Global Strategy Policy Brief 1/2025
A lo largo de las últimas décadas se ha avanzado de manera notable en la creación de una comunidad de estudios estratégicos en España. Sin embargo, quedan algunos retos pendientes. Uno de los principales es el escaso número de artículos publicados en revistas científicas de impacto. No es el único, pero como expongo a continuación, repercute sobre lo que debería ser uno de los elementos esenciales de la comunidad: construir el ‘puente estratégico’.
Comencemos por la parte positiva. La política de promoción de la cultura de defensa impulsada por el Ministerio ha logrado normalizar el análisis de las cuestiones sobre seguridad y defensa en las universidades y en los think-tanks españoles. Esto no era, ni de lejos, lo habitual hace treinta años, tal como expuso la tesis doctoral de Alberto Bueno sobre la evolución de los estudios estratégicos en España.
Reconociendo este logro, correspondería avanzar hacia una nueva fase, que pasa por convertir la comunidad de estudios estratégicos en una comunidad homologable en términos de calidad a las de otros países; y, tirando por elevación, teniendo como modelo la norteamericana y la británica. Evidentemente, no podemos aspirar a igualarnos en cantidad (lo impide, de entrada, la diferencia en trayectoria histórica académica y en recursos) pero sí es asumible en términos de calidad.

Y, claro, aquí surge necesariamente la pregunta sobre los criterios de calidad científica. Comencemos por los que no lo son del todo -aunque aporten- y veamos después cuáles deberían ser.
Ayudan, pero por sí solos no son criterios suficientes de calidad científica:
- La actividad en redes sociales. Parece obvio, pero me consta que no siempre lo es. Que una persona publique numerosos post en X, Linkedin o en otras plataformas con enlaces a noticias o a artículos, escritos por otros, sobre una determinada temática no le convierte en investigador acreditado en la materia. Ni siquiera garantiza que haya leído el contenido de lo que enlaza. Christian Villanueva ofrece una descripción aguda y quevedesca de lo que supondría quedarse en ese criterio de calidad en su artículo “Cortesan@s”. La divulgación a través de redes sociales es evidentemente positiva. El error sería evaluar la existencia de especialización o falta de ella a través de un criterio tan insuficiente.
- Contar con títulos formativos: la formación acumulada que proporcionan los Grados, Diplomas, Expertos, Másteres, etc. contribuye pero no garantiza ser un investigador solvente en estudios estratégicos. Más aún cuando en España cada año salen cientos de alumnos de posgrados en geopolítica, seguridad, inteligencia, conflictos, etc. etc. procedentes de programas formativos de calidad desigual y con muy escasas salidas profesionales.
- Tampoco lo es el hecho de contar con un doctorado. Suena contraintuitivo, pero el doctorado, siendo un paso muy relevante en la carrera formativa –la cúspide de la pirámide–, no constituye por sí sólo un criterio suficiente. No nos engañemos. No todas las tesis tienen la misma calidad. Las hay excelentes, buenas, normales y flojas, pero estas últimas –por las razones que sea– han logrado pasar el filtro del director/a y de los miembros elegidos ad hoc para formar parte del tribunal. Por tanto, poseer el doctorado es un logro académico significativo y un hito importante en la carrera investigadora, pero siempre que esté respaldado por una buena calificación o si va acompañado de publicaciones de calidad derivadas de la tesis.
- Ser profesor de Universidad. Tampoco es una garantía. Primero, porque hay muchas categorías de profesores de Universidad. No es lo mismo por ejemplo un profesor titular, que es personal docente e investigador (PDI) a tiempo completo y que ha llegado a ese puesto tras pasar probablemente por varios concursos a lo largo de su carrera y contando con una acreditación de la ANECA, que un profesor externo a la universidad con un contrato de pocas horas en un máster o en un grado. Los dos pueden ser excelentes profesionales, pero el primero dispone de méritos probados de investigación que le han permitido ganar la plaza y obtener sexenios de investigación, mientras que el segundo no los necesita (y quizás los tenga, pero quizás no). Segundo, porque el hecho de ser profesor (incluso titular o catedrático) no garantiza que realmente investigue sobre estudios estratégicos. Los estudios estratégicos son parte de los estudios sobre política internacional, pero la mayoría de los estudios sobre política internacional no son estudios estratégicos.
- Ser Oficial de las Fuerzas Armadas. Como ya he comentado en otras ocasiones, los estudios estratégicos tienen como barrera de entrada adquirir cierto grado de conocimiento sobre cuestiones militares (orgánica, sistemas de armas, algunas nociones de doctrina, historia de operaciones militares, etc.). Sin embargo, dichos conocimientos son parte de –no la totalidad– de los estudios estratégicos. A la vez, hay que disponer de conocimientos sólidos –es decir, no superficiales, que es lo común– de teorías de las relaciones internacionales y del núcleo duro de teorías sobre el empleo estratégico de la fuerza (incluyendo marcos teóricos sobre disuasión). Por tanto, un Oficial, incluso uno con el curso de Estado Mayor, está bien posicionado para adentrarse en la investigación en estudios estratégicos pero tiene que completar su formación con todo aquello que no le ofrece la carrera militar. Lo mismo ocurre con un titulado en Relaciones Internacionales, o en Ciencia Política con especialidad en política internacional. Está bien posicionado de entrada, pero debe completar su formación con cuestiones militares (es lo que está facilitando la Revista Ejércitos y lo que procuramos hacer en el podcast de Global Strategy) y con el núcleo teórico de estrategia del uso de la fuerza.
Pasando ahora a los criterios de calidad de científica, la lista es breve y se condensa en el primer punto:
- Publicar artículos en revistas científicas indexadas (y preferiblemente del tercer al primer cuartil, Q3–Q1) en el Journal Citation Reports (JCR) de la Web of Science (WoS) o del Scimago Journal Rank (SJR) a partir de los datos suministrados por Scopus. Estas son las dos bases de datos que más se valoran en los procesos de acreditación de la Agencia Nacional de Evaluación y Calidad (ANECA) en Ciencias Sociales. Seguro que hay muy buenos artículos publicados en revistas indexadas en Latindex, en ESCI o en otras bases de datos. Pero las dos primeras garantizan que los artículos han pasado por un proceso exigente de revisión por pares anónimos, y publicar en ellas confirma que el autor/a sabe hacer investigaciones de calidad. Por tanto, estoy hablando de publicar en revistas como Journal of Strategic Studies, Security Studies, International Security, Survival, Defence Studies, European Security, Contemporary Security Policy, Small Wars & Insurgencies, Studies in Conflict and Terrorism, Terrorism & Political Violence y algunas más, por citar las principales dedicadas en exclusiva a temas propios de los estudios estratégicos. Lógicamente, también se pueden publicar artículos sobre estudios estratégicos en revistas generales de Relaciones Internacionales o de Ciencia Política, como por ejemplo la Revista Española de Ciencia Política (SJR Q3 y en años anteriores Q2). Ahora mismo, en España falta masa crítica de investigadores en estudios estratégicos, civiles y militares, que hayan publicado en esas revistas.
- Paralelamente, pero sin sustituir en ningún caso el punto anterior, también es un criterio de calidad presentar comunicaciones en grupos de trabajo especializados en congresos científicos de Ciencia Política, Relaciones Internacionales u otras disciplinas. Las ponencias y mesas redondas dentro de la zona de confort de jornadas, seminarios, etc. de seguridad y defensa, están bien a nivel divulgativo, pero no son lo mismo en términos de calidad científica. Las primeras suponen batirse el cobre con especialistas, quizás ajenos a los estudios estratégicos, pero que tienen conocimientos profundos de marcos teóricos y de metodología.
- Igualmente, publicar artículos divulgativos en diferentes formatos es útil para difundir los resultados de investigación o para compaginar la investigación con la transferencia de conocimiento. Son un complemento, no un sustituto, de los artículos en revistas científicas. Lo mismo ocurre con los libros y capítulos de libro, salvo que se publiquen en editoriales donde se aplique de verdad la revisión por pares anónimos. Muy pocas editoriales españolas lo hacen.
- Participar en proyectos de investigación –y, sobre todo, dirigirlos– es otro criterio de calidad científica pero, de nuevo, siempre que se demuestre la productividad de dicho proyecto con artículos científicos publicados en revistas indexadas en JCR y SJR.
Todo lo expuesto hasta ahora requiere dos caveats importantes.
El primero es que hasta hace no muchos años la formación militar en España se diferenciaba notablemente de la formación universitaria civil, disimilitud que ha ido desapareciendo con la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) Como consecuencia, los profesores de las Academias y Centros de Formación Superior seguían un itinerario muy distinto al de los profesores universitarios. Es lógico que la mayoría de los militares que se dedican a la investigación en estudios estratégicos no se hayan visto interpelados a publicar en revistas científicas ni a cursar un doctorado. No lo necesitaban ni se les ha requerido hacerlo. Conozco a muchos de ellos –y unos cuantos han pasado por el podcast– y puedo acreditar de primera mano su excelencia intelectual y su conocimiento profundo de los estudios estratégicos. Al mismo tiempo, mirando hacia el futuro y pensando en las nuevas generaciones de Oficiales que se están formando en el marco del EEES, lo natural es que la figura del investigador militar en estudios estratégicos se asemeje al universitario y publique en revistas científicas de impacto.
¿Quieres aprender por tu cuenta sobre #geopolítica y estudios estratégicos? Escucha nuestro archivo de #podcast con invitados militares y académicos https://t.co/YZTorgUSME pic.twitter.com/zlCZO6y7BD
— Global Strategy (@GStrategy_es) December 10, 2023
El segundo es que todo lo que acabo de exponer no significa que sólo se deba publicar en revistas científicas de alto impacto. De hecho, la naturaleza policy-oriented de los estudios estratégicos hace recomendable que buena parte de las publicaciones sean de transferencia de conocimiento, vía informes con los formatos propios de los think-tank. También a que la investigación se compagine con trabajos ensayísticos publicados en libros o capítulos de libro; o a que algunos resultados de investigación encuentren salida en invitaciones a participar en artículos o números monográficos de revistas no indexadas en JCR/SJR. Es decir, se trata de mantener una producción académica equilibrada en la que no falten algunos artículos científicos de alto impacto que acrediten la capacidad investigadora, realicen aportaciones originales al conocimiento científico y den visibilidad a producción nacional de estudios estratégicos. La exigencia metodológica que entraña publicar ese tipo de artículos ayuda a que el resto de publicaciones en otros formatos sean también académicamente rigurosas.
Conclusión: podemos felicitarnos de lo conseguido hasta ahora, pero para seguir avanzando la comunidad española de estudios estratégicos tiene que dar un salto de calidad en investigación científica. Es una condición indispensable para que pueda hablarse de tú a tú con las comunidades de estudios estratégicos de otros países de nuestro entorno y para que sea relevante en el policy–making de la política de Defensa. Y este último punto –construir el ‘puente estratégico’ que vincule académicos, profesionales de la defensa y élites políticas– para fortalecer el pensamiento estratégico que subyace en la política pública debería ser un objetivo irrenunciable de la comunidad.
