• Buscar

Indicios de vulnerabilidad a la coerción y estrategias de evitación aplicados a España a partir del caso histórico de la Marcha Verde

Global Strategy Report, 42/2020

Resumen: La Marcha Verde culminó una estrategia de coerción en la que Marruecos explotó los factores de éxito y las vulnerabilidades de España. A partir del estudio de este caso histórico, desde las teorías de coerción, es posible deducir lecciones de interés para la preparación y resolución de crisis futuras.

Las vulnerabilidades identificadas pueden ser mitigadas, reforzando los elementos que permiten enfrentarse a la coerción con éxito: un liderazgo firme y comprometido, unidad de esfuerzo a través del empleo armonizado de todos los instrumentos de poder de la Nación, la resiliencia del país y la cohesión de la ciudadanía alrededor de la superación de la crisis.

Los indicadores de coerción pueden ser empleados por un sistema de indicadores y alertas para anticipar la crisis y modular la ejecución de dos líneas de acción complementarias. La primera para disuadir al adversario, mediante denegación e incentivos, de que inicie la coerción, porque será más beneficioso mantener el statu quo. La segunda preparar la disuasión por castigo, si el adversario inicia la coerción se producirá un castigo tal que contrarrestara cualquier beneficio previsto.

Introducción

¿Se encuentra España preparada hoy para identificar y responder con éxito a una estrategia de coerción? En 1975 no lo estaba; Marruecos culminó su política anexionista sobre el Sahara Occidental con la Marcha Verde y un ultimátum al que España solo pudo responder abandonando el Sahara.

Esta estrategia de coerción, construida durante años, aprovechó la incertidumbre de los últimos días del régimen de Franco, pero Marruecos también explotó otros factores de vulnerabilidad de España a la coerción. España, por el contrario, ante los indicadores de que se estaba materializando una estrategia de coerción, no inició una estrategia de disuasión para neutralizarla.

El objetivo principal de este trabajo es proponer estrategias para evitar la coerción, para disuadir a un adversario de emplear una estrategia de coerción, o para neutralizarla si se materializase. Con esta meta, se analiza el caso histórico de la Marcha Verde para deducir los factores de éxito y revelar indicadores de vulnerabilidad a la coerción y de inicio de una estrategia de coerción; a partir de ellos se deducen las estrategias.

Así, el trabajo se articula en cuatro bloques. En el primero se establece qué es una estrategia de coerción, como se materializa y cuáles son los factores que favorecen o dificultan su éxito. A la luz de ello, en el segundo se revisa la secuencia de eventos que culminó en la Marcha Verde, se analiza la estrategia de coerción aplicada por Marruecos en el Sáhara español y como explotó los factores de éxito en este caso. Resultado de lo anterior, en el tercero, se revelan factores de vulnerabilidad y se presentan indicadores para anticipar una estrategia de coerción. Finalmente, en el cuarto se proponen estrategias para disuadir de su aplicación o neutralizarla. Estrategias que, aunque deducidas del caso de la Marcha Verde, pueden extrapolarse a otros conflictos.

Las estrategias de coerción

Históricamente, se han realizado fundamentalmente dos aproximaciones para estudiar a las estrategias de coerción. La primera, de Thomas C. Schelling, deductiva, que buscaba establecer una teoría parsimoniosa partiendo de la teoría de juegos y las decisiones tomadas por un actor racional. La segunda, de Alexander L. George, inductiva, que pretendía identificar las condiciones de éxito mediante el estudio de casos, utilizando modelos de comportamiento deducidos empíricamente teniendo en cuenta las variables contextuales (Jakobsen, 2011).

Diversos autores han definido la coerción desde una perspectiva diferencial. Para Schelling (1966:3) la clave es la amenaza, “…de daño, que puede hacer ceder o consentir”. Freedman (2004:27) se fija en la libertad de acción del coaccionado y la define como “…la aplicación de fuerza, potencial o actual, para influir en la acción de un agente voluntario”. Pape (1996:4) se centra en los cálculos del coaccionado y describe la coerción como “…los esfuerzos para cambiar el comportamiento de un estado manipulando costes y beneficios”. Según Byman y Waxman (2002:30) la clave es el cambio de comportamiento en “…la amenaza de la fuerza y, en ocasiones, el empleo de fuerza limitada, para respaldar una amenaza e inducir a un adversario a comportarse diferentemente a como lo haría de otro modo.”

Para Art y Cronin (2003:6) la coerción es “… el intento de conseguir, mediante la amenaza del empleo de la fuerza o el empleo limitado de fuerza, que el actor objeto de la persuasión, sea este un estado, grupo o grupos dentro de un estado, o un actor no estatal, modifiquen su comportamiento o se inhiba”.

George y Simons (1994) clasifican las estrategias de coerción según su intención: ofensivas, defensivas y disuasorias. Las ofensivas tratan de persuadir al actor objeto de la coerción para que acceda a algo o inicie una acción, que de otro modo no haría (chantaje). Las defensivas pretenden que el agresor cese la acción, se detenga, o incluso regrese a la situación previa, mediante una represalia o replicando la coerción en la justa medida para evitar la escalada, para que el agresor decida si escalar el conflicto o aceptar el fallo de la coerción.

Las disuasorias pretenden que quien ejerce la coerción no perturbe el statu quo (dibujar una línea en la arena), empleando el castigo (la represalia contrarrestara cualquier potencial beneficio) o la denegación (es imposible en la práctica o el coste será tan alto que será imposible obtener ningún beneficio).

Así, integrando definiciones y clasificación, se definiría una estrategia de coerción como aquella que pretende persuadir, mediante amenazas e incentivos, para que el coercionado inicie una acción, la detenga, regrese al statu quo previo o no intente modificar el statu quo, porque será más beneficioso, para ambos, acceder que escalar el conflicto.

La estrategia de coerción tiene ventajas sobre la agresión: se puede elegir cuando no se está listo para otra estrategia; es una alternativa a una opción puramente militar, aunque la acción militar puede complementar la acción diplomática transmitiendo resolución y credibilidad; incrementa las ganancias sin incrementar el coste político; tiene menor riesgo de escalada, aunque el riesgo siempre existe; y es menos probable que perjudique las relaciones futuras (George y Simons, 1994).

Es conveniente considerar la teoría de juegos al aproximarse a las estrategias de coerción porque el proceso de toma de decisiones a nivel estratégico es interdependiente. Es decir, un actor tomará una decisión no solamente por el efecto directo de esta acción, sino también por su efecto indirecto en la toma de decisiones de otros (Slantchev, 2005). El dilema del prisionero (cooperación Vs. competición) y el de la caza del ciervo (seguridad Vs. cooperación) ilustran como un actor racional maximizará un beneficio seguro unilateral sobre una ganancia potencial mayor cooperando.

Sin embargo, en la realidad los actores no se comportan de modo estrictamente racional, por lo que para aproximar la coerción ideal a la realidad hay que analizar al adversario, la situación y su contexto. Ello permitirá deducir qué demandar, cómo transmitir urgencia, cómo expresar la amenaza, cómo hacerla creíble y potente y cuáles son los incentivos positivos (George y Simons, 1994).

Para aproximarse a la realidad, Johnson, Mueller y Taft (2002) proponen un análisis cualitativo y cuantitativo del adversario, examinando umbral de disuasión o coacción en relación al conflicto y sus capacidades, militares o de otro tipo.

Slantchev (2014) considera las prioridades del adversario y como las llevará a cabo, si son actores unitarios (dictador), compuestos (junta) o instituciones (parlamento) y como realizan la agregación de preferencias. También considera variables contextuales, como motivación, umbral de tolerancia, las elecciones posibles de otros actores y lo que los actores deben inferir del comportamiento de los demás.

George y Simons (1994) emplean las variables clave de magnitud de la amenaza, magnitud de la motivación del oponente y castigo suficientemente creíble y potente. Así, la inclinación a satisfacer lo que se demanda está relacionado con la percepción de costes y riesgos (magnitud de la amenaza) y con la importancia de los intereses (motivación), ambas subjetivadas por como procesan los actores la información.

La estrategia de coerción elegida dependerá del adversario y el contexto. El ultimátum clásico, que expresa demanda, plazo y castigo es el que mejor ilustra la estrategia de coerción. En un ultimátum las demandas son específicas y las condiciones son finales, siendo tan importante lo que se pide como lo que no. El plazo de tiempo crea la percepción de que el tiempo se acaba y acelera el tempo de la negociación. No solamente es mejor satisfacer las demandas, sino que hay que hacerlo cuanto antes porque demorar la capitulación incrementará progresivamente los costes.

Una amenaza creíble exige tener la capacidad y el compromiso de ejecutarla, demostrado mediante la reputación de acciones pasadas, el fervor popular irreversible, o una inversión tal en la preparación que la consecución resulte irrenunciable (Slantchev, 2005). Paralelamente a la amenaza, proponer incentivos reduce la resistencia a la coerción.

Existen numerosas opciones de amenaza previas a las acciones bélicas: la ruptura de las negociaciones, la ruptura de acuerdos bilaterales, la ruptura de relaciones diplomáticas, la demostración no violenta de poder militar, naval (gunboat diplomacy) o aéreo (presencia aérea), etc.

También las amenazas bélicas son variadas; desde el uso restringido de la fuerza en objetivos limitados, pasando por la invasión limitada, la amenaza de opciones inexploradas, la amenaza de guerra, hasta la declaración de guerra y, finalmente, la guerra.

Asimismo, los ultimátum son medios para un fin, cuyo propósito real puede ser diferente del aparente, como movilizar la opinión doméstica, mejorar la posición en negociaciones, iniciar una guerra, traer a colación un contencioso, expresar la máxima concesión posible, etc. Por esta variedad de propósitos, por el riesgo de percepción como provocación, la posibilidad de escalada, etc. se requiere gran habilidad para redactar o interpretar un ultimátum.

Éxito y fracaso de la coerción

La coerción, la elección entre agresión y capitulación, basada en una estimación de costes, beneficios y probabilidades de éxito, tiene lugar en la mente de los adversarios. La experiencia demuestra que las estrategias exitosas dependen de factores contextuales (Kegley, 2007), que se discuten a continuación.

En primer lugar, actor coercitivo expresa claramente las demandas y estas son comprendidas por el coercionado. Dicho actor manifiesta las condiciones específicas para acabar con la crisis y los términos del acuerdo, asegurando que no formulará nuevas demandas una vez que el coercionado capitule.

La elección del momento es importante. Quien coerciona elegirá iniciar la coerción cuando el coercionado aún no ha tomado una decisión definitiva. La coerción para deshacer algo ya hecho es mucho más difícil porque entraña perdida de reputación e impacta en futuras negociaciones.

Un factor fundamental es la asimetría de motivación a favor del que coerciona, quien está más motivado que el coercionado, o el coercionado está dividido en facciones o carece de cohesión.

Igualmente, cuenta a favor de quien coerciona el miedo a la escalada del coercionado. La reputación con que cuente quien coerciona de haber usado la fuerza anteriormente o a la presentación de irreversibilidad en la crisis, incrementa la presión hasta que el coercionado capitula.

Otro elemento de gran importancia es la habilidad del protagonista para crear en el coercionado urgencia para satisfacer lo demandado, imponiendo límites temporales (el tiempo se acaba, es la última oportunidad,…) que dificulta valorar opciones y tomar decisiones. No obstante, un límite temporal puede provocar un ataque preventivo del coercionado para salir de la situación antes de que termine la ventana de oportunidad (Johnson, Mueller y Taft, 2002).

Los apoyos externos e internos son esenciales. Es fundamental para quien ejerce la coerción contar con apoyo doméstico y cohesión nacional alrededor de la causa. No obstante, este apoyo puede convertirse en presión, condicionado a alcanzar los objetivos prometidos. Las concesiones indican debilidad del régimen y pueden dar lugar a alzamientos o a un golpe de estado (Haun, 2015).

En cuanto al apoyo externo, es clave para el que ejerce la coerción contar con apoyo de actores estatales y no estatales, de Naciones Unidas (NNUU) o de los países con representación permanente en el Consejo de Seguridad, de potencias regionales o estados clave en el área del conflicto, de organizaciones internacionales, organizaciones no gubernamentales y compañías multinacionales.

Asimismo, es esencial que quien coerciona emplee todos Instrumentos de Poder sinérgicamente para aislar al adversario, físicamente (embargo económico) y diplomáticamente (condena de las naciones, de organizaciones internacionales, etc.) (Johnson, Mueller y Taft, 2002)

En cuanto al fracaso de las estrategias de coerción, el coercionado preferirá el conflicto cuando la concesión que se exige es superior al coste que acarrearía el conflicto. Así, según Haun (2005), un estado resistirá las demandas de otro si la concesión implica la pérdida de soberanía sobre sus asuntos domésticos e internacionales, o la desaparición del régimen. También fracasará la coerción cuando el coercionado es capaz de asimilar el castigo sin consecuencias.

Johnson, Mueller y Taft (2002) creen útil para impedir la coerción hacer visible el despliegue de una capacidad suficiente para frustrar los objetivos de quien ejerce la coerción, y disuadir mediante castigo (con fuerzas aéreas por su flexibilidad, precisión y alcance), o denegación (fuerzas terrestres en el terreno o sistemas anti acceso y de denegación de área). Este despliegue requeriría entidad y reglas de enfrentamiento tanto para neutralizar un ataque si fallase la disuasión, como para acomodarse a la evolución de la crisis.

Por otro lado, según Haun (2015) existen dos motivos para elegir deliberadamente una estrategia de coerción que se espera que falle. El primero es ganar tiempo para desplegar las fuerzas para emplear la fuerza bruta. El segundo es salvar la imagen, justificando el conflicto iniciando una estrategia de coerción y negociaciones que serán rechazadas, porque se espera que los estados resuelvan los conflictos en las instituciones internacionales antes de recurrir a la violencia.

La Marcha Verde, culminación de una estrategia de coerción

La salida de España del Sáhara Occidental tras los acuerdos de Madrid de 1975, culminó una estrategia de coerción iniciada por Marruecos mucho antes del inicio de la crisis de la Marcha Verde. Al examinar los eventos que llevaron a ella se advierte como Marruecos explota los factores de éxito de la coerción expuestos anteriormente: claridad de objetivos por parte de Marruecos, asimetría de motivación entre España y Marruecos, miedo de España a la escalada, creación por Marruecos de sentido de urgencia en la negociación, y apoyo internacional y doméstico a la iniciativa de Marruecos, entre otros.

La presencia de España en la costa africana frente a las islas Canarias comienza con una expedición en 1884 para ocupar la zona entre cabo Blanco y cabo Bojador, y otras dos expediciones en 1886, que incorporaron los territorios al norte y este de dichos cabos hasta el final de la ocupación española en 1976.

La ocupación del litoral es relativamente sencilla, pero la ocupación del interior no se completa hasta la guerra civil española, empleando tropas nativas, idóneas por su bajo coste, sencillez logística y familiaridad con el territorio (Fuente y Marino, 2005).

Tras la independencia de Marruecos en 1956 sobre el antiguo protectorado francés y español, Mohamed V asume las tesis del Gran Marruecos de Al Lal El Fassi y del Partido Istiqlal, iniciando una política expansionista. En 1957-1958 incorpora parte de Ifni, Cabo Juby y Tarfaya, y el Ejército de Liberación Marroquí, apoyado por las Fuerzas Armadas Reales (FAR), inicia operaciones en el Sahara español y Mauritania, neutralizadas por Francia y España (Pastrana, 2017).

España intenta aplacar el expansionismo de Marruecos entregando parte del territorio y expresa su compromiso de permanencia constituyendo en 1961 las provincias de Ifni y Sahara español, para que no sean susceptibles de descolonización. Con todo, Marruecos consigue incorporarlas en 1963 a la lista de NNUU de territorios que debían ser descolonizados (Comite Especial de Descolonizacion, 1963).

Para contrarrestar la creciente injerencia de Marruecos, España promueve el desarrollo económico en el Sahara (extracción de crudo y fosfatos) y fomenta el nacionalismo saharaui, incorporando en 1967 la Yemaa (Asamblea General) al régimen español, como órgano representativo de la población autóctona. El trabajo en las minas e infraestructuras favorece el paso del nomadismo al sedentarismo alrededor de las ciudades, creándose una pequeña burguesía con conciencia nacional saharaui, que sustituirá a la aristocracia tribal (Fuente y Marino, 2005).

En el contexto de la revolución argelina y el panarabismo de Nasser, la población saharaui ambiciona mayor protagonismo, mediante una autonomía y conservando la identidad saharaui. En 1969 nace el Movimiento de Vanguardia para la Liberación del Sahara (Barbulo, 2002), compuesto por trabajadores, militares, policías y funcionarios saharauis, liderado por Muhammad Bassiri, de carácter nacionalista y pacífico (Fuente y Marino, 2005).

A finales de los sesenta, España está dividida entre promover una mayor integración o favorecer la autodeterminación; prevalece la integración, impidiendo promover medidas hacia un referéndum en el marco de NNUU. Mientras tanto, Marruecos continúa creando un entorno regional favorable a sus tesis expansionistas, mediante acuerdos con Argelia y el reconocimiento de Mauritania (Fuente y Marino, 2005).

Pensando que es un ardid de Marruecos, las autoridades españolas no intentan atraer al partido de Bassiri, que solamente pretendía la autonomía, (Fuente y Marino, 2005). En 1970 durante una manifestación ilegal en el barrio de Jatarrambla (El Aaiún) el gobierno del Sahara se ve desbordado, los enfrentamientos requieren la intervención del Ejército, que abre fuego contra los manifestantes produciendo entre 2 y 10 fallecidos, según las fuentes (Diego, 1991), y Bassiri desaparece en circunstancias poco claras.

Jatarrambla se considera el origen del nacionalismo activo. En 1973 se funda el Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Rio de Oro (Frente Polisario), de ideología socialista-panárabe basada en la lucha armada, lo cual dificultaría más adelante obtener el apoyo de gobiernos occidentales. Liderado por el comandante Lahbib Ayub, el Frente Polisario, comienza a actuar en el Sahara Español, desde Mauritania y Argelia, con armamento proporcionado por Libia, empleando tácticas de guerrilla (Fuente y Marino, 2005).

Tras los atentados contra Hasan II en 1971 y en 1972, este desplaza su ejército hacia el sur, lejos de los círculos de poder, inicia una vaga apertura política y fomante el expansionismo, canalizando el descontento por el fracaso de la política interna hacia un enemigo exterior. Intenta atraer al Polisario incorporando voluntarios y desertores del ejército español a las Fuerzas Armadas Reales marroquíes (FAR) para desmoralizar a las tropas nativas españolas, y crea en 1974 el Frente de Liberación y Unidad del Sahara (FLU), con unos 500 combatientes, cuya misión es dar golpes de mano en el Sahara español (Fuente y Marino, 2005).

Mientras tanto, la Yemaa eleva en febrero de 1973 una petición autonomista a Franco, quien responde ofreciendo al pueblo saharaui un Estatuto de autonomía como paso previo a la autodeterminación, lo cual es aprobado por la Yemaa en noviembre. Inmediatamente se inicia la elaboración del Estatuto que define al Sahara como territorio administrado por España. Aprobado por Franco en mayo de 1974 y por la Yemaa en julio, el proyecto se detiene al enfermar Franco gravemente. Marruecos, conocedor del proyecto de Estatuto de Autonomía inicia en el verano de 1974 una ofensiva generalizada con riesgo de intervención armada (Carro, 1976).

Asimismo, Franco manifiesta en enero de 1974 una negativa tajante a la salida de España del Sahara, por lo que la estrategia española es dilatar todo lo posible la descolonización (Fuente y Marino, 2005). Se hace cada vez más evidente, por las presiones de NNUU, de los países árabes (Carro, 1976) y la actividad del Frente Polisario, la inviabilidad de mantener el Sahara dentro de la soberanía española, y se acepta como mal menor otorgar al Sahara un estatuto de autonomía.

Así pues, en agosto de 1974 el embajador español ante NNUU anuncia la intención del gobierno español de celebrar un referéndum el primer semestre de 1975. Ante la perspectiva de que NNUU ratificase la propuesta de España tras el receso estival, Marruecos, para ganar tiempo, solicita en septiembre un dictamen consultivo a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya sobre cuestiones del dominio histórico en el Sahara (Fuente y Marino, 2005).

La Asamblea General decide en diciembre de 1974 (Resolución 3292) que España demore el referéndum hasta que la CIJ establezca si el Sahara occidental era, en el momento de su colonización, un territorio sin dueño (terra nullius) y, en caso negativo, qué vínculos jurídicos existían entre el Sahara y Marruecos, y Mauritania. Ante el desarrollo de los acontecimientos, el 30 de enero de 1975 el gobierno español acuerda no seguir con el proyecto de Estatuto de Autonomía (Carro, 1976).

A principios de 1975 Marruecos intenta, sin éxito, bilateralizar el conflicto con España, que no puede transferirle la soberanía como requiere, y presenta un recurso ante el Comité de Descolonización con el fin de que se examine la situación de las plazas norteafricanas de Ceuta y Melilla, y mantener el contencioso candente ante la opinión pública interna y externa (Angel, 2016, 2-3). En febrero la Central Intelligence Agency (1975) informa que “…el último esfuerzo del Rey [de Marruecos] ha tenido éxito creando una nueva ola de anticolonialismo…para distraer la atención de los agravios de las clases medias y liberales proporcionando un escape a las energías de los oficiales militares desafectos…” y que en cuanto a la cuestión de Ceuta y Melilla la posición de España es firme, habiendo respondido con un despliegue naval y aéreo en la zona como medida de disuasión (Angel, 2016).

También a principios de 1975, Marruecos ofrece a Mauritania, en un acuerdo secreto, la partición del territorio del Sahara Occidental a cambio de su asociación al litigio, aislando a Argelia, principal valedora del independentismo (Carro, 1976). Mauritania acepta, para deshacerse de la tutela de Argelia y establecer un colchón entre Mauritania y Marruecos (Fuente y Marino, 2005). Argelia por su lado insinúa que reconocería una declaración unilateral de independencia del Sahara (Carro, 1976).

En este contexto, EEUU apoya las tesis de Marruecos; un Sahara independiente socialista, apoyado por Argelia y Libia, amenazaría las Islas Canarias y el sistema defensivo euroatlántico, facilitando a Argelia salida al mar e incluso una base naval a la URSS (Fuente y Marino, 2005). Esta postura es compartida en España por el Alto Estado Mayor ya en abril de 1975 (Angel, 2016).

Así, en la primavera de 1975 (Angel, 2016) se manifiesta claramente la divergencia de posturas entre Exteriores -continuar el proceso de NNUU- y Presidencia que, junto al Alto Estado Mayor, valora tres opciones: la primera otorgar la independencia unilateral al Sahara, lo que hubiera provocado una reacción de Marruecos, la segunda pactar con Marruecos la transferencia de soberanía, lo cual era imposible porque España era una potencia administradora, y la tercera, prevalente, transferir las administración a NNUU o a los países vecinos (Carro, 1976).

Durante la visita de la misión de NNUU al Sáhara en mayo de 1975, el Frente Polisario demuestra una extraordinaria capacidad movilizadora, quedando claro el deseo del pueblo saharaui de que España abandone el Sahara (Fuente y Marino, 2005).

España reacciona comunicando a NNUU la decisión de finalizar la presencia en el Sahara, incluso de abandonar unilateralmente el territorio. La referencia del Consejo de Ministros del 23 de mayo de 1975 se publica en prensa: se declara el propósito de transferir la soberanía del territorio del Sahara en el plazo más breve posible, en la forma y modo que mejor convenga a sus habitantes y a satisfacer cualquier legítima aspiración de países interesados en aquella zona. También en estas fechas se inicia el planeamiento de la operación Golondrina para la evacuación del Sahara.

Inmediatamente tras la nota oficial del Gobierno de Madrid, Hasan II convoca a los embajadores de Estados Unidos y de Francia. El propósito de la reunión es, según unos, obtener la intermediación para evitar un conflicto, según otros, informar de un acuerdo secreto con España, para que las FAR ocupasen determinados puestos conforme España los fuera abandonando (Angel, 2016). En efecto a Marruecos le interesaba que la entrega del Sahara se realizase de forma paulatina, y así se inició el 28 de octubre desde el noreste del territorio (Fuente y Marino, 2005).

Así, cuando el 4 de octubre de 1975, el Secretario de Estado Kissinger y el Ministro de AAEE, Cortina, conversan en Washington acerca de un posible ataque en el Sahara, y Washington expresa la necesidad de todas las partes de resolver la situación negociando (US Secretary of State, 1975), EEUU ya está al tanto de los preparativos de la Marcha Verde (Fuente y Marino 2005), e incluso podría estar respaldándola (Diego, 1991).

El 16 de octubre de 1975 la CIJ recoge en su fallo “…the existence, at the time of Spanish colonization, of legal ties of allegiance between the Sultan of Morocco and some of the tribes living in the territory of Western Sahara…”, pero que el material presentado “…do not establish any tie of territorial sovereignty between the territory of Western Sahara and the Kingdom of Morocco or the Mauritanian entity…” (International Court of Justice, 1975).

Ese mismo día, haciendo una lectura sesgada del dictamen, Hasan II manifiesta que la CIJ ha fallado a favor de Marruecos, al reconocer que existieron siempre firmes lazos entre Marruecos y el Sahara Occidental, y anuncia la Marcha Verde (Angel, 2016). España no debería haberse sorprendido (Carro, 1976) porque Hassan II había anunciado el 28 de abril de 1975 en France Inter que él mismo encabezaría una marcha al frente de su pueblo (ABC, 1975). Esta Marcha Verde habría sido organizada desde un gabinete de estudios estratégicos de Londres con fondos saudíes (Diego, 1991) (Barbulo, 2002), o por un reducido grupo de marroquíes con el apoyo de asesores de EEUU (Angel, 2016).

El 18 de octubre de 1975, el Secretario General del Movimiento José Solís, partidario de abandonar el Sahara en manos de Marruecos, se entrevista con Hassan II en Marrakech, expone que España está dispuesta a abandonar el Sahara, y solicita cubrir las formas y salvar los compromisos; ese mismo día se activa la “Operación Golondrina” (Fuente y Marino, 2005). También ese día 18, España presenta una carta ante NNUU, que origina la resolución 377 del Consejo de Seguridad del 22 de octubre, que apela a la moderación de las partes (Consejo de Seguridad, 1975). Todavía, el 20 de octubre, España manifiesta ante la NNUU que tiene intención de auspiciar el referéndum en seis meses.

El 2 de noviembre, el embajador de EEUU en España transmite a Kissinger que Cortina le comunica el fallo de las negociaciones con Marruecos para detener la Marcha Verde y la preocupación de que entre la población civil haya tropas para invadir el Sahara. El embajador solicita la mediación de Kissinger ante Hassan II (American Embassy in Spain, 1975), quien reitera ese mismo día a Hasan II el apoyo de EEUU a una solución negociada a la crisis (Department of State, 1975). Igualmente el 2 de noviembre el Consejo de Seguridad de NNUU emite la resolución 379 en la que exhorta a todas las partes interesadas a evitar cualquier acción que pueda incrementar la tensión (Consejo de Seguridad, 1975).

También el 2 de noviembre, el príncipe Juan Carlos, Jefe del Estado en funciones, visita El Aaiún, donde expone la situación a las fuerzas, el propósito final de abandonar el territorio, y que la Marcha Verde no rebasará la línea minada, dirigiendo una palabras de ánimo (Solar, 2015) a la guarnición de unos 20.000 hombres preparados para la operación Marabunta, cuya misión era impedir la invasión y defender El Aaiún.

El 3 de noviembre, mientras los participantes de la Marcha Verde se reagrupan para avanzar hacia el Sahara, Hasan II intenta ganar apoyo adicional de los EEUU, expresando a Kissinger que la posición recalcitrante de Argelia respecto a la autodeterminación del Sahara busca inestabilidad y una oportunidad para la intervención soviética en el Mediterráneo occidental (MAE Marruecos, 1975).

El 6 de noviembre, los 250.000 civiles participantes en la Marcha Verde, con unos 25.000 soldados de las FAR (Canales y Miguel del Rey, 2010), y el FLU en vanguardia, se ponen en movimiento, enarbolando banderas marroquíes y estadounidenses, y mostrando el Corán (Fuente y Marino, 2005). Cuando los primeros elementos de la marcha -ministros, altos funcionarios,…- llegan a la frontera cortan las alambradas del puesto fronterizo abandonado por los españoles.

Ese mismo día Marruecos presenta el ultimátum al embajador Martin Gomero, anunciando que la marcha continuará al día siguiente, aunque se produzcan bajas, con intervención de las FAR. El Consejo de Seguridad de NNUU emite la resolución 380, conminando a Marruecos a retirar inmediatamente del territorio del Sahara Occidental a todos los participantes en la Marcha Verde (Consejo de Seguridad, 1975).

Madrid y Rabat habían pactado que la marcha se internaría 10 kilómetros en el Sahara, permanecería allí 48 horas y luego ser retiraría, pero el 7 de noviembre Marruecos lanza el órdago que puede conducir al enfrentamiento. El grupo principal está detenido ante los primeros campos de minas y otros 100.000 manifestantes traspasan la frontera noreste (Fuente y Marino, 2005).

Ese mismo día 7, el Embajador de Marruecos visita al Presidente Arias y se decide enviar al ministro Antonio Carro esa tarde a Agadir para negociar con Hasan II el retorno de la marcha a Marruecos, con el compromiso de iniciar las negociaciones de cesión del Sáhara. (Meneses, 2015). Hasan II se halla en una situación difícil: no puede disolver la marcha sin mostrar haber garantizado su objetivo, porque puede volverse en su contra, y tampoco puede mantenerla en la frontera porque se generarán altercados y enfermedades (Fuente y Marino, 2005).

El día 8 de noviembre, Hasan II y Carro acuerdan que Carro dirija una carta a Hassan II rogando la retirada de la Marcha Verde y Hasan II dará orden de retirada y entregara una carta para el Príncipe de España. En ella expone que el arreglo definitivo del problema del Sahara significa “la entrega por el Estado español a Marruecos y a Mauritania de todas las responsabilidades y la autoridad civil y militar que ejerce en el Sahara Occidental” (Carro, 1976).

Se negocia prontamente. El 14 de noviembre de 1975 las delegaciones española, marroquí y mauritana firman “El Acuerdo de Madrid” y el 18 de Noviembre se presenta a las Cortes el Proyecto de Ley de Descolonización, desconociendo aún el contenido del “Acuerdo de Madrid “ (Canales y Miguel del Rey, 2010). Finalmente, España cede el control del Sahara a Marruecos y Mauritania el 5 de diciembre en la “Declaración de Madrid”.

El 10 de diciembre de 1975 la Asamblea General de las NNUU (1975) establece, demasiado tarde, que ”…reafirma el derecho inalienable del pueblo del Sahara español a la libre determinación…” y “…pide al Gobierno de España que, en su calidad de Potencia administradora y de conformidad con las observaciones y conclusiones de la Misión Visitadora y con arreglo a la opinión consultiva de la CIJ adopte inmediatamente todas las medidas necesarias, en consulta con todas las partes involucradas e interesadas, de forma que todos los saharianos originarios del Territorio puedan ejercer plena y libremente, bajo supervisión de las Naciones Unidas, su derecho inalienable a la libre determinación.”

Asimismo, la resolución “Pide a la administración provisional que adopte todas las medidas necesarias para asegurar que todas las poblaciones saharianas originarias del Territorio puedan ejercer su derecho inalienable a la libre determinación por medio de una consulta libre organizada con el concurso un representante de las Naciones Unidas designado por el Secretario General”. España abandona el Sahara el 26 de febrero de 1976.

Factores de éxito para Marruecos en la Marcha Verde

Desde el análisis de los acontecimientos descritos y analizados, que concluyeron en la salida de España del Sahara, a continuación se expone como Marruecos explotó diferentes factores de éxito de las estrategias de coerción.

Hasan II tuvo claridad en sus objetivos: a corto plazo la incorporación del Sáhara Occidental, a largo plazo el Gran Marruecos. Para ello llevo a cabo acciones diplomáticas, exponiendo el caso ante NNUU, litigando en la CIJ, buscando el apoyo de EEUU y Francia; acciones militares de hostigamiento del FLU; y acciones informativas para atraer a la población a su causa. Estas acciones confluyeron en la Marcha Verde cuyo objetivo era ocupar el territorio y evitar el referéndum.

Asimismo, Marruecos contaba con asimetría de motivación a su favor; Hasan II vinculó la incorporación del Sahara al futuro de la monarquía y la estabilidad del área. Por contra, España ya estaba planeando salir del Sahara, el Ministerio de Asuntos Exteriores en el contexto de la descolonización y el Ministerio de Presidencia, del Movimiento y el Alto Estado Mayor, entregándolo a Marruecos. Una vez que empezó a la crisis, solamente a nivel operacional se pensaba en permanecer en el Sahara.

Por otro lado, Marruecos mantuvo la iniciativa, manejó la secuencia de acontecimientos y el tempo de las negociaciones: las resoluciones de NNUU, el caso ante la CIJ, el anuncio de la Marcha Verde y su ejecución con el príncipe Juan Carlos gobernando con interinidad. La Marcha Verde paralizó la preparación del referéndum anunciado para 1976, porque le hubiese resultado muy difícil, una vez organizado o realizado, retornar el statu quo previo.

Adicionalmente, Marruecos encontró una oportunidad en la existencia de diversas facciones en España que propugnaban salir del Sahara de distinto modo y se reposicionaban ante el inminente cambio de régimen. El príncipe Juan Carlos deseaba facilitar la transición sorteando peligros adicionales a los ya existentes, mientras Movimiento y Presidencia pretendían evitar la posible inestabilidad en caso de que Marruecos, que se había embarcado en una iniciativa de un solo sentido, fracasase. Por otro lado, el Alto Estado Mayor quería evitar un país comunista apoyado por la URSS y Argelia frente a Canarias y, simultáneamente, Exteriores continuaba aparentemente promoviendo la independencia del Sahara Español de acuerdo al proceso acordado en NNUU.

Asimismo, distintas facciones y estamentos manejaban diferente información sobre las intenciones de España; la carencia de coherencia en la información, vertical y horizontal, impidió la unidad de esfuerzo. Mientras las fuerzas desplegadas planeaban operaciones contra insurgencia, la delegación ante NNUU auspiciaba un referéndum para 1976, y otros organismos en Madrid concebían la entrega a Marruecos.

Por otro lado, España, cuyas FFAA eran superiores, temía la escalada porque en un conflicto abierto con Marruecos no se permitiría ganar a España. Estaba presente el fin del régimen de Salazar en 1974, acelerado por el regreso a Portugal de un ejército con la moral quebrantada por la derrota (Carro, 1976). No deseaban añadir una incertidumbre adicional a la transición, en la que las FFAA tenían un papel clave.

También Marruecos utilizo hábilmente el incremento gradual de presión; primero anunciando en abril la Marcha Verde, luego iniciándola el 3 de noviembre y, finalmente, amenazando el día 7 de noviembre con avanzar al día siguiente más allá de los 10 km. acordados. Antonio Carro no pudo soportar la presión y capituló.

Además de manejar el tempo, Marruecos generó urgencia para satisfacer la demanda. La tensión sólo podía resolverse, bien con un conflicto abierto, que España no quería porque no podría ganar, bien con el avance de la Marcha Verde y la capitulación de España. Si Marruecos se retiraba Hasan II perdería apoyo interno y se generaría inestabilidad en Marruecos, si no se retiraba se producirían altercados en la Marcha Verde descontrolándose.

Hasan II contó con el apoyo de la población de Marruecos, pero condicionado a alcanzar los objetivos. Hasan II buscó un agente externo hacia quien encauzar el descontento del pueblo por los problemas domésticos, pero esa misma cohesión nacional suponía una presión adicional para adoptar una postura más agresiva. Retirarse hubiese revelado al régimen débil como vulnerable frente a la oposición o a golpes de estado.

En el ámbito internacional, Marruecos contó con el apoyo de EEUU, Arabia Saudí y Francia, y con el beneplácito de organizaciones internacionales como la Liga Árabe y la Organización de la Unión Africana. Marruecos previó que la respuesta de NNUU sería lenta, posterior al hecho consumado y carente de efectos; las resoluciones de NNUU y de la CIJ eran claras, pero dejaban la resolución en manos de los países afectados.

Finalmente, Marruecos manifestó claramente en las negociaciones del 7 y 8 de noviembre que las condiciones para desencallar la crisis eran las cartas bilaterales, cuyo contenido se desarrolló a partir del día 12 de noviembre, y se plasmó en los Acuerdos de Madrid del 15 de noviembre.

Indicadores de vulnerabilidad a la coerción de España

Del análisis del escenario en España al enfrentarse a la crisis del Sáhara, pueden extraerse circunstancias que, en caso de manifestarse en su conjunto, o de ser percibidas como tales por un adversario, podrían dar lugar a un cálculo de costes, beneficios y riesgos en el cual España sería vulnerable a la coerción, e inducir al adversario a iniciarla.

Un elemento importante sería la percepción de que el Gobierno de España tenga dificultades para tomar decisiones, debido a interinidad, gobierno en funciones o coalición, o a otra crisis simultánea que exige toda su atención, similar a la de la COVID-19, imposibilitando responder con la celeridad necesaria.

Reviste gran importancia la motivación débil o asimétrica, resultado de una percepción diferente del valor del objeto de la crisis respecto al adversario. Por ejemplo, un lugar puede tener un valor (económico, simbólico, estratégico, etc.) reducido para España y mucho mayor para nuestro adversario.

Este valor subjetivo tiene reflejo en la cohesión nacional frente a la crisis. La existencia de diferencias de percepción de la importancia del objeto, bien entre diferentes facciones del Gobierno de España, bien entre las elites gobernantes y la población, dificultaría la unidad de acción en la respuesta a la coerción.

También entorpecería la unidad de acción, la existencia de distintas facciones en las elites dirigentes, con una agenda propia desacorde con la del Gobierno, o una aproximación descoordinada debida a rivalidades interdepartamentales. Igualmente la dificultaría una política de comunicación incoherente sobre la situación e intenciones del Gobierno, verticalmente entre distintos estamentos y horizontalmente entre departamentos.

Asimismo, la inexistencia de una respuesta pre-planeada acrecienta la vulnerabilidad. Una aproximación previa al contencioso latente, un cálculo de riesgos, del umbral de negociación determinando qué es negociable y qué no, y cuál es la respuesta conveniente, facilitaría responder con éxito aunque el adversario incremente el tempo o imponga urgencia. El planeamiento previo, evaluar las creencias y preferencias de otros actores, sus motivaciones, y el umbral de tolerancia evitarían las asimetrías de valor debidas a la dificultad para leer las condiciones de la crisis.

Una vulnerabilidad fundamental es la incapacidad para generar una amenaza creíble y potente, bien porque el Gobierno ha respondido en ocasiones anteriores sin compromiso, bien porque la situación de las FFAA impide una respuesta rápida y contundente, o porque existe miedo a la escalada.

Igualmente, la incapacidad estructural para amortiguar la agresión, sanciones, boicot, etc., es un factor de vulnerabilidad. Una resiliencia insuficiente forzaría a solucionar la crisis con celeridad reduciendo el margen de negociación.

Ligada a la resiliencia se haya la cohesión interna, cuya ausencia dificultaría acometer medidas que impliquen sacrificios o riesgo de bajas propias, restringiendo el margen de respuesta en una crisis. La carencia de cohesión interna puede originarse por una brecha entre las elites y la población, que no percibe como suyos los objetivos de aquellas, o por la dificultad para movilizar a la población y cohesionarla alrededor de una idea-fuerza.

Otro factor crucial es la carencia de apoyos externos. No contar con el apoyo, explícito o implícito, de organizaciones internacionales (NNUU, OTAN, UE), naciones componentes del Consejo de Seguridad de NNUU, naciones clave en el área, ONG, multinacionales, etc. incrementa enormemente la vulnerabilidad.

Indicadores de coerción

Tomando fundamentalmente como referencia las estrategias que Marruecos empleó con éxito en la crisis del Sahara, es posible establecer las actividades implícitas como indicadores, de tal modo que un sistema de alertas puede considerarlos holísticamente para establecer si existe una estrategia de coerción en curso.

Un indicador principal sería la debilidad del Gobierno de un país adversario ante la opinión pública o una crisis que haga peligrar la continuidad del régimen. Ante esta situación podría necesitar un enemigo exterior iniciando una estrategia de coerción ofensiva sobre un contencioso latente. La sucesión prematura del joven príncipe heredero Moulay Hassan ante un deterioro de la salud de Mohamed IV podría generar este escenario. 

Una coerción ofensiva se enmarcaría en una intensificación de demandas sobre soberanía del territorio, límites de aguas internacionales, de la plataforma continental, etc. empleando canales diplomáticos ante NNUU y otros foros internacionales.

Estas demandas serian complementadas empleando medios de comunicación internacionales y redes sociales para difundir y exacerbar agravios comerciales, territoriales, etc. y movilizar a la población del país adversario contra España como enemigo externo. Asimismo, cabría esperar el empleo de desinformación (fake news y deep fakes) protagonizadas por líderes políticos para socavar la cohesión nacional.

Otra actividad consistiría en la creación de un problema, con impacto en la población residente en España originaria del país adversario, cuya resolución aparentemente pase por la concesión de demandas de España o la potencial escalada del conflicto. Por ejemplo, el adversario restringe el paso de las fronteras y la población de aquel país en España tiene dificultades para acceder a servicios básicos. El adversario puede emplear este hecho para incrementar la conflictividad de pequeño nivel, manifestaciones, tergiversar los hechos para generar fracturas, provocar incidentes para fomentar animadversión y España puede verse obligada a concesiones para evitar conflictividad.

El incremento de presupuesto de defensa es un indicador importante, especialmente si es acompañado por la adquisición de materiales ofensivos y una doctrina de empleo agresiva. Las actividades militares de propósito ambiguo y capacidad ofensiva, los despliegues de fuerzas, el aumento de la disponibilidad de las unidades, el incremento de ejercicios y la movilización de reservistas, pueden señalar la inminencia de un conflicto.  

Otro indicador relevante es el inicio de pequeños conflictos que puedan usarse para comprobar el estado de disponibilidad de las FFAA de España y la resolución del Gobierno para resolver la crisis, así como la actitud de otras naciones y organizaciones internacionales. La crisis de Perejil ilustra esta situación.

También las medidas de presión inespecíficas pueden formar parte de una coerción. El aislamiento físico y económico, mediante controles fronterizos más exhaustivos o cierres arbitrarios, la no autorización de permisos de tránsito o de sobrevuelo, la dificultad para llevar a cabo actividades económicas transfronterizas o la falta de respeto de los acuerdos de explotación de recursos son ejemplos de ello. El cierre de las fronteras de Ceuta y Melilla a las actividades comerciales no regulares puede encajar en este supuesto.

Igualmente, la imposición de tarifas a los productos españoles y a las inversiones de “joint ventures”, así como las dificultades para mover capital o recuperar beneficios hacia España pueden considerarse indicadores.

Otra herramienta de coerción es la modulación del progreso en conflictos bilaterales existentes, condicionado a la satisfacción de imposiciones colaterales del país adversario. Por ejemplo, mayor o menor intensidad en la lucha contra el terrorismo, la inmigración o el control de los tráficos ilícitos condicionado al establecimiento de ventajas en otros ámbitos.

De igual modo, otro indicador relevante es el incremento de las actividades de inteligencia del país adversario en España y en intereses españoles del ciberespacio, así como el fomento de las actividades de desestabilización empleando el terrorismo, el sabotaje de infraestructuras críticas o elementos del crimen organizado.

Asimismo, es previsible el uso de las iniciativas de organizaciones sociales o religiosas, apoyando a la población originaria del país adversario residente en España para adquirir ascendiente sobre ella, incorporarla a una estructura y facilitar su movilización.

Posibles estrategias para disuadir de la coerción ofensiva o contrarrestarla

A partir d elo expuesto anteriormente, se proponen a continuación acciones para disuadir a un adversario de poner en marcha una estrategia de coerción ofensiva, combinando denegación e incentivos, de tal modo que el cálculo de costes, beneficios y probabilidades de éxito sea favorable a mantener el statu quo actual. Complementariamente, se proponen acciones para, en caso de que el adversario inicie una coerción ofensiva, disuadirle de continuarla mediante la amenaza de castigo.

Una de las acciones principales consiste en fomentar la unidad de acción, integrando a todos los departamentos en la elaboración de estrategias de seguridad de alto nivel, y asegurando la coordinación de las estrategias departamentales especificas con el resto de departamentos, de modo que exista una aproximación integral a las crisis.

Uno de los pilares que sustenta la unidad de acción es la distribución de la información, verticalmente, entre distintos estamentos, y horizontalmente, entre departamentos. El conocimiento de la situación de la potencial crisis y de las intenciones del Gobierno para abordarla posibilita una acción coordinada.

Asimismo, difundir entre la población los motivos (económicos, de seguridad, etc.) por los que existen contenciosos con otras naciones, y la importancia concreta del objeto de la crisis, incrementaría la confianza en las elites dirigentes y acometer medidas que impliquen sacrificio. La promoción de los valores en los que se asienta la cultura de España facilitaría la cohesión nacional y la capacidad de la población para sobrellevar situaciones adversas.

Esta adhesión a los valores de España se puede fomentar también a través de iniciativas de desarrollo para disminuir el desempleo, la delincuencia, la conflictividad, culturales y deportivas de asociaciones, ONGs, sindicatos, etc.

Asimismo, resulta esencial emplear el dominio de la información para favorecer la cohesión nacional y dificultar la movilización de la población del país adversario en contra de España como enemigo externo. El empleo de redes sociales posibilita minimizar los argumentos de divergencia y maximizar los temas de afinidad cultural, proyectos comunes, etc., También permite divulgar la narrativa propia del conflicto y opciones alternativas a la capitulación de España o una escalada del conflicto.

Similarmente, es preciso contrarrestar las campanas de desinformación, la tergiversación de hechos y la subversión de valores. Para ello es conveniente prevenir a la población acerca de estas actividades, y animar el pensamiento crítico y recurrir a fuentes autorizadas, así como apoyar los medios que difunden noticias veraces, y establecer acuerdos con las redes sociales para retirar las noticias falsas o inexactas.

Igualmente, otra actividad fundamental es incrementar la resiliencia estructural mediante mejoras de la capacidad de respuesta y recuperación de los servicios y estructuras críticas, desde un punto de vista integral.

Asimismo, es conveniente generar un contexto de interdependencia con el adversario, en el que es más beneficioso colaborar y mantener el statu quo. Ello se alcanzaría mediante integración económica, facilitando las inversiones del adversario en España, el movimiento de bienes y las actividades económicas transfronterizas o desarrollando acuerdos de explotación de recursos.

También es posible sustentar la relación de beneficio mutuo mediante el apoyo de España para la concesión de ayudas económicas de organismos internacionales, tal vez condicionado a la actitud en otros ámbitos, como la lucha contra el terrorismo, la inmigración o los tráficos ilícitos.

Para evitar ser sobrepasado por los acontecimientos, es conveniente evaluar con antelación las creencias y preferencias del adversario, así como sus motivaciones y umbral de tolerancia. Ello posibilitará realizar un un cálculo de costes, beneficios y riesgos, averiguar el umbral de negociación propio y determinar la respuesta más conveniente. El empleo de inteligencia artificial permitirá anticipar amenazas mediante el descubrimiento de patrones ocultos analizando big data.

Con objeto de poder anticiparse a una eventual crisis es preciso realizar un análisis integral del contencioso latente, mantener una exploración persistente de las capacidades del adversario y establecer un sistema de indicadores y alertas. Simultáneamente, es fundamental impedir las actividades de inteligencia del país adversario en España, incluyendo el ciberespacio, y las actividades de desinformación.

Desde tiempo de paz, las actividades de Seguridad Cooperativa con las FFAA de países del entorno sirven también para a incrementar el conocimiento de la capacidad y disponibilidad de las FFAA españolas y así evitar errores de cálculo por parte del adversario.

Es primordial visibilizar una amenaza creíble para disuadir con éxito. Ello se realizaría expresando que la pretensión del adversario se halla más allá del margen de negociación y que, si es necesario, se adoptará una respuesta contundente, haciendo ver los preparativos, transmitiendo que no existe miedo a una escalada, difundiendo la resolución en el Gobierno y la disponibilidad de las FFAA.

Asimismo, es clave mantener una postura diplomática firme y coherente ante organismos internacionales y representaciones extranjeras, así como manifestar en los medios de comunicación y foros internacionales la falta de base legal o histórica de las demandas del adversario.

La acción diplomática es esencial también para atraer a los actores clave. Es crucial adquirir y mantener el apoyo de las naciones componentes del Consejo de Seguridad de NNUU, de multinacionales, ONG, NNUU, OTAN, UE, etc.

Para disuadir por denegación del inicio de una estrategia de coerción ofensiva es conveniente desplegar fuerzas terrestres permanentes en el lugar del contencioso latente, exponiendo abiertamente sus Reglas de Enfrentamiento y los preparativos para desplegar refuerzos. De este modo un ataque del adversario implicaría una escalada a un conflicto total (suelo de cristal), lo cual es indeseado por ambos.

Ante la inminencia de una estrategia de coerción ofensiva, es conveniente prepararse para tomar la iniciativa antes de que al adversario pueda completar sus preparativos, y valorar atacar con rapidez, en cualquier dominio, y presentar los hechos consumados.

En caso de que se materializase una estrategia de coerción, es imprescindible adueñarse del tempo de las negociaciones mediante dilaciones, y así disponer de tiempo para evaluar todas las opciones posibles y decidir sin presión.

En este caso, para disuadir por castigo al adversario de continuar la coerción, o para contrarrestar su agresión, es conveniente desplegar una Fuerza Conjunta. El componente terrestre impide la invasión y el componente aéreo puede atacar rápida y discriminadamente objetivos de importancia en territorio adversario, facilitando la modulación del conflicto y la gestión de la crisis en tiempo real.

Así, se considera cumplido el objetivo principal, proponer estrategias para evitar la coerción, disuadir de emplearla, o neutralizarla, desde el análisis del caso histórico de la Marcha Verde, sus factores de éxito, y los indicadores de vulnerabilidad a la coerción y de inicio de una estrategia de coerción que revelan.

Conclusiones

Una estrategia de coerción pretende persuadir, mediante amenazas e incentivos, al coercionado para iniciar o detener una acción, regresar al statu quo o no intentar modificarlo, porque será más beneficioso acceder que escalar el conflicto. Habitualmente, la coerción se materializa mediante un ultimátum que incluye demanda, plazo para satisfacerla, amenaza en caso de no hacerlo y, ocasionalmente, incentivos. Sin embargo, los actores no se comportan racionalmente, ello exige analizar al adversario y su contexto.

Analizar, en el marco de la teoría de coerción, el caso histórico de la Marcha Verde ha permitido deducir los factores de éxito que Marruecos explotó: claridad de objetivos (el Sahara y el Gran Marruecos); mayor motivación (mientras que España consideraba descolonizar o ceder el Sahara, Hasan II  ponía en juego el régimen); elección del momento propicio (resoluciones de NNUU, TIJ, anuncio de la Marcha Verde, ejecución con el príncipe Juan Carlos interino, ocupación antes del proceso de referéndum); división en el Gobierno de España; miedo de España a la escalada; sentimiento de urgencia (la crisis solamente podía resolverse ese día con la capitulación de España o un conflicto abierto); apoyo doméstico (creando un enemigo externo, pero condicionado a la consecución de los objetivos), apoyo internacional (de EEUU, Arabia Saudí y Francia), la inercia de NNUU, unas condiciones para desencallar la crisis inferiores al umbral de negociación de España.

El análisis del caso histórico, desde la perspectiva de las vulnerabilidades de España, ha revelado factores generales de vulnerabilidad a la coerción. Los fundamentales son: división interna del liderazgo, dificultad para tomar de decisiones, motivación débil, falta de cohesión nacional, brecha entre las elites gobernantes y la población, incapacidad de generar una amenaza creíble y potente, miedo a la escalada y carencia de apoyo doméstico e internacional.

Igualmente, el estudio del caso de la Marcha Verde ha permitido colegir indicadores para anticipar una estrategia de coerción, tales como la intensificación de demandas ante organizaciones internacionales; la debilidad del Gobierno del país competidor; una presión sobre la población cuyo alivio exige la concesión de demandas por España; doctrina militar ofensiva, despliegues y ejercicios militares, aumento de disponibilidad de unidades y movilización de reservistas; escaramuzas para tantear la respuesta y la actitud de otros actores; aislamiento físico y económico, cumplimiento de tratados condicionado a satisfacción de exigencias e incremento de las actividades de desinformación.

De igual modo, el examen de factores de éxito, vulnerabilidades e indicadores ha posibilitado deducir estrategias para prever una crisis, disuadir a un adversario de emplear una estrategia de coerción o neutralizarla.

La coerción, el análisis de la situación, de los costes, beneficios y riesgo, ocurre en la mente de los participantes. Por ello, una aproximación previa al conflicto potencial, la evaluación del adversario y un sistema adecuado de indicadores y alertas, permitirán anticiparse y modular las medidas de prevención o la respuesta con mayor garantía de éxito.

Así, para prevenir el inicio de una estrategia de coerción ofensiva hacia España es preciso disuadir al adversario desde tiempo de paz de que la inicie, empleando la disuasión por denegación e incentivos. Es decir, es mejor mantener el statu quo, beneficioso para ambos, porque el esfuerzo del adversario para obtener su objetivo será prohibitivo.

Esta disuasión se sustenta en la interdependencia, asociando el progreso del adversario al propio, pero también, fundamentalmente, reforzando lo propio: fomentando la unidad de acción, incrementando la resiliencia nacional, manteniendo una postura diplomática firme y coherente, recabando apoyos internacionales, acrecentando la cohesión nacional, explotando el dominio de la información e incrementando el conocimiento de la capacidad y disponibilidad de las FFAA españolas y del compromiso de emplearlas.

Puede ser necesario también preparar la disuasión por castigo, porque podría suceder que la alternativa menos perjudicial del adversario consistiese en iniciar una estrategia de coerción. Por ello, es necesario desplegar, y visibilizar, capacidades militares de entidad apropiada, o de otro tipo, de modo que si el adversario iniciase la coerción se produciría un castigo tal que contrarrestaría cualquier beneficio previsto.

En cualquier caso, a tenor de lo analizado, los elementos fundamentales de cualquier estrategia para superar una coerción son: el empleo armonizado de todos los instrumentos de poder de la nación y la cohesión de la población apoyando un liderazgo firme y decidido.

Referencias:

ABC (1975), “Si se impone la autodeterminación en el Sahara Marruecos marcharía sobre el territorio”, ABC, 30 de Abril.

American Embassy in Spain (1975), “Telegram 7618 From the Embassy in Spain to the Department of State.” Foreign Relations of the United States, 1969–1976, Volume E–9, Part 1, Documents on North Africa, 1973–1976. Madrid: Office of the historian.

Ángel, Silvia (2016), “1975: el último año del Sahara español.” Anuario de estudios atlánticos, 1-14.

Art, Robert J. y Patrick M. Cronin (2003), The United States and Coercive Diplomacy. Washington DC: United States Institute of Peace Press.

Asamblea General de las NNUU (1974), Resolución 3292. Nueva York: Naciones Unidas.

­­­­­­­__ (1975) Resolución 3458 B. Nueva York: Naciones Unidas.

Barbulo, Tomas (2002), La historia prohibida del Sahara español. Barcelona: Editorial Destino.

Byman, Daniel, y Matthew Waxman (2002), The Dynamics of Coercion: American Foreign Policy and the Limits of Military Might. Cambridge: Cambridge University Press.

Canales, Carlos y Vicente Miguel del Rey (2010), Breve historia de la guerra de Ifni Sahara. Madrid: Nowtilus.

Carro, Antonio (1976), “La descolonización del Sahara”. Revista de Política Internacional, Marzo-Abril: 11-38.

Central Intelligence Agency (1975), Rabat Continues Campaign Against Territorial Holdings, National Archives and Records Administration, Central Intelligence Agency (CIA), Western Europe International Organizations, secret, box 118. No. 0127-75.

CIA Director (1975), “Memorandum From Director of Central Intelligence Colby to the President’s Assistant for National Security Affairs (Kissinger).” Foreign Relations of the United States, 1969–1976, Volume E–9, Part 1, Documents on North Africa, 1973–1976. Washington DC: Office of the historian.

Clausewitz, Carl von (1832), On War, Traducido por Michael Howard y Peter Paret. Princeton: Princeton University Press.

Cola Alberich, Julio (1977), “España y el Sahara occidental, antecedentes de una descolonización.” Revista de Política Internacional, noviembre-diciembre: 9-52.

Comite Especial de Descolonización (1963), “Informe de la Comisión para la información sobre territorios no autónomos.” Decimoctavo periodo Suplemento No. 14 (A/5514), Nueva York: Naciones Unidas.

Consejo de Seguridad de NNUU (1975), Resolución 377, Nueva York: Naciones Unidas.

­­__ (1975), Resolución 379, Nueva York: Naciones Unidas.

­­__ (1975), Resolución 380, Nueva York: Naciones Unidas.

Department of State (1975), “Telegram 259602 From the Department of State to the Embassy in Morocco.”, Foreign Relations of the United States, 1969–1976, Volume E–9, Part 1, Documents on North Africa, 1973–1976. Washington: Office of the historian.

Diego, José R. (1991), Guerra en el Sahara. Madrid: Editorial Itsmo.

Espana, Marruecos y Mauritania (1975), Declaración de principios entre Espana, Marruecos y Mauritania sobre el Sahara Occidental, Nueva York: United Nations Treaty Series.

Freedman, Lawrence (2004), Deterrence, Malden: Polity Press.

Fuente, Ignacio, y Fernando M. Marino (2005), El conflicto del Sahara Occidental. Madrid: Ministerio de Defensa.

George, Alexander L. y William E. Simons (1994), The Limits of Coercive Diplomacy, Oxford: Westview Press.

Haun, Phil (2015), Coercion, survival, and war: why weak states resist the United States, Standford: Standford University Press.

International Court of Justice (1975), Western Sahara Advisory opinion of 16 October 1975, Reports of judgements advisory opinions and orders, The Hague: International Court of Justice.

Jakobsen, Peter Viggo (2011), “Pushing the Limits of Military Coercion Theory”, International Studies Perspectives, 153-170.

Johnson, David E., Karl. P Mueller, y William H. Taft (2002), Conventional coercion across the spectrum of operations, Santa Monica: RAND.

Kegley, Charles W. Jr. (2007), World politics. Trends and transformation. Belmont: University of South Carolina.

Ley 40/1975 de descolonización del Sahara. Madrid: Jefatura del Estado.

MAE Marruecos (1975). “Message From King Hassan to the President’s Assistant for National Security Affairs (Scowcroft).” Foreign Relations of the United States, 1969–1976, Volume E–9, Part 1, Documents on North Africa, 1973–1976. Rabat: Office of the historian.

Meneses, Rosa (2015), “La marcha verde: 40 años de una herida abierta en el Sahara Occidental”, El Mundo, 11 de Junio.

Pablovrazam (2014), “File:Mapa africa-occicdental-1958.png” Wikimedia Commons. 4 de enero.

Pape, Robert (1966), Bombing to Win. Ithaca: Cornell University Press.

Pastrana, Juan (2017), Arde el desierto. La guerra de Ifni-Sahara, Madrid: Ediciones Nowtilus.

Schelling, Thomas C. (1966), Arms and Influence, New Haven: Yale University Press.

­­__ (1980), The Strategy of Conflict, Harvard: Harvard University Press.

Slantchev, Branislav L. (2005) “Military Coercion in Interstate Crises”. American Political Science Review, Vol. 99 (No. 4): 533-547.

­­__ (2014), “US Foreign policy: Theories and srategic choice”, San Diego: University of California San Diego, 2 de julio.

­­__ (2015), US Foreign Policy: Explanations for War. San Diego: University of California San Diego.

Solar, David (2015), “Marcha Verde: el polvorín del Sáhara que certificó el último aliento de la dictadura”. El Mundo, 16 de Octubre.

US Department of State, Foreign Service Institute. s.f. Office of the Historian.

US Secretary of State (1975), “Memorandum of Conversation”. Foreign Relations of the United States, 1969–1976, Volume E–9, Part 1, Documents on North Africa, 1973–1976. Washington: Office of the historian.


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

Avatar
Carlos Martínez Gimeno

Teniente Coronel del Ejercito del Aire, piloto de transporte y de helicópteros. Actualmente, analista en el Mando Aliado de Transformación de la OTAN

Ver todos los artículos
Avatar Carlos Martínez Gimeno