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180326-N-UK333-189 PACIFIC OCEAN (March 26, 2008) An unarmed Trident II D5 missile launches from the Ohio-class ballistic missile submarine USS Nebraska (SSBN 739) off the coast of California. The test launch was part of the U.S. Navy Strategic Systems Program’s demonstration and shakedown operation certification process. The successful launch certified the readiness of an SSBN crew and the operational performance of the submarine’s strategic weapons system before returning to operational availability. (U.S. Navy photo by Mass Communication Specialist 1st Class Ronald Gutridge/Released)

La persistente amenaza nuclear: una espada de Damocles sobre la Humanidad

Global Strategy Report 15/2020

Resumen: La desaparición de la Unión Soviética dio lugar a un aparente y breve periodo de distensión y alejamiento de la amenaza de una hecatombe nuclear. Sin embargo, el regreso a las tensiones y rivalidades entre las grandes potencias nucleares, los conflictos regionales entre países con una creciente capacidad nuclear y la amenaza del terrorismo internacional han vuelto a poner las armas nucleares en el centro de los debates de la seguridad internacional.

Introducción

La investigación científica de la energía nuclear comienza a principios del siglo XX, cuando el premio nobel en química Ernest Rutherford logró la primera fisión de un átomo y la liberación del poder encerrado en su interior. Durante la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos llevaron a cabo el Proyecto Manhattan, dirigido por el físico teórico Robert Oppenheimer, que permitió en julio de 1945 realizar en el desierto de Nuevo Méjico el primer ensayo nuclear con éxito. Pero fue el ataque nuclear sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y el 9 de agosto de 1945, el momento que puede ser considerado como el inicio de una nueva era para la humanidad: la Era Nuclear. Desde entonces las armas nucleares han condicionado la política internacional y la forma en que los países se relacionan en el escenario internacional.

La tecnología nuclear aplicada a los sistemas de armas provocó una revolución en la concepción de los asuntos militares sin precedentes. El principio de que la guerra es la continuación de la política por otros medios, del estratega militar del siglo XIX Carl von Clausewitz, parecía difuminarse, ya que los políticos, en esta nueva situación, no sólo ejercerían el control del arma nuclear, sino también su forma de empleo. Este hecho significó un importante cambio en la doctrina militar, y tuvo un notable impacto en los niveles estratégico, operacional y táctico del arte de la guerra.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, para contrarrestar el poder que otorgaba a Estados Unidos la posesión del arma nuclear, otros países iniciaron una carrera para desarrollar la compleja tecnología que les permitiera la capacidad de fabricar armas nucleares. La Unión Soviética rompió este monopolio de los Estados Unidos al realizar su primer ensayo nuclear en 1949, el Reino Unido alcanzó este objetivo en 1952, Francia en 1960 y China en 1964.

Durante la Guerra Fría (1945 -1991) planeó sobre la humanidad el riesgo de una guerra nuclear. Durante esta etapa, la teoría de la disuasión nuclear condicionó y determinó la relación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Ambas superpotencias fueron adaptando su doctrina militar al creciente desarrollo y evolución de las armas nucleares y de sus medios de lanzamiento. Las dos superpotencias llegaron a contar con un arsenal nuclear suficiente para asegurarse su mutua y total destrucción. Las dos partes adoptaron una estrategia de represalia masiva, y por el temor a su propia destrucción trataron de evitar el empleo de este tipo de armas, cumpliéndose, aquí sí, el principio de Clausewitz de que la guerra no está justificada si los beneficios políticos son menores que el coste y las pérdidas. Según el enfoque realista de los estudios estratégicos, durante este periodo la disuasión nuclear contribuyó a evitar un enfrentamiento directo entre los dos bloques. «Las dos superpotencias se desenvolvieron en un mundo bajo el temor a la mutua destrucción asegurada, por lo que se mostraron más cautas a la hora de lanzarse a una guerra convencional entre ellas que si no hubieran contado con armas nucleares» (Mearsheimer, 2001). En esta misma línea realista de las relaciones internacionales, el politólogo Kenneth Waltz considera que el conocer las graves y desastrosas consecuencias del uso de las armas nucleares, provoca que las autoridades actúen con más precaución y responsabilidad (Waltz, 2012).

Ahora bien, en el siglo XXI el mundo ha entrado en una segunda y diferente era nuclear. En esta nueva era, no se repite el modelo de enfrentamiento de dos superpotencias con enormes arsenales nucleares, como ocurrió durante el periodo de la Guerra Fría. Hoy en día, las actuales tendencias geopolíticas indican que el nuevo orden mundial evoluciona hacia la multipolaridad, países con capacidad nuclear como China, Rusia e India cuestionan el actual orden. En todo caso, la seguridad global cada vez gira más sobre la tensión entre Estados Unidos y China, aunque, a diferencia del pasado, esta rivalidad cada vez es más perceptible en términos económicos que ideológicos. Por otro lado, Rusia no posee el poder económico y político de su época soviética, pero si mantiene su heredado poder nuclear, lo que la hace inmune a presiones militares. Esta nueva era también se caracteriza por la existencia de países con pequeños arsenales nucleares que mantienen conflictos con sus vecinos, y algunos caracterizados por su inestabilidad política y débiles instituciones (Narang, 2014).

«La proliferación de armas nucleares se ha transformado en un problema estratégico global para el orden internacional contemporáneo» (Kissinger, 2014). La proliferación de armas nucleares y el aumento de los países que poseen esta capacidad, se ha visto favorecido por la expansión de la tecnología para la producción de energía nuclear de uso pacífico, que ha aumentado las oportunidades de fabricar o conseguir estas armas. El aumento del número de países con capacidad nuclear multiplica las posibilidades de un enfrentamiento en el que se llegue a emplear este tipo de armas. Además, si Corea del Norte e Irán logran consolidar y desarrollar sus programas nucleares, pueden convertirse en ejemplos a imitar por otros países.

El 23 de enero de 2020, la prestigiosa e independiente Organización de los Científicos Nucleares publicó en The Bulletin of the Atomic Scientits, que la humanidad se encuentra sólo a 100 segundos de una catástrofe nuclear, según su reloj del Día del Juicio Final (Doomsday Clock), el lapso de tiempo más próximo a una hecatombe nuclear desde que esta académica organización se dedica a valorar el riesgo al que se encuentra sometida la población de nuestro planeta[i].

La amenaza nuclear en la época post-soviética

La desaparición  de la Unión Soviética, que supuso el derrumbe de su sistema político y económico, supuso el fin del equilibrio geopolítico que había existido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Significó el paso de un mundo bipolar, con dos grandes superpotencias enfrentadas, a un mundo unipolar con una única potencia hegemónica, los Estados Unidos de Norteamérica. El colapso de la Unión Soviética provocó una ola de optimismo, sobre todo en Occidente, por la desaparición de la posibilidad de un conflicto mundial y el alejamiento de un holocausto nuclear. De pronto, surgió lo que parecía que sería un nuevo mundo, donde el sistema liberal democrático se extendería por todo el planeta y daría lugar a un nuevo sistema global, una globalización cultural, económica y de la seguridad internacional. Francis Fukuyama, antiguo analista de la Corporación RAND y ex subdirector de planificación política del Departamento de Estado de los Estados Unidos, realizó un intento de analizar el futuro de esta nueva realidad en su obra El fin de la Historia y el último hombre, en la que predecía que la historia en el sentido hegeliano ya no existía. En otras palabras, que el avance de la organización social de la humanidad desde etapas primitivas, como las tribales y teocráticas, culminaría en algún momento con el triunfo de las sociedades igualitarias y democráticas, como una organización racional de la sociedad y del Estado. Para Hegel ese momento tuvo lugar en 1806 con la derrota de Prusia por Napoleón, al imponerse los ideales de la Revolución Francesa. La Historia, considerada como una lucha de ideologías, parecía que había terminado con la imposición de un mundo final basado en la democracia liberal. Sin embargo, al igual que el fin de la Historia no llegó con el triunfo de Napoleón, la realidad demuestra que tampoco llegó con la disolución del Pacto de Varsovia y la desaparición de la Unión Soviética. No sólo Fukuyama, sino también otros expertos y analistas con una visión liberal en los estudios estratégicos y las relaciones internacionales pronosticaron que la paz, la democracia y el progreso económico se extenderían por todo el planeta, y la interdependencia económica entre los países desterraría definitivamente el fenómeno de la guerra. Sin embargo, la aparición de nuevos conflictos y amenazas, como fueron las Guerras de Yugoslavia (1992-01), la Guerra del Golfo (1990-91), la Guerra de Iraq (2003-11), los ataques terroristas del 11 de Septiembre contra Estados Unidos, la Guerra de Afganistán (2001-..) y la Guerra de Siria (2011-..), además de otros muchos conflictos menores, han dado la razón a los que habían mantenido una posición más pesimista, pero más realista del mundo. Un mundo organizado en una jerarquía de poder entre los países, y donde la rivalidad y los conflictos son inevitables.

Desde la llegada al poder en la URSS de Mijaíl Gorbachov, el número de cabezas nucleares en los arsenales de los Estados Unidos y de la Federación Rusa, heredera del arsenal nuclear de la Unión Soviética, ha estado disminuyendo conforme a los sucesivos tratados de reducción de armas nucleares. El primer tratado que significó una clara reducción fue el Tratado de prohibición de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (Tratado INF), firmado el 8 de diciembre de 1987 por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en Washington. También contribuyeron los sucesivos tratados de armas nucleares estratégicas START[ii], el último de ellos el Nuevo Tratado START[iii] firmado en Praga por el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y el entonces Presidente de la Federación Rusa, Dmitry Medveded, el 8 de abril de 2010[iv], que entró en vigor el 5 de febrero de 2011 tras ser ratificado por el Senado de los Estados Unidos y la Duma de la Federación Rusa. Previamente, en 2002, George W. Bush y Vladimir Putin habían firmado el tratado SORT[v], también conocido como Tratado de Moscú, en el que las dos potencias nucleares se comprometieron a recortar unilateralmente el número de armas nucleares estratégicas de sus arsenales.

La reducción del número total de cabezas nucleares, unido a que desde la primera y única ocasión que fueron usadas las armas nucleares en Hiroshima y Nagasaki, no se hayan vuelto a utilizar en un conflicto, podría hacer pensar que el riesgo nuclear ha disminuido y que la probabilidad del uso de armas nucleares es baja, pero esta es una conclusión tomada a la ligera. Para el profesor Noam Chomsky este peligro continúa existiendo en la actualidad; en sus palabras: «Por primera vez en la historia de la especie humana, hemos desarrollado claramente la capacidad de destruirnos, los sistemas de armas nucleares podrían asestar un golpe terrible a la existencia organizada, o quizá provocar su fin», «En el mundo en el que hemos estado viviendo y en el que vivimos hoy, las armas nucleares plantean un peligro constante de destrucción inmediata». (Chomsky, 2016).

La primera razón que demuestra esta falsa impresión es que de forma simultánea a este proceso de reducción de los arsenales nucleares, Estados Unidos, Rusia y China, las principales potencias nucleares, se encuentran ocupadas e inmersas en un significativo proceso de modernización y de expansión de sus capacidades nucleares, tanto en lo relacionado con las armas estratégicas como de las operacionales y tácticas.

Un factor que indica que nos dirigimos al inicio de una nueva carrera armamentística nuclear, con el consiguiente riesgo asociado a la misma, es el poco interés de los Estados Unidos y Rusia en mantener y fortalecer los tratados vigentes de prohibición y reducción de este tipo de armamentos. En 2002, los Estados Unidos se retiraron unilateralmente del Tratado Anti-Balístico de Misiles (ABM)[vi], el cual era considerado hasta ese momento como una pieza clave de la estabilidad estratégica. El Tratado INF fue cancelado el pasado 2 de agosto de 2019; las partes firmantes, ya desde mediados de los años noventa, venían mostrando una manifiesta y creciente preocupación debido a la posesión de misiles de alcance intermedio por terceros países no afectados por este tratado, como China, India, Irán, Corea del Norte, Paquistán y Arabia Saudí, al considerar que esta situación les coloca en una clara desventaja geoestratégica, especialmente frente a China. La relación entre Estados Unidos y China cada vez es más competitiva, la tensión en el Mar de China es donde esta rivalidad se hace más notoria. También se está a la espera de ver lo que ocurre con el Nuevo Tratado START, el cual estará en vigor hasta febrero de 2021, a menos que ambas partes decidan su ampliación hasta 2026, ya que el tratado contempla la posibilidad de ser prorrogado por cinco años más.

Las relaciones entre la OTAN y la Federación Rusa, ya tensas y afectadas por la progresiva expansión de la Alianza hacia el Este de Europa y por el conflicto de Georgia en 2008, empeoraron por la anexión de la Península de Crimea por Rusia en 2014 y con el conflicto armado en el este de Ucrania. A la crisis de Ucrania, la OTAN respondió, en junio de 2016, con el despliegue de cuatro unidades tipo batallón en los Países Bálticos y en Polonia, a lo que Rusia reaccionó con el despliegue de misiles Iskander[vii] (SS-26) en su enclave de Kaliningrado. Evidentemente esta situación, no ayuda al fomento de las medidas de confianza y a favorecer una atmosfera de distensión y desarme nuclear en Europa. Por otro lado, Rusia y China mantienen una estrecha colaboración estratégica, pero a pesar de que una de las áreas donde esta colaboración se hace más evidente es en la cooperación militar, no existen conversaciones ni acuerdos sobre asuntos relacionados con las armas nucleares entre ambos países. Por lo que todo parece indicar «que los Estados Unidos, Rusia y China continuaran desarrollando sus sistemas de armas y doctrinas nucleares basándose solamente en sus propios cálculos estratégicos, en una atmosfera de creciente aislamiento, de ausencia de diálogo y  de mayor desconfianza que nunca» (Trenin, 2019).

Además, tampoco parece tranquilizador que a los cinco países con armas nucleares firmantes del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (NPT)[viii], se hayan unido cuatro nuevos estados nucleares: India, Paquistán, Corea del Norte e Israel, conocedores del gran poder que otorga el disponer de capacidad nuclear para disuadir a posibles enemigos y rivales. Este aumento ha tenido lugar pese al intento de evitarlo que supuso el tratado NPT, que entró en vigor en 1970, con los objetivos de evitar la proliferación de las armas nucleares, promover el uso pacífico de la energía nuclear y de transitar hacia un desarme nuclear total. Conforme al NPT, los estados sin armas nucleares que se unieran al tratado recibirían asistencia de los estados nucleares para lograr el acceso a la energía nuclear de uso pacífico. Los países firmantes que entonces disponían de este tipo de armamento, Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia, y que coinciden con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se comprometieron a trabajar para conseguir el desarme y la eliminación total de las armas nucleares, como se recoge en su Artículo VI de este tratado; este artículo es una obligación legal, no un mero objetivo (Garraway, 2014). Los cuatro nuevos estados nucleares mencionados, quedaron intencionadamente al margen del tratado o lo abandonaron en su momento, como fue el caso de Corea del Norte, para obtener la influencia internacional y las ventajas que suponen la pertenencia al club nuclear. De acuerdo con el NPT, los países firmantes que no disponen de este tipo de armas se comprometen a abstenerse de poseerlo, sin embargo, la fabricación de un arma nuclear es difícil de descubrir, pues los inicios de este proceso son similares con el desarrollo pacífico de la energía nuclear; países como Siria, Libia e Irán han mantenido, en algún momento, programas nucleares encubiertos que violaban el tratado. En el año 2019, 191 estados se habían adherido al tratado, aunque no todos lo habían ratificado[ix].

Especialmente preocupante es que la India y Paquistán mantengan, desde que dejaron de pertenecer al Imperio Británico en 1947, un permanente y violento conflicto fronterizo por la región de Cachemira. La tensión entre Nueva Delhi e Islamabad ha provocado varias guerras[x], la última en 1999, y violentas refriegas, la última de ellas en 2019[xi]. La India comenzó su programa nuclear en los años cincuenta, lo que le permitió realizar su primer ensayo nuclear en 1974, y en 1998 llevó a cabo dos nuevos ensayos, uno de ellos termonuclear[xii], es decir, basado en los principios de la fusión nuclear, con lo que dejaba claro al resto de los países su poder nuclear, y especialmente a su vecino Paquistán. Las fuerzas nucleares indias disponen de una actualizada triada nuclear, que dispone de siete sistemas de armas nucleares, cuatro sistemas de misiles balísticos diferentes basados en tierra, dos modelos de aviones con capacidad de portar armas nucleares y una clase de submarinos con capacidad de lanzar misiles balísticos (Kristensen & Korda, 2018).  Por su parte, Paquistán inició su programa nuclear en 1972, y realizó dos ensayos nucleares en 1998, como respuestas a los ensayos de India de ese mismo año, con el objetivo de disuadir de un ataque nuclear a su vecina India y de compensar su inferioridad en fuerzas convencionales. Paquistán está buscando desarrollar una fuerza nuclear submarina para completar su triada nuclear y conseguir la paridad con India (Kristensen, Norris & Diamond, 2018). Los dos países enfrentados cuentan, cada uno de ellos, con algo más de un centenar de cabezas nucleares en diversos medios de lanzamiento (Kristensen, 2018). A esta tensa situación se suma la inestabilidad política que sufre Paquistán, con una significativa presencia islamista interna. Grupos terroristas utilizan zonas fronterizas con Afganistán como base de operaciones para actuar contra fuerzas de la OTAN desplegadas en ese país. A su vez, tampoco es tranquilizador el hecho de que India y China mantengan una disputa fronteriza por las regiones de Aksai Chin y de Arunachal Pradesh.

Otro foco de tensión internacional se encuentra en el Asia Oriental, donde la Península de Corea continúa dividida por el paralelo 38 como un recordatorio de la Guerra Fría. En 1967, la República Democrática Popular de Corea, con el apoyo y asesoramiento de la Unión Soviética, construyó un reactor nuclear con fines de investigación, utilizando como combustible el uranio extraído de sus propios yacimientos. Durante los años ochenta, Corea del Norte consiguió construir un reactor con capacidad de producir plutonio para uso militar (Nikitin, 2013), los siguientes pasos de su programa nuclear fueron los ensayos nucleares realizados en 2006, 2009, 2013, 2016 y 2017[xiii]. Estos ensayos fueron detectados por la red de estaciones del Sistema de Monitorización Internacional (IMS)[xiv], pertenecientes al sistema de verificación del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBT)[xv] de 1996. En las declaraciones oficiales que realizó Pyongyang en relación a los ensayos nucleares realizados el 6 de enero de 2016 y el 3 de septiembre de 2017, aseguró que se trataron de ensayos termonucleares. A la posesión de armas nucleares, se une la capacidad de sus misiles balísticos intercontinentales (ICBM)[xvi], especialmente los misiles intercontinentales más avanzados denominados Taepo Dong[xvii], con 10.000 kilómetros de alcance, y sus avances en el lanzamiento de misiles desde sus submarinos. Sin embargo, la capacidad tecnológica de Corea del Norte para construir un bomba de fusión nuclear ha sido cuestionada por la comunidad de expertos en armas nucleares, incluso su capacidad para producir una cabeza nuclear lo suficientemente compacta como para poder ser instalada en un misil balístico de largo alcance. En todo caso, los logros de Corea del Norte en el campo de las armas nucleares, hacen que sea vista como una seria amenaza nuclear por sus vecinos de Corea del Sur y Japón. Como respuesta a la amenaza que suponen los misiles norcoreanos, los Estados Unidos iniciaron en 2017 el despliegue de sistemas de defensa antiaérea THAAD[xviii] en Corea del Sur. China y Rusia han mostrado su desacuerdo y preocupación con el despliegue de estos sistemas y por la tensión creada en la región[xix].

En el conflictivo escenario de Oriente Próximo, Israel nunca ha reconocido la posesión de armas nucleares. Esta posición tiene como objetivo conseguir disuadir a las naciones árabes con las que se ha enfrentado en numerosas guerras desde la creación del estado de Israel en 1948. La histórica opacidad de Israel sobre esta cuestión se debe a esta permanente situación de inseguridad en la que se encuentra, y cuyo objetivo es sembrar de forma deliberada dudas acerca de la posesión de este tipo de armas entre sus vecinos y enemigos. El programa nuclear de Israel se inició con la ayuda de los Estados Unidos en 1958, el primer paso fue la construcción de un reactor de investigación para fines pacíficos, la versión oficial de las autoridades para justificar el programa fue la obtención de la energía necesaria para su desarrollo económico. A su vez, Israel realizó un acuerdo de colaboración con Francia para conseguir los suministros y el asesoramiento necesario para la construcción de un segundo reactor nuclear, la construcción se llevó a cabo de forma secreta, acompañada de maniobras de distracción, en la localidad de Dimona, en el desierto del Negev. En todo caso, son varios los indicios que hacen sospechar que Israel posee un arsenal nuclear, como su negativa a firmar el tratado NPT, la adquisición de tecnología y materiales relacionados con la construcción de armas nucleares, el desarrollo y posesión de misiles balísticos intercontinentales, los informes de inteligencia de diversos centros y agencias[xx] y las revelaciones del caso Vanunu[xxi].

Otro actor importante en Oriente Próximo es Irán, que mantiene una tensa relación con Israel, por su apoyo al grupo chií libanes de Hezbolá y a la organización palestina de Hamás. Su programa nuclear se inicio en 1956, con la asistencia técnica de los Estados Unidos en el marco del programa Atoms for Peace[xxii], también otros países como Francia, Reino Unido, Alemania y Canadá, movidos por sus intereses económicos, colaboraron con el Shah Reza Palheví en la construcción de centrales nucleares y en el proceso de enriquecimiento de uranio hasta la Revolución Islámica en 1979. La llegada al poder del líder de la revolución, el ayatolá Jomeini, frenó el programa nuclear iraní hasta su muerte en 1989. Los sucesivos líderes iraníes reactivaron el programa con el apoyo de la Unión Soviética, China y Paquistán. En 2003, comenzaron a confirmarse las sospechas de Occidente sobre el intento de desarrollar un programa nuclear militar por parte de Irán, a pesar de ser miembro del TNP desde su creación. Como respuesta, se impusieron numerosas sanciones económicas y comerciales, que no resultaron eficaces para detener el programa de enriquecimiento de uranio, necesario para la fabricación de armas nucleares, pero que si afectaron a la economía del país. En 2013, la llegada al poder de Hasán Rohaní, líder de ideología islamista moderada, permitió restablecer las negociaciones con Occidente, y la firma de un acuerdo, Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA), que ponía límites al enriquecimiento de uranio, a cambio del levantamiento de las sanciones. Sin embargo, en mayo de 2018 el presidente Donald Trump anunció que los Estados Unidos unilateralmente abandonaban el acuerdo y volvía a la imposición de sanciones, esta decisión no es compartida con algunos países occidentales que también son parte del acuerdo.

En total, según el instituto SIPRI[xxiii], a principios de 2019, en los arsenales de los nueve estados nucleares: Estados Unidos, Rusia, el Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte existen aproximadamente unas 13.865 cabezas nucleares[xxiv], que pueden encontrarse desplegadas en armas estratégicas, operacionales y tácticas o almacenadas, el 90 % de ellas pertenecen a los arsenales nucleares de Estados Unidos y la Federación Rusa.

A todo lo anterior, hay que añadir el auge del fenómeno terrorista internacional, los ataques a Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001 y los realizados en capitales europeas así lo prueban. Grupos terroristas han manifestado abiertamente su intención de hacerse con armas y material nuclear, por lo que la posibilidad de un ataque nuclear realizado por estos grupos es una amenaza real, y como tal es contemplada en las estrategias de seguridad nacional de los países más avanzados. La posibilidad de que un grupo terrorista pueda hacerse con un arma nuclear es baja, aunque no es imposible. A pesar de las fuertes medidas de seguridad con la que los países protegen sus arsenales nucleares, un arma nuclear podría ser robada, o proporcionada a un grupo terrorista por un país con esta capacidad para atacar a su enemigo, ocultando el origen del ataque. Más fácil resultaría realizar un ataque con una bomba sucia[xxv], es decir, una carga explosiva convencional adosada a sustancias radioactivas. En noviembre de 1995, terroristas chechenos colocaron un dispositivo de este tipo en el Parque Izmailovsky en Moscú, el artefacto estaba fabricado con Cesio-137 de uso médico, y aunque no llegó a explosionar, sí cumplió el objetivo de sembrar el terror en la población. Esta decisión ha sido criticada por Irán y algunos países occidentales también firmantes del mencionado acuerdo.

El riesgo nuclear

El riesgo es la contingencia o probabilidad de que una amenaza se materialice produciendo un daño. Conocer en profundidad la naturaleza del riesgo nuclear en el actual sistema internacional es difícil, sobre todo por la lógica reserva que rodea los programas de armas nucleares de los distintos países poseedores de este tipo de armas, pero es el primer paso para afrontar y tratar de mitigar estos riesgos.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) se ha destacado en el esfuerzo por evitar la proliferación de las armas nucleares, y en fomentar las negociaciones internacionales para favorecer la firma de tratados que evitaran las carreras en este tipo de armamentos. En 2015, ante el incremento del número de países con armamento nuclear y del consiguiente aumento del riesgo, la Asamblea General de Naciones Unidas constituyó un grupo de trabajo con el propósito de hacer avanzar las negociaciones multinacionales para el desarme nuclear y estudiar las causas y origen del riesgo implícito a este tipo de armas, conocido como Open-Ended Working Group (OEWG). En el informe elaborado tras la reunión de este grupo en 2016, se alertaba del aumento del riesgo nuclear y establecía una serie de medidas para tratar de reducir los factores que contribuyen a su incremento[xxvi], poniendo el énfasis en la necesidad de aumentar las medidas de transparencia para reducir los riesgos relacionados con el uso de armas nucleares como consecuencia de accidentes, acciones mal interpretadas y errores o fallos en sus sistemas de seguridad. Ninguno de los nueve estados en posesión de armas nucleares asistió a la reunión.

A la amenaza nuclear como consecuencia de las tensiones geopolíticas existentes en el escenario internacional descritas anteriormente, se suman los riesgos asociados a las armas nucleares, que principalmente tienen que ver con aspectos tecnológicos, con el factor humano y con los aspectos doctrinales de las armas nucleares.

Como es lógico, los avances tecnológicos han tenido su reflejo y aplicación en los sistemas de las armas nucleares, estos constantes avances han añadido complejidad a los sistemas, lo que hace inevitable que se produzcan incidentes y fallos en los mismos. Los estados con capacidad nuclear, para conducir las operaciones de sus fuerzas nucleares, aspiran a disponer de sistemas de mando y control, que les permitan coordinar y distribuir las órdenes, y de sistemas de alerta temprana, de los que forman parte radares y satélites, para la vigilancia y detección de un posible ataque nuclear. Estos sistemas refuerzan la capacidad operativa de sus fuerzas nucleares, especialmente su capacidad de reacción y respuesta. Mantener una disuasión nuclear creíble, requiere una capacidad de supervivencia, al menos de una parte de los medios de lanzamiento y de la estructura de mando y control, para intentar responder con un ataque de represalia. Los países que poseen el arma nuclear tratan de dar una organización a sus fuerzas nucleares de triada nuclear. Este término define los tres vectores de ataque nuclear, es decir, los misiles basados en tierra, los submarinos con sus lanzadores de misiles y la aviación con capacidad de portar armas nucleares. Esta organización garantiza, al menos parcialmente, la supervivencia del arsenal nuclear en caso de un ataque preventivo, lo que refuerza la capacidad de disuasión al posibilitar una respuesta nuclear.

Las grandes potencias nucleares cuentan con avanzados sistemas de mando y control y de alerta temprana en sus fuerzas nucleares, lo que les permite que sus doctrinas nucleares puedan contemplar la opción de lanzar sus misiles al detectar en el aire los misiles del enemigo antes de que estos alcancen sus objetivos (launch-on-warning). Esta opción les obliga a mantener constantemente un número de misiles en una situación de alta disponibilidad, para que puedan ser lanzados a los pocos minutos de recibir la orden de lanzamiento. Existe un alto riesgo asociado con la postura nuclear de launch-on-warning, dado el corto espacio de tiempo disponible por las autoridades para valorar la situación y tomar decisiones, que se tendrán que tomar bajo una fuerte presión; el margen de tiempo estaría en el orden de los minutos. A lo que habría que añadir la vulnerabilidad que representa, la no descartable posibilidad, de falsas alarmas y errores técnicos en los automatizados sistemas de mando y control, por lo que no se pueden excluir que se produzcan accidentes. Aunque los sistemas están diseñados para intentar evitar errores y falsas alarmas, existen señales y situaciones ambiguas que tienen que ser finalmente evaluadas por operadores humanos. Un ejemplo de falsa alarma se produjo el 25 de enero de 1995, cuando un equipo conjunto de científicos noruegos y norteamericanos lanzaron un cohete sonda desde la costa noruega, la misión del cohete era estudiar el fenómeno de las auroras boreales; el lanzamiento fue detectado por el sistema de alerta temprana de Rusia, y a los operadores de radar rusos les pareció que la señal recibida tenía una trayectoria y una velocidad similar a los misiles Trident estadounidenses lanzados desde submarinos; las fuerzas nucleares rusas elevaron su nivel de alerta, que llegó hasta el Presidente Boris Yeltsin. Hoy en día se conoce, gracias a la desclasificación de documentos, que durante la Guerra Fría se produjeron con regularidad numerosos incidentes y falsas alarmas relacionados con los sistemas de las armas nucleares[xxvii].

En el mundo digital en el que nos encontramos, las ciber-amenazas son una de las más importantes preocupaciones de nuestro tiempo. De hecho, «el ciberespacio cuestiona toda experiencia histórica» (Kissinger, 2014). Los complejos sistemas de las armas nucleares, formados por redes de comunicaciones, sistemas de satélites, sensores y datos GPS para la navegación se basan en la tecnología digital, y por lo tanto son sensibles y vulnerables a las interferencias y los ciber-ataques. Recientes acontecimientos han demostrado que grupos de hackers han sido capaces de entrar en redes gubernamentales para robar y difundir información clasificada, que han comprometido a gobiernos de países poderosos. Otro ejemplo fue el ciber-ataque realizado mediante el virus informático Stuxnet, que consiguió dañar y retrasar el programa nuclear de Irán. Una de las características de este tipo de ataques es su difícil atribución, detrás de ellos pueden estar otros países o actores no estatales. Los sistemas de armas nucleares mantienen un alto nivel de alerta, y en situaciones de crisis la incertidumbre en la fiabilidad de la información se convierte en un multiplicador más del riesgo que estos sistemas ya poseen.

Los sistemas de lanzamiento han ido aumentando su alcance y precisión, lo que ha permitido reducir la potencia de las cargas nucleares necesarias para destruir los objetivos. Esta cualidad, que por un lado reduce los daños colaterales, hace más usables desde un punto de vista operacional y táctico este tipo de armas, lo que aumenta las posibilidades de su uso en un conflicto regional. A esto hay que añadir que muchos de los nuevos sistemas de armas han sido diseñados con capacidad de doble uso, es decir, para poder desplegar indistintamente cabezas de guerra convencional o nuclear. Esta capacidad de doble uso se da especialmente en los misiles del tipo de crucero, algunos de ellos con características de invisibilidad al radar. Este uso dual aumenta la ambigüedad y por lo tanto el riesgo nuclear, se incrementan las ocasiones de cometer errores de juicio y sobreactuaciones ante un ataque convencional.

La última incorporación al mundo de las armas nucleares es la tecnología hipersónica. Actualmente son varios los países que están inmersos en programas de investigación y desarrollo de nuevas armas basadas en esta tecnología, entre ellos Estados Unidos, Rusia y China. Para entrar en esta nueva categoría de armas, los misiles, tanto en su versión balística o de crucero, tienen que alcanzar como mínimo velocidades de 5 Mach, lo que significa velocidades cinco veces superiores a la del sonido, es decir, 6.125 Km/h, hoy en día, ya existen prototipos que superan 10 Mach. En ese rango de velocidades, la capacidad de detección de los sistemas de defensa antimisil se reduce enormemente, y por lo tanto el tiempo disponible para identificar el objetivo y efectuar cualquier acción defensiva. Además, estos sistemas disponen de una extrema maniobrabilidad que les permite evadir contramedidas y realizar trayectorias impredecibles.

También se han producido destacados avances en la miniaturización de las cabezas nucleares, lo que ha permitido que la mayoría de los nuevos misiles balísticos tengan la capacidad de portar múltiples vehículos de reentrada (MIRV)[xxviii], para poder alcanzar varios objetivos a la vez. Rusia está desarrollando el misil intercontinental denominado SS-30 Sarmat (RS-28 designación rusa), este nuevo misil basado en silo y propulsado por combustible líquido, estará dotado de avanzadas contramedidas electrónicas y maniobrabilidad terminal para intentar evitar los sistemas de defensa antimisil. Según fuentes rusas será capaz de portar un sistema MIRV de 15 cabezas nucleares maniobrables[xxix], lo que según expertos occidentales parece exagerado.

El 1 de marzo de 2018, El Presidente de la Federación Rusa Vladimir Putin, en un discurso dirigido a los miembros de la Asamblea Federal de Rusia, desveló el desarrollo de proyectos de nuevas y avanzadas armas nucleares. Según lo expuesto, algunas de estas futuristas armas empezarían a estar disponibles en la próxima década, sin embargo, algunas de ellas ya se encuentran en un avanzado estado de desarrollo, como el sistema Avangard (Vanguardia), que consiste en un vehículo que puede portar ojivas hipersónicas maniobrables (MARV)[xxx] y ser lanzado por un misil balístico intercontinental, sus ojivas nucleares entrarían en la atmosfera terrestre con la velocidad de un misil balístico, para una vez dentro de ella poder volar de forma aerodinámica con capacidad de maniobra y velocidad hipersónica hacia sus objetivos. Como todos los sistemas hipersónicos, este avanzado sistema requiere la utilización de materiales especiales capaces de soportar las altas temperaturas para maniobrar a tales velocidades en la atmosfera. Otro moderno sistema con capacidad de uso dual, este ya en servicio según fuentes rusas, es el misil balístico aire-tierra (ALBM)[xxxi] denominado Kinzhal (Daga) con 2.000 Km de alcance y capaz de alcanzar 10 Mach.

Conocer la doctrina nuclear de un país no es realmente fácil, se trata de un problema multidisciplinar, que requiere un conocimiento profundo del entorno estratégico-operativo y técnico-militar, así como una constante atención y seguimiento de expertos en seguridad. El riesgo nuclear también tiene un componente relacionado con los aspectos doctrinales. Se trata de inclinarse por la claridad o por la ambigüedad, la incertidumbre estratégica puede ser el origen de peligrosos errores de cálculo y escaladas de tensión. Las posibilidades de malinterpretar las intenciones del adversario y cometer errores se acentúan con los estados nucleares que carecen de experiencia en la gestión de las armas nucleares y la disuasión. Para reducir el riesgo relacionado con la doctrina nuclear, los estados que poseen estas armas deben reducir las situaciones en las que estarían dispuestos a usarlas y disminuir la ambigüedad respecto a estas situaciones (Wan, 2019). Una clara y explícita doctrina nuclear transmite credibilidad, por el contrario, una postura ambigua que genere dudas en el adversario, puede motivar a este a realizar acciones arriesgadas que generen una espiral de tensión.

Las doctrinas nucleares también cumplen el propósito de mandar señales a los adversarios y a la comunidad internacional, pues en ellas se suelen identificar las amenazas, las circunstancias en las que un país estaría dispuesto a hacer uso de sus armas nucleares y los umbrales que sus rivales no deben sobrepasar. Algunos estados nucleares detallan más su posición al hacer pública su denominada postura nuclear, al dar información sobre los medios de lanzamiento, el número de cabezas nucleares y su despliegue, los estados de alerta, los mecanismos de mando y control y los procedimientos operativos en las situaciones de paz o de crisis.

Unos países hacen sus doctrinas nucleares públicas, otros, sin embargo, las mantienen secretas. Tradicionalmente los Estados Unidos hacen pública su doctrina nuclear, su postura nuclear es recogida en el documento oficial Nuclear Posture Review[xxxii]. En la versión de este documento de 2018, los Estados Unidos se reservan el derecho a usar armas nucleares en extremas circunstancias y en los siguientes términos:

 «Para defender los intereses vitales de los Estados Unidos y de sus aliados y socios».

En su doctrina militar de 2014 la Federación Rusa[xxxiii] contempla bajo qué circunstancias podría recurrir al uso del armamento nuclear:

«La Federación Rusa se reserva el derecho al uso de armas nucleares en respuesta al uso de este tipo de armas u otras armas de destrucción masiva, contra ella o sus aliados, también en el caso de una agresión con armas convencionales en el que se amenace la existencia del propio estado. La decisión del uso de armas nucleares corresponde al Presidente de la Federación Rusa».

China e India han declarado expresamente que su posición nuclear es la de nunca ser el primero en usar sus armas nucleares contra otro estado, la denominada política de “no primer uso – no first use[xxxiv], pero siempre apoyándose en una decidida posición de represalia en caso de ser atacado.

Como se puede comprobar, aun en los casos en que los estados hacen públicas sus doctrinas nucleares, lo hacen con estudiados términos y expresiones que contienen y transmiten un cierto grado de intencionada ambigüedad e incertidumbre, sin concretar con claridad, de forma deliberada, las circunstancias en que serían usadas sus armas nucleares. Esto ha sido llevado al extremo por Paquistán e Israel, que han optado por no declarar sus doctrinas nucleares, dejando sus posiciones nucleares en una completa ambigüedad.

Conclusiones

El final de la Guerra Fría parecía haber alejado el peligro de una hecatombe nuclear. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que hemos entrado en una nueva era, geopolíticamente más compleja, donde las estrategias militares de las grandes potencias muestran una creciente dependencia de las armas nucleares. Esta tendencia se hace evidente en sus esfuerzos por modernizar sus arsenales nucleares estratégicos, y en el desarrollo de sistemas de armas de doble uso operacionales y tácticas. El aumento del número de países con armas nucleares implicados en conflictos regionales también es una característica de esta nueva situación. A este panorama de amenaza nuclear, como consecuencia de las tensiones geopolíticas, hay que sumar el riesgo inherente a los sistemas de armas nucleares, que principalmente tienen que ver con aspectos tecnológicos, humanos y doctrinales.

Referencias

Chomsky, Noam (2016), “¿Quién domina el mundo?”, Penguin Ramdom Hause Grupo Editorial, p 163 y 294.

Garraway, Charles (2014), “Nuclear Weapons Under International Law: An Overview”, Cambridge University Press.

Kissinger, Henry (2014), “Orden Mundial. Reflexiones sobre el carácter de los países y el curso de la historia”, Ed. Debate, p 337.

Kissinger, Henry (2014), “Orden Mundial. Reflexiones sobre el carácter de los países y el curso de la historia”, Ed. Debate, p 344.

Kristensen H. M. and Korda M., (2018), “Indian nuclear forces 2018”, Bulletin of the Atomic Scientists, vol.74, no.6, 2018, pp.361-366, DOI: 10.1080/00963402.2018.1533162

Kristensen H. M., Norris R. S. & Diamond Julia (2018), “Pakistani nuclear forces 2018”, Bulletin of the Atomic Scientists, vol.74, no.5, pp.348-358, DOI: 10.1080/00963402.2018.1507796

Mearsheimer, John J. (2001), “The Tragedy of the Great Power Politics”, W. W. Norton & Company, p 131.

Narang, Vapin (2014), “Nuclear Strategy in the Modern Era, Regional Powers and International Conflict”, Princeton University Press, p 1.

Nikitin, Mary Beth (2013), “North Korea’s Nuclear Weapons”, (Washington D.C.: Congressional Research Service, CRS Report for Congress, April 3, 2013), p 1, 22.   https://www.fas.org/sgp/crs/nuke/RL34256.pdf.

Trenin, Dmitri (2019), “Strategic Stability in the Changing World”, Carnegie Moscow Center, March 2019, p 3.

Waltz, Kenneth & Sagan (2012), Scott “The Spread of Nuclear Weapons: An Enduring Debate”. W.W. Norton.

Wan, Wilfred (2019), “Nuclear Risk Reduction. A framework for Analysis”, United Nations Institute for Disarmament Research (UNIDIR), p 1.


[i] https://thebulletin.org/doomsday-clock/

[ii] START por sus siglas en ingles: Strategic Arms Reduction Treaty.

[iii] El Nuevo Tratado START limita tanto el número de sistemas lanzadores como el número de cabezas nucleares desplegadas en sistemas de lanzamiento estratégicos. Se establece el límite de 800 sistemas lanzadores, ya se trate de lanzadores de misiles intercontinentales balísticos basados en tierra (ICBM), lanzadores de misiles balísticos en submarinos (SLBM) o de bombarderos pesados equipados para portar y lanzar armamento nuclear. Del límite de 800 lanzadores, sólo 700 de ellos pueden encontrarse desplegados. Entendiéndose  por desplegados los lanzadores que contienen un misil de sus características. El tratado también establece el límite de 1550 cabezas nucleares en misiles ICBM y SLBM desplegados, así como en bombarderos pesados con capacidad nuclear. El tratado no afecta a las armas nucleares operacionales y tácticas.

[iv] https://www.youtube.com/watch?v=YSrOmTqsFiE

[v] SORT por sus siglas en inglés: Strategic Offensive Reductions Treaty

[vi] ABM por sus siglas en inglés: Anti-Ballistic Missile Treaty.

[vii] El  misil SS-26 Iskander-M es un misil balístico de corto alcance (500 Km), del cual existe una versión como misil de crucero Iskander-K, que utiliza un vuelo errático para evitar su detección y se apoya en el sistema de navegación GLONASS.

[viii] NPT por sus siglas en inglés: Non-Proliferation Treaty.

[ix] https://www.un.org/disarmament/wmd/nuclear/npt/

[x] India y Paquistán han mantenido guerras por la región fronteriza de Cachemira en 1947, 1965, 1971 y 1999.

[xi] https://www.bbc.com/news/world-asia-50826419

[xii] Las bombas atómicas de fisión liberan energía en el orden de cientos de kilotones, mientras que las bombas de hidrógeno o termonucleares liberan energía en el orden de megatones. Estados Unidos detonó la primera bomba de hidrógeno en 1951, Rusia lo hizo en 1952. “Kilotón” es la unidad utilizada para medir la energía liberada por un explosivo, equivalente a la energía de la explosión de 1000 toneladas de trinitrotolueno.

[xiii] https://www.armscontrol.org/factsheets/dprkchron

[xiv] IMS por sus siglas en inglés: International Monitoring System.

[xv] CTBT por sus siglas en inglés: Comprehensive Nuclear-Test-Ban Treaty. Este tratado prohíbe la realización de ensayos nucleares en la superficie terrestre, en la atmosfera, en el fondo del mar y bajo la superficie terrestre. Corea del Norte, India y Paquistán no han firmado este tratado, mientras Estados Unidos y China han firmado pero no ratificado el tratado.

[xvi] ICBM por sus siglas en inglés: Intercontinental Ballistic Missile.

[xvii] https://missilethreat.csis.org/missile/taepodong-2/

[xviii] THAAD por sus siglas en inglés: Terminal High Altitude Air Defense.

[xix] https://isdp.eu/publication/korea-thaad/

[xx] https://www.wilsoncenter.org/publication/intelligence-reports-and-estimates-nuclear-proliferation-history-1966

[xxi] Mordechai Vanunu fue un técnico israelí que trabajó en las instalaciones de Dimona entre 1977 y 1985. En 1986, reveló detalles y fotografías del programa secreto nuclear israelí a la prensa británica. Los servicios de inteligencia de Israel (Mossad) lograron capturarlo en Italia y fue llevado a Israel donde pasó 18 años en prisión.

[xxii] En los años cincuenta, los Estados Unidos lanzaron el programa Átomos para la Paz (Atoms for Peace), para facilitar el acceso al uso pacífico de la energía nuclear al resto de países (centrales nucleares, hospitales, institutos de investigación, etc.)

[xxiii] SIPRI por sus siglas en ingles “Stockholm International Peace Research Institute”

[xxiv] https://www.sipri.org/yearbook/2019/06

[xxv] https://www.newscientist.com/article/dn5061-risk-of-radioactive-dirty-bomb-growing/

[xxvi] United Nations, Report of the Open Ended Working Group Taking Forward Multilateral Nuclear

Disarmament Negotiations, UN document A/71/371, 1 September 2016. http://www.derechos.org/nizkor/excep/disarm1.html

[xxvii] https://nsarchive2.gwu.edu/nukevault/ebb371/

[xxviii] MIRV por sus siglas en inglés: Multiple Independently Targetable Reentry Vehicle.

[xxix]https://www.rbth.com/economics/defence/2016/09/21/new-russian-sarmat-icbm-will-be-like-son-of-satan_631869

[xxx] MARV por sus siglas en inglés: MAnoeuvrable  Reentry Vehicle.

[xxxi] ALBM por sus siglas en inglés: Air Launched Ballistic Missile.

[xxxii]https://media.defense.gov/2018/Feb/02/2001872886/-1/-1/1/2018-NUCLEAR-POSTURE-REVIEW-FINAL-REPORT.PDF

[xxxiii] https://rusemb.org.uk/press/2029

[xxxiv] https://mea.gov.in/press-releases.htm?dtl/20131/The_Cabinet_Committee_on_Security_Reviews_perationalization_of_Indias_Nuclear_Doctri


Editado por: Global Strategy. Lugar de edición: Granada (España). ISSN 2695-8937

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Miguel Campos Robles

Miguel Campos Robles es Teniente Coronel del Ejército de Tierra, antiguo alumno del Master en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada

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