctor en Relaciones Internacionales. Ha sido jefe de la Unidad de Transformación de las Fuerzas Armadas y asesor del Ministro de Defensa español.

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