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La escalada en las estrategias híbridas y en el conflicto en la zona gris

Global Strategy Report 11/2020

Resumen: El conflicto en la zona gris admite diversas categorías de escalada. Este documento las desagrega y analiza con el propósito de profundizar desde el punto de vista teórico en la confrontación por debajo del umbral de la guerra. Al mismo tiempo, el conocimiento de las distintas variedades de escalada facilita la detección del cambio de fase dentro de la zona gris; requisito indispensable para ejercer la disuasión y articular las respuestas necesarias.

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Como ya se ha comentado en documentos previos (de carácter teórico o aplicado a casos como Rusia e Irán) la zona gris es el espacio dentro del espectro del conflicto que media entre la competición pacífica y el conflicto armado.

El Estado que se adentra en la zona gris del conflicto persigue en abstracto y en último término aumentar su cuota de poder relativo. Es decir poseer más poder que el rival para configurar el entorno de manera acorde a sus propios intereses: un objetivo irrenunciable y estructural de la competición entre potencias (Mearsheimer, 2003: 32-24).

Tradicionalmente el poder relativo propio se incrementa ejerciéndolo y generándolo con los propios recursos o fortaleciendo la política de alianzas. Pero también se aumenta restando poder y capacidad del rival. La merma del poder del oponente puede conseguirse mediante la coerción –obligándole a aceptar o hacer lo que no quiere al aumentar los costes de la resistencia–, degradando su proceso de toma de decisiones –generando confusión y divisiones internas que reduzcan su efectividad estratégica–, o bien desgastándole deteriorando por ejemplo su economía o mediante proxy wars, que en último término minen sus recursos y determinación. Lógicamente estos tres objetivos intermedios pueden combinarse siendo el propósito de varias líneas de acción simultáneas.

Por otro lado, el incremento de poder relativo como fin genérico se traduce en cada caso en objetivos específicos: por ejemplo, para Rusia impedir la aproximación de Ucrania y Georgia a Europa Occidental y el ingreso en la OTAN, y para China expandir la zona económica exclusiva en las aguas del primer cinturón de islas del Pacífico.

El término zona gris es sugerente por lo gráfico de la imagen que transmite su carácter ambiguo y gradual. Al mismo tiempo, la confrontación en la zona gris es fluida, con altos y bajos en la intensidad de las líneas de actuación estratégica. Esas posibles escaladas constituyen el objeto del presente documento donde se prestará atención a tres cuestiones: la escalada en el conflicto en la zona gris, los tipos de escalada en función de la intencionalidad y la escalada en intensidad de las estrategias híbridas.

Escalada dentro de la zona gris

Pues bien, a la hora de alcanzar tales objetivos el conflicto en la zona gris puede oscilar de menor a mayor en los cuatro niveles representados en este gráfico:

Cuatro niveles de escalada en el conflicto en la zona gris

Fuente: Elaboración propia

Configuración [del entorno]. Es el nivel inferior en términos de coerción, desgaste y/o degradación del proceso de toma de decisiones del oponente. Su finalidad consiste en moldear el entorno para facilitar el ejercicio del poder sobre el rival.

Se trata también del nivel de escalada más ambiguo. Como ya he explicado en un trabajo previo la dificultad a la hora de delimitar la frontera del conflicto en la zona gris se plantea en el límite entre este y la competencia pacífica (blanco), pues en ella también abundan las acciones de coerción –lo hemos visto hace unas semanas en España con la tasa Google–, el espionaje económico para aumentar el poder relativo –Francia es un aliado/rival muy activo al respecto–, así como las operaciones de influencia a través de canales de noticias de alcance global como la CNN o la BBC, por no citar determinadas series de televisión. Todas esas acciones serían propias de la competencia entre países para aumentar su respectiva cuota de poder relativo pero acordes con los parámetros comúnmente aceptados en la política internacional.

No obstante, hay numerosas actuaciones que van un paso más allá, traspasando los límites de lo que se considera normal, aceptable o incluso legal en las relaciones entre Estados. Por ejemplo la difusión recurrente de noticias falsas y teorías de conspiración para deslegitimar al rival –con especial resonancia en los extremos del arco político–, la presión contra instituciones académicas sobre los contenidos de ciertos seminarios y resultados de investigación, los boicots comerciales (China aprovecha en ese sentido la magnitud de su mercado), la instrumentalización política de las minorías o grupos étnicos en otros países, las prácticas militares poco profesionales (intrusiones en espacios marítimos o aéreos o encontronazos con buques o aviones de otros países), la corrupción de funcionarios públicos, así como el acoso a personal diplomático.

En esta primera fase el nivel de intensidad y de agresividad de las estrategias híbridas es reducido, y en consecuencia sus efectos reales en términos de coerción, desgaste y degradación del proceso de toma de decisiones son también limitados. Sin embargo, la persistencia en el tiempo genera efectos acumulativos y prepara el terreno a acciones decisivas en una escalada posterior. Por tanto se puede establecer cierta analogía entre este nivel de escalada con la fase cero del planeamiento norteamericano de las operaciones militares (shape the environment), pues en ella se procura crear y mantener condiciones que favorezcan un mayor ejercicio del poder sobre el oponente (Giannopoulos, Smith & Theocharidou, 2019: 36).

Interferencia. En este nivel la naturaleza de determinadas acciones y el aumento de intensidad en la implementación de las estrategias híbridas sitúan el conflicto en plena zona gris.  Se intenta lograr los objetivos señalados (coerción, desgaste o degradación del proceso de toma de decisiones rival) de manera más agresiva. Al ser más clara la existencia de una zona gris muchas de las actividades son encubiertas, realizadas por servicios de inteligencia o a través de terceros con el fin de dificultar la atribución, la disuasión y la respuesta. Por ejemplo, la Comunidad de Inteligencia norteamericana ha acusado a la Internet Research Agency (Агентство интернет-исследований) de intentar influir en la campaña electoral de Estados Unidos en 2016, así como a la inteligencia militar rusa (GRU) de realizar una operación de hack and leak contra el partido Demócrata, sirviéndose de Wikileaks para difundir los contenidos hackeados. También se sospecha fundadamente sobre el respaldo mediático ruso a partidos y movimientos de extrema derecha y extrema izquierda anti-UE, así como a los independentistas en Cataluña o incluso a grupos secesionistas en Texas. Al margen de sus efectos reales, son acciones sensiblemente más intrusivas que ocupan ancho de banda político, explotan vulnerabilidades del rival y agudizan divisiones sociales. De hecho, la polarización política sobre la que siembran y a la vez tratan de alimentar se manifiesta en los propios debates sobre la veracidad o no de las acusaciones contra el supuesto agresor: por ejemplo, en la teoría conspiratoria asumida por seguidores pro-Trump que responsabiliza al gobierno de Kiev de la interferencia en las elecciones de 2016.

También se sitúan en este nivel de escalada los ciber-ataques intimidatorios contra infraestructuras críticas, el empleo de ‘milicias navales’ y de tácticas salami para subvertir el statu-quo territorial, la coerción económica para condicionar la acción exterior de otro Estado y las demostraciones de fuerza militar en el marco de una crisis. No siempre es posible mantener el anonimato pero sí enmascarar su hostilidad mediante el uso de actores no gubernamentales o amparándose en la legitimidad de los fines.

Desestabilización. Intensificando aún más las líneas de acción estratégica de carácter híbrido con el propósito de generar disfunciones graves en el sistema político, social y económico del adversario, incrementando su desgaste y haciéndolo así más vulnerable a la coerción. Es el terreno de las sanciones económicas severas y de los bloqueos, de los ciber-ataques a gran escala, del apoyo encubierto a grupos políticos de oposición de carácter violento y/o revolucionario, a organizaciones terroristas que atentan contra el rival o incluso a milicias armadas con control territorial. Puede ser la franja inmediatamente anterior al conflicto armado, sin necesidad de pasar por la siguiente. En la mal llamada ‘doctrina Gerasimov’, el jefe de estado mayor de las Fuerzas Armadas rusas ponía como ejemplo –asimilable a esta fase– el respaldo militar occidental a los rebeldes en Libia que acabó provocando la caída del régimen de Gadafi.

Empleo directo, limitado y puntual de la fuerza. Una situación pre-bélica donde sin embargo ambos contendientes tratarían de no escalar al conflicto armado. Pertenecen a esta categoría hechos consumados como los bombardeos de Israel contra instalaciones nucleares de Irak (1981) y Siria (2007), o las decenas de ataques aéreos contra cargamentos de armas procedentes de Irán con destino Hizbollah o Hamas.

A lo largo de este continuo entre configuración – interferencia – desestabilización – empleo limitado de la fuerza, el conflicto en la zona gris puede escalar y desescalar, así como mantenerse de manera prolongada e intencionalmente en alguna de las fases. Por razones obvias las más persistentes son las de configuración e interferencia ya que entrañan una inversión menor de recursos por parte del agresor, así como menos costes en términos de eventuales represalias. Pueden prolongarse durante años e incluso décadas tal como ocurrió a lo largo de la Guerra Fría. Al mismo tiempo, las actividades propias de los niveles inferiores suelen mantenerse conforme se escala en el conflicto, intensificando de esa manera los efectos de degradación y coercitivos contra el adversario.

Tipos de escalada según la intencionalidad

Por otra parte, en lo que se refiere a la intención del agresor, la escalada en la zona gris puede ser deliberada, inadvertida o accidental, aplicando de esta manera el esquema de la escalada militar (Morgan et alii, 2008: 19-28).

Escalada intencionada cuando el actor que escala es consciente de que el aumento de intensidad entraña un cambio cualitativo en el status del conflicto, aunque no sea capaz de prever todas las consecuencias que se derivarán de él. Esta escalada puede ser unilateral, cuando una de las partes aumenta la presión sobre el oponente con independencia de las acciones de este; o mutua, resultado de un proceso interactivo donde los actores escalan en respuesta a las acciones del rival. La intención de la escalada puede ser doble: 1) instrumental, para mejorar la situación dentro del conflicto, con la expectativa que la otra parte ceda, o 2) para señalar coercitivamente, enviando un mensaje de predisposición a escalar aún más.

Otro aspecto destacable es que a veces se puede asumir un nivel de riesgo excepcional con la expectativa de que el rival no se atreverá a subir el siguiente peldaño por miedo a los costes que un conflicto tendría para ambos contendientes. Con ello se entra en el terreno del brinkmanship (política al borde del abismo), que dentro de la zona gris ocuparía los registros más oscuros, próximos a la confrontación armada abierta. El deterioro de las relaciones entre Estados Unidos e Irán en el último año proporciona varios ejemplos de escalada intencional y e incluso de brinkmanship. Dos que encajan en esta última categoría serían el derribo del UAV Global Hawk por parte de Irán en junio de 2019 y el asesinato del General Soleimani por  Estados Unidos a comienzos de este año.

Escalada inadvertida. Se produce cuando se traspasa un umbral relevante para la víctima pero no calculado previamente de la misma manera por el agresor. Con este tipo de escalada se produce también un cambio cualitativo en la intensidad de la confrontación a pesar de que este no fuera previsto por su responsable indirecto. Puede ser consecuencia de una valoración defectuosa de los intereses y/o la determinación del rival o de un mal análisis sobre los efectos segundos y terceros de la acción que pone en marcha el proceso.

Los segundos y terceros efectos de acciones híbridas que pueden dar lugar a escaladas a distintos tipos de escalada según la intencionalidad

Fuente: Cullen & Reichborn-Kjennerud, 2017: 14

Como puede observarse en la figura superior, los efectos de segundo y tercer orden pueden afectar a ámbitos distintos al propio de la acción: en ocasiones de forma intencionada –y esa multidimensionalidad forma parte de lo híbrido– pero en otros de manera inadvertida.

A su vez, los umbrales de respuesta son una construcción social y no siempre son simétricos y obvios para ambas partes, salvo que la parte afectada lo haga explícito y lo convierta así en una ‘línea roja’. Un ejemplo de este tipo de escalada se derivó del intento de asesinato del defector ruso Sergei Skripal y de su hija con un agente nervioso que terminó contaminando a tres ciudadanos británicos y provocando la muerte de una mujer de dicha nacionalidad. El incidente ocasionó una crisis entre Londres y Moscú que se saldó con la expulsión de 153 diplomáticos por más de veinte países aliados. Es probable que los responsables se hubieran abstenido de dicha acción en caso de prever tales consecuencias. 

Escalada accidental. También no intencionada. Pero en lugar de derivarse de una acción querida con consecuencias imprevistas, en este caso la acción desencadenante es involuntaria, al  menos en lo que respecta al nivel político-estratégico del agresor híbrido que no es responsable de la orden ni tiene conocimiento previo de ella. El problema a la hora de identificar este tipo de casos en los conflictos en la zona gris es la tendencia a la no atribución, como refuerzo de la ambigüedad y modo de eludir la responsabilidad ante una eventual la escalada. De este modo, la escalada intencionada y/o inadvertida dentro de la zona gris puede camuflarse como una escalada accidental culpando de sobrerreacción al oponente.

Un ejemplo que podría haber iniciado una escalada accidental fue el extraño incidente de Deir Ezzor en febrero de 2018, cuando una fuerza pro-Assad acompañada por mercenarios rusos del grupo Wagner atacó durante horas una posición defendida por milicias kurdas y operadores especiales norteamericanos. Los responsables militares rusos negaron cualquier relación con el incidente. Afortunadamente el episodio no provocó una escalada entre Washington y Moscú a pesar de que los contratistas rusos sufrieron decenas de muertos.

Escalada en el diseño e implementación de estrategias híbridas

La última categoría que aborda este trabajo se refiere a la escalada en las estrategias híbridas. Las estrategias híbridas son líneas de acción complementarias, siendo posible escalar tanto verticalmente –en la intensidad de alguna de ellas– como horizontalmente, en varias a la vez; lo que según los casos multiplicaría los efectos en términos de coerción y degradación del proceso de toma de decisiones del rival (Cullen & Reichborn-Kjennerud, 2017: 9). 

Escalada en las estrategias híbridas

Fuente: Cullen & Reichborn-Kjennerud, 2017: 9

Precisamente lo que permite hablar de estrategias híbridas no es la mera combinación de diversos instrumentos de poder sino además su empleo sincronizado. De hecho, la principal dificultad a la hora de detectar tales estrategias se presenta a la hora de constatar y probar públicamente esa orquestación. Si se carece de inteligencia de calidad sobre las intenciones y el proceso de toma de decisiones de un Estado competidor, las interacciones en múltiples ámbitos –político, económico, social, diplomático, militar, etc.– pueden traducirse en falsos positivos de acciones supuestamente híbridas que en realidad no forman parte de ninguna estrategia concertada de naturaleza hostil.

Por otro lado, también es posible que un agresor escale en la intensidad de algunas líneas de acción, mientras aparenta normalidad en otras. Por ejemplo, interfiriendo política e informativamente a través de terceros por un lado, y mostrando pretendidas buenas relaciones diplomáticas y comerciales por otro. Dicha combinación refuerza la ambigüedad propia de la zona gris.

Finalmente, por su relevancia conviene desagregar la escalada vertical en el carácter encubierto/declarado de la fuerza. Tal como refleja el gráfico, cabe distinguir varios niveles:

Escalada en el empleo de la fuerza según su carácter encubierto o declarado

Fuente: Elaboración propia

Apoyo clandestino a grupos violentos y/o terroristas. En el primer caso, mediante agentes provocadores que dinamicen grupos violentos en el marco de protestas sociales masivas, o dando apoyo logístico a grupos ya preexistentes. En el segundo respaldando a organizaciones que hagan uso preferente del terrorismo (es decir, que se trate de su principal línea de actuación) con el fin de desestabilizar y desgastar a un Estado rival. El apoyo que el bloque comunista prestó a grupos terroristas de extrema izquierda en Europa Occidental en la década de 1970 ilustra esta categoría. Dependiendo del grado e intensidad del apoyo esta línea estratégica se situaría en el nivel de interferencia o en el de desestabilización dentro de la escalada en la zona gris.

Proxy war. Supone un incremento de la escalada vertical difícil de ocultar, a pesar de que el enfrentamiento armado sea por delegación a través de un tercero. Esta línea de acción estratégica también oscilaría entre la interferencia y la desestabilización en función del tipo de apoyo prestado y de los efectos que la proxy war tenga sobre el rival, aunque lo habitual es entrañe una escalada al nivel de desestabilización.

Por otra parte, conviene subrayar que lo que diferencia la proxy war del conflicto armado es que la diada de conflicto armado se da solo entre el proxy y el Estado oponente (ver figura inferior). Por ejemplo, las milicias huzíes vs las fuerzas militares saudíes en Yemen; mientras que el Estado que proporciona ayuda a los huzíes (Irán) se sitúa en una diada de conflicto en la zona gris frente al Estado que combate contra el proxy (Arabia Saudí).

Fuente: Elaboración propia

Directo y encubierto. Normalmente se produce en un contexto de proxy war, aunque hay excepciones como los primeros días de la intervención rusa en Crimea, los misteriosos ataques contra buques en el Estrecho de Ormuz en el verano de 2019 o incluso las acciones con misiles contra instalaciones energéticas saudíes en septiembre de ese mismo año. En el caso de las proxy war la participación directa en combates se suele llevar a cabo mediante supuestos ‘voluntarios’ (o en el caso de Donbass, tropas rusas que cruzaban ‘inadvertidamente’ la frontera), contratistas vinculados al gobierno pero cuyo estatus permite negar la intervención directa (de nuevo el caso del Grupo Wagner), o militares con nacionalidad falsa.

Directo, limitado y reconocido. Es el nivel máximo en términos de atribución dentro de esta línea de acción estratégica antes del conflicto armado abierto, y se corresponde también con el nivel de escalada mayor dentro de la propia zona gris. Además de los ejemplos ya mencionados (derribo del Global Hawk por Irán, asesinato de Soleimani por Estados Unidos y posterior lanzamiento de misiles balísticos por parte de Irán contra bases iraquíes donde estaban desplegados militares norteamericanos), es interesante destacar dos casos extremos en cuanto a lo ‘limitado’ del empleo de la fuerza: los hechos consumados de la invasión argentina de las Islas Malvinas en abril de 1982 y la ocupación rusa de Crimea en febrero de 2014. Sirven como ejemplo de escalada intencionada. El de Crimea con un cálculo certero sobre la no respuesta militar del gobierno de Kiev y el de Malvinas con consecuencias inesperadas para sus responsables. El gobierno militar argentino asumió que no habría una reacción en fuerza británica y que además la ocupación de las islas les situaría en una posición ventajosa en las negociaciones para desescalar la crisis. Sin embargo, el cálculo se demostró erróneo y se pasó de un conflicto en zona gris a una auténtica guerra.

Conclusión

Este documento ha presentado diversos tipos de escalada en la zona gris. Los niveles de la primera clasificación (configuración – interferencia – desestabilización – empleo directo y limitado de la fuerza) son una propuesta teórica de este autor y como es lógico pueden denominarse o desagregarse de otras maneras que resulten igualmente válidas.

Lo relevante en cualquier caso, es tomar conciencia de las distintas gradaciones dentro de la zona gris y de las estrategias híbridas. Junto a otras medidas, su conocimiento favorece la detección, disuasión y respuesta frente a este tipo de acciones hostiles. Saber en qué nivel de escalada nos encontramos es esencial a la hora de trazar y comunicar líneas rojas que disuadan la futura manipulación de los umbrales de respuesta, que es precisamente una conducta habitual por parte del agresor en este tipo de conflicto.

Por último, los distintos tipos de escalada resaltan la importancia de la inteligencia (sobre todo a través de HUMINT y SIGINT) a la hora de conocer en detalle los contenidos del proceso de toma decisiones del rival. A falta de ellos, la inteligencia de alerta sobre estrategias híbridas y eventuales escaladas corre el riesgo de generar por un lado falsos positivos (identificando acciones hostiles donde no existe tal intención), y por otro de omitir alertas justificadas al no conectar puntos ni identificar patrones que serían fácilmente interpretables en caso saber los pormenores de la estrategia oponente.

Bibliografía:

Cullen, Patrick J. & Reichborn-Kjennerud, Erik (2017). Multinational capability development campaign project. Countering hybrid warfare project, understanding hybrid warfare, UK Ministry of Defence.

Giannopoulos, G. Smith, H. & Theocharidou, M. (ed.) (2019), The Landscape of Hybrid Threats: A Conceptual Model (Draft 2.0), European Union and Hybrid Center of Excellence.

Mazarr, Jeffrey W. Hornung, Stephanie Pezard, Anika Binnendijk & Marta Kepe (2019), Gaining Competitive Advantage in the Gray Zone, Santa Monica: RAND Corporation.

Mearsheimer, John J. (2003), The Tragedy of Great Power Politics, Nueva York: Norton.

Morgan, Forrest E., Mueller, Karl P., Medeiros, Evan S., Pollpeter, Kevin L., Cliff, Roger (2008), Dangerous Thresholds. Managing Escalation in the 21st Century, Santa Monica: RAND Corporation.

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Javier Jordán

Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada y Director de Global Strategy

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